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Cien años de los Veinte poemas de amor de Neruda

Hay obras que marcan a sus autores y los hacen alcanzar el lugar que les corresponde dentro de su especialidad. Libros relacionados con la literatura o el pensamiento, piezas musicales, cuadros, tratados o descubrimientos científicos, obras arquitectónicas o cualquier tipo de expresión artística son muestras de este tipo de obras que encumbran a sus autores al idear estas obras maestras.
Aunque las referencias que tengamos de Pablo Neruda lo sitúen más cercano en el tiempo, una de sus primeras obras cumple los cien años de su publicación en 2024. Se trata de su segunda obra editada, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, una poemario que salió a la luz cuando el poeta contaba con apenas diecinueve años de edad.
Su publicación hizo que su obra comenzara a ser conocida, que le abriera las puertas a nuevas publicaciones y que el nombre de Neruda entrara a formar parte de los grandes escritores iberoamericanos del siglo XX.
Te propongo acercarte a una obra que cumple cien años desde su publicación en 1924, los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Nos acompañan algunos de sus poemas y músicas inspiradas en ellos con Paco Ibáñez, Dimas y Ramón Ayala. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Nacido en julio de 1904 en Parral (Chile) como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, publicó sus primeros poemas sueltos como Ricardo Reyes, hasta que adoptó el pseudónimo de Pablo Neruda, que convirtió finalmente en su nombre legal.
Hijo de una humilde familia, su madre, maestra, murió de tuberculosis a los pocos meses de su nacimiento y su padre, ferroviario, volvió a casarse más adelante.
Neruda está considerado uno de los más grandes escritores del pasado siglo, con una vida en la que alternó su obra como poeta y escritor con su trabajo diplomático como embajador en distintos lugares, como Singapur, Java, México, Buenos Aires, Madrid o París, además de mostrar su activismo político en favor de las políticas de izquierda, llegando a ser precandidato a la presidencia de Chile antes de la elección de Salvador Allende.
Personaje con luces y sombras, recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente», según el comité organizador del galardón.

Nos acompaña una pieza musical relacionada con Neruda en su inspiración, aunque no en ninguna obra suya concreta.
Blas Galindo Dimas fue un profesor de música, compositor y director de orquesta mexicano que compuso en 1948 su obra para orquesta de cuerdas Poema de Neruda, una pieza que se mueve entre la sensibilidad y las emociones que despiertan los poemas del escritor chileno.
La grabación con la que se inicia esta publicación, que puede servir como música de fondo para leerla pertenece al disco México sinfónico y está interpretada por la Orquesta de las Américas bajo la dirección de Benjamín Juárez Echenique y fue editado por la discográfica Urtext en 1998, apenas cinco años después del fallecimiento del compositor.


Tras de participar en diversos concursos florales de poesía y de sacar algunos poemas en diversos periódicos y revistas, publicó su primer libro, Crepusculario en 1923 ya con el nombre con el que lo conocemos.
En esa suerte de memoria que es Para nacer he nacido, el propio escritor explica cómo logró que estos poemas se publicaran:

«En cuanto a mis Veinte poemas de amor, contaré una vez más que fue Eduardo Barros quien lo entregó y recomendó con tal ardor a don Carlos George Nascimiento que éste me llamó para proclamarme poeta publicable con estas sobrias palabras: "Muy bien, publicaremos su obrita".»

Con la distancia que da el paso del tiempo, este libro fue para el escritor «un libro doloroso y pastoril que contiene sus más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur.»
Estos Veinte poemas de amor y una canción desesperada están cargados de un fuerte erotismo, lo que provocó el rechazo de una parte de la sociedad y de la crítica, a la vez que logró la adhesión de los más jóvenes.
Esta vertiente de descarnado erotismo se advierte sin ninguna duda desde el primero de los poemas que conforman la obra.


Pese a ser el segundo libro que publicó, Veinte poemas de amor... es posiblemente el libro más popular de Neruda y el que lo consolidó como poeta, dándole un prestigio que le acompañó desde entonces. 
Heredero de la línea modernista, este poemario muestra la expresividad de la vanguardia literaria con una intensidad lírica, una vitalidad desbordante y un erotismo patente que se va trocando en un tono de melancolía que entronca con el romanticismo conforme avanzan en los poemas las ausencias y separaciones.

El joven poeta antes de 1920 cuando aún firmaba con su nombre Ricardo Reyes
Si leer los poemas es un acto de latente sensibilidad, escucharlo leer por alguien que lo recite de forma sentida y con conocimiento de causa lo es más. En el siguiente enlace es el propio Neruda quien recita uno de los más conocidos, su Poema 15, el conocido Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Su voz se torna larga y nostálgica para expresar esos sentimientos que, como autor, conoce mejor que nadie, para compartirlo como con una lenta, dramática y sentida letanía. Su voz y su estilo, con una cadencia que tiene cierta semejanza con la forma de recitar de Rafael Alberti, nos acompañan en esta grabación histórica.


Neruda narra en estos veinte poemas la pasión y el amor hacia una mujer idealizada, que no se basa en una sola persona, sino que toma características de varias mujeres reales a las que conoció. Así crea una amante que representa la idea poética del objeto de su amor, un arquetipo, en unos poemas que van cambiando a un tono cada vez más oscuro y sombrío conforme avanzan los poemas, para mostrar el temor de la ausencia y la pérdida tanto de la pasión como de la amada y, en resumen, del propio amor.
El propio poeta trata de su libro en un artículo publicado en el diario La Nación de Santiago de Chile en 1924, el mismo año en que salió a la luz y que transcribe de nuevo en Para nacer he nacido.

EXÉGESIS Y SOLEDAD
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriendo iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expresión ritmos diversos, corrientes contrarias. Amarrándolos, trenzándolos sin hallar lo perdurable, porque no existe, ahí están Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Dispersos como el pensamiento en su inasible variación, alegres y amargos, yo los he hecho y algo he sufrido haciéndolos. Sólo he cantado mi vida y el amor de algunas mujeres queridas, como quien comienza por saludar a gritos grandes la parte más cercana del mundo. Traté de agregar cada vez más la expresión a mi pensamiento y alguna victoria logré: me puse en cada cosa que salió de mí, con sinceridad y voluntad. Sin vacilar, gente honrada y desconocida -no empleados y pedagogos que me detestan personalmente- me han mostrado sus gestos cordiales, desde lejos. Sin darles importancia, concentrando mi fuerza para atajar la marea, no hice otra cosa que dar intensidad a mi trabajo. No me cansé de ninguna disciplina porque nunca la tuve: la ropa usada se conforma a los demás, me quedó chica o grande, y la reconocí sin mirarla. Buen meditador, mientras he vivido he dado alojamiento a demasiadas inquietudes para que éstas pasaran de golpe por lo que escribo. Sin mirar hacia ninguna dirección, libremente, inconteniblemente, se me soltaron mis poemas.

Pablo Neruda, diario La Nación, Santiago de Chile.

El joven Neruda en una fotografía de estudio
Esa nostalgia que precede a la ausencia se deja ver con nitidez en el Poema 6 en el que poeta comienza a evocar el recuerdo de la amada.


Neruda busca dar mayor unidad al libro prescindiendo de los títulos de los poemas a los que simplemente enumera, lo que supone también buscar la complicidad del lector para que realice un esfuerzo en la interpretación de cada uno de ellos. Así, dos características se unen a los temas mencionados del amor, la ausencia y la pérdida.
Por una parte, el erotismo latente, la necesidad del cuerpo que provoca el deseo se va trocando poco a poco en la necesidad de la palabra, la búsqueda de la atención de la amada, desde su oído hasta su mente, configurando estas palabras como una promesa de amor. 
De otro lado, ese arquetipo de la mujer amada le remite al principio vital, a los sonidos y cantos de la naturaleza, a los movimientos telúricos y celestes, al universo y el anhelo de plenitud completa. El amante y el poeta se entregan en todo su ser, sabiendo que es un ideal inasible, inalcanzable, pero deseable.

Portada de la edición original de la Editorial Nascimento de 1924.

Nos acompaña otro de los versos que han trascendido al libro y se han popularizado fuera de él, el Poema 20 que cierra el ciclo.
Escuchamos este conocido Puedo escribir los  versos más tristes esta noche con la música e interpretación del argentino Ramón Ayala perteneciente a su disco La selva y el río editado en 2008 por Epsa Music.


Estos veinte poemas de amor supusieron la consolidación del poeta como una de las figuras del panorama literario hispanoamericano y mundial.
Tras su paso por España durante la guerra civil, en su destino en México como diplomático, Neruda continuó su obra poética con sus Cantos Generales, obra que muestra su inspiración en la poesía de Walt Whitman, recibiendo en 1945 el Premio de Literatura de Chile. Por su pertenencia al Partido Comunista que fue prohibido tres años después hubo de exiliarse, recalando en Capri desde donde realizó una serie de conferencias por Europa. Tras su regreso a Chile publicó obras como Los versos del capitán, sus Odas elementales o Estravagario.


De nuevo encontramos en Para nacer he nacido otra referencia a su libro del que celebramos el centenario en esta publicación. Se trata del prólogo que escribió para una edición de su Veinte poemas en francés en 1960.

Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor, amor... Desde entonces andan rondando y cantando... El tiempo les despojó su primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo fue destruido en este año de 1960.

Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.

París, noviembre de 1960.

En el Poema 12, el poeta insiste en el abandono y el dolor en una relación a la que se entrega por completo y cuyo corazón sólo necesita el pecho de la amada a quien se ofrece para enseñarle a ser libre. La imagen de las aves que emigran cierran el poema.


Tras una vida con luces y sombras en lo humano y con brillantez en lo poético, en 1970 Allende lo nombra embajador en Francia, al año siguiente recibe el Premio Nobel de Literatura y regresó a su país. Un Neruda enfermo murió el 23 de septiembre de 1973 días después del golpe de Pinochet. Su casa fuer incendiada y su biblioteca personal destruida.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada sigue sorprendiendo cien años después por la facilidad para transmitir emociones primarias y universales, y por la capacidad de conmover y evocar esas imágenes que envuelven a los lectores en una vorágine de emociones. Nos invita a reflexionar sobre la belleza y el dolor del amor, de su ausencia y su pérdida, explorando nuestras propias emociones y experiencias desde la poesía de un escritor como Pablo Neruda.


No podía finalizar esta publicación sin acercarnos a La canción desesperada, un alegato en el que se unen los elementos de los poemas anteriores alrededor del alejamiento y la angustia por la pérdida. Todo está condicionado por el dolor del olvido: la amada, el recuerdo en la noche, el abandono, el naufragio de la relación. Ante esa nostalgia sólo queda escapar de los recuerdos, para huir de sí mismo, para tener un consuelo cuando todo está perdido.
Esta canción es una suerte de epitafio, una despedida cincelada en el mármol del dolor. 
Para un clásico como Neruda, es otro clásico como Paco Ibáñez nos acerca a esta última canción desesperada. El intérprete recrea esta última pieza en una canción en la que acorta los versos del escritor para crear una canción con la misma desolación y dolor que el poema original.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Quevedo en nuestro tiempo

El mes de septiembre viene marcado por dos fechas que nos recuerdan a uno de los escritores más grandes, creativos, ingeniosos e irreverentes de la mejor época de nuestra literatura: El Siglo de Oro
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes el 8 del mismo mes de 1645.
Contemporáneo de otros grandes de nuestro idioma como Lope de Vega, Luis de Góngora, el propio Cervantes o Calderón de la Barca, su vida y obra habrían sido distintas sin ellos y la rivalidad que los acompañó, en mayor medida con los dos citados en primer lugar.
Pese a la distancia en el tiempo entre la época en que vivió Quevedo y la nuestra, su forma de escribir, la acidez de sus letras, su inconformismo, la heterodoxia de sus publicaciones y la agresividad con que trató a muchos de sus colegas, nos muestran un panorama literario y social con similitudes al momento que vivimos con las redes sociales y la forma en que se establecen las relaciones y las reacciones, la banalidad y la agresividad o la acusación y la imposición. 
De esta forma, muchas de sus obras, que rondan alrededor de quinientos años desde que fueron publicadas, bien podrían pasar por haberse escrito en nuestra época.
Aprovechando que en septiembre se cumplen años del nacimiento y muerte de Francisco de Quevedo te propongo un recorrido por algunas de sus obras para recordar la modernidad y actualidad de su legado y su pensamiento. Nos acompañan músicas basadas en sus obras de Paco Ibáñez y Raquel Andueza y La Galanía. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Un escritor como Francisco de Quevedo no podía quedar fuera de este blog, en el que hemos incluido algunas publicaciones suyas en diversas ocasiones. 
Así, en Rivalidades artísticas: El siglo de Oro nos acercamos a algunos de los poemas que autores tan sobresalientes como los mencionados Cervantes, Lope de Vega, Góngora y el propio Quevedo escribieron, con mayor o menor dosis de humor y mala idea, contra los que consideraban sus rivales literarios. Nada que envidiar a las relaciones que observamos en algunos casos en las redes sociales hoy en día.
En Pájaros barrocos confluían poemas de Quevedo y Lope de Vega con una anécdota ornitológica y musical y músicas de Händel y Vivaldi de una exquisita musicalidad.
Por último, en Amores barrocos pudimos apreciar el sentido poético más lírico de Quevedo con uno de sus sonetos dedicado al amor (Es hielo abrasador, es fuego helado) junto con otro de Lope de Vega (Desmayarse, atreverse, estar furioso) y música, de nuevo, de Händel y Vivaldi.

Monumento a Quevedo de Agustín Querol en la Glorieta del mismo nombre (Madrid)
Sin entrar en más detalles sobre su vida y obra, comenzamos con un texto que nos muestra la vertiente más ácida e inteligente de su carácter literario. Se trata de la introducción a Discurso de todos los diablos o infierno emendado, una obra publicada en 1627 y que fue retirada poco después, quizás porque el censor divisó a algún conocido o a sí mismo en alguna de las imágenes de la obra.
En este opúsculo, Quevedo muestra a una serie de personajes históricos a los que muestra en presencia del diablo quien tiene que actuar como mediador en sus disputas y diatribas. Este libro, conocido también con el título de El entretenido, la dueña y el soplón muestra las dotes de Quevedo para la narración, el ensayo y la narración, para crear una suerte de tratado de ética y filosofía muy en su particular estilo. En el fondo, Quevedo muestra un cuadro de lo que pensaba de la sociedad de su época, con sus pasiones y sus vicios, y que también nos refleja a nuestro tiempo. Este Chiste a los bellacos y pícaros con quien hablo con que se inicia la obra bien puede estar dirigido a ti o a mí, ¿o quizás a quienes nos rodean? Tú verás.

Hijo de nobles y cortesanos -su padre era secretario de la princesa María y su madre su dama de honor-, quedó huérfano del primero con pocos años. Estudió en el Colegio Imperial, donde los jesuitas educaban a los hijos de la nobleza hasta que ingresó en la Universidad de Alcalá de Henares donde compartió estudios con al futuro Duque de Osuna que tanto lo ayudó y protegió más adelante. Allí, con una deformidad en los pies que le hacía cojear y una vista corta continuó configurando su carácter y comenzó a escribir sus primeros poemas.
El traslado de la corte de Felipe III a Valladolid y la muerte de su madre hizo que marchara a estudiar a su universidad, poniéndose al servicio del Duque de Lerma, valido del rey.

Grabado de Quevedo incluido en laedición de M. Quiñones (Madrid, 1635) de Epicteto y Phocilides en español con consonantes.
En Valladolid comenzó a crecer su fama como poeta, que continuó como traductor y literato mientras compaginaba su trabajo como secretario del Duque de Osuna, primero en las posesiones españolas de Italia, pocos años después en Madrid.
Su novela más conocida, El buscón (titulada originalmente Historia de la vida del buscón llamado don Pablos, exemplo de Vagamundos y espejo de Tacaños) es una obra que culmina el estilo picaresco evitando reflexiones morales en la que crea un relato satírico escueto y fluido en el que consigue una creación por el mero gusto literario.
Publicada en 1626, posiblemente fue escrita muchos años antes, quizás en los primeros años del siglo, bajo la influencia de El lazarillo de Tormes y El pícaro Guzmán de Alfarache. Frente a estos, Quevedo muestra en su obra el entramado entre el protagonista y el mundo en que se desenvuelve, degradando al personaje frente a la sociedad en que se mueve y evolucionando y enriqueciéndose la narración conforme se van sucediendo los capítulos.
Dividida en tres libros, nos quedamos en la compañía del relato en que el protagonista se pone al servicio de don Diego Coronel, el Dómine Cabra y lo que pasaron con él quienes le acompañaban. El lenguaje de Quevedo se muestra cargado de una cantidad de imágenes, dobles sentidos, sarcasmos y juegos de palabras que acercan al lector a la sonrisa, mientras se desarrolla el perfil psicológico de los personajes.


Portada de la edición original de El buscón (1626)


Si una obra como esta ha quedado como símbolo y reflejo de un estilo y un tiempo, los poemas de Quevedo se mueven entre muchos ámbitos y formas, de lo amoroso a lo crítico, pasando por la sátira y multitud de poemas jocosos, alcanzando algunos de ellos el derecho a la actualidad.
Casi con toda seguridad, uno de los primeros en poner música a su obra en el siglo XX fue el cantautor Paco Ibáñez. Activo en la actualidad -en este otoño sigue realizando conciertos- su primer disco, Paco Ibáñez, editado en 1964 donde puso música a poemas de Federico García Lorca y Luis de Góngora supuso su primera incursión en el poemario español. Fue en su segundo disco, Paco Ibáñez 2, publicado en 1967 donde incluyó canciones sobre poemas de autores contemporáneos como Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Blas de Otero y Miguel Hernández, a los que acompañan obras de Góngora y Quevedo. Es en este disco donde encontramos uno de los poemas más conocidos de Quevedo, la que el escritor del Siglo de Oro denominó Letrilla satírica y que, muestra toda su vigencia.


La interpretación corresponde a un programa de La 2 de Televisión Española emitido en julio de 1991 donde Paco Ibáñez está acompañado por un casi nonagenario Rafael Alberti, quien, consciente de su error, recita a continuación su poema A don Luis de Góngora y Lagartijo, una obra muy en el estilo de los que se lanzaban unos poetas a otros otrora.


Además de El buscón, obra cumbre de la picaresca, y de los poemas que Quevedo compuso con diversa intención y finalidad, también fue prolífico en textos en prosa en los que destacan su agudeza, sarcasmo, crítica y la originalidad de sus planteamientos y forma de escribirlos, así como una gran dosis de intención de atacar a sus enemigos, fueran estos literarios o no.
Entre estos escritos destaca el libro Obras jocosas que aunque fue publicado por primera vez en 1631, cuando Quevedo pasaba de los cincuenta años, recoge textos cortos, punzantes y atrevidos que circularon durante años entre sus conocidos. Publicado como Obras jocosas o bien Obras festivas, el escritor las título en su primera edición Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio.
Este grupo de pequeñas obras muestra el sentido del humor, la desfachatez y la desbordante y fecunda imaginación de Quevedo, ofreciendo una sensación similar al que tenemos al leer a algunos columnistas de prensa. Escritos probablemente durante su época universitaria para leer en voz alta en las tertulias con los amigos, casi podemos percibir hoy en día el hecho de estar escritos para ser enfatizados y gesticulados frente a un público ansioso de sentir por momentos el lado cómico de la cotidianidad. 
Así, desfilan por ellos una variopinta cantidad de personajes que reflejan el espectro social de su tiempo: rameras y escritores de tres al cuarto, adúlteros y engañados, monjas y alguaciles, inocentes y pícaros. 
En el fondo estos escritos son parodias, burlescas copias de documentos oficiales, epístolas aduladoras o imitaciones sarcásticas y demoledoras de sesudos informes. 
Nos acompaña el comienzo de su Libro de todas las cosas y otras muchas más, un texto que se inicia con una fastuosa tabla de proposiciones que nos ofrecen consejos infalibles para solucionar diversos problemas de índole. En el escrito original, se encuentran en primer lugar las proposiciones, para luego mostrar las formas de lograr alcanzarlas. Me he permitido el cambio de ofrecer el consejo junto a cada propuesta.
¿Y si, siguiendo el sentido original de la obra, pruebas a leerlo en voz alta ante quienes de acompañan?





El valor literario de las obras del Siglo de Oro en general, y las de Quevedo, de forma particular, se refleja en muchas composiciones que han llegado hasta nuestros días.
La música que nos acompaña está basada en un poema titulado Carta de Escarramán a la Méndez. Se trata de una obra inscrita en el más amplio estilo picaresco. La jácara es un tipo de poema en forma de romance escrito en germanía, la jerga propia del hampa. En las jácaras se trata de rufianes y busconas, maleantes y hampones con un lenguaje que remite a esos términos propios de las germanías.
Alrededor de dieciséis jácaras se conocen de Quevedo, siendo esta Carta de Escarramán a la Méndez la más conocida de ellas y parece que fue escrita alrededor de 1611-12, alcanzando un gran éxito entre el público.
La música que nos acompaña cambia el título a Jácara de la trena en la versión que interpreta el grupo La Galanía con la voz cantante de Raquel Andueza, quienes nos han deleitado con sus músicas en este blog en algunas ocasiones.
El enlace, con una evidente intención pedagógica está sacado del canal de Youtube de Jaime CL (Música, Texto e Imagen) y nos ayuda a desvelar los dobles sentidos, los significados ocultos y la situación que el chulo Escarramán le escribe a su protegida a la Méndez.


En este recuerdo y homenaje a la figura de un escritor como Quevedo, del que no nos hemos entretenido en detallar sus peripecias vitales y su obra, nos quedamos con unas palabras en el mismo tono de las proposiciones y soluciones anteriores. El texto que nos acompaña a continuación se inscribe en ese tipo de obras que el autor escribía para ser leído entre amigos, en tertulias y francachelas, en el más puro estilo de Groucho Marx: «Nunca sería socio de un club que admitiera a socios como yo.»  Los caminos, estilos e ideas se cruzan e influyen.
Perteneciente también a ese grupo de opúsculos y textos variados que forman las diversas ediciones de sus Obras jocosas, en esta memoria habla de sí mismo con todo el humor, la ironía y la acidez propios de su estilo. Cuando Quevedo se critica, arremete y se mete con otros autores, ya lo ha hecho también consigo mismo, algo que dice mucho a su favor y que lo diferencia de este nuestro tiempo de críticas virulentas. 


Nos despedimos de Francisco de Quevedo y Villegas, un personaje que podría haber encajado en nuestro días desenvolviéndose con toda naturalidad y soltura con otro de sus poemas musicados por el cantautor valenciano.
Romance satírico es un irónico y despiadado poema con que Quevedo aconseja a una joven que va a casarse con un médico, arremetiendo con sus métodos, su eficacia, sus artes y su buen nombre. Demoledor.

Retrato de Quevedo atribuido a Juan van der Hamen. En el pasado siglo se atribuyó a Diego Velázquez
Perteneciente también a su disco Paco Ibáñez 2, escuchamos el audio de este Romance satírico quevedesco del que puedes seguir la letra para poder seguir mejor los argumentos del escritor, con esos juegos de la ironía, los dobles sentidos y la intención que caracteriza a una gran parte de su obra.

 

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. El buscón, Penguin Clásicos, 2015.
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. Obras jocosas, versión Kindle.
  • Ibáñez, Paco. Paco Ibáñez 2, Sello A flor de tiempo, 2002.