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Los héroes de Lord Byron

Hay escritores que crean obras y personajes que representan sus vidas, sus acciones y sus ideales. Son autores que parten de una vida en constante actividad, expuesta a las vicisitudes, las aventuras de la existencia, una veces a remolque de ellas, en otras ocasiones en una búsqueda desenfrenada de las mismas.
Entre estos autores encontramos a Lord Byron, el noble inglés que vivió una vida intensa rodeada de obras literarias, experiencias intensas y escándalos que lo persiguieron continuamente.
Byron murió el 19 de abril de 1824, hace dos siglos y su obra, influencia y los detalles de su intensa y alborotada vida aún continúan en el imaginario colectivo.
Te propongo acercarte a la figura de Lord Byron cuando se cumplen 200 años de su fallecimiento el 19 de abril de 1824. Nos acompañan algunos de los personajes que creó y que lo representaban y música de Verdi, Tchaikovsky, Berlioz y Adam. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


George Gordon Byron nació en Londres en enero de 1788, hijo del capitán John Byron y su segunda esposa, Catherine Gordon, de familia noble aunque arruinada. Vino al mundo con el pie derecho deforme, lo que le obligó a llevar calzado ortopédico toda la vida, un hecho que intentó minimizar practicando ejercicios físicos como la natación o la carrera.
Su padre falleció en Francia cuando tenía apenas tres años, después de huir de los acreedores y abandonar a su esposa. Allí mantuvo a varias amantes y dilapidó la poca fortuna que le quedaba, dejando en la ruina a su esposa e hijo.
Vivieron con dificultades económicas hasta que el fallecimiento de su tío abuelo Lord William Byron, quinto barón Byron of Rochdale le hizo heredar el título y sus posesiones, entre ellas la abadía de Newstead en el bosque de Sherwood
Su protectora madre apenas se preocupó por su educación formal, mientras tenían una relación de amor y odio en que igual llamaba al joven «cojo bribón» o «pequeño diablo», mientras él trataba a su madre como la «viuda» o la «vieja». Aún así, el escritor siempre manifestó que su madre fue quien mejor le entendió. Cuando fue enviado al colegio, según su nuevo estatus llamaba continuamente la atención tanto por su indisciplina como por una inteligencia despierta, hasta el punto que con quince años se negó a volver al colegio.
A regañadientes ingresó en el Trinity College de Cambridge donde más que tomarse en serio los estudios, tuvo una vida alegre y disipada, estableciendo amistades intensas y duraderas. Como no estaba permitido tener perros o gatos domésticos, logró que admitieran un oso amaestrado como compañía. Allí comenzó a publicar poemas, muchos de ellos satíricos, que no encajan bien en su entorno. De esta época es su primera obra publicada, Hours of Idleness (Horas de ocio) de 1807.
En 1809 entró a formar parte de la Cámara de los Lores, mientras volvía a llevar una vida desenfadada hasta que decide emprender un viaje a Grecia.

Byron terminó de escribir El Corsario a mitad de enero de 1814 mientras estaba en casa de su hermanastra Augusta Leigh y en febrero había vendido más de 25.000 ejemplares. El éxito de público se debió a que veían en el héroe al propio Byron, además de sus propios sueños y emociones.
Este corsario y otros personajes románticos como El pirata de Walter Scott o La canción del pirata de Espronceda aparecen como seres marginados, oscuros, rebeldes y misteriosos que muestran sus emociones. Conrado es Byron, un ser solitario, de pasado oscuro, introvertido y distante con todos que muestra una existencia vacía, salvo el amor que tiene por Medora. Al leer el poema, sólo los lectores y ella conocen sus sentimientos sobre el amor y el honor, pese a su oscuro pasado.
El texto que nos acompaña, perteneciente al Canto XIV de la primera parte de la obra muestra la sensibilidad del sexto Lord Byron.


Emprendió el viaje a Grecia evitando los territorios del dominio francés acompañado de su paje John Rushton -con quien mantenía una relación sentimental- y su secretario Fletcher. Pasaron por Portugal y España -donde llegó a escribir el poema La chica de Cádiz, sobre la belleza de las españolas, para pasar por mar a Malta y después a Albania. De allí llegó a Grecia, atravesando a nado el Helesponto y llegando a Constantinopla, donde comenzó a escribir una de sus obras más populares, La peregrinación de Childe Harold.
Regresó a Inglaterra donde se inmiscuyó en la política de la mano de los liberales. Poco a poco va haciéndose famoso por sus publicaciones en las que el público ve a un joven Lord, de aspecto apolíneo, con un genio inquieto y anhelante de vivir su existencia intensa y ávidamente.
Es el tiempo en que en Alemania nace el Romanticismo de la mano de Schlégel y Novalis, un movimiento que miraba a la sociedad de la Edad Media, unos tiempos felices según ellos, que parten de la herencia latina enriquecida con las lenguas romances -de aquí el nombre- a los que añaden los elementos propios de su cultura germánica. 
Aunque Byron no se acomoda a esta etiqueta de romántico, sí lo hace al ideal del caballero que busca los ideales de la belleza, el amor o la justicia.

Robert B. McGregor, ilustración para El Corsario
El éxito de El Corsario llevó a Giuseppe Verdi a componer una ópera basada en el texto de Byron. Pero Il Corsaro acabó convirtiéndose en el mayor fracaso en la carrera del compositor italiano. Estrenada en el Teatro Grande de Trieste el 25 de octubre de 1848, la obra sólo estuvo tres días en cartel, pese a que los cantantes que la llevaron a escena eran los predilectos del autor en aquel momento.
Aún así, la ópera tiene un libreto condensado en el que el público percibe los acontecimientos que se desarrollan en distintos escenarios como si estuvieran cercanos. Verdi, consciente del valor de su obra llegó a decir: «Se debe ver Il Corsaro en perspectiva. Es una ópera de transición en la que hay ideas que más tarde desarrollaría en otras óperas.»
El argumento recoge lo principal de la obra de Byron, mostrando una ópera que es en cierto modo una de las últimas belcantistas para iniciar el periodo en que Verdi desarrolla plenamente su estilo.
El enlace que nos acompaña muestra la segunda parte de la primera escena de la ópera con Ah! Si, ben ditte, seguida del aria de Corrado Tutto parea sorridere.


La interpretación corre a cargo del tenor José Simerilla Romero como Corrado y Frank de Vincentis como Giovanni en una producción del Opera Festival Chicago en una representación que se llevó a cabo el 22 de julio de 2022. 


Persistente en su obra literaria, también era un asiduo escritor en sus diarios en los que reflejó sus pensamientos y sentimientos. Antes de darles esta continuidad, un texto escrito a bordo de la fragata Volage nos desvela estos pensamientos escritos el 22 de mayo de 1811 al regresar a su país tras su peregrinaje por el Mediterráneo oriental:

     1º. A los veintitrés lo mejor de la vida ha pasado y sus amarguras se recrudecen.
     2º. He visto a la humanidad en diferentes países y en todos ellos la encuentro igual de despreciable, en todo caso la balanza se inclina a favor de los turcos. 
     3º. Estoy asqueado.
En cuanto a mí, ni mujer...
ni esperanza crédula de un corazón que me corresponda,
ni muchacho, me agradan (cita de Horacio, Odas, IV, I)
    4º. Un hombre cojo de una pierna se encuentra en un estado de inferioridad corporal que crece con el tiempo y tendrá que hacer su vejez más desagradable e insoportable. En cualquier caso, en otra existencia espero tener dos o cuatro piernas para compensar.
     5º. Me estoy volviendo cada vez más egoísta y misántropo, algo así como «nadie me importa, no a mí, y a nadie le importo yo».
     6º. Mis asuntos en casa y en el extranjero son lo bastante deprimentes.
     7º. He saciado todos mis apetitos y muchas de mis vanidades, ay, incluso la vanidad de ser escritor.

Otra de las grandes obras de Byron es Manfred, un poema dramático que el autor calificó como drama metafísico y que escribió entre 1816 y 1817 tras el fracaso de su matrimonio con Annabella Millbanke que concluyó con un escándalo de acusaciones y un romance con su hermanastra Augusta Leigh que le obligaron a huir a Suiza.
También Manfred es también un alter ego de Byron, un ser diferente a los demás, desengañado por la inutilidad del conocimiento y atormentado por la culpabilidad, que se desarrolla en un entorno situado en un castillo en las elevadas cumbres montañosas, lejos de cualquier aspiración mundana. El previsible desenlace trágico romántico se cambia cuando un cazador lo salva cuando va a arrojarse por un precipicio y nos muestra en la siguiente escena los encantos de una vida sencilla en la cabaña del cazador.

Ilustración de Lord Byron durante su estancia en Cambridge
Manfred ha sido llevado al pentagrama en varias ocasiones. La primera de ellas por Robert Schumann en 1852 con el título de Manfred: Poema dramático con música en tres partes. Una segunda, quizás la más conocida es la Sinfonía Manfred en si menor, Op. 58 de Tchaikovsky, una obra sinfónica sin numerar, escrita entre la cuarta y quinta sinfonía del compositor ruso, que algunos intérpretes consideran su mejor obra.
Nos acompaña el Primer movimiento, catalogado como Lento lúgubre de la Sinfonía Manfred de Tchaikovsky con la Nederlands Philharmonisch Orkest dirigida por Marc Albrecht en una interpretación que se grabó en el Concertgebouw de Amsterdam el 17 de octubre de 2016. Puedes oírla mientras lees el texto del poema dramático e Byron.


El texto nos muestra la escena II del poema dramático en la que Manfred invoca a la Encantadora de los Alpes y el monólogo que sigue a la conversación entre ambos, en la que Byron muestra ese espíritu indómito, extraño y romántico.


Thomas Phillips, Lord Byron con vestido albanés (1813)

Byron fue un personaje extremo en su actitud hacia la vida. A su imagen de héroe sexual, al que inició su institutriz con nueve años y que mantuvo durante su agitada vida, hay que añadirle su ineludible pasión por la libertad y su perfil literario de inconformista y reflexivo.
Su figura y sus obras, en tanto que lord y escritor, escandalizaron y admiraron a la sociedad inglesa y, más adelante, a la europea por la fascinación romántica que generaba su vida, la ironía de algunos de sus textos y cómo en ellos reflejaba su existencia.
Más adelante volvió al exilio voluntario. Tras su primer viaje, Bruselas y Suiza acogieron sus viajes en los que intentaba olvidar a su ex-mujer Annabella Milbanke, a su medio hermana Augusta -con quien se dice que tuvo uno de sus hijos, y no de su esposo- o uno de sus amores, Caroline Lamb que hablaba de él como «mad, bad and dangerous to know» (malo, loco y peligroso de conocer).
Poco a poco su obra se torna más reflexiva, vitalista y madura, alejándose del fresco fulgor de sus primeros poemas.
En Suiza se produjo un encuentro de los más citados en la historia de la literatura del siglo XIX entre Byron, el médico John Polidori, el poeta Percy Shelley y su amante Mary Wollstonecraft, más adelante Shelley, donde surgieron obras como Frankenstein y del que se trató en el blog en 1816: El año sin verano.

Además de la ópera Il Corsaro de Verdi, hay una versión de este poema de Byron que fue llevado a los escenarios en su versión para ballet. Se trata de Le Corsaire, una obra en tres actos, cinco cuadros y un epílogo con libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges con coreografía de Joseph Mazilier y música de Adolphe Adam que fue estrenado en 1856 en la Ópera de París.
Dos años más tarde, Marius Petipa y Jules Perrot renovaron la coreografía para su estreno en el Teatro Bolshói de Moscú, siendo esta versión la más representada.
Le Corsaire es un ballet que refleja la historia del grupo de piratas capitaneado por Conrad repleto de escenas cargadas de acción y emoción que muestran desde las luchas en los barcos hasta la danza de las esclavas, mostrando la pasión que une al protagonista y Medora con una música que evoca esa mezcla de aventura y romance.
El enlace nos muestra una escena del ballet con Ethan Stiefel como Conrad, Julie Kent como Medora y Ángel Corella como Alí en una producción del American Ballet Theater puesta en escena en Nueva York en 1999.


Byron gozó una gran popularidad en su vida, más que otros poetas contemporáneos como Wordsworth, Keats o Shelley, hasta el punto que otros poetas como de Musset, Heine, Leopardi o Espronceda, entre otros, quisieron seguir sus pasos. 
Pero esa fama también provenía de su opción por la acción frente a la escritura: «Un hombre debe hacer algo más por la humanidad que escribir versos.» Así, se involucró en luchas en las que creía profundamente, como la independencia de Grecia, a la que se sumó desde sus escritos y con su involucración en la misma, lo que le llevó a su prematura muerte con treinta y seis años. 
George Gordon Byron se unió a la lucha de un país al que consideraba un honor el mero hecho de haberlo visitado, igual que antes hizo lo propio al luchar por la liberación de Italia. Pese a sus simpatías por los turcos, optó por estar al lado de los helenos.
Tras unas fiebres a las que tres médicos no fueron capaces de curar con las sangrías y sanguijuelas que le recetaron, falleció desangrado en la ciudad griega de Missolonghi el 19 de abril de 1824.
Su muerte provocó una gran conmoción en la nación griega, hasta el punto de abandonar las celebraciones de la Pascua, pendientes de las noticias de la evolución del paciente. Una gran tormenta -no podía haber un elemento más romántico- acompañó su fallecimiento. Ese mismo día, el jefe del gobierno provisional de Grecia Occidental firmó un edicto en el que recordaba a Lord Byron como un gran benefactor y ordenaba que las oficinas públicas, los tribunales y las tiendas cerraran duran tres días en señal de duelo, suspendía las manifestaciones de diversión pública y las festividades de Pascua. Tras disparar treinta y siete salvas de cañón, se abrió un periodo de veintiún días de luto nacional. Durante años se recordó en canciones, poemas, calles y plazas su figura y en la iglesia de San Spiridone de Missolonghi se han conservado hasta hace poco reliquias, versos originales y hasta un jarro de cristal con los pulmones del escritor inglés.  

Joseph Dionysius Odevaere, Lord Byron en su lecho de muerte(1826), Groeningemuseum, Brugge, Bélgica
En cierto modo el primer gran éxito de Byron fue Childe Harold’s pilgrimage (La peregrinación de Childe Harold), un extenso poema narrativo dividido en cuatro cantos que comenzó a publicar en 1812 y lo concluyó de hacer en 1818, aunque inició una quinta parte que quedó inconclusa. 
El término Childe hacía referencia en la Edad Media en Inglaterra a los jóvenes aspirantes a caballero. Así, esta obra se presenta como una suerte de autoficción en la que el protagonista es más el propio Byron que nunca y que supuso el inicio de su controvertida leyenda. Esta épica obra romántica narra los viajes y las reflexiones que el desencantado y desilusionado protagonista realiza por distintos países. Los cantos primero y segundo narran su caminar por Portugal, España, Albania y Grecia, el tercero lo sitúa en Bélgica, la víspera de la batalla de Waterloo, Renania y los Alpes suizos, mientras el cuarto canto narra las vicisitudes y emociones que experimenta en un viaje de Venecia a Roma. En esta obra, el protagonista es más el alter ego de Byron que en ninguna otra de sus obras.
El texto que sigue a continuación pertenece al cuarto canto y nos muestra sus reflexiones al deambular desde los Alpes hasta que se acerca a la tumba de Petrarca.


Así, pese a su ajetreada vida, su capacidad para tomar decisiones trascendentales, en ocasiones altivo, en otras irónico, la figura de Byron, más que al periodo medieval al que miraba el romanticismo, semeja un ser de la mitología griega, un gigante marcado por el pathos trágico, pero trufado de exageración, altanería y sarcasmo. Cuando escribe, es simultáneamente el escritor y el protagonista, un héroe que se vuelve melancólico y escéptico.
En el paso entre el clasicismo y el romanticismo, Byron aportó a las letras inglesas, y también a las europeas, una forma de expresar la agitación interna de la personalidad que preconizará el romanticismo. Así, leer a Byron hoy en día supone acostumbrarse a los extremismos y lo original que son de tipo estilístico, satírico, erótico o épico, moviéndose entre los escenarios orientales y exóticos y la sociedad inglesa, entre la farsa y la ironía y la melancolía y la desesperación.

Ilustración de Percival Skelton para La peregrinación de Childe Harold
El famoso virtuoso violinista Nicolò Paganini poseía una viola Stradivarius y deseaba darla a conocer al público, por lo que pidió a Hector Berlioz que le compusiera un concierto en el que mostrar su habilidad con este instrumento. 
Berlioz aceptó, componiendo una obra a medias entre el concierto para viola y orquesta y la sinfonía basándose en La peregrinación de Childe Harold. Los cuatro movimientos eran lo suficientemente descriptivos: Harold en las montañas. Escenas de melancolía, de felicidad y de alegría era el título el primero; Marcha de peregrinos que cantan la plegaria de la tarde, el segundo; el tercero se denominaba Serenata de un montañés de los abruzzos para su amada, mientras que el último lo describió y tituló como Orgía de bandidos. Recuerdos de las escenas precedentes.
Pese a haber utilizado su idée fixe o leit motiv como en la Sinfonía fantástica, a Paganini no le gustó el resultado, ya que la viola no tenía el papel predominante que él deseaba. Aún así, en su estreno en 1837 tuvo un gran éxito que se fue diluyendo con el paso del tiempo.
Finaliza esta publicación sobre George Gordon, sexto Barón de Byron y los héroes en los que él mismo se representó, con un extracto de Harold en Italia de Berlioz en una grabación de octubre de 2018 con la Orchestre Revolutionnaire et Romantique dirigida por Sir John Eliot Gardiner.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El arte del Lamento

Una situación de pena, dolor o un sentimiento similar produce en nosotros un lamento. En ocasiones es un simple quejido asociado a un dolor momentáneo (un golpe, un susto); en otras, se trata de una queja que, al expresarla, cubre su función terapéutica y nos ayuda al enunciarla a comenzar a plantear nuestra disposición. Mas en otras ocasiones, el lamento expresa un fuerte dolor, una situación que nos supera.
En el título de este publicación no se hace referencia a la inclinación y facilidad que algunas personas tienen para hacer del relato de sus vivencias y problemas una forma de vida.   
Si buscamos la definición en el diccionario, la RAE la define como «queja con llanto y muestras de aflicción», procedente del término latino Lamentum. Y en ese sentido nos acercamos al lamento, basándonos en su aparición en la música como una composición con una temática y estilo propios. Basado en esas características de la lírica, nos acercaremos también a algunos poemas.
Te propongo un paseo por algunos lamentos en la ópera acompañados de poemas con esa temática. Nos dejamos llevar por obras de Monteverdi, Gluck, Purcell, Charlotte Brontë y Lord Byron. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  

Edvard Munch. El Grito (1893), detalle

El Lamento o Lementazione es un tema recurrente en la ópera desde sus inicios. Asociado a la temática doliente y triste, suele expresar el dolor que se siente ante una pérdida, generalmente amorosa y es habitualmente cantado por personajes femeninos. 
Por su índole, el Lamento tiene forma de aria, en ocasiones acompañada de un recitativo, en otras con estrofas de métrica libre que deja liberar las emociones que transmite el personaje. Es frecuente que estos lamentos se acompañen únicamente con la sección de cuerda de la orquesta, en un tiempo lento como el Adagio, utilizando el denominado «tetracordio descendente», una serie de cuatro notas que van descendiendo en la escala mostrando musicalmente la aflicción.


Herederos de la Camerata Fiorentina, el grupo del que acabó surgiendo la ópera, las primeras obras de Monteverdi ya muestran esta temática y sus características. En su ópera Il ritorno di Ulise in patria (El retorno de Ulises a su patria), Monteverdi muestra alguno de ellos como los de Penélope o Iro. Tanto Monteverdi como la Camerata Fiorentina seguían la idea de Platón de la simbiosis entre lo real y lo bello, buscando una dimensión musical que articulara la expresión verbal, el sonido y el movimiento escénico para crear la verdad poética de la obra.
Pero es en otro lamento donde Monteverdi lleva en grado sumo este tipo de situaciones a la escena. Lasciatemi morire, el conocido Lamento de Arianna, es la única pieza cuya música se conoce de la ópera Arianna, pese a que el libreto de Ottavio Rinuccini se conserva completo.
En Lasciatemi morire, Monteverdi funde la palabra y su expresión en un monólogo que desvela sus sentimientos, abre las contradicciones del corazón herido y transforma lo representado en la escena -la ficción- en esa realidad poética que conmueve al espectador. 


Angelica Kauffmann. Arianna abandonada por Teseo (1771)


La interpretación corre a cargo de la soprano Marie Théoleyre acompañada por el Ensemble La Palatine formada por Noémie Lenhof en la viola de gamba, Nicolas Wattinne en la tiorba y Guillaume Haldenwang al clavecín.


Las hermanas Brontë forman parte de la primera generación de escritoras inglesas del XIX, después de Jane Austen y Mary Shelley.
Hijas del vicario de la aldea de Haworth, los seis hermanos tuvieron un vida corta. Huérfanos de madre desde pequeños, Emily, Elizabeth y Maria fallecieron mientras estaban con Charlotte en una escuela para hijas de clérigos. Su único hermano, Patrick Brandwell se dedicó a la pintura y la literatura, hasta su prematura y precipitada muerte. Las tres hermanas dedicaron su vida a la literatura. Junto a Emily (autora, entre otras, de Cumbres borrascosas) y Anne ( de Agnes Grey o La inquilina de Widfel Hall), iniciaron su camino en las letras en 1846 con un libro conjunto de poesía: Poemas de Currer, Elly y Acton Bell, en el cada una de ellas publicaba con un pseudónimo y el mismo apellido. 
Esta primera pasión de Charlotte la llevó al desánimo un poeta conocido que la convenció de la conveniencia de que las mujeres no escribieran poesía, aún reconociendo su facilidad para la misma. Así, continuó escribiendo, publicando novelas como Jane Eyre, Shirley o Villette. 


Pero el texto que nos acerca a esta publicación sobre los lamentos es uno de esos poemas publicados como Currer Bell. Editado en ocasiones simplemente como Lamento y en otras como Regret (Arrepentimiento), es un regreso a su pasado, a lo desgraciada y solitaria que ha sido su vida, buscando un presente más feliz en la búsqueda del amor y su reciente matrimonio. La escritora asimila su vida a un viaje, navegando en busca de un lugar al que llamar hogar, debatiéndose entre el regreso al antiguo hogar triste y solitario y lo que denomina el reino glorioso de la felicidad.

Charlotte Brontë fue la más longeva de los seis hermanos, falleciendo en 1855, antes de llegar a los cuarenta años, meses después de casarse y mientras estaba embarazada. 

Aunque el reconocimiento y la fama no le llegó por esta obra, Dido and Eneas (Dido y Eneas) es no sólo la ópera más conocida más conocida de Henry Purcell, sino la primera ópera inglesa, frente a algunas de sus semióperas más exitosas como King Arthur o La reina de las hadas.
Con libreto del dramaturgo Nahum Tate, la primera representación se llevó a cabo en la escuela femenina de Josias Priest en verano de 1688, mientras su estreno comercial se produjo en Londres a comienzos de 1700, casi cinco años después del fallecimiento de Purcell.
Como la mayoría de las óperas del barroco, el argumento trata de dioses o seres mitológicos, un elemento fundamental para el público aristócrata. El libreto de Dido y Eneas refleja la historia del héroe que recala en el reino de Dido en Cartago huyendo de Troya, hasta recalar finalmente en la península itálica donde acabará, según las fuentes mitológicas, fundando Roma. El argumento se centra en la historia de amor de ambos personajes y la desesperación de la reina norteafricana cuando Eneas parte en el mar abandonándola.

Joshua Reinolds. Muerte de Dido (1871)
Este Lamento de Dido, The hand, Belinda (Tu mano, Belinda) es, posiblemente, uno de los más bellos y conocidos lamentos de la ópera, reflejando la muerte de la protagonista femenina tras la partida de su gran amor.
Purcell crea la melodía de este lamento a partir de un ostinato en el citado tetracordio descendente en tonalidad de sol menor, la más apropiada para expresar la pena y la muerte. Esta melodía principal se acompaña por un bajo descendente a cargo de los violoncellos que se mantiene durante todo el aria y el coro siguiente, presentando una progresión lenta, como una marcha fúnebre, sin prisas, pero constante.
Una vez finalizada el aria de Dido, el bajo continuo pasa a ser protagonista hasta dar paso a la melodía del coro, basada también en notas descendentes que refuerzan el avance imparable de la muerte.


La interpretación de este impresionante Lamento de Dido pertenece a una producción de la Ópera de Amsterdam con la mezzosoprano neerlandesa Xenia Meijer en el rol de Dido y la dirección musical de Jan Willem de Vriend grabado en la capital de los Países Bajos en 1996. 


Cambiamos de nuevo del lamento musical al poético literario, en esta ocasión de uno de los más grandes escritores ingleses del romanticismo, el inquieto, inconformista y aventurero Lord Byron.
El poema que nos acompaña pertenece a Occasional pieces (Piezas ocasionales), un conjunto de poco más de medio centenar de poesías escritas entre 1809 y 1924, algunas de los cuales fueron publicadas en periódicos o revistas, especialmente el Morning Chronicle, aunque otros solo vieron la luz tras la muerte del escritor. Recogidos en su antología poética Poemas escogidos, en el que se incluyen estas Occasional pieces junto a los poemarios de Horas de inactividad, The childe Harold's pligrimage o sus Melodías hebreas, forman parte de la ingente obra poética del apasionado romántico inglés.


Uno de los primeros poemas de Occasional pieces, escrito en 1808, nos acerca de nuevo al lamento, en esta ocasión no debido a causas o consecuencias tan trágicas como los anteriores, sino como fruto de la distancia que aplaca, aunque no olvida, que deja un dolor que acompaña.
Byron, y con él gran parte del romanticismo, no necesitan ya recurrir a dioses o mitos, a seres idealizados para crear obras y acercarnos a los sentimientos más profundos, sino que ahondan en los propios sentimientos y cuanto de universales tienen.


La última de las piezas que conforman este paseo por los lamentos en la música y la literatura es otra de esas arias que forman parte del acervo cultural. Basada en el mismo mito que Monteverdi llevaba a la primera ópera que nos ha llegado completa, aunque no la primera compuesta, Christoph Willibald Gluck estrenó su Orfeo y Eurídice en 1762.
Narrado por Virgilio en el Libro IV de la Geórgicas y por Ovidio en el Libro X de sus Metamorfosis, tanto Monteverdi como Gluck, entre otros compositores, llevaron la historia a sus óperas. Orfeo, el más afamado de los músicos es capaz de calmar a las fieras e incluso las tempestades con el poder de su lira y su voz. Al morir su esposa Eurídice por la mordedura de una serpiente, Orfeo baja al inframundo a convencer a Caronte para que le deje llegar la mundo de los muertos a por su amada. Tras acallar al can Cerbero llega a convencer al mismísimo Plutón de que libere a Euridíce, aunque con la condición de que no vuelva la vista para mirarla hasta que no llegue al mundo de los vivos.

Alexandre Séon. Lamento de Orfeo (1896)
El aria que nos acompaña, Che farò senza Euridice (¿Qué haré sin Eurídice?) muestra la desesperación inicial del mítico músico ante la noticia de la muerte de su amada esposa. Está escrita para contratenor siguiendo la costumbre de la época según la cual algunos papeles masculinos estaban pensados para esta tesitura, siendo cantada actualmente por este tipo de voz o por la de soprano.




En esta ocasión es el contratenor francés Philippe Jaroussky, quizás el más completo de nuestros días, quien interpreta este aria Que farò senza Euridice de la ópera de Gluck, en una grabación de estudio dirigida en 2018 por Diego Fasolis

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Brontë, Charlotte. Poemas de Currer Bell, ebook, Alba Editorial, 2019.
  • Byron, George Gordon, Lord. Poemas escogidos, traducción de José María Martín Triana, Visor Libros, 2007.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).

1816: El año sin verano

En cualquier circunstancia y ocasión nos encontramos en un momento único en nuestras existencias. Una enfermedad producida por un virus, Covid-19, ha puesto nuestro mundo en una situación extraña y particular en la que todos estamos al alcance de la enfermedad que se ha manifestado como una pandemia. Los conflictos bélicos y económicos que amenazan continuamente nuestras sociedades, los efectos de nuestra forma de vida que convergen en un cambio climático al que nos somos capaces de poner freno o las características de nuestra sociedad que hace que permanezcamos ensimismados ensimismados en nosotros mismos son manifestaciones del tiempo en que vivimos. Éstas sacuden no sólo los cimientos de la salud, las relaciones o la estabilidad de la humanidad, sino que generan un cambio en la economía mundial, con los efectos que tendrán en millones de hogares, en las costumbres y en las escalas de valores, que provocarán cambios en los próximos meses y años.

El año 1816, por otras razones diferentes, pasó a la historia como una fecha en que se produjo un situación extraña que hizo que millones de personas, menos que en la actualidad, pasaran por momentos muy difíciles. 
Por el contrario, de esta situación emergieron algunas obras de arte que surgieron frente a la adversidad. ¿Por qué no pensar que de la situación que vivimos no vamos a ser capaces de encontrar nuevas manifestaciones artísticas, nuevos valores y lazos de unión entre nosotros a partir de una situación tan adversa? 
Te propongo una aproximación al año sin verano de 1816 y cómo un grupo de artistas fueron capaces de crear obras que siguen vigentes en nuestros días. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Chichester canal. William Turner. 1828
Entre los papeles de Benjamin Franklin correspondientes a 1874 un periodista de la Boston Gazette encontró unas palabras que se convirtieron en premonitorias: "Probablemente exista una relación entre las temporadas de frío anormal, los años sombríos y la actividad volcánica."
Estas palabras tuvieron una especial significación entre abril de 1815 y el verano de 1816, pese a que ninguno de quienes vivieron aquella situación supieran del alcance mundial que tuvieron sus consecuencias.
Los días 5 y el 10 de abril de 1815 el volcán Tambora tuvo dos erupciones que se oyeron a más de 1.000 km de distancia. Más de 12.000 personas murieron el primer día y alrededor de 75.000 fallecieron de hambre o enfermedad en las semanas siguientes. Alrededor de 140.000 millones de toneladas de partículas microscópicas subieron hasta más allá de los 40 kilómetros de altura en la atmósfera dieron la vuelta al planeta y fueron arrastradas hasta los polos quedando suspendidas en el aire durante meses. Estas partículas apenas dejaron pasar y reflejaron la luz del sol enfriando las temperaturas de la Tierra, haciendo que se perdiera el efecto invernadero y causando estragos en el clima de todo el planeta. Fue una erupción que afectó al planeta en su totalidad.
El año siguiente 1816 se conoce entre los científicos como El año sin verano. En algunos lugares las temperaturas bajaban hasta 20º C en pocas horas y se sabe que nevó en el sur de México y Guatemala. En agosto aún quedaba hielo en ríos y lagos de Pennsilvania o Virgina y algunas cosechas, como la de avena, multiplicaron su precio por ocho. El suelo no se pudo arar en muchos lugares de Estados Unidos por encontrarse congelado, lo que provocó la falta de muchas cosechas y las hambrunas consiguientes.
En Europa, aún recuperándose de las guerras napoleónicas, se arruinaron las cosechas por las fuertes lluvias y bajas temperaturas, aumentaron abruptamente los precios del trigo y el pan y se produjeron hambrunas y epidemias que provocaron diversos saqueos y revueltas en Gran Bretaña y Francia y en Suiza el gobierno declaró la emergencia nacional.
También se conoce que en China se asoló la cosecha de arroz y en algunas provincias la hambruna hizo aumentar la deserción de los reclutas, mientras en otras provincias de clima casi tropical nevó en verano.

Lord Byron por Richard Westall. 1813
Mas los efectos de las erupciones no se produjeron de forma continua. Antes de la llegada del verano, a comienzos del año se estrenó una de las obras más conocidas del mundo de la música, El Barbero de Sevilla.
A mediados de enero de ese 1816 le proponen a Rossini que compusiera una ópera sobre la obra de Beaumarchais que ya triunfaba en los escenarios en la composición de Paisielo. Esta nueva versión tendría en contra a todos los partidarios de la primera, que no veían con buenos ojos que se volviera a tratar el tema en un título que ya triunfaba en los escenarios.
Rossini, atendiendo a su fama, dejó pasar el tiempo hasta el estreno que estaba previsto para el 20 de febrero. Con los decorados realizados, cantantes y músicos esperaban las partituras que el compositor, con toda la tranquilidad afirmó que tenía en su cabeza, pero que sólo debía transcribir en el papel. Así, dejó transcurrir el tiempo hasta pocos días antes de un estreno que resultó decepcionante, pero desde la segunda representación cosechó un éxito enorme que sigue en nuestro días.
El barítono Dmitri Hvoristovsky, desaparecido en noviembre de 2017, interpreta una de las arias más significativas de esta ópera, Largo al factotum en un concierto en directo con la Orchestre Symphonique de Montreal y la dirección de Charles Dutoit que se celebró en 1998.
Aún 1816 se mostraba amable y festivo. 


Prácticamente huyendo de Inglaterra George Gordon Bayron, que había recibido inesperadamente el título nobiliario tras el fallecimiento de su tío abuelo, quinto Lord de ese nombre, llegó a Europa evitando pasar por los dominios napoleónicos. Tras pasar por Portugal, España e Italia y rodear todo el Mediterráneo, Lord Byron, acompañado por su médico particular John Polidori y un grupo de sirvientes y animales, recaló en las inmediaciones del lago Leman en Suiza, donde alquiló por 125 luises Villa Diodati entre junio y diciembre del citado 1816.
Allí Byron confiaba en que el tiempo mejorara y poder pasar una temporada tranquila y apacible, aunque lo que se encontró fue el peor verano del milenio. Allí se encontraba con Clara Clairmont, quien había sido su amante en Inglaterra y que lo había buscado persistentemente hasta volver con él.
Una de las tardes de tormenta recibió la visita del joven poeta Percy Bysshe Shelley que deseaba conocerlo. Tras un fallido matrimonio, le acompañaba su nueva novia Mary Wollstonecraft, medio hermana de Clara Clairmont.
La visita, que iba se ser por una tarde, se convirtió en una estancia de varios días por las inclemencias del tiempo. Llovía constantemente, la tormenta no cesaba y una sombra parecía rodearlos incansablemente.
Todos estaban exaltados por conocerse y, a lo largo de tres jornadas hablaron de sus poetas admirados, los paseos de Rousseau por esas mismas orillas, de algunos personajes sombríos de Shakespeare, algunos descubrimientos como las pruebas que Galvani había realizado pasando electricidad a ancas de rana o la experiencia de Franklin para traspasar la fuerza eléctrica de los rayos al suelo con la intercesión de una cometa.
En su involuntario encierro, Byron disfrutaba asustando a sus invitados y Polidori acabó sacando una traducción francesa de Phantasmagoriana, un libro alemán de relatos sobre fantasmas. Allí, entre los fogonazos del fuego encendido y los destellos de continuos relámpagos, crearon el ambiente donde desarrollaron sus fantasías. 
Al final de una de estas veladas los asistentes se retaron para ver quién de ellos escribía el relato más terrorífico. Sólo Mary y, en cierto modo Byron, crearon los suyos, aunque no los terminaron en esos días. Pero de eso hablaremos más adelante.

Grabado de Villa Diodati
Dos obras nos acercan a este encuentro a orillas del lago Leman. Por un lado, la película de 1988 Remando al viento de Gonzalo Suárez recreó este momento con las relaciones que se establecieron entre los protagonistas y las obras que surgieron de este encuentro.
Por otra parte el libro El año del verano que nunca llegó en el que William Ospina traslada al papel el relato de la búsqueda e investigación que realizó sobre este encuentro extraordinario.


William Turner admiró las excepcionales puestas de sol de 1816 y los años posteriores que se quedaron grabadas en su retina para producir algunos de los cuadros más sugerentes de la época. El pintor inglés no sabía que se producían por la acumulación de azufre en la atmósfera, ni que existiera el volcán Tambora, pero llegó a realizar las pinturas de puestas de sol más impresionantes del romanticismo en las que reflejó los tonos del cielo de Inglaterra y sus costas que siguieron produciéndose durante varios años, mirando especialmente hacia norte, ya que en los polos se acabaron acumulando los residuos volcánicos.
Flint Castle, William Turner, 1838. Acuarela en papel
MarWollstonecraft fue la única que concluyó su relato, no en esos días, sino más adelante, aunque la idea le surgió en esos momentos. Pensando en una historia que "lograra que el lector tuviera terror de mirar a su alrededor, que le helara la sangre y acelerara el latir de su corazón" sin hallarla, una noche ideó su relato tras escuchar a su amante y al lord hablar sobre el inicio de la vida y las posibilidades de reanimación tras la muerte. Allí, escribió Mary, "ví, con los ojos cerrados, pero con una imagen clara en mi mente a un estudiante de artes maléficas inclinado sobre lo que había logrado reunir. Vi un espantoso hombre tendido y, luego, por efecto de una poderosa maquinaria, noté que daba signos de vida, que se despertaba con los torpes movimientos de un ser ni vivo ni muerto."
Mary comunicó que ya tenía la historia para su cuento de terror, aunque pensando que no ocuparía más de unas páginas, pero Shelley insistió en que la alargara. Posiblemente en agosto ya tenía Mary Wollstonecraft terminado su relato Frankenstein o el moderno Prometeo.
A su regreso a Inglaterra, con la ayuda de Shelley se publicó su novela en tres volúmenes, algo habitual en esos años, con algunas aportaciones, fundamentalmente de estilo del poeta. El éxito fue inmediato y se llegaron a realizar algunas reediciones, volviéndola a reescribir años más tarde. Así, podemos disponer de tres versiones diferentes de la novela: La original de Mary de 1817, la modificada con la ayuda de su ya esposo y la versión reescrita en 1831, todas ellas publicadas ya con su nombre de casada, Mary Shelley.


Retrato de Mary Shelley por Samuel John Stump. 1831
Frankenstein habla del interés por la creación y la destrucción de la vida, de la moralidad de la ciencia y los científicos, además del atrevimiento de la humanidad a rivalizar con el poder de Dios, de la misma manera que Prometeo arrebataba el fuego sagrado a las deidades de la antigüedad. Esos temas se convierten por la pluma de Mary Shelley en la experiencia terrorífica que ella imaginó en una noche a orillas del lago Leman.
Con el tiempo Frankenstein se ha popularizado hasta extremos de poder pensar que las películas han desbordado al libro y han hecho popular al personaje. Quizás, como ocurriera con Don Quijote, Hamlet, Sherlock Holmes, Romeo y Julieta o el mismo Drácula, este personaje se ha independizado de su libro y sus películas hasta el punto de tener una vida independiente y pasar a formar parte de nuestra cultura colectiva.
Narrado en primera persona, Frankenstein aporta una subjetividad que nos transmite la relación de terror mezclada con fascinación que a Victor le produce su criatura. Acostumbrados a ver esos monstruos cinematográficos con tornillos atravesando su cuello o sus sienes y surcado de toscas cicatrices, nos acercamos a la primera de las versiones del relato de Shelley para descubrir la sensibilidad que se esconde tras la fuerza descontrolada de la criatura. En esta página le relata a su creador sus primeros momentos.






El extraño 1816 también fue un año singular en la vida de Beethoven. Su hermano Caspar Carl falleció en noviembre del año anterior otorgando la tutoría de su hijo Karl (el único sobrino de Beethoven) a su esposa y al compositor. Éste, que no tenía buenas relaciones con su cuñada, intentó judicialmente ser el único tutor, algo que consiguió en una primera instancia. Dedicado por mucho tiempo a los trámites y cuidar la estancia de Karl en un internado en el que incluso hubo que operarlo, Beethoven tuvo uno de un periodo poco productivo en obras. 
Publicó una de las obras más enigmáticas de su producción. Enigmática por un título que ha suscitado investigaciones y controversias entre sus estudiosos por su título en el que alude a un amor inmortal. 
Así, la siguiente obra que traemos creada en 1816, aunque conste con una versión de unos años antes (An die Geliebte, WoO 140), es el ciclo de lieder An die ferne Geliebte (A la amada lejana), Opus 98. Se trata de una serie de seis lieder basados en textos de Aloys Isidor Jeitteles, un estudiante de medicina, posiblemente por encargo del compositor. La obra parece que está inspirada por esa enigmática "amada lejana", una misteriosa T. en sus escritos que podría corresponder, según los estudiosos del compositor a ToniAntonie Brentano, mujer casada con un amigo, lo que hacía imposible la relación.
En esencia, An die ferne Geliebte es el primer ciclo de lieder compuesto y una fuente de inspiración para cuantos poetas han escrito obras para ciclos. Está escrito para voz masculina con acompañamiento de piano. En el enlace que nos acompaña, con subtítulos en castellano, está interpretado por el tenor John Mark Ainsfey y Loin Burnside al piano.



El reto creativo de Villa Diodati lo llevó a cabo Mary Shelley. Byron y Polidori comenzaron un relato sobre un vampiro que servirá años después a Bram Stoker para fijar definitivamente el personaje de Drácula, mientras Percey Shelley no llegó a concluir ningún escrito tras un primer intento.
Byron desestimó su idea, por lo que no llegó a publicar nada de este encuentro, pero su médico tomó más en serio el reto. Escribió aprovechando el esbozo del lord, apuntando las bases de las historias decimonónicas y actuales sobre vampiros, con una ligera inspiración en Byron para el personaje de Lord Ruthven, también un aristócrata sediento de sangre. Quizás aquí se dejó llevar por los sentimientos encontrados hacia su protector, una mezcla de admiración y odio, ya que era tratado por él con una mezcla de compañerismo y humillación de forma poco lógica.

El vampiro fue publicado por primera vez con el subtítulo Un cuento de Byron, lo que disgustó al poeta que llegó a publicar su fragmento original como complemento de Mazeppa. El libro, aún bajo el epígrafe de Byron fue reeditado en diversas ocasiones, siendo para Goethe la mejor obra de Lord Byron
Polidori no tuvo otros éxitos aparte de El vampiro acabando con su vida a la manera de los románticos, con el suicidio, pero no con el provocado por un amor no correspondido, sino con otro más prosaico, por deudas de juego.
El texto de Polidori sirve para mostrarnos la personalidad que solemos encontrar en el arquetipo de vampiro, ese ser que vive a costa de la vida de los demás, pero no carente de cierto encanto en la seducción.






Para Franz Schubert, 1816 supuso un año en el que compuso dos sinfonías, las número 4 y 5, dos obras que se estrenaron mucho después de haber fallecido el compositor. La 4ª sinfonía, La trágica, fue estrenada en 1849, mientras la 5ª se oyó por primera vez en 1841.
Sí fue estrenado su lied Es war ein König in Thule (Érase una vez en el reino de Thule), un lied compuesto a partir de un poema de Goethe para voz de soprano y acompañamiento de piano. El escritor alemán había compuesto el poema durante un viaje hacia el castillo de Lahneck y más tarde lo volvió a utilizar en su Fausto para introducir el personaje de Gertchen y en la ópera homónima de Gounod.
La interpretación de este lied de 1816 de Schubert corre a cargo de la voz singular de la soprano Elly Ameling que transmite con veracidad la oscuridad romántica de la poesía.



Finalizamos el recorrido que hemos realizado alrededor del año 1816, con algunas de sus obras y una especial dedicación al encuentro en Villa Diodati con un poema de Lord Byron inspirado en este verano en que no hubo verano.
En un tono casi apocalíptico, escribe esta suerte de oda, quizás pensando en el último superviviente de una catástrofe tan global como la pandemia que nos aflige. 
Su titulo, que podríamos traducir por Oscuridad o Las tinieblas alude a ese sueño que parte de la ambigüedad para cernirse sobre todo y sobre todos.




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Bibliografía y webgrafía consultadas: