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Eterna María Callas

Hay ocasiones en que un artista, un creador o cualquier otra persona rompen los límites de su ámbito y llevan sus obras y acciones más allá de los seguidores habituales de su especialidad. Así, podemos pensar en escritores, compositores, intérpretes, e incluso deportistas, por citar alguna disciplina distinta, que han abierto caminos a otros públicos, abriéndolos a un grupo distinto de seguidores.
Es el caso de una cantante como María Callas, de la que el 2 de diciembre de ha cumplido el centenario de su nacimiento, una voz que en unos pocos años revolucionó el mundo de la ópera con sus interpretaciones, su fuerte carácter y el rescate de obras que habían desaparecido del repertorio.
En varias ocasiones hemos tratado de ella en este blog, aunque merece recordar la publicación María Callas, mirada de diva donde nos centramos en el año 1959 en el que comenzó su conocida relación con Aristóteles Onassis.
Te propongo acercarte a la figura de María Callas, la gran cantante del siglo XX cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, el 2 de diciembre de 1923. Nos acompañan obras de Cristina Morató, Andrés Amorós, Marguerite Duras, Puccini, Bellini y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

María Callas como Tosca
Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoulos nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1923, hija de un matrimonio de origen griego. Su padre George regentaba una farmacia en el barrio griego de Manhattan. La mala relación entre sus padres la condicionó desde pequeña, sintiendo el abandono de su padre y las malas relaciones con su madre Evangelia, lo que la llevó a buscar de forma incansable e infructuosa una felicidad que nunca tuvo.
En 1937 Evangelia dejó a su marido y se marchó a Grecia con María y su hermana Yakinthy (Jackie) donde volvieron a tomar el apellido que en Estados Unidos habían cambiado por Callas, más asequible a la pronunciación del país.
Allí, entró en el Conservatorio Nacional de Atenas, una ciudad que, al comenzar la II Guerra Mundial estaría ocupada por los alemanes. Mientras su madre la obligaba a alternar con los invasores, ella conseguía algo de dinero cantando para ellos.
En el conservatorio fue alumna de la prestigiosa profesora española Elvira de Hidalgo. Allí, la joven y regordeta muchacha era la primera que llegaba y la última que se iba cada día, quizás por no aparecer por casa sino lo estrictamente necesario. De todas formas, en una ocasión en que Elvira le preguntó la razón de su actitud, le confesó: «Siempre tengo algo que aprender, incluso de un mal alumno. Hasta los que tienen menos talento pueden tener una idea que nunca se le hubiera ocurrido al más capacitado. En nuestro arte nunca se deja de aprender».
Allí, en Atenas fueron sus primeras interpretaciones. En 1938 interpretó de forma amateur el rol de Santuzza de Cavalleria rusticana. Profesionalmente debutó cantando la opereta Boccaccio en el Teatro Lírico Nacional de Atenas en febrero de 1942, mientras su primer papel protagonista fue en agosto de ese año en la Ópera de Atenas donde interpretó nada menos que el papel de Tosca.
Tras la llegada de las topas británicas en 1944 María decide volver a Estados Unidos, regresar con su padre e intentar triunfar en el país de las oportunidades.
Pero antes hubo de ir a Italia, debutar en la Arena de Verona, conocer a quien sería su esposo de 1949 a 1959, el empresario Giovanni Battista Meneghini, un hombre que le llevaba casi treinta años de edad y que evocaba la ausente figura paterna,

María Callas como Violeta en La Traviata, 1952-53.
Formada académicamente en la Universidad de Ciencias de la Información de Bellaterra donde se licenció en Periodismo, Cristina Morató es miembro de la Royal Geographical Society de Londres, además de ser socia fundadora de la homónima Sociedad Geográfica Española. Hasta el año 2000 estuvo dirigiendo programas en Televisión Española para dedicarse a viajar y a escribir libros en los que dar a conocer y profundizar en las figuras de grandes exploradoras o mujeres que lucharon por su independencia y por conseguir sus propósitos.
Así, desde 2001 ha publicado Viajeras intrépidas y aventureras, Las Reinas de África, Las Damas de Oriente, Cautiva en Arabia, Divas rebeldes, Reinas malditas, Divina Lola o Diosas de Hollywood
En Divas rebeldes nos presenta las vidas de siete mujeres del pasado siglo que tuvieron que luchar para alcanzar sus objetivos frente a todo tipo de dificultades. Por el libro, Morató trata, además de María Callas, de Coco Chanel, Wallis Simpson, Barbara Hutton, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy.
En el texto que nos acompaña, la escritora se centra en algunos detalles de sus comienzos: La figura del cineasta Luchino Visconti como director de escena, sus debuts consecutivos en los teatro La Scala de Milán y Covent Garden de Londres, su gran transformación física al pasar de los casi cien kilos que llegó a tener a los menos de sesenta. También trata de su regreso y triunfo en los Estados Unidos donde comenzó a dar más verosimilitud a los personajes y, por último, su debut en la sala más prestigiosa del país, el Metropolitan Opera House donde Evangelia, su madre, estuvo a punto de echar por tierra su nombre.


Tres figuras femeninas de la ópera alcanzaron la cumbre en la mitad del pasado siglo, cada una de ellas con un apelativo que iba más allá de su nombre: Si la australiana Johann Sutherland era conocida como La Stupenda y Montserrat Caballé como La Superba -la soberbia, en el sentido de excelente, no como el pecado capital-, María Callas era conocida antes de ellas como La Divina.
De nuevo unas palabras suyas nos acercan al sentido de una expresión utilizada en el mundo de la ópera: «Una vez terminada la formación, que es el primer paso de un largo proceso, el cantante debe convertirse en músico y pasar a ser el primer instrumento de la orquesta. Este es el significado del término Prima donna
Durante las dos décadas en las que brilló y deslumbró en los escenarios, María Callas adquirió su inigualable maestría profundizando más allá de las notas, buscando transmitir la emoción que el compositor debía sentir al escribirlas: «El único director de escena debe ser el compositor. Cuando escuchas la música, debes descubrir todo lo necesario para su interpretación escénica y vocal. A eso me dedico, a encontrar la verdad y a darla a conocer al público con toda la honestidad que pueda.» 
Lo que hizo grande en su momento a la Callas fue esa búsqueda consciente de la verdad en lo musical, lo dramático y lo emocional, creando unos personajes que se muestran vivos y apasionados. El secreto de su arte es «mucha verdad, mucha sinceridad, mucha ciencia y mucha improvisación. Hay que comenzar preparando mentalmente cada frase, buscar la expresión correcta en el rostro y transmitirla al público.» Sin embargo, esa búsqueda salía también del profundo dolor de su vida, de la constante búsqueda de la felicidad y del amor que le negó la ausencia de su padre, la difícil relación de una madre que la atacaba constantemente y a la que mantuvo durante toda su vida pese a lo que ella dijera; de las relaciones con Meneghini y Onassis que acabaron traicionándola.
Así, era, por un lado la María tímida y sencilla, la enamorada de la música; por otro, la Callas, la cantante elegante y temperamental, capaz de discutir con quien fuera necesario en cualquier momento. Una mujer fuerte y rota en pedazos a la vez, una mujer y un mito, una persona que acabaría siendo devorada por su personaje.


Pocas son las imágenes con cierta calidad que nos quedan de María Callas y sus actuaciones, aunque afortunadamente nos acompañarán siempre sus grabaciones de disco, en las que la calidad que alcanzan es difícilmente superable por otros cantantes.
Nos acompaña una grabación de una de las arias más famosas de Puccini, Vissi d'arte de Tosca, la primera ópera que protagonizó en 1942 en Atenas. Evidentemente no es aquella versión, sino la que protagonizó en 1964, ya en sus últimos años en activo en el Covent Garden londinense con Tito Gobbi en el papel de Scarpia
El enlace, en blanco y negro y con subtítulos en castellano muestra la interpretación sublime y única que era capaz de imprimir a sus personajes.


María Callas revolucionó el mundo de la ópera, dando mayor credibilidad a los personajes que interpretaba. La nueva apariencia de la soprano confirmaba su concepción que tenía de su arte, uniendo la unidad musical con la dramática en sus papeles. Sus colaboraciones con los directores musicales más conocidos y directores escénicos como el citado Visconti contribuyeron a dar a la ópera unos criterios de credibilidad dramática que se presentían indispensables con el desarrollo del cine y la televisión y en el que la música escénica se había quedado anquilosada.

Vestuario de María Callas para el acto II de Norma con dirección escénica de Zefirelli


Doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura Española por la Universidad Complutense, Andrés Amorós desarrolla su vida como escritor, ensayista y crítico literario, además de ejercer como miembro del Consejo Asesor del Centro Dramático Nacional y otros organismos relacionados con el mundo del teatro. Su ámbito de trabajos abarcan también la crítica musical, la dirección de programas de radio o el comisariado de diversas exposiciones. También ha sido galardonado con los Premios Nacionales de Ensayo y Crítica Literaria, el Premio José María de Cossío -como comentarista taurino- o el Premio de las Letras Valencianas, entre otros.
Entre sus publicaciones encontramos Introducción a la novela contemporánea, Antología comentada de la literatura española, así como monografías sobre Ramón Pérez de Ayala o Leopoldo Alas Clarín.
En este recuerdo a María Callas nos acompaña con La vuelta al mundo en 80 músicas, un libro que nos acerca, desde el aficionado que es, tanto al mundo musical de Bach como a la música flamenca, las bandas sonoras de cine, a la zarzuela, el jazz o la ópera. Se trata, en esencia, de una excusa para leer y escuchar música para emocionar, acompañar, alegrar o consolar, en el fondo, para hacernos más humanos y felices.
En el extracto del capítulo que nos acompaña, La gran trágica (María Callas), nos habla de su carácter, de la opinión que tenían algunos de los que la conocieron, de su versatilidad para cantar personajes para voces tan dispares que otras cantantes no piensan siquiera en hacer, y de algunos de sus grandes papeles. 


La Callas fue como un cometa que deslumbró fugazmente en el mundo de la ópera. Por un lado, no le gustaba la música contemporánea; por otra parte, rescató, como hemos leído, obras que permanecían en el olvido. Así, Ana Bolena o Lucia de Lammermoor de Donizetti, El turco en Italia de Rossini o El Pirata, La sonambula o la Norma de Bellini volvieron a tener vida en los escenarios gracias a ella, que no se limitó a triunfar con las óperas que estaban en el repertorio de su época.
La versatilidad de su voz le permitía cantar roles que iban desde una soprano ligera a una dramática, e incluso papeles para mezzosoprano como Carmen, e incluso atreverse con heroínas de Wagner, en las antípodas del belcanto.
Con la confluencia de todos estos elementos, María Callas llegó a encarnar unos personajes inolvidables que quienes los presenciaron no podían pensar en otra cantante más que en ella para esos roles. Incluso cuando se escucha un disco suyo se puede sentir el personaje que está interpretando como si estuviera en nuestra presencia.

Como Medea, Covent Garden, 1959
Otro de los personajes fundamentales en su carrera fue la Norma de Bellini, la sacerdotisa gala que cuando la escuchamos no podemos ponerle otro rostro que el de la Callas, un personaje que interpretó en noventa ocasiones.
Escuchar los discos con este rol, inolvidable en la interpretación del Casta Diva, de forma especial en la versión que dirigió Tullio Serafin en La Escala en 1961 con Franco Corelli, Corista Ludwig y Nicola Zaccaria es una experiencia inolvidable.
El enlace que nos acompaña es también una grabación de vídeo en versión concierto de este Casta Diva realizada la noche de fin de año de 1957 por la televisión estatal italiana con la Orchestra della RAI de Roma. Es fascinante la atracción que la cantante ejerce y el recogimiento con que interpreta a Norma.


Así, con María Callas la ópera pasó de ser una representación artística basada casi exclusivamente en el aspecto vocal a mostrar unos personajes que se encarnaban en escena, identificándose los cantantes con ellos, dándoles la verosimilitud que los espectadores de cine y televisión estaban apreciando en estos medios. 
La soprano Ermolena Jaho, una de las grandes Butterfly o Violeta Valèry de la actualidad, habla de esta identificación que la Callas trajo con las heroínas que interpretaba: «Era la primera vez que oía una voz identificada con la profundidad de las notas y yendo más allá de lo que estaba escrito en la partitura.»

Vestuario para el acto I de Norma en la producción de Zefirelli. 
Nacida en Vietnam en 1914 y fallecida en París en 1995, Marguerite Duras tuvo una vida inseparable de su producción literaria. Desde su residencia en el país asiático hasta su vida en el París de la postguerra, pasando por su colaboración con la Resistencia francesa que la llevó a ser deportada a Alemania, Duras ejerció el periodismo, la novela, el teatro y el cine, donde realizó el guion de películas como Hiroshima, mon amour, pasando del neorrealismo al existencialismo de Sartre y Camus.
El amor, el sexo, la muerte y la soledad son los temas que atraviesan sus obras, entre las que destacan Destruir, dice, El amor, El amante, El dolor o Una lluvia de verano, su última novela.
Nos acompaña en este homenaje a la Callas con Outside, un libro que recoge medio centenar de artículos periodísticos escritos entre 1957 y 1959 sobre diversos personajes que llamaron su atención por su profesión, vida interior, marginación o cualquier otra razón.
En esta recopilación encontramos un artículo cuyo original se ha perdido y que muestra la traducción de Adrienne Foulke que se publicó el 1 de octubre de 1965 en la revista Vogue norteamericana, el único texto que nos acompaña que es contemporáneo de la cantante.


En el momento más álgido de la carrera operística de María Callas, ese tiempo en el que sus apariciones eran en los grandes templos de la ópera y en los periódicos de la prensa rosa, entró en escena el naviero griego Aristóteles Onassis, provocando la ruptura de un matrimonio que ya estaba roto con Meneghini. De ese sonado romance tratamos en María Callas, mirada de diva donde nos centramos en el año 1959 en el que comenzó su conocida relación que fue comentada en todo el planeta. También esos años supusieron el declive de su voz.
María Callas y Alfredo Kraus en La Traviata, Lisboa, 1958.

El final del romance supuso del final de La Divina Callas. El director de cine Franco Zefirelli, con quien también trabajó lo comentó: 
«Había perdido todo el interés por su carrera. Lo único que quería era que Onassis se casara con ella, y cuando él lo hizo con Jackie Kennedy, sintió que todo el mundo que había construido se venía abajo. Después se encerró durante nueve años en su apartamento de París
Allí veía la televisión y oía sus discos una y otra vez. Uno de los pocos amigos que la visitaban le comentó en una ocasión: «¡Qué canto tan maravilloso!», a lo que la diva respondió: «Es un auténtico milagro, y renuncié a él. Toda una carrera desperdiciada... ¡A cambio de nada!»
María Callas falleció en 1977 con sólo 53 años, sola en su casa parisina, oficialmente por un fallo cardiaco. Fue incinerada en el cementerio Père Lachaise, aunque su urna fue robada y se publicó que habían arrojado sus cenizas el mar Egeo, según su última voluntad.



Nos despedimos de María Callas y su legado con una de las interpretaciones que comenta Andrés Amorós en su libro, la mítica Traviata de 1958 con el joven debutante Alfredo Kraus. De estas representaciones quedan unas imágenes desdibujadas por la mala calidad de la grabación, aunque el disco se ha editado en mono, no en estéreo, suponiendo una de las grandes interpretaciones de La Divina y uno de los tesoros imprescindibles para los aficionados.
Nos despedimos con uno de los momentos más impactantes de La traviata, el aria Addio del passato bei sogni ridenti (Adiós, hermosos recuerdos del pasado), el verdadero testamento de Violeta cuando siente que su futuro está cerca y que impresionan más cantadas por la eterna soprano.
La acompaña la Orquesta Sinfónica del Teatro Nacional de San Carlos de Lisboa en un montaje en el que disco se acompaña de fotografías de esa producción y una pobre grabación que nos acercan a lo que fue aquella representación. 

María Callas caracterizada como Violeta Valèry en La Traviata

Unas palabras suyas nos sobrecogen a día de hoy: «La felicidad no es para mí, no debo hacerme ilusiones. Hay personas que han nacido para ser felices y otras para ser desgraciadas. No tengo suerte. A veces me pregunto. ¿Por qué debe ser así? ¿En qué me equivoco? ¿Es demasiado pedir a las personas que están a mi lado que me quieran?»

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La mayoría de fotografías de María Callas y sus vestuarios han sido tomadas en la exposición que el Teatro Maestranza de Sevilla ha realizado en noviembre de 2023 para celebrar el centenario de su nacimiento.

Bibliografía y webgrafía consultadas:

María Callas, mirada de diva

Pocas cantantes han destacado tanto como María Callas. Por un lado gracias a su voz, considerada por muchos entendidos como la mejor del siglo XX. Pero también por su vida fuera del escenario, en la que personificó mejor que nadie el concepto de Diva, un nombre que se asocia a una cantante con una voz extraordinaria, aunque también se le añaden al término ciertos rasgos de carácter endiosado.
No es este un artículo biográfico sobre la cantante, sino un acercamiento a la universal soprano en un momento puntual de su vida en el que se entremezcla lo profesional con lo personal.
1959 es un año crucial en la vida de María Anna Cecilia Sofia Kalogeropoúlos, una neoyorkina cuyo padre farmacéutico abandonó su Grecia natal para emprender la aventura americana con su esposa Evangelina, cambiando el apellido por el más fácil y sonoro Callas.
En ese año preciso, María se enfrenta a tres momentos cruciales en su vida: se desmorona su matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, comienza a notar un preocupante cambio vocal y, paralelamente, establece una relación que supone definitiva con Onassis.



En Divas rebeldes, Cristina Morató escribe sobre mujeres que han marcado con su personalidad el siglo XX. María CallasCoco Chanel, Eva Perón, Audrey Hepburn, Barbara Hutton, Wallis Simpson o la misma Jackie Kennedy, tan estrechamente relacionada con la cantante por las circunstancias, son las personalidades femeninas que desfilan por este libro. La periodista y escritora indaga, analiza y muestra la personalidad, el inconformismo, la autenticidad de la vida de estas mujeres, modelos en su vida y también en su ser y estar de divas.

María Callas en su caracterización de Tosca para el Covent Tarden de Londres (1964).

El 19 de diciembre de 1958, María Callas canta un recital en París en un concierto benéfico para la Legión de Honor. Allí estaban Aristóteles Onassis y su esposa entre los invitados del Palais Garnier para asistir a la que se consideró la celebración más fastuosa después de la Segunda Guerra Mundial y por la que la cantante cobró los honorarios más grandes de la historia de la ópera hasta ese momento, cinco millones de francos. Onassis decidió en ese momento cortejar a la cantante.



Uno de los autores consagrados de la ópera belcantista, Vincenzo Bellini dejó poco más de una decena de obras antes de morir con treinta y cuatro años de edad. Su carrera comenzó con Adelson e Salvini, Bianca e Fernando, a las que siguió Il pirata en 1827, momento en el que decide componer una obra por año, para mantener tanto la calidad de su obra como su estatus de compositor más remunerado de la ópera italiana del momento.
Para Il pirata colabora con uno de los grandes libretistas de la época, Felice Romani, un escritor que solía coger sus argumentos de novelas y obras teatrales de éxito. En este caso se basó en Bertram, una obra de teatro en francés del comienzo de la década de 1820 que a su vez adaptaba otra obra inglesa, Bertram, or the Castle of Saint-Aldobrand, escrita por el clérigo Charles Robert Maturin que, con el apoyo de Lord Byron, triunfó en Londres en 1816. Personajes como los piratas, los proscritos y fuera de la ley gozaban de cierta reputación entre los autores del romanticismo inicial, como el caso de Espronceda y su Canción del pirata o la novela de Walter Scott, El pirata.


A partir de la obra teatral francesa, Romani elaboró un texto en que transformó un drama de horror en el libreto para Bellini. Gualterio pasó de ser un personaje quasi satánico a un amante despechado, enemigo político de Ernesto a quien conduce a la muerte. Imogene hubo de casarse con este para salvar a su padre, pero de quien está enamorada es del primero. Al descubrir Gualterio que han tenido un hijo piensa en cómo vengarse.
En un duelo Gualterio vence y mata a Ernesto, pero es condenado a muerte. En esta situación, Romani y Bellini suavizan la trama teatral en que Imogene, en su desesperación mata a su hijo. En la ópera, Imogene, con su hijo de la mano y totalmente trastornada mentalmente interpreta una de las escenas de locura tan del gusto de la ópera romántica, antes de que las trompetas anuncien la ejecución de su amado Gualterio, mientras su criada Adele anuncia que esta ejecución será la causa de la muerte de Imogene.
Il pirata fue la obra que encumbró a Bellini en un momento en que logró mostrar una independencia del estilo de Rossini que era el que predominaba en ese momento. Tras años en que apenas fue cantada, fue precisamente en enero de 1959 en una producción del Metropolitan Opera House de Nueva York cuando fue recuperada por María Callas, volviendo a entrar en el repertorio desde entonces.
En el segundo y último acto se producen los momentos que traemos a esta entrada, conocidos como la Escena de locura de Imogene formada por las arias Oh, s'io potessi dissipar y Col sorriso d'innocenza.



Entre las fechas señaladas y mayo de 1959, la relación entre María Callas y Meneghini comienza a hacer aguas, la soprano comienza a evidenciar ciertos cambios en su voz y realiza varios recitales por distintos lugares europeos. En mayo cantó, entre otros lugares, en Barcelona y Hamburgo y en junio dio el recital de Londres al que se hacía referencia en el texto anterior.



La interpretación que nos acompaña se realizó en Hamburgo el 15 de mayo de 1959 bajo la dirección de Nicola Rescigno, uno de los directores habituales de María Callas junto con Tulio Serafín.
Apenas una decena de días antes, el 5 de mayo, la Callas estuvo por primera y única vez cantando en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Después de una primera parte que en la época tildaron de fría y por debajo de las expectativas, ya que cantó arias consideradas de poca dificultad para una cantante con tanto nombre, tras el descanso, se ganó al público que finalizó el concierto llenando de flores el escenario. La última pieza que interpretó es este final del Segundo Acto de El Pirata de Bellini.
El programa de mano de aquella actuación en Barcelona la presenta como Maria Meneghini Callas, la diva del siglo y lo comparto en este enlace: Programa del recital. En él se hace una semblanza de la cantante, su repertorio operístico y las piezas del recital. La publicidad de la época también aparece en el folleto, todo un documento histórico disponible en el Dipòsit digital de documents de la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona)
El recital de Hamburgo tiene la particularidad de que fue emitido en directo por televisión, un detalle que denota la importancia del mismo. De toda la actuación, sólo está disponible en la actualidad en vídeo en YouTube el final del concierto, mientras el resto está editado en el álbum María Callas - Live in Hamburg 1959, donde también aparece el recital que dio en la misma ciudad alemana en 1962. Curiosamente, este último estuvo dirigido por el longevo Georges Pétres, quien dirigió el Concierto de Año Nuevo de Viena en 2010, ¡casi cincuenta años después! a la edad de ochenta y cinco años.


En esta ocasión el libreto no se sigue de forma litearal, ya que para la interpretación se han suprimido las intervenciones que no sean las de Imogene, una practica habitual en este tipo de recitales.
El realizador de la transmisión televisiva tuvo el detalle de filmar esta escena con un único plano de la cantante. En los recitales no se interpretan las escenas, pero la mirada de la Callas, sus gestos, la expresividad de sus ojos ayudan a situarnos en la escena teatral que estamos escuchando. Durante los primeros minutos la música introduce la escena y ver estos primeros planos de la cantante, el dolor que muestran, la intensidad de la expresión nos deja totalmente pendientes de su mirada de diva. Dada la antigüedad del vídeo, hay algunos momentos en que sonido e imagen no son lo perfectos que estamos acostumbrados, pero nos dan una imagen perfecta de la importancia y el valor de la voz y la personalidad de María Callas.

Hay años que, por diversas razones, tienen un encanto especial.

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Bibliografía consultada:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Morató, Cristina. Divas rebeldes. Plaza & Janés 2010. ISBN 9788401390807
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo.
Webgrafía:

Cada mujer es una mujer heroica

Si caminar por la vida, la nuestra, la de cada uno de nosotros, es una travesía difícil y complicada y nos supone un constante esfuerzo, una continua adaptación y una intensa dedicación, el hecho de no contar con las mismas oportunidades complica aún más las posibilidades de disfrutar de una existencia digna.

On ne nait pas femme, on le devient (No nacemos como mujer, sino que nos convertimos en una) es una afirmación de Simone de Beauvoir que refleja que el rol que asumen las mujeres deriva de un entorno cultural que se ha ido gestando y modificando a lo largo de cientos de años de historia. Afortunadamente, en nuestra sociedad poliédrica hay situaciones, momentos y oportunidades en que el hecho de ser mujer no es un handicap para el desarrollo profesional y personal, pero estos son casos que no podemos considerar como norma general. El hecho de tener que celebrar cada 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer es síntoma de una desigualdad manifiesta, una inaceptable injusticia -una más en este mundo- que debe desaparecer de nuestras vidas, aunque el horizonte no es alentador.
En una sociedad que acumula varios milenios de poder por parte de los hombres en todas las áreas de la política, la economía o las artes, el mero hecho de ser mujer ha sido un determinante que ha supuesto tener que afrontar una serie de obstáculos en la participación activa en la vida social y personal. 



En esta entrada te propongo un recorrido por algunas vidas, reales o imaginarias, en las que la presencia de la mujer se muestra con el valor y la capacidad de asumir las riendas de sus existencias y en las que ver como modelos que cada mujer es una mujer heroica en sus decisiones y sus trayectorias vitales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Ser mujer ha significado durante mucho tiempo tener que convertirse en una persona épica o heroica para poder desenvolverse en la vida. Afortunadamente tengo, y pienso que tenemos, mujeres que forman parte de mi vida personal, laboral o social que tienen unas capacidades y aptitudes muy por encima de las mías y que han podido ejercerlas adecuadamente, aunque haya quienes, incluso en ámbitos conocidos, no hayan podido realizarlas.




La primera imagen que te traigo proviene de una de las mujeres que han pasado a la historia del sigo XX como luchadoras por ser, no algo, sino alguien, una incansable trabajadora que revolucionó el mundo en el que vivió, el mundo de la moda.
El texto pertenece a Divas rebeldes, un libro de Cristina Morató en el que glosa las vidas a contracorriente de una serie de mujeres del siglo XX. María Callas, Coco Chanel, Eva Perón, Wallis Simpson, Barbara Hutton, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy pasean por el libro ayudando a dar una idea de sus luchas por conseguir sus propósitos, a la vez que Morató realiza un boceto del pasado siglo con las miradas que sus vidas nos transmiten.



Igual que en la historia y la vida real hay mujeres fuertes que han tomado las riendas de sus destino, la ficción nos ha mostrado un número inabarcable en distintas obras, tanto literarias como cinematográficas u operísticas: las griegas Electra, Antígona, Medea, Penélope o Helena de Troya; la inagotable narradora Scherezade; las Julieta, Ofelia o Desdémona de Sheakespeare; Jane Eyre, Emma Bovary, Anna Kareninna e incluso la gitana Esmeralda en el siglo XIX; en el cine Scarlet O'hara, Dorothy de El mago de Oz e incluso Hermione Granger de Harry Potter o la más actual Daenerys Targaryen de Juego de Tronos, muestran el arquetipo de la mujer que lucha por su destino.
La ópera del siglo XIX está llena de heroínas valerosas, mujeres luchadoras que tienen una personalidad arrolladora. Personajes como Norma, Violeta en La Traviata, Aida, Lucia di Lammermoor o Adina en L'elisir d'amore fueron también encarnadas por cantantes que reflejaban en sus personajes sus propias existencias, sus esfuerzos y sus personalidades. 



Norma, la protagonista de la ópera de Bellini, la suma sacerdotisa de los druidas de la Galia, se debate entre su amor prohibido por el romano Pollione y su deber. Enterada de que éste ha buscado una nueva amante en su compañera Adalgisa, muestra toda su rabia y fortaleza, aunque la amistad de ambas acaba imponiéndose. En el segundo acto de la ópera se desarrolla esta escena en la que Norma intenta buscar una solución, ya que Pollione debe ser sacrificado, según la tradición. Intenta convencerlo de que vivirá si renuncia al amor de Adalgisa, pero éste se mantiene firme. Norma se ofrece a sí misma para el sacrificio, acusándose de haber traicionado a su pueblo. Ante esta acción de generosidad, el romano descubre de nuevo el valor de la sacerdotisa y juntos se dirigen al sacrificio final.


La escena, que comienza con un aria de Norma, se convierte en un dúo entre ambos al que van incorporándose Oroveso, jefe de los druidas y padre de Norma y el coro de sacerdotes. 


Tras un diálogo de introducción, Norma comienza este Qual cor tradisti, qual cor perdesti interpretado por Mariela Devia como Norma, Stefan Pop en el rol de Pollione y Carlo Colombara como Oroveso en una representación grabada en el Teatro San Carlo di Napoli en 2016. Musicalmente, la melodía se va alargando desde la voz de Norma a la de Pollione y más adelante con Oroveso y el coro de druidas, elevándose hasta su final, que prepara la última escena de la obra.



Autora que se preciaba de ser autodidacta, pionera del feminismo, escritora modernista, inagotable y depresiva, Virginia Woolf fue una de las voces más personales del siglo XX. En su biografía Virgina Woolf. La vida por escrito, Irene Chikiar Bauer nos presenta un retrato que indaga la compleja vida y obra de una personalidad casi inabarcable que abrió caminos, escrutó posibilidades y desarrolló nuevos lenguajes expresivos. Una luchadora que eligió su destino luchando por su libertad e independencia.






 

La última mirada nos acerca de nuevo a una mujer fuerte, una heroína de ficción, un personaje sacado de un cuento chino. La última ópera de Giaccomo Puccini quedó inconclusa por el fallecimiento del compositor tras una operación en su lucha contra un cáncer de faringe. Turandot es una ópera basada en narraciones de origen oriental y que Carlo Gozzi llegó a situar con elementos de la tradición china. 
La Turandot de Puccini se aleja de los dramas realistas anteriores del autor y se desarrolla en una China legendaria en la que se presenta un cuento al estilo de las leyendas populares repleto de símbolos. La protagonista no aparece hasta mediado el acto II donde, musicalmente, interpreta un do sobreagudo en tres ocasiones, con un cambio de tesitura y una intensidad que deben ser mantenidas exigiendo un esfuerzo vocal que hace que el rol sólo pueda ser interpretado por el registro vocal de una soprano dramática.



La obra se centra en la bella y cruel Turandot, hija del emperador, que ha decidido casarse con aquel que consiga averiguar los tres enigmas que ella propondría y, en caso contrario, el pretendiente morirá. Calaf, uno de los pretendientes se enamora de la princesa y decide afrontar las pruebas que supera una a una, pero al ver que no desea cumplir su palabra le plantea un reto a Turandot: si consigue averiguar su nombre antes del amanecer la librará de su promesa y él morirá, de lo contrario, deberán casarse.
La última mirada a esta mujer fuerte y fría como el hielo (Principesa di gelo) nos acerca a los motivos que le llevan a ser tal como es y el planteamiento de los enigmas.



El recuerdo de lo sucedido mantiene a Turandot en la decisión que Calaf va matizando en su intervención.    





La interpretación corresponde a la ucraniana Maria Guleghina, una de las sopranos dramáticas más importantes de la actualidad a la que he tenido la suerte de escuchar en directo en varias ocasiones, la última con este papel. Está registrada en una actuación en el Palau de les Arts de Valencia en 2008 y en ella nos muestra su capacidad para los registros agudos, los cambios de tesitura y la potencia de su voz.


En cada mujer, en absolutamente todas las mujeres, hay una mujer heroica.

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