No se puede decir que los animales forman parte de nuestro mundo, como alguien podría afirmar. Nosotros formamos parte de un mundo en el que también hay animales. Y plantas. Y otros muchos seres vivos e inertes. Simplemente, somos parte de los habitantes, formamos parte del planeta.
Nuestra relación con los animales ha ido evolucionando desde el origen de nuestra historia: Desde los primeros que sirvieron como alimentos gracias a la caza, hasta los que comenzamos a domesticar como forma de obtener alimentos, vestido y fuerza para realizar trabajos.
Con el transcurso de los siglos es nexo ha ido transformándose hasta llegar a un nuevo vínculo al pasar de animales domésticos a animales de compañía, e incluso, a formar parte de las relaciones familiares.
Este episodio de APasionArte encontraréis textos literarios que van de la prosa poética, al relato, la descripción y la autobiografía animal hasta la poesía. También hallaréis músicas que se mueven entre lo imitativo, la descripción mezclada con emociones y la parodia humorística. Toda una variedad de obras de distintos estilos y formatos.
Te propongo un recorrido por obras de autores de fama universal que nos invitan a reflexionar sobre las relaciones que tenemos con los animales y cómo han ido evolucionando. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Así, en este nuevo programa nos acompañan, no en este orden, animales de distinto pelaje, plumaje y condición gracias a escritores como Juan Ramón Jiménez, Cervantes, Pablo Neruda, Leopoldo Alas, Clarín, E.T.A. Hoffmann y músicas de Rossini (¿o quizás no?), Händel, Saint-Saëns y Gofré.
Este episodio de APasionArte puedes escucharlo en Radio Voz del Condado en el 105.40 do la FM o a través de su página web: radiovoz.lapalmadelcondado.org en el siguiente horario: Miércoles a las 13 y 19 horas, jueves a mediodía, a las 14 horas y en la noche del sábado a las 21 horas.
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En ocasiones pasamos de una etapa a otra, de una situación a otra diferente y no nos hacemos conscientes del paso que hemos dado. En estos días hemos comenzado el otoño y quizás lo hayamos advertido por haberlo escuchado en radio o televisión o por haberlo leído en la prensa o las redes sociales, pero aún no somos conscientes de su entrada. Sentir, canalizar y dejar aflorar los sentimientos que nos produce el otoño, los agradables como admirar el paisaje y su color cambiante, los que nos encierran en nosotros mismos con los días que se vuelven más cortos y las noches se alargan, la melancolía que nos asalta por momentos, el feliz encuentro con nosotros mismos son sensaciones que podemos y debemos sentir. Desde tu ciudad, tu pueblo, donde quiera que vivas te propongo hacer una pausa en tu ritmo de trabajo y de vida para hacerte consciente de la entrada del otoño en compañía de obras literarias y musicales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Nuestro primer acercamiento al otoño surge de un poema de autor anónimo que viene a reflejar las características que esta estación en unión de la naturaleza aportan a nuestras vidas. Refleja las costumbres y usos de los siglos XVII o XVIII en que fue escrito el soneto, con la recogida de las cosechas, la vendimia y los productos que se elaboran a partir de ella o las costumbres cinegéticas en un tiempo en que se vivía en contacto e interacción con la naturaleza. La importancia de este poema estriba en que fue escogido por Antonio Vivaldi para describir el otoño de Las cuatro estaciones a través de él. Los tres movimientos que lo conforman siguen los detalles descriptivos del poema, de la misma forma que ocurre con el resto de las estaciones. Estos cuatro conciertos de Las cuatro estaciones pertenecen a la obra Il cimento dell' Armonia e dell' Invenzione, el Opus 8 de Vivaldi y no conocemos con seguridad el momento en que fueron compuestos, sabiendo, eso sí, que hay una dedicatoria del compositor al Conde Marzin en 1725. Nos acompaña el 3º movimiento, Allegro de este Otoño con que Vivaldi nos describe la estación con ayuda del soneto anterior. Se trata de una interpretación de The Cleveland Baroque Orchestra para Apollo's Fire con Jeannette Sorreli en el teclado y la dirección y Olivier Brault como violín solista que se llevó a cabo en la Fairmount Presbyterian Church de Cleveland Hts, Ohio en abril de 2015. Una interpretación muy particular con cierta coreografía gestual por parte de alguno de los intérpretes.
No es la primera vez que Rainer María Rilke nos acompaña en este blog. En esta ocasión es con un poema en que nos acerca a los sentimientos y sensaciones que le provoca, y nos provoca a nosotros, una jornada de otoño. Comienza con una casi petición a que finalice el largo verano y regresen los ciclos naturales, mientras la soledad, la espera de un tiempo mejor que llegará, nos mantiene como las mismas hojas caídas.
Hans Erich Pfitzner es uno de esos personajes que viven por y para la música. Ruso de nacimiento, de padre violinista, la familia marchó cuando él contaba con pocos años a Alemania donde vivió prácticamente el resto de su vida. Director de orquesta y compositor, sus primeras obras las compuso cuanto contaba con once años. Conocido de Thomas Mann, Malher o Richard Strauss, que admiraban su obra, no trabó amistad con ellos por sus modales poco agradables. Durante el tiempo que duró el Tercer Reich fue cayendo en desgracia al negarse a dejar de interpretar obras de compositores judíos o componer una música incidental para El sueño de una noche de verano que sustituyera la compuesta por el judío Mendelsohnn, a lo que se negó, aduciendo que era imposible pensar siquiera en sustituir una música como esa. Sus bienes fueron requisados y sólo volvieron a interpretarse sus obras tras la guerra, cuando su salud mental estaba deteriorada y fue ingresado en un sanatorio en Salzburgo donde falleció. Entre sus obras abundan los lieder, varias sinfonías y algunas óperas. Entre estas últimas destaca Palestrina que fue estrenada en 1917 y nunca llegó a entrar en los repertorios de los grandes teatro, pese a que voces tan importantes como Bruno Walter veían en ella todos los elementos para triunfar. De entre sus lieder, a los que Pfitnez suele otorgar un carácter melancólico, nos acompaña en esta parada para sentir el otoño una composición para piano y soprano a partir de un poema de Josef Karl Benedikt von Eichendorff.
Christa Mayer nos ayuda a sentir el otoño interpretando Im Herbst de Hans Pfitzner acompañada al piano por Eytan Pessen.
Precoz estudiante -a los 11 años ingresó en la Universidad de Oviedo- catedrático de Literatura en Zaragoza y aquella ciudad, crítico literario y escritor, la obra de Leopoldo Alas "Clarín" se compone de algunos relatos cortos, la obra de teatro Teresa y algunas novelas entre la que destaca la que, posiblemente, sea la más importante del siglo XIX en nuestro país: La Regenta, una obra que fue escrita entre 1884 y 1885 inmersa en la corriente literaria del Naturalismo imperante en las últimas décadas del citado siglo. Situada en la imaginaria Vetusta, la ciudad de Oviedo en que se desenvolvió emocionalmente su vida aunque naciera en Zamora, Clarín se adhirió a la sinceridad narrativa y descriptiva del naturalismo en que ahonda en los estados y sentimientos más profundos del alma humana. La crítica a los provincianismos y la moralidad impuesta, una cierta socarronería, la mezcla de ironía, bromas y seriedad hace de La Regenta una obra que, aunque extensa y prolija, se lee con interés gracias a la riqueza del lenguaje y la verdad en la descripción de los caracteres de cuantos acompañan a Ana Ozores en su transcurrir diario por Vetusta. Una descripción unida a las sensaciones que provocan en la ciudad, y en la protagonista de forma particular, el avance del otoño cuando se aproxima al invierno nos acompaña al sentimiento de esta estación.
De Las flores del mal de Charles Baudelaire extrajo Gabriel Fauré algunos poemas para ponerle música. En la misma línea que la tradición de los lieder alemanes, les chansons francesas tuvieron un importante desarrollo a partir de la segunda mitad del XIX. El número 56 de la colección de poemas se titula Chant d'automne (Canto de otoño) y fue llevado al pentagrama por Fauré en 1871 como su Opus 5 junto a Rêve d'amour (Sueño de amor) y L'absent (El ausente), ambas de Victor Hugo. Se trata de una chanson para piano y voz solista que preparó para ser interpretada por cualquiera de las cuatro tesituras habituales, soprano o tenor en una versión y contralto o barítono en la otra. La letra de Baudelaire señala la lucha contra el otoño, un preludio del invierno que, para el poeta maldito, es un acercamiento a la muerte y que Fauré trasladó al pentagrama con gran fidelidad. El vídeo con el que nos finalizamos nuestro acercamiento al sentir del otoño está interpretado por la soprano Felicity Lott acompañada por Grahan Johnson al piano en una grabación extraída del disco Mélodies sur de poémes de Charles Baudelaire publicado en el año 1994. La imagen que lo acompaña pertenece al pintor romántico Caspar David Friedrich y viene acompañada por subtítulos en castellano.
¿Cómo sentiste la llegada del otoño? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! Bibliografía y webgrafía consultadas:
www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
La naturaleza posee de la capacidad de sorprendernos con sus poderosas imágenes, sus inigualables juegos de luces y colores, los solemnes, sutiles o potentes contrastes o los sonidos de todo tipo de fenómenos, desde la sobrecogedora tormenta al sutil susurro de las hojas de los árboles en una tranquila noche de verano. El sonido de los animales siempre ha producido sensaciones en nosotros. Desde la ancestral necesidad de conocer la posición de los animales para cazarlos como fuente de alimentos, pasando por el estremecedor rugido de animales que podían ponernos en peligro, hasta el placer que supone escuchar el canto de los pájaros o el singular cortejo de algunas especies en los periodos de celo. Te propongo un paseo por las sensaciones que el canto de los pájaros y el deseo de conocer su lenguaje ha llevado a distintos autores a escribir, componer o crear obras en las que alcanzan un protagonismo que surge de nuestra curiosidad. Por el camino, desde tu misma casa, podrás sentir, oír y disfrutar de un viaje alrededor del mismo lenguaje de los pájaros. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
En una sociedad en la que cada vez estamos más aislados de la naturaleza y ésta la estamos limitando cada vez más, reduciendo sus espacios, haciendo que decrezca el número de especies o disminuyendo su capacidad de reproducción, poder tener la ocasión de escuchar el canto de los pájaros, ha pasado de ser algo frecuente a convertirse en una experiencia excepcional. Te propongo escuchar el sonido que produce un grupo de pájaros en una obra que Camille Saint-Saëns compuso en febrero de 1886 mientras descansaba en Austria. El Carnaval de los animales es una composición para un grupo de cámara formado por once instrumentos para un día de carnaval, cargada de buen humor, con músicas prestadas de otros compositores y deliberadamente trastocadas y que Saint-Saëns decidió que sólo se interpretaría en reuniones de amigos entre los que se encontraba Franz Liszt. Sólo en su testamento consintió que podría interpretarse tras su fallecimiento. La pieza que abre nuestro paseo hacia el lenguaje de los pájaros es La pajarera o El aviario de este Carnaval de los animales. Observa la flauta y el grupo de cámara, oye y siente los pájaros que pueblan esta pajarera o, si te apetece más, cierra los ojos y trata de notar cuántos pájaros se mueven, revolotean o cantan por allí. Se trata de una interpretación de la Gyegonggi Philharmonic Orchestra con Jae Lyoung a la flauta.
Catedrático de derecho civil y canónico, crítico literario y, más adelante, escritor, Leopoldo Alas, conocido como Clarín, zamorano de nacimiento, sentó su cátedra en Oviedo, de donde era oriunda su familia, para influir con enérgica disposición en el mundo literario de España e incluso la América hispánica y Europa. De su poco amplia producción destaca una de las novelas más importantes del siglo XIX español, La Regenta, una obra centrada en la imaginaria Vetusta por la que desfilan personajes retratados con una cierta hondura psicológica, en la que se critican los convencionalismos provincianos y donde se puede observar un remoto paralelismo entre las vidas del magistral de la catedral Fermín de Pas y Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro de Stendhal. La curiosidad nos acerca a la segunda mirada al mundo de los pájaros como si de la misma pajarera de Saint-Saëns se tratara. La naturaleza, las luces, el rumor del arroyo acercan a Ana Ozores, la Regenta, a la quieta observación bajo los árboles en un inicial intento por captar el sentido y el pensamiento de los pájaros. El universo creado por Richard Wagner bebe en muchos casos de las leyendas medievales germánicas a las que supo imprimirles su personal estilo para un conjunto de obras que avanzaron como nunca en el campo de la música. Wagner se cargó sobre sus espaldas una responsabilidad colosal: crear un arte total que aunara todas las artes desde la música a la poesía, de las artes plásticas a la danza, un arte que sustituyera a los poderes que veía decadentes de la política y en el que el artista, el creador, fuera el nuevo eje del poder que hiciera que la intrascendencia que el capitalismo generaba, el desencanto que se había instalado en las conciencias, se viera relanzado a través de las nuevas obras que aunaban todas estas dimensiones, frente a las óperas belcantistas que se centraban, en su opinión, en su propio exceso. Él mismo se convirtió en el alma mater de tan ingente tarea. El nuevo arte debía aunar todos los demás sin prevalencia de ninguno, para tener la misión de acercar a la humanidad a la verdad y a los valores inmutables, en el que él mismo escribía los libretos, componía la música, dirigía a los cantantes, sugería decorados y vestuarios, incluso reinventaba el teatro en Bayreuth, instalaba a los músicos en un inédito foso y marcaba hasta el detalle más nimio cómo debían ser las representaciones e incluso los descansos en sus óperas. En su tetralogía El anillo de los Nibelungos crea una de las obras más ambiciosas que ningún autor haya realizado jamás. Basada en leyendas germánicas y escandinavas medievales, traza un retrato donde deambulan la avaricia, las ansias de poder y la soledad en cuatro obras: El oro del Ring, La Walquiria, Siegfried y El ocaso de los diosesque abarcan en su conjunto más de dieciséis horas de música y a los que dedicó más de veinticinco años de su vida en su composición. La tercera de las obras tiene a Siegfried por protagonista, el personaje central en una primera idea. Un aguerrido huérfano recogido por Mime que no conoce el miedo, un héroe valiente que representa el ideal del superhombre con la misión de redimir a la walquiria Brunilda de su castigo y devolver el anillo a las sirenas del Rhin. Cuando en el segundo acto, Siegfried se queda sólo ante la cueva de Fafner, la música de odio se transforma en una melodía serena. En la escena llamada Wladweben (Murmullos del bosque), el protagonista medita bajo un tilo sobre su origen y piensa que las voces del bosque le están hablando e intenta entender qué le cuenta un pájaro cercano. Construye una rústica flauta para hacerse entender, pero sin resultado. No encuentra el sentido del lenguaje del pájaro.
La escena pertenece a una grabación del Festival de Bayreuth de 1976 interpretada por Manfred Jung bajo la dirección de Pierre Boulez.
El cine también ha tratado el acercamiento al mundo de las aves desde múltiples ópticas. En ocasiones como forma de producir estados de ánimo próximos al miedo como en Los pájaros, la novela de Daphne du Maurier (la autora de la inolvidable Rebeca) que Alfred Hitchcock llevó al cine en 1963 Pero en esta ocasión buscamos a los pájaros, no como fuente de temor, sino como acercamiento, de conocimiento, de búsqueda de cuanto podamos saber de ellos. Otra película de los años sesenta trata el tema del conocimiento que hacemos sobre las aves desde una óptica totalmente diferente. En Birdman of Alcatraz (El hombre de Alcatraz) de 1962, John Frankerheimer narra la historia real de Robert F. Stroud condenado a cadena perpetua en la conocida prisión estadounidense interpretada por Burt Lancaster, basado en una novela y guión de Thomas E. Gaddis. El protagonista, un asesino convicto cambia su vida cuando un gorrión entra por la ventana de su celda y entablan una singular amistad. Al caer enferma el ave, se preocupa en buscar libros donde conocer cómo cuidarlo, lo que origina un cambio en su vida, convirtiéndose en un estudioso del mundo de las aves que entabla correspondencia con autores de distintos países y llega a convertirse en una eminencia mundial, siempre desde la prisión, en la que fallece por causas naturales. La redención personal a través del conocimiento de las aves.
En la obra de Haruki Murakami, el autor japonés más occidental se conjugan las características del mundo actual con las tramas de sus obras. La soledad de quienes forman parte de las grandes urbes o el sentido iniciático y trascendente de la búsqueda de sí mismo conforman el universo del autor. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, el protagonista Toru Okada se fija e identifica con un ave vecina a su residencia y que se convierte en uno de los elementos que conforman la novela.
Pero el hombre que más se identifica con los pájaros en la historia de la ópera e incluso de la música es el singular pajarero, Papageno, el personaje de La flauta mágica de Mozart que acompaña a Tamino, como un singular escudero con las cualidades antagónicas del protagonista: mentiroso, cobarde y simple y llano. Su mente está puesta en la comida y la bebida y, sobre todo, en encontrar su alma gemela, una Papagena que le acompañe en su vida y con la que llenar el mundo de pequeños Papagenos. Su aria de entrada, Der vogelfänger bin ich ja, stets lustig, heisa hopsasa! (Yo soy el pajarero y siempre estoy alegre, ¡viva!) es toda una declaración de intenciones que le hacen tener las simpatías de los amantes de la música de Mozart.
Pablo Neruda, el gran poeta chileno se fija en el vuelo de las aves. Más entiende y conoce de los pájaros por su vuelo que por su habla, posee más comunicación para él el desplazamiento aéreo que el canto de las aves. En ellos descubre viajeros errantes que disfrutan del momento vagando de un lugar a otro, libres de preocupaciones y también de compromisos. Este particular acercamiento al lenguaje de los pájaros como es el poema El vuelo pertenece a su libro Arte de pájaros, una sugerencia de Hugo Repetto para este blog.
Pero si hay quien llega a realmente a comprender el lenguaje de los pájaros y dialogar con ellos es Siegfried. Cuando Fafner, el dragón, oye la flauta y luego el cuerno de Siegfried se despierta y es abatido por la espada del joven. La sangre del muerto le quema como fuego y cuando se humedece con ella la lengua es capaz, de repente, de comprender la lengua del Pájaro del bosque, que le aconseja sacar de la cueva los tesoros que posee.
La grabación está interpretada por Lance Ryan como Siegfried y Marina Zyatkova como el Pájaro del bosque en una producción del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia de 2008.
Muchas referencias a textos y músicas quedan aún en nuestra cultura y nuestro imaginario colectivo. Ahí estarán para otra ocasión. ¿Cuáles recuerdas? ¿Propones alguna? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!