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Cumplieron 150 años.


Hay obras que consolidan una estética o un estilo, que reflejan una época o que suponen un salto en la creación. Son obras que sirven de referencia para conocer más sobre épocas determinadas, entender la sociedad de su tiempo y los cambios que se estaban gestando. También los autores de esas obras -o los intérpretes en el caso de la música- nos sirven de referencia por esas obras y las decisiones de que fueran precisamente esas y de la forma en que fueron creadas.
Son obras que consideramos imprescindibles en algunos casos; en otros, encontramos que tratan de temas atemporales, inherentes a la naturaleza humana y siempre tienen qué comunicarnos en el momento en que nos acercamos a ellas; y otras, en fin, que forman parte o han contribuido a nuestros conocimientos.
Así, se han creado los homenajes, las recopilaciones y antologías y las efemérides en los que se hace memoria de obras, autores, hechos y celebraciones.
En muchas ocasiones nos dejamos guiar por los números redondos, esos dígitos que fijándose en fechas más o menos lejanas -50, 100, 150, 200... años- nos las acercan a nuestros días, como si fueran ellos los protagonistas de la mirada retrospectiva y no las obras o los autores.
En esta publicación te propongo acercarnos a algunas obras, autores o intérpretes que celebraron sus aniversarios musicales o literarios en 2023 cumpliendo los 150 años. Nos acompañan obras de Julio Verne, Rimbaud y música con Lalo Caruso. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


A lo largo de 2023 se han celebrado distintas efemérides relacionadas con la música y la literatura, algunas de las cuales han tenido reflejo en este blog. Son obras y autores de referencia en sus ámbitos y es importante considerar que, se lea cuando se lea esta publicación, la importancia está en ellos, no en la fecha más o menos redonda que se celebra en esta ocasión. Siempre podemos acercarnos a ellas.
En el apartado literario, hemos traído a este blog algunas efemérides celebradas en este tiempo. En La música y la muerte de Molière recordamos el 350 aniversario del fallecimiento del dramaturgo francés, centrándonos en su faceta de creador de las Comédie-ballets.
También nos acercamos a la figura de varios escritores del Siglo de Oro en Quevedo en nuestro tiempo al celebrar en septiembre los aniversarios de su nacimiento y muerte; también nos acercamos a Lope de Vega y el Siglo de Oro con motivo del aniversario de su fallecimiento a finales de octubre. La última de las publicaciones sobre este tipo de homenajes literarios fue 100 años de Ítalo Calvino con motivo del centenario de su nacimiento. 

Grabado de Alphonse de Neuville y Léon Bennet para La vuelta al mundo en 80 días
La primera mirada sobre aniversarios literarios hace referencia a una obra que muchos de nosotros habrá leído en su juventud, o al menos, otras del autor. 
Julio Verne (1828-1905) es el prototipo de escritor de novelas de aventuras, al tiempo que se le considera junto a H. G. Wells -el autor de La máquina del tiempo, El hombre invisible o La guerra de los mundos- uno de los padres de la ciencia ficción.
De esta manera, en algunas de sus obras, Julio Verne se anticipó a la aparición de algunos inventos tecnológicos como la televisión, los helicópteros, los submarinos e incluso las naves espaciales. 
Verne es el segundo autor más traducido de todos los tiempos detrás de Agatha Christie y antes que Shakespeare, según el Index Translationum de la Unesco.
Sus obras, que en las últimas décadas han pasado a quedar encasilladas dentro de  la literatura juvenil, han tenido desde su publicación un gran éxito de publico y de muchas de ellas se han realizado adaptaciones cinematográficas.
Esa fascinación juvenil por la que muchos hemos pasado - no sé cuántas veces habré leído Miguel Strogoff, el primer libro del autor que me regalaron para Reyes- la consolidamos con obras como Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en 80 días, Un capitán de quince años o Los piratas de Halifax, hasta superar la cincuentena de títulos de aventura y ciencia ficción que llegó a publicar en vida. Una lista a la que hay que añadir las obras que dejó escritas y editó su hijo póstumamente, unas publicaciones que mueven a los lectores por todo el planeta y más allá, impensables si tenemos en cuenta que el escritor no salió de viaje en su vida.
De sus obras, en 2023 se cumplen nada menos que 150 años de la publicación de Le Tour du monde en quatre-vingts jours (La vuelta al mundo en 80 días), una de las obras más conocidas del autor.
Por haberla leído o por referencias, todos conocemos la historia del flemático Phileas Fogg que deja su estricta rutina para cumplir una apuesta realizada con sus colegas del Reform Club en compañía de su recién contratado Picaporte (Jean Passepartout en el original).
El texto que nos acompaña recoge la escena en que se produce la apuesta entre el protagonista y sus compañeros del club. A partir de la lectura en la prensa de la noticia de un robo en el Banco de Inglaterra, que tendrá repercusiones argumentales, Phileas Fogg plantea la cuestión de que nuestro planeta ha encogido, no en el sentido literal del término, sino en el avance de los medios de transporte que lo hacen cada vez más cercano, lo que genera, de un modo particular, la conversación en la que se materializa la apuesta.
Siglo y medio después es interesante plantearnos la misma reflexión. En qué sentido se ha hecho la Tierra más pequeña no tiene duda alguna, pero... ciento cincuenta años después, ¿se puede viajar con seguridad  por todo nuestro planeta? ¿Existe un respeto en todos los lugares para poder moverse por ellos?


También pusimos en el blog la mirada en aniversarios relacionados con la música. Así, nos acercamos a La soledad de Dora Pejacevic al cumplirse el siglo del fallecimiento de la compositora croata. 
A finales de octubre nos centramos en La muerte de Tchaikovsky para homenajear a uno de los más grandes compositores rusos de todos los tiempos, para finalizar el año con el homenaje al centenario del nacimiento de la Eterna María Callas

El siglo XIX fue el tiempo de las sopranos, las primas donnas que dominaban los escenarios de ópera y los grandes salones de la sociedad, unas cantantes que eran las divas absolutas, algunas de las cuales llegaron a cosechar grandes fortunas.
Nacido en Nápoles en febrero de 1873, se cumplen también 150 años de su nacimiento, Enrico Caruso fue el primer gran tenor, el Tenor con mayúsculas, que desbancó a las sopranos del lugar que ocupaban. Se convirtió en un fenómeno que se fue gestando muy poco a poco, mientras dudaba entre el registro de barítono y el de tenor hasta que sus maestros lo llevaron por este último. Entonces comenzó a preparar y afianzar su repertorio por modestos teatros de provincias italianos hasta llegar a los sesenta roles.

Caruso en el rol del Duque de Mantua de Rigoletto
Su debut en el Metropolitan Opera House de Nueva York en la temporada 1903/1904 supuso el comienzo de su consagración, un teatro en el que actuó todas las temporadas hasta su fallecimiento. Ningún cantante tuvo tanto éxito ni ganó tanto dinero como él, especialmente por un motivo novedoso para la época: la aparición de la industria discográfica, a la que se sumó como uno de sus grandes estrellas. Se calcula que recaudó alrededor de dos millones de dólares con las ventas de sus discos, al cobrar una cantidad fija y además de un porcentaje sobre las recaudaciones en las cuarenta grabaciones que realizó.
Estos registros que comenzaron en un temprano 1902 le permitieron llegar a hogar de muchas personas que no podían escucharle en una ópera y les permitió apreciar su técnica que mostraba su frescura, naturalidad y expresividad, con la que alcanzaba a emitir unos colores delicados o fuertes, según lo requiriera la obra.
Fumador impenitente, Enrico Caruso murió con sólo 48 años de edad el 2 de agosto de 1921 después de alcanzar la gloria como el gran tenor de su época.

Nos acompaña uno de sus primeros registros del aria de Paggliacci de Leoncavallo, Vesti la giubba grabada en tres momentos diferentes que se han unido en esta grabación: La primera del 30 de noviembre de 1902, una posterior del primero de febrero de 1904 y una última del 17 de marzo de 1907, acompañadas por imágenes del cantante italiano.


En el año que nos ocupa se celebran distintas efemérides. A los ciento cincuenta años de la publicación de la obra de Julio Verne, podemos añadirle una obra de la misma fecha, Una temporada en el infierno de Rimbaud. También se cumple el siglo desde la publicación de dos obras tan distintas como Fervor de Buenos Aires de Borges y Elegías de Duino de Rilke. A estas publicaciones podemos agregar el centenario del nacimiento del citado ítalo Calvino y del fallecimiento de la narradora neozelandesa Katherine Mansfield, o el cincuentenario del fallecimiento de Pablo Neruda y los veinticinco años desde que Octavio Paz dejó este mundo. Todos cifras redondas que dejarán de serlo en poco tiempo pero que seguirán teniendo la misma importancia.

La única fotografía de Paul Verlaine y Arthur Rimbaud juntos, de 1873.
El caso de Arthur Rimbaud es uno de los más atípicos y particulares en la historia de la literatura. Cómo un joven de aspecto angelical llegó a convertirse en una persona depravada sin perder la inocencia, cómo un joven y prodigioso poeta que creó el simbolismo dejó la literatura con diecinueve años es una cuestión que aún intriga a sus estudiosos.
Hijo de un capitán condecorado con la Legión de Honor que conoció a una rica heredera en Charleville, una localidad en Las Ardenas con la que se casó y a la que abandonó tras tener con ella cinco hijos. La madre se convirtió en una figura autoritaria que dominó a cuatro de sus hijos. El joven Arthur se escapó en varias ocasiones, recibiendo las correspondientes reprimendas y palizas a su regreso, hasta que con dieciséis años se fugó a París, antes de que le cambiara la voz, aunque ya componía poemas violentos y obscenos, reflejando una lucha violenta entre su apariencia angelical y el demonio que tenía en su interior.
Tras escribir una carta a Paul Verlaine en la que adjuntó algunos de sus poemas, recibió en la respuesta un billete a París donde ambos se vieron. El encuentro entre ambos fue tremendo: Verlaine abandonó a su esposa y su hijo recién nacido para enredarse en una tempestuosa aventura con el joven de rostro angelical y alma negra, donde viajaron por varios países, viviendo como vagabundos, pelándose en las tabernas, amándose en sucios cuartos y escribiendo poemas visionarios. En una de sus peleas de celos en Bruselas, Verlaine disparó a Rimbaud quien avisó a la policía. Pese a que se trataba de una herida en la muñeca, Verlaine fue condenado a dos años de prisión. A la salida, siguieron juntos hasta que fue el joven quien hirió a su amante con una navaja. En este tiempo escribió Una temporada en el infierno e Iluminaciones, obras que llevaron la poesía a la modernidad. Fueron sus últimas obras.
Después, un Rimbaud de 19 años sentó la cabeza. Se convirtió al catolicismo, dejó la poesía, de la que renegó, tras varias peripecias acabó en Adén (Yemen) como empleado de la Agencia Bardey, donde convivió con varias amantes nativas, se convirtió después en mercader de camellos en Etiopía y, más adelante, en traficante de armas entre los distintos grupos rivales.
Al desarrollar un carcinoma en su pierna derecha regresó a Francia donde se la amputaron, falleciendo unos meses después en Marsella con tan solo treinta y siete años de edad.

Fotografía de Arthur Rimbaud, c. 1873. Autor Etienne Carjat
Publicado en 1873 igual que La vuelta al mundo en ochenta días, Une saison en enfer (Una temporada en el infierno) es una obra que no tiene nada con la de Verne ni con ninguna otra. Pocos autores se atreven a traspasar la frontera entre la cordura y el lado salvaje y oscuro de la creación. En esta obra la imagen del joven poeta se mezcla con el furioso transgresor, una suerte de ángel exterminador. Es una obra de ruptura total del adolescente incomprendido que se mueve entre la conciencia de su educación y su desmedida pasión, convirtiéndose en un marginal, un exiliado que sabe que ha llegado a un punto sin retorno.
Es la única obra que publicó personalmente. Con dinero que había obtenido de su madre mandó imprimir quinientos ejemplares de cincuenta páginas en la imprenta Jacques Poot de Bruselas. Al no tener más dinero sólo pudo retirar varios ejemplares que repartió entre sus conocidos, entre ellos Verlaine, que se fueron pasando de mano en mano hasta ser conocido por algunos lectores que lo difundieron. El resto de libros fueron encontrados apilados en el sótano de la editorial en 1901.
Dividido en ocho partes, Una temporada en el infierno está unido por el Yo poético de Rimbaud, a veces críptico, en otras luminoso que revela sus inquietudes y sus experiencias intelectuales y sensoriales en una posa poética. Nos quedamos con un texto que nos remite a la primera parte de la obra. 


En el apartado musical, además de las efemérides citadas, se celebran los aniversarios de Edouard Lalo, de quien se cumplen dos siglos de su nacimiento, el siglo y medio de Serguéi Rachmaninov o el siglo del nacimiento de György Ligeti. En nuestro país, se cumple el bicentenario del nacimiento del compositor e investigador Asenjo Barbieri, el centenario del fallecimiento de Tomás Bretón y los cien años del nacimiento de dos grandes intérpretes: la pianista Alicia de Larrocha y la soprano Victoria de los Ángeles.


Nacido en la ciudad francesa de Lille en enero de 1823, hace doscientos años, Edouard Lalo procedía de una familia de militares que tenía origen español. Estudió en el conservatorio de su ciudad natal donde obtuvo los premios de solfeo y violín, hasta que recaló en el Conservatorio de París en contra de los deseos familiares.
Dedicado a la composición de música de cámara, frente a la moda del momento, varias obras incumplen este gusto del autor: la ópera Le roi d'Ys (El rey de Ys), a partir de una sugerencia de su esposa, una antigua alumna suya, su Sinfonía en sol menor y, sobre todo, la obra que supuso su consagración, su Sinfonía Española para violín y orquesta, Opus 21, una obra que también fue compuesta en 1873, hace también ciento cincuenta años, y estrenada en febrero de 1875 en los Conciertos Populares de París por su dedicatario, el violinista Pablo Sarasate.
Dividida en cinco movimientos, el tercero de ellos, el Intermezzo, escrito en forma ternaria se inicia con la orquesta en ritmo de bolero, entrando a continuación el violín con una suerte de habanera que pasa a la orquesta. Una variación del violín da paso al tema central, para pasar de nuevo el inicial con distintas variaciones, mientras el violín se eleva a los sonidos agudos antes de finalizar.
La interpretación, impecable, sensible y de una emoción contenida, se debe a una de las jóvenes violinistas de nuestro panorama, la granadina María Dueñas que contaba con tan solo diecisiete años cuando tuvo lugar este concierto con la Estonian National Orchestra y la dirección de Mihhail Gerts en abril de 2020. Una figura emergente a seguir.
Aunque el enlace muestra la obra completa, que apenas dura unos veinte minutos, en el minuto 13'30'' comienza el citado tercer movimiento.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Cartas de Papá Noel por Navidad

Las celebraciones de la Navidad han evolucionado con el paso del tiempo desde unas tradiciones enraizadas durante siglos en las culturas locales hasta alcanzar la globalización que ha llegado también a muchos ámbitos de nuestra vida.
Así, conjugamos lo local con lo global, pasando de esas tradiciones y costumbres que consideramos propias nuestras con las que, provenientes de otros lugares han alcanzado el nivel de popularidad que les hace arraigar en espacios y culturas diferentes de donde comenzaron, de la misma forma que algunas de las nuestras han pasado a echar raíces en otros lugares.
Te propongo una reflexión sobre los cambios en algunas tradiciones de Navidad, producto de la globalización con un cuento de Pere Calders, uno de los regalos más personalizados y entrañables de esta época surgido de la pluma de Tolkein y una de las más conocidas canciones navideñas interpretadas por tres grandes voces del mundo de la ópera.
Recreación de una carta de Papá Noel con sello y matasellos originales


Costumbres muy nuestras como las celebraciones de Nochebuena con sus reuniones familiares en las que no falta el cava, las uvas de fin de año o los Reyes Magos conviven con otras como las cucharadas de lentejas con que los italianos reciben el año nuevo o los regalos navideños de Papá Noel o Santa Claus.
Ese momento en que se cruzan las tradiciones que se siguen con las que surgen lo reflejó Pere Calders en algunas de sus historias. El escritor barcelonés, exiliado durante muchos años en México, supo construir un mundo narrativo en el que sus cuentos rozan el límite entre realidad y fantasía, donde lo cotidiano se cruza con lo extraordinario e incluso lo inverosímil. Sus personajes y situaciones deambulan en el límite de lo que es y lo que no es, de lo posible y lo increíble. 
Escritor admirado en la cultura catalana, su obra pasó al castellano y a una mayor difusión y conocimiento a partir de un montaje de la compañía Dagoll Dagom que llevaba al escenario en Antaviana algunos de sus cuentos, unas narraciones que llevaron el nombre y la obra de Calders más allá de los espacios en que se movió.
Ilustración japonesa de 1916


En Ruleta rusa y otros cuentos, Calders recopiló una antología de sus narraciones en las que el lenguaje se presenta como un elemento fundamental para hacer posible ese paso de lo cotidiano lo extraordinario.
En Noche de Paz el narrador catalán aborda esta confusión de costumbres que sucede en nuestro mundo o, por decirlo de una forma más certera, nuestros mundos. 




Dentro de las músicas que se interpretan en estas celebraciones, una de las más reconocidas universalmente es Cantique de Noël de Adolphe Adam, una melodía compuesta en francés a mediados del siglo XIX y de la que derivan obras similares como O, holy night.
En una grabación histórica que se realizó hace más de cien años, concretamente el 23 de febrero de 1916, uno de los grandes tenores de la historia de la musica, Enrico Caruso grabó esta pieza, con la anotación que se cantaba en francés, la lengua original, ya que era relativamente frecuente que se cantara en la versión en inglés.
La personalidad que le imprime el cantante napolitano, el crepitar de la aguja en el formato musical y el lejano acompañamiento orquestal, muy en segundo plano, dan como resultado una versión interesante, casi podríamos decir un incunable si hacemos un símil con la literatura.



Filólogo, escritor y poeta, profesor universitario, John Ronald Reuel Tolkien, más conocido como J. R. R. Tolkien ha pasado a la historia de la literatura inglesa y universal por sus obras de tipo fantástico y como creador de una civilización y un mundo de ficción gracias a obras como El señor de los anillos, El Silmarillión o El Hobbit
Pero no es la importancia de este mundo ficticio la que nos acerca la obra de Tolkein en esta ocasión. 
Cuando lo habitual es escribirle cartas, en 1920 su hijo John cuando contaba con tres años de edad recibió una carta manuscrita del propio Papá Noel, con una letra temblorosa, prueba evidente de sus 1920 años de edad.



Aún se conserva la carta original de Papá Noel, escrita desde su residencia en Christmas House en el Polo Norte y el dibujo al que hace referencia.




Una segunda versión de Cantique de Noël nos la acerca la mezzosoprano Elina Garança en una interpretación para el álbum Meditation acompañada por la Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken bajo la dirección de Karel Mark Chinchon. La voz potente, de amplio registro, con ese matiz oscuro y casi aterciopelado que caracteriza a la cantante letona nos ofrece una interpretación de una belleza singular.


A partir de la primera carta recibida por John Tolkein, cada año, él y sus hermanos Michael, Christopher y Priscilla fueron recibiendo misivas de Papá Noel hasta 1943 en las que iban conociendo a algunos de sus amigos y ayudantes. Estas cartas, algunas con el manuscrito original y la mayoría con sus ilustraciones se recogen en el libro Cartas de Papá Noel de J. R. R. Tolkien que fue publicado en 1977.
Conforme John y sus hermanos iban recibiendo cartas, algunas recibidas junto con los regalos con restos de nieve en polvo dentro de los sobres o con sellos del polo norte, otras traídas por el correo ordinario, la información que recibían iba en aumento. 
ilustración original de J. R. R. Tolkien
En primer lugar conocieron al Oso Polar del Norte, su principal ayudante y un desastroso acompañante, accidentado y confuso con los regalos, que dejó algunos comentarios con su enorme letra mayúscula plagada de faltas de ortografía y expresiones incorrectas. Año a año van apareciendo elfos de la nieve, Paksu y Valkotukka sobrinos del Oso Polar del Norte, gnomos rojos, muñecos de nieve y el elfo Ilbereth que termino siendo su secretario. Paralelamente a éstas, las cartas de respuesta de los niños desaparecen sigilosamente en la repisa de la chimenea.
En la carta de 1925 narra la accidentada situación que vivió cuando Oso Polar del Norte quiso ayudarlo a recuperar su gorro y revela detalles de su vivienda y su entorno.



La reproducción de la carta original muestra sólo el texto de Papá Noel y la acompaña la ilustración comentada en la misma. 


Terminamos con una nueva versión de Cantique de Noël de Adolphe Charles Adam, en este caso con la voz hermosa, potente y matizada de Jonas Kaufmann, uno de los tenores de moda en estos momentos, quien se encarga de interpretar este Cantique de Noël desde el Advenskonzert (Concierto de Adviento) desde la Dresden Frauenkirche con la dirección de Christoph Eschenbach.



¿Qué te parecen las Cartas de Papá Noel? ¿Con cuál de las versiones de Cantique de Noël te quedas? ¿Cuál te sugiere más?

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Un furtivo instante

Hay un instante que refleja ese momento tan especial en que dos personas comprenden que su relación va mas allá de la pura amistad. En palabras que seguiremos más adelante "Cielos, así podría morir. Podría morir de amor". A ese instante por el que tantos hemos pasado, cada uno de una forma única, irrepetible y personal está dedicada esta entrada.


Te propongo un paseo por un texto de un autor poco conocido, Christopher Isherwood, aunque con una adaptación muy popular de su obra y una de las arias de ópera más famosa y conocida de Donizetti. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



El escritor inglés Christopher Isherwood no suele formar parte de nuestra memoria colectiva. Vivió en Berlín hasta finales de los años treinta del siglo pasado, desde donde sus ideas contrarias al régimen nacionalsocialista instaurado le hicieron salir hacia el exilio y terminar sus días como ciudadano americano. Entre sus obras destaca Goodbye to Berlín (Adiós a Berlín, 1939), que junto con otros relatos sirvió de base para el famoso musical Cabaret


Gaetano Donizetti (Bérgamo, Italia, 1979-1848) fue autor de un éxito extraordinario tanto en Italia como en Francia, donde estrenó alguna de sus óperas en francés. Entre sus obras destacan Ana BolenaLucia de LamermoorLa favoritaLa fille du regiment y Don Pasquale. Las primeras se inscriben en el grupo de óperas serias, mientras las dos últimas pertenecen al de ópera buffa o cómica, género que cultivó con gran éxito.
L'elisir d'amore (El elixir de amor) es, sin duda, una de las grandes óperas bufas de la historia musical. Su trama responde al mecanismo de este tipo de obras: situaciones confusas, cómicas en muchos casos, personajes como el fanfarrón sargento Belcore, el embaucador doctor Dulcamara -quien proporciona el elixir del título- y la joven pareja que, tras las consabidas peripecias acaban en un final feliz digno de este tipo de obras: Nemorino, un campesino simplón y enamorado de Adina, campesina rica que coquetea con el militar. Antes del feliz desenlace Nemorino descubre que Adina lo quiere al ver cómo una lágrima corre por su mejilla.



Donizetti quiso introducir un aria para el tenor en el segundo acto, a lo cual se opuso su libretista Felice Romani"¿Qué hace aquí este patán entrando en escena y poniéndose a gimotear patéticamente, cuando todo debe ser festivo y alegre?" Insistió el compositor y el aria Una furtiva lagrima es una de las más populares, espectacular y reconocida de cuantas se han compuesto para la voz de tenor.
Además del éxito que tuvo desde su estreno, un disco histórico de Enrico Caruso, grabado a comienzos del pasado siglo, llegó a popularizar este aria. La vocalización que éste hacía de la frase "M'ama, si, m'ama, lo vedo" hizo pensar equívocamente al gran público que se trataba de una gran ópera romántica y no un delicioso melodrama giocoso in due atti (melodrama cómico en dos actos) según reza en el título.



Hoy te acerco varias versiones de esta pieza y te propongo que decidas cuál te gusta más, independientemente de la calidad de la grabación y de si tiene sólo audio o vídeo. ¿Por qué no das tu opinión a través de este blog o en las redes sociales?



La primera versión, sólo audio pertenece a aquella histórica grabación del mítico Enrico Caruso, la primera que popularizó este aria.


La segunda versión está interpretada por nuestro incombustible, inquieto y polifacético Plácido Domingo.


La tercera versión está grabada en directo por uno de los más grandes tenores del siglo XX, Luciano Pavarotti.


La última versión la interpreta el mexicano Rolando Villazón, uno de los apadrinados por Domingo, expresivo en lo musical y lo teatral en una ya histórica versión grabada en la Staatsoper de Viena con un bis, algo no habitual en la capital austriaca.


¿
Con cuál te quedas? 

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El Sol que nos acompaña

Sin el Sol no podríamos vivir. Se trata de un argumento que nadie puede discutir. La estrella alrededor de la cual giramos y la distancia a la que nos encontramos respecto a ella hacen que nuestra vida sea posible. Incluso los astrónomos buscan por el espacio otras estrellas con planetas que tengan características parecidas a las que tiene La Tierra para estudiar la posibilidad de que exista algún tipo de vida con las condiciones semejantes a las que aquí tenemos. Concebimos la vida con estas condiciones concretas.
Pero nuestra concepción del Sol y la relación con la vida ha ido cambiando con el paso del tiempo. Desde la adoración a nuestro astro en las primeras culturas, pasando por las diversas teorías desde la geocéntrica a la heliocéntrica para llegar a la idea del Big Bang, la mente humana ha ido adaptando la relación del Sol y La Tierra, junto con los demás planetas, a los conocimientos que se tenían en los determinados momentos de nuestra historia.
Pero con el auge del humanismo, el Sol, la experiencia del Sol ha servido para utilizar y convertir nuestra estrella en un poderoso condicionante, un activo personaje, un determinante elemento o un factor comparativo en las obras que reflejan o transmiten nuestro pensamiento a través de las distintas artes. 
Todos, seamos de la condición que sea, tengamos las creencias que tengamos o la opinión que queramos, todos vivimos bajo el mismo sol.
Te propongo un recorrido alrededor de la experiencia que el Sol nos ofrece a través de un texto del mexicano Alfonso Reyes y la canción más conocida sobre el sol, una canción napolitana que se ha hecho universal y todos la hemos oído cantar en múltiples ocasiones con diversos intérpretes.

Impression, soleil levant, de Claude Monet




Alfonso Reyes Ochoa, diplomático, escritor, difusor cultural, amigo y colaborador de la mayoría de escritores hispanos de su época, es una de las figuras de la cultura y las letras hispanoamericanas más influyentes en su momento y hoy una personalidad algo olvidada, limitada al conocimiento de los expertos y estudiosos.
Natural de la ciudad mexicana de Monterrey, desarrolló su vida entre los últimos años del siglo XIX y la mitad del XX. Tras estudiar entre su ciudad natal y la capital del país, fundó junto a otros escritores el Ateneo de la Juventud donde se dedicaron a dar a conocer obras literarias, especialmente las griegas clásicas.
Desarrolló su labor diplomática en las embajadas de Argentina, España, Francia o Brasil, lugares donde no dejó de entablar relaciones con los escritores de su época como Menéndez Pidal, con quien trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset o Gómez de la Serna en su estancia en España. Autores americanos como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Gabriela Mistral -que lo propuso como candidato al Nobel- o el joven Jorge Luis Borges, quien le envió el manuscrito de El Aleph para pedirle opinión y que consideraba a Reyes "el mejor prosista de lengua española en cualquier época".
Mal avenido en la época de la Revolución Mexicana -mataron a su padre, un general partidario de Porfirio Díaz-, se estableció en Europa y durante la Gran Guerra se trasladó a España. Años más tarde regresó a su país donde llegó a hacer una labor didáctica y cultural, siendo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, fundó el Instituto Francés de América Latina y el Colegio de México, una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. 



El escritor regiomontano abarcó desde la teoría literaria hasta la historia de Grecia, pasando por la novela policíaca o las raíces históricas de sus país. Esta última con su obra Visión de Anáhuac (1519), publicada en 1915, una de las obras más lúcidas y poéticas sobre el México prehispánico, en la que despliega su estilo caracterizado por la riqueza de vocablos y giros expresivos, las construcciones gramaticales poco frecuentes o el uso de arcaísmos. Se trata de una obra que presenta un sincretismo de las culturas occidental e indígena, bajo el estilo de la tríada platónica: la verdad, la bondad y la belleza. Su influencia es grande en los escritores mexicanos, especialmente en Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Autor de una ingente obra dominada sobre todo por el ensayo, escribió también poesía, relatos, teatro y traducciones de obras clásicas del griego. 
La obra que te propongo en esta ocasión es una poesía, de tono menor, con raíces en un hallazgo infantil por el que todos hemos pasado, en mi caso personal no con el Sol, sino con la Luna, un descubrimiento que recuerdo en traslados veraniegos nocturnos hacia mi casa.
 
La Canzone napoletana o Canción Napolitana suele ser una composición para voz masculina y acompañamiento instrumental con un aire sentimental con un texto de tipo amoroso o que alaba las maravillas de la zona de Nápoles. Hay canciones napolitanas que han trascendido a una popularidad más allá de las fronteras italianas debido a la migración napolitana a Europa y América, además de la incorporación de las mismas al repertorio de cantantes de ópera en sus recitales, especialmente los de origen italiano. Títulos como O sole mio, Torna a Surriento, Funiculì, funiculà, Santa Lucìa o Cuore'ngrato han dado la vuelta al mundo y, en distintas versiones las hemos oído en la voz de los más variados cantantes y versiones.
Con más de cien años de edad, O sole mio es una canción conocida en todos los rincones del mundo, desde Japón -en la olimpiada de Tokio de 1964 sonó en lugar del himno italiano- a Inglaterra -donde se utiliza para promocionar helados del país transalpino- pasando por casi cualquier país. Su mérito para triunfar está, como en muchas otras composiciones, en su simplicidad.


Amanecer en la bahía de Nápoles, al fondo el Vesubio


Giovanni Capurro compuso una de esas poesías que se vendían por las esquinas en copielle (pequeñas copias) para que los enamorados las recitaran a sus amadas. Fernando Bideri, editor amigo de escritores como d'Anunzzio o Pirandello, compró los derechos de la letra y la música que varios años después Eduardo di Capua escribiría en Moscú preso de la nostalgia del sol napolitano. Los Bideri, herederos aún de los derechos de autor, cuentan que di Capua vendió los derechos a Fernando para poder gastar las dos liras en la lotería. Dedicada a la noble señora Nina Arcoleo, di Capua compuso primero el andantino, más tarde la estrofa cantada para terminar con el ritornello (estribillo). 



El primer impulso a la canción vino de parte del gran Enrico Caruso, quien aprovechando que era el tenor de referencia en el Metropolitan Opera House la incorporó a su repertorio de recitales para alegría de los italianos que vivían en Nueva York. El tenor napolitano grabó O sole mio en 1916 con The Victor Orchestra bajo la dirección de Walter B. Rogers, en un acompañamiento que, oído hoy, se nos antoja anticuado por folklórico y tradicional, pero con un exquisito y delicado sabor histórico.


Además de ser interpretada por todos los grandes cantantes de ópera italianos del siglo XX, recibió un nuevo impulso hacia la popularidad con las diversas interpretaciones que Los tres tenores, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, realizaron de diversos temas operísticos entre los que incluyeron O sole mio y que hizo que de nuevo volviera al gran público. El segundo enlace pertenece a una actuación que llevaron a cabo en Los Ángeles en 1994 bajo la dirección de Zubin Mehta. La sobreactuada interpretación era parte del espectáculo que se llevaba a un público no acostumbrado al repertorio, igual que los subtítulos que se han añadido al vídeo.


La tentación de utilizar la melodía hizo que cantantes del pop y el rock como Elvis Presley, Bryan Adams, Al Bano, Il Volo o Andy Bell llegaran a realizar versiones propias. Elvis realizó una versión que tituló It's now or never (Ahora o nunca), modificando sustancialmente la letra y adaptando la música a su personal estilo. En su último concierto es una de las piezas que quedaron recogida y la versión que enlazo, con subtítulos pertenece a una grabación en disco de 1960.



Finalizamos con una interpretación de Luciano Pavarotti en los BBC Proms de Londres 1991 grabada en Hyde Park. En ella podemos ver la grandeza de una de las canciones más conocidas del repertorio mundial junto con una de las más grandes e inimitables voces y la facilidad que Pavarotti tenía para las notas de la tesitura alta de la voz. La melodía es reconocida por el público nada más comenzar los primeros compases.



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Un furtivo instante

Por supuesto, a Pili. 

Hay un instante que refleja ese momento tan especial en que dos personas comprenden que su relación va mas allá de la pura amistad. En palabras que seguiremos más adelante "Cielos, así podría morir. Podría morir de amor". A ese instante por el que tantos hemos pasado, cada uno de una forma única, irrepetible y personal está dedicada esta entrada.



El escritor inglés Christopher Isherwood no suele formar parte de nuestra memoria colectiva. Vivió en Berlín hasta finales de los años treinta del siglo pasado, desde donde sus ideas contrarias al régimen nacionalsocialista instaurado le hicieron salir y terminar sus días como ciudadano americano. Entre sus obras destaca Goodbye to Berlín (Adiós a Berlín, 1939), que junto con otros relatos sirvió de base para el musical Cabaret


Gaetano Donizetti (Bérgamo, Italia, 1979-1848) fue autor de un éxito extraordinario tanto en Italia como en Francia, donde estrenó alguna de sus óperas en francés. Entre sus obras destacan Ana Bolena, Lucia de Lamermoor, La favorita, La fille du regiment y Don Pasquale. Las primeras se inscriben en el grupo de óperas serias, mientras las dos últimas pertenecen al de ópera buffa o cómica, género que cultivó con gran éxito.
L'elisir d'amore (El elixir de amor) es, sin duda, una de las grandes óperas bufas de la historia musical. Su trama responde al mecanismo de este tipo de obras: situaciones confusas, cómicas en muchos casos, personajes como el fanfarrón sargento Belcore, el embaucador doctor Dulcamara -quien proporciona el elixir del título- y la joven pareja que, tras las consabidas peripecias acaban en un final feliz digno de este tipo de obras: Nemorino, un campesino simplón y enamorado de Adina, campesina rica que coquetea con el militar. Antes del feliz desenlace Nemorino descubre que Adina lo quiere al ver cómo una lágrima corre por su mejilla.


Donizetti quiso introducir un aria para el tener en el segundo acto, a lo cual se opuso su libretista Felice Romani: "¿Qué hace aquí este patán entrando en escena y poniéndose a gimotear patéticamente, cuando todo debe ser festivo y alegre?" Insistió el compositor y el aria Una furtiva lagrima es una de las más populares, espectacular y reconocida de cuantas se han compuesto para la voz de tenor.
Además del éxito que tuvo desde su estreno, un disco histórico de Enrico Caruso, grabado a comienzos del pasado siglo, llegó a popularizar este aria. La vocalización que éste hacía de la frase "M'ama, si, m'ama, lo vedo" hizo pensar equívocamente al gran público que se trataba de una gran ópera romántica y no un delicioso melodrama giocoso in due atti (melodrama cómico en dos actos) según reza en el título.



Hoy te acerco varias versiones de esta pieza y te propongo que decidas cuál te gusta más, independientemente de la calidad de la grabación y de si tiene sólo audio o vídeo. ¿Por qué no das tu opinión a través de este blog o en las redes sociales?



La primera versión, sólo audio pertenece a aquella histórica grabación del mítico Enrico Caruso.


Nuestro incombustible, inquieto y polifacético Plácido Domingo.



Uno de los más grandes, Luciano Pavarotti.


El mexicano Rolando Villazón, uno de los apadrinados por Domingo, expresivo en lo musical y lo teatral en una ya histórica versión grabada en la Staatsoper de Viena



¿
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