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#ViajedeOtoño: Una góndola en Venecia

Hay ciudades únicas, irrepetibles en su situación, su espacio, su concepto tanto arquitectónico como vital. Son ciudades a las que deseamos visitar, conocer y, a nuestra propia manera, poseer, cuando menos una vez en la vida.
De estas ciudades, Venecia emerge, como ella misma en su laguna, entre las primeras que nos vienen a la mente. Una ciudad de la que todos hemos oído hablar, con sus canales, su Plaza y Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal o el Teatro La Fenice



En este #ViajedeOtoño te propongo seguir nuestro recorrido por ciudades y lugares adentrándonos en Venecia. Un viaje que nos acerca a la antigua Serenísima República desde distintas vistas, como si se tratara de postales encadenadas a nuestros sentimientos, nuestra razón y nuestros conocimientos de la mano de dos escritores Thomas Mann y Alejo Carpentier y los compositores Vivaldi y Offenbach.



Nos acercamos a Venecia con un libro, una pequeña novela de poco más de un cien páginas del autor alemán Thomas Mann. El escritor, que llenó la vida literaria alemana de la primera mitad del siglo XX con la influencia capital de obras como Los Buddenbrook, una narración que publicó a los 25 años sobre varias generaciones de una familia de comerciantes burgueses del norte del país, La montaña mágica o Doctor Faustus.





Con La muerte en Venecia, que se publicó en 1912, Mann se adentra en la vida del escritor Gustav Von Aschenbach quien, en busca de la inspiración perdida, viaja a Venecia. La peste que invade la ciudad sirve como un símbolo de la decadencia y el ocaso del escritor e, incluso, del desvanecimiento de todo un mundo y un orden internacional a pocos años del comienzo de la Gran Guerra.
En el primero de los textos de La muerte en Venecia Mann nos dibuja la llegada de Aschenbach a la ciudad.



Unas líneas más adelante, una vez desembarcado, nuestro protagonista se traslada al hotel en una góndola, pasaje en que el escritor alemán nos hace sentir por momentos que viajamos en la misma embarcación.


 La novela vivió un nuevo reconocimiento cuando Luchino Visconti la llevó al cine en 1971 en una película en la que modificó algunos datos. El protagonista de Muerte en Venecia, Aschenbach pasa de ser escritor a compositor, buscando el parecido físico entre el actor que lo encarnó, Dick Bogarde, y el compositor Gustav Mahler. También se hicieron coincidir datos biográficos como la muerte de una hija del protagonista y del músico. Una de las señas inconfundibles de esta película es la banda sonora, entre la que destaca el adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler. En el siguiente enlace, una versión del movimiento con la dirección de Herbert von Karajan acompaña, no las imágenes del film, sino una visita por la ciudad de Venecia. Si lo deseas, puedes seguir esta pieza en la música de Muerte en Venecia en este enlace: Escena final.
Como anécdota sobre la película se cuenta que cuando oyeron la banda sonora de Muerte en Venecia, un productor de Hollywood propuso que buscaran al músico que la había compuesto y le hicieran un contrato para trabajar con ellos, sin saber que Mahler había fallecido bastantes años antes y no se había dedicado a componer música para el cine.



Otro texto nos acompaña en nuestro viaje por Venecia extraído de una obra del escritor Alejo Carpentier, cubano de adopción y filiación. Entre obras grandes y ambiciosas como El siglo de las luces o El recurso del método, Carpentier alterna con obras como Concierto Barroco, una novela exuberante, una especie de divertimento del autor en la que mezcla algunas de sus pasiones como el conocimiento de la historia y su afición por la música y su indudable gusto por el mestizaje. Narrada como signo de lo real-maravilloso, paralelo al realismo mágico latinoamericano, Concierto Barroco es una obrita que no llega al centenar de páginas con una estructura musical en la que, con la excusa del viaje para asistir en Venecia al estreno de la ópera Moctezuma de Vivaldi, aparecen por la novela el propio compositor y otros coetáneos como Haëndel o Scarlatti. En el texto siguiente, los protagonistas asisten al concierto que tan singulares músicos improvisan en el Ospedale della Pietá del que era compositor de cámara Antonio Vivaldi. El texto está escrito en forma de un tiempo de allegro que, por momentos, llega a ser delirante.



A pesar de ser universalmente conocido como autor de Las cuatro estaciones, una de las obras más representativas de la música barroca, Antonio Vivaldi (el "cura pelirrojo" con que nos amenizaba e introducía en el mundo de la música clásica el carismático Fernando Argenta), llegó a componer varias decenas de óperas de las que actualmente se tienen registradas más de cincuenta de ellas. Son obras que impulsaron el desarrollo de este género musical y al que le dieron un impulso para pasar de los escenarios dominados por la burguesía y los focos del poder económico al gusto popular y a todas las clases sociales, aumentando así el grupo de aficionados a tan completo espectáculo.
Aunque estrenada en Roma, Il Giustino es una ópera de argumento pretendidamente histórico que comienza con la coronación de Anastasio como emperador de Bizancio y su matrimonio con la emperatriz Arianna. Si te interesa, puedes seguir su argumento en el siguiente enlace: Il Giustino.
Bajo el argumento histórico palpitan las pasiones humanas como el amor, la lucha por el poder, el campesino que acaba ascendiendo gracias a su valor y llega a terminar poseyendo la mitad del reino.





De esta ópera que, aunque se estrenó en Roma, posee el más puro estilo veneciano de Vivaldi te enlazo con el aria Vedró con mio diletto interpretada por Philippe Jaroussky, un contratenor que triunfa en el mundo vocal y que se está convirtiendo en embajador de la música del barroco, por ser esta la época en que más obras se compusieron pensando en la voz de castrati. Su interpretación sorprende por su vocalización, su técnica y el gusto con que canta, lo que hace que en la actualidad, Jaroussky sea uno de los cantantes con mayor proyección y prestigio del panorama mundial.


Para terminar nuestro recorrido veneciano, te invito a oír una pieza que ya es un clásico en este blog. En Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, el tercer acto (o segundo en algunas versiones), transcurre en un palacio de Venecia con la siguiente indicación del compositor: "En Venecia. Galería de fiestas en un palacio junto al gran Canal. Agua practicable al fondo para las góndolas. Balaustrada, escaleras, columnas lampadarios, arañas, cojines, flores. Puertas laterales en primer término; má lejos, puertas amplias o arcadas en chaflán, que conducen a otras galerías. Los invitados de Giulietta están agrupados de pie o tendidos sobre cojines. Cuadro brillante y animado".




Puedes seguir unas deliciosas versiones en el enlace de este blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savattini.
La versión con la que finalizamos nuestro #ViajedeOtoño a Venecia pertenece a una puesta en escena llevada a cabo en el Royal Opera House del Covent Garden en 1980 en la que Agnes Baltsa interpretaba el papel de Giulietta y Claire Powell el de Niklausse.


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Cambiar para que nada cambie

Hay ambientes y situaciones que se prolongan en el tiempo y, cuando todo va cambiando con el paso de los años siguen con los mismos condicionantes que en sus orígenes. 
Situaciones como las que cierta nobleza terrateniente prolongan en la Italia de finales del ochocientos y comienzos del novecientos vienen de las relaciones feudales y se alargan en ambientes rurales herméticos. Aparece así el duro contraste entre las grandes posesiones de nobles con títulos, personajes importantes por su riqueza frente a las pasiones y vidas de los habitantes de esos entornos cerrados en los que las relaciones son endogámicas, llegando a generarse conflictos que pasan de unas generaciones a otras.
Te propongo una mirada a la Italia rural de finales del XIX y comienzos del XX en acompañados con textos y músicas de dos autores como Giuseppe di Lampedusa y Pietro Mascagni. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Para comenzar, el texto nos acerca a la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, príncipe del mismo nombre y duque de Palma di Montechiaro. Su obra más conocida e inédita hasta su muerte es Il Gattopardo, una novela conocida por la versión cinematográfica de Luchino Visconti y protagonizada por Burt Lancaster. Narra las vivencias de Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina y su familia entre los años 1860 y 1910 en Sicilia.

Una de las ideas enunciadas en la novela señala la capacidad de los sicilianos para adaptarse a los diferentes gobernantes que la isla ha tenido a lo largo de la historia, a la vez que señala la intención de la aristocracia gobernante de aceptar los cambios más o menos revolucionarios para poder seguir conservando su poder e influencia: "Se vogliamo he tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" (Si queremos que todo siga tal como está ahora, es necesario que todo cambie). Esta idea, conocida como gatopardismo en ciencias políticas trae la paradoja que indica la voluntad de "cambiar todo para que nada cambie".





Las obras de Pietro Mascagni (1863-1945) pertenecen al verismo, el movimiento que imperaba en la música operística italiana de fines del XIX y principios del XX, continuador natural del Belcantismo.
La ópera verista recoge en sus argumentos sucesos de la vida real, extraídos tanto de obras literarias como del rumor popular y su contenido es altamente dramático, muy a menudo melodramático.
El triunfo de Mascagni en un concurso de ópera permitió que esta obra pasara a la historia por su composición rápida (se terminó en dos meses) y por el hecho de que su autor no volviese a triunfar. Ganar en el concurso significó el estreno de la ópera en Roma en 1890. Su Cavallería Rusticana le dio fama mundial, pero le puso el listón excesivamente alto. 
Se trata de una ópera de un solo acto con intermezzo, donde los fragmentos instrumentales tienen gran valor. El título de la obra alude al código del honor en una comunidad aldeana, algo así como "Caballerosidad campesina".



El momento cumbre es violento, con un duelo fuera del escenario. Los protagonistas expresan en poderosos solos el fiero orgullo que origina la violencia, y unos coros sólidamente construidos realzan la fuerza colectiva.
Regina Coeli es una pieza religiosa para ser cantada en el rito litúrgico, pero que Mascagni lleva al escenario tomando parte protagonista en el primer acto de Cavallería Rusticana, siendo una de las piezas más conocidas de la ópera junto con el coro de inicio y el Intermezzo.
Situémosnos. Día de fiesta en un pueblo de Sicilia. En la procesión de Pascua de Resurrección, todo el pueblo entona un himno de Pascua (Regina Coeli Laetare) en el cual Santuzza y el coro entremezclan sus voces con las plegarias.









































La primera versión que te presento pertenece a una representación llevada a cabo en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona donde el personaje de Santuzza fue cantado por Ildiko Konmlosi.



La última mirada, a la que se le resta su dramática fuerza escénica, pero en la que se le gana una mejor sonoridad está interpretada en su parte solista por una cantante asidua de este blog, le mezzosoprano Elina Garança.


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