Formamos parte de la Tierra. Somos parte de ella. En nuestra idea de seres inteligentes nos presentamos como los dueños y poseedores de nuestro planeta, con la facultad de hacer con él lo que deseemos.
Como consecuencia de la evolución que hemos experimentado a lo largo de los siglos de civilización, no ha sido hasta hace recientemente unas décadas que hemos alcanzado el conocimiento de nuestro planeta con la globalidad con que lo hacemos ahora. Cada cultura, cada pueblo, cada sociedad pensaba y comprendía lo que tenía a su alcance con un respeto y cuidado que nacía de siglos de uso y costumbres. El paso a una sociedad más alejada de la tierra, de lo tangible, aquello que le daba sustento, junto con el conocimiento de otros lugares donde conseguir lo que no disponíamos en nuestros espacios, dio paso a procesos en los que las sociedades se "civilizaban", a la par que se alejaban del entorno que les rodeaba, desligándose de la naturaleza en la que estaban inmersas.
En nuestros pueblos y ciudades está desapareciendo el entorno natural que nos rodea o, cuando menos, pasando cada vez más desapercibido. No podemos observar el cielo nocturno del que han desaparecido las estrellas, el transcurso de las estaciones lo advertimos principalmente por el cambio de ropa que conlleva la nueva temporada, la duración de los días lo apreciamos por el cambio de hora en los relojes, sin el cual casi no nos daríamos cuenta de los acortamientos y alargamientos de los amaneceres y atardeceres.
Mirar al cielo, observar el desarrollo de la naturaleza que ha acompañado a todos los seres vivos que formamos parte del planeta, pasear observando y sintiendo los cambios que se producen con la llegada del otoño, sentir el paso de las aves que emigran buscando zonas más cálidas al sur, son experiencias que debemos seguir sintiendo para recordar que formamos parte de la naturaleza.
Te propongo un acercamiento a la naturaleza con la mirada puesta en los colores del otoño, la contemplación del cielo o los ciclos migratorios de los animales con obras de Thoreau, Mendelsshon y Schubert y las reflexiones que éstos nos pueden traer. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
El escritor y ensayista americano Henry David Thoreau decidió en pleno siglo XIX que necesitaba un alejamiento de la sociedad americana consumista y competitiva en la que vivía. Tomó la decisión de vivir unos años en el bosque junto a su Concord natal, en el estado americano de Massachusetts, donde se construyó una cabaña y subsistió de la pesca y la caza. Sus experiencias las llevó a distintos libros en los que desarrolló su contacto con la naturaleza y las sensaciones que ésta le producían, tanto las agradables como pasear, sentir el paso del tiempo y el cambio de las estaciones, como las menos placenteras como luchar contra las inclemencias del tiempo o convivir con animales menos agradables como avispas.
Rebelde e inconformista, desglosó sus experiencias en libros como Paraíso (a ser) recuperado, Una semana en los ríos Concord y Merrimac, Esclavitud en Massachusetts, Caminar, Colores de otoño o Winter, entre otros, algunos de ellos publicados póstumamente.

La desobediencia civil es un libro escrito a partir de una de sus conferencias en la que justificaba esta postura a partir de una experiencia personal. Durante la estancia en su cabaña en pleno bosque fue requerido por un recaudador de impuestos para que pagara el correspondiente por esa construcción. Al negarse a hacerlo fue encarcelado en las celdas de la localidad y liberado cuando sus tías pagaron el impuesto en contra de su voluntad. Thoreau se negó a contribuir a este impuesto al considerar que aún había esclavitud en su país y que se sufragaban guerras, en esta ocasión contra México.
En Autumnal Tints (Colores de Otoño) reflexiona sobre los cambios que se producen en los bosques y la naturaleza en el nordeste de Estados Unidos, unos cambios que manifiestan una gama de colores muy superiores a los que podemos encontrar en el continente europeo.
Hijo de una adinerada familia de banqueros judíos convertidos al cristianismo Félix Menselssohn es uno de esos seres humanos favorecidos por el destino con el don de la música. Recuperó parte de la música del renacimiento y la casi olvidada producción de Bach, de quien rescató La pasión según san Mateo, la música del Barroco y fue un apasionado de sus contemporáneos músicos del romanticismo.

Poseedor de una sensibilidad especial, obras como El sueño de una noche de verano forman parte de nuestra cultura, siendo reconocidas algunas de sus piezas por todos, como la famosa Marcha nupcial.
En su producción, el Opus 63 está formado por seis lieder para piano y dos voces. El tercero de ellos Herbstlied (Canción del otoño) se basa en un texto de Karl Klingemann y refleja los sentimientos que el paso de las estaciones produce en el protagonista, señalando el transcurso de la alegre primavera al otoño que presagia la llegada del invierno.

La interpretación corre a cargo de las sopranos Nicola Proksch y Simona Mrázová acompañadas al piano por Alexandr Srarý.
Como consecuencia de la evolución que hemos experimentado a lo largo de los siglos de civilización, no ha sido hasta hace recientemente unas décadas que hemos alcanzado el conocimiento de nuestro planeta con la globalidad con que lo hacemos ahora. Cada cultura, cada pueblo, cada sociedad pensaba y comprendía lo que tenía a su alcance con un respeto y cuidado que nacía de siglos de uso y costumbres. El paso a una sociedad más alejada de la tierra, de lo tangible, aquello que le daba sustento, junto con el conocimiento de otros lugares donde conseguir lo que no disponíamos en nuestros espacios, dio paso a procesos en los que las sociedades se "civilizaban", a la par que se alejaban del entorno que les rodeaba, desligándose de la naturaleza en la que estaban inmersas.
En nuestros pueblos y ciudades está desapareciendo el entorno natural que nos rodea o, cuando menos, pasando cada vez más desapercibido. No podemos observar el cielo nocturno del que han desaparecido las estrellas, el transcurso de las estaciones lo advertimos principalmente por el cambio de ropa que conlleva la nueva temporada, la duración de los días lo apreciamos por el cambio de hora en los relojes, sin el cual casi no nos daríamos cuenta de los acortamientos y alargamientos de los amaneceres y atardeceres.
Mirar al cielo, observar el desarrollo de la naturaleza que ha acompañado a todos los seres vivos que formamos parte del planeta, pasear observando y sintiendo los cambios que se producen con la llegada del otoño, sentir el paso de las aves que emigran buscando zonas más cálidas al sur, son experiencias que debemos seguir sintiendo para recordar que formamos parte de la naturaleza.
Te propongo un acercamiento a la naturaleza con la mirada puesta en los colores del otoño, la contemplación del cielo o los ciclos migratorios de los animales con obras de Thoreau, Mendelsshon y Schubert y las reflexiones que éstos nos pueden traer. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
![]() |
| Otoño en Estados Unidos. Imagen tomada de Internet |
Rebelde e inconformista, desglosó sus experiencias en libros como Paraíso (a ser) recuperado, Una semana en los ríos Concord y Merrimac, Esclavitud en Massachusetts, Caminar, Colores de otoño o Winter, entre otros, algunos de ellos publicados póstumamente.

La desobediencia civil es un libro escrito a partir de una de sus conferencias en la que justificaba esta postura a partir de una experiencia personal. Durante la estancia en su cabaña en pleno bosque fue requerido por un recaudador de impuestos para que pagara el correspondiente por esa construcción. Al negarse a hacerlo fue encarcelado en las celdas de la localidad y liberado cuando sus tías pagaron el impuesto en contra de su voluntad. Thoreau se negó a contribuir a este impuesto al considerar que aún había esclavitud en su país y que se sufragaban guerras, en esta ocasión contra México.
En Autumnal Tints (Colores de Otoño) reflexiona sobre los cambios que se producen en los bosques y la naturaleza en el nordeste de Estados Unidos, unos cambios que manifiestan una gama de colores muy superiores a los que podemos encontrar en el continente europeo.
Hijo de una adinerada familia de banqueros judíos convertidos al cristianismo Félix Menselssohn es uno de esos seres humanos favorecidos por el destino con el don de la música. Recuperó parte de la música del renacimiento y la casi olvidada producción de Bach, de quien rescató La pasión según san Mateo, la música del Barroco y fue un apasionado de sus contemporáneos músicos del romanticismo.

Poseedor de una sensibilidad especial, obras como El sueño de una noche de verano forman parte de nuestra cultura, siendo reconocidas algunas de sus piezas por todos, como la famosa Marcha nupcial.
En su producción, el Opus 63 está formado por seis lieder para piano y dos voces. El tercero de ellos Herbstlied (Canción del otoño) se basa en un texto de Karl Klingemann y refleja los sentimientos que el paso de las estaciones produce en el protagonista, señalando el transcurso de la alegre primavera al otoño que presagia la llegada del invierno.

La interpretación corre a cargo de las sopranos Nicola Proksch y Simona Mrázová acompañadas al piano por Alexandr Srarý.
Bohemio incorregible, Henry Thoreau vivió a costa de pequeños trabajos -llegó a ser fabricante de lápices- y donativos esporádicos de sus tías. El convencimiento de que el acercamiento a la naturaleza y la vida simple sin adornos ni necesidades creados eran el mejor camino para alcanzar la felicidad en la vida.
En Walden, llamado en su primera publicación Walden, la vida en los bosques, Thoreau narra su experiencia en la cabaña que se construyó junto al lago homónimo con varias pretensiones: Vivir en la naturaleza era una forma de demostrar que ese tipo de vida es la apropiada para quien desee liberarse de las imposiciones de la sociedad consumista e industrial. Además de que como sociedad e individuos no debemos olvidar los recursos que la naturaleza nos ofrece, sus reglas y los beneficios que nos otorga.
![]() |
| Réplica de la cabaña de Thoreau junto al lago Walden. Imagen tomada de Internet. |
En Colores de otoño volvemos, con una fecha precisa que no siempre ocurrirá a sentir la caída de las hojas

Los lieder de Schubert nos acercan a sentimientos íntimos, en la mayoría de las ocasiones con tonos sombríos y un abandono del sentido del optimismo. En Der Wanderer an den Mond (El caminante a la luna), basado en un poema de Johann Gabriel Seidl, es el protagonista quien en su deambular interroga a una luna sin fronteras, sin barreras que la limiten en su caminar por el cielo. Esa mirada al cielo, esa contemplación de lo natural que no debemos perder nos acompaña con su música.

El lied está interpretado por el barítono Benjamin Appl acompañado al piano por James Bailleu perteneciente a su álbum Heimat.
La mirada de Thoreau no deja de acercarse a cuantos acontecimientos se producen en la naturaleza y las sensaciones que provocan en quienes los contemplan. El caminar por senderos, las tonalidades de las hojas caídas o aún en los árboles, un manantial que ha sido tapado por una alfombra de hojas o el remar por la corriente cubierta de una flota de barcas caídas de las ramas de los árboles cercanos tienen reflejos en las páginas de Colores de otoño.

Seguir los pasos anuales de la naturaleza también abarca la contemplación de los cambios que se producen en la fauna que acompaña nuestros espacios urbanos y naturales. Aves que van y vienen en sus ciclos migratorios como cigüeñas, ánades, patos o golondrinas nos reafirman en los momentos en los que nos encontramos.
La sensibilidad de Mendelsshon no podía dejar escapar esta oportunidad al poner música al poema de Hoffmann von Fallerslebenied llamado Canción de las aves migratorias incluido en su Opus 63 como la segunda de las seis canciones para soprano y piano.

De nuevo las sopranos Nicola Proksch y Simona Mrázová acompañadas al piano por Alexandr Srarý son las intérpretes de este lied con la que concluimos esta reflexión sobre el acercamiento a la naturaleza y los colores del otoño.

Seguir los pasos anuales de la naturaleza también abarca la contemplación de los cambios que se producen en la fauna que acompaña nuestros espacios urbanos y naturales. Aves que van y vienen en sus ciclos migratorios como cigüeñas, ánades, patos o golondrinas nos reafirman en los momentos en los que nos encontramos.
La sensibilidad de Mendelsshon no podía dejar escapar esta oportunidad al poner música al poema de Hoffmann von Fallerslebenied llamado Canción de las aves migratorias incluido en su Opus 63 como la segunda de las seis canciones para soprano y piano.

De nuevo las sopranos Nicola Proksch y Simona Mrázová acompañadas al piano por Alexandr Srarý son las intérpretes de este lied con la que concluimos esta reflexión sobre el acercamiento a la naturaleza y los colores del otoño.
Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!












