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Nada es más grande que un verdadero médico

Nada es más grande que un verdadero médico
Sinuhé, el egipcio - Mika Waltari

Vivimos días extraños, momentos difíciles y dolorosos. Nos encontramos con una situación que no habíamos podido imaginar como algo real y posible, solo como algo perteneciente a una irreal y lejana ficción literaria o cinematográfica.
Muchas historias con un desarrollo trágico se suceden continuamente. Las situaciones personales y particulares se hallan cargadas de matices que dificultan, en el mejor de los casos, los confinamientos en los hogares. La situación económica a nivel doméstico y como sociedad está sufriendo una crisis que manifestará su lado más trágico y cruel con el paso del tiempo.
Esta situación nos mueve a la reflexión y a un cambio en la escala de valores. Los ídolos, aquellos a quienes los más jóvenes quieren imitar, han sido los deportistas o personajes que aparecen repentinamente en las redes sociales durante un tiempo fugaz. Pocos tienen por modelo a profesionales que dedican con constancia años al estudio de las ciencias o las humanidades y que deberían ser más admirados y mostrarse como ejemplo de constancia y lucha por alcanzar con esfuerzo objetivos a largo plazo.
Estas semanas nos han ayudado a reforzar esa escala de valores dando la importancia que merecen a las labores que desarrollan profesionales del mundo de la sanidad: médicos, enfermeros, cuidadores, analistas clínicos, psicólogos o incluso personal de limpieza y celadores están contribuyendo de modo decisivo a contener una pandemia como la que nos afecta y dar motivos a la esperanza.
A estos trabajos podremos añadir a quienes en estos momentos excepcionales colaboran para que la sociedad continúe su funcionamiento: agricultores y ganaderos, transportistas, comerciantes o distintos tipos de empleados. También podemos agregar a cuantos, desde su papel como artistas (cantantes, escritores...) reflexionan sobre nuestros sentimientos, los comparten y comunican a través de las redes sociales contribuyendo a la sociedad a la que se dedican.
A lo largo de estas extrañas semanas este blog ha dirigido su mirada a reflexionar sobre la situación en que nos encontramos inmersos con las siguientes publicaciones:
Epidemias y pandemias.
La primavera que no comenzó.
1816, el año sin verano.
El confinamiento de Ana Frank.

Aunque dedicada de forma general a todos cuantos han dedicado sus esfuerzos y su trabajo a combatir los males que nos atacan, esta publicación dirige su mirada, de forma más particular, a la figura de los médicos y su presencia en la literatura y la ópera.
Te propongo un paseo acompañado por algunas reflexiones por obras literarias y musicales donde los médicos aparecen como personajes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Vicent van Gogh. Detalle de El retrato del doctor Gadchet (1890)
Partimos de que este blog trata de literatura y música, combinando ambas artes y buscando nexos de unión entre ideas, sentimientos o acontecimientos que relacionen unas obras con otras.
La literatura no ha tratado en general de forma adecuada la labor de los médicos a lo largo de su historia. En determinadas novelas u obras de teatro los médicos han sido protagonistas o personajes importantes de algunas obras, aunque centrando el foco de atención más en cuanto a actores que intervienen en las obras más que en su labor profesional. 
Desde Moliére con El enfermo imaginario o El médico a palos, pasando por Flaubert con el esposo de Madame Bovary hasta obras como Frankesnstein o Drácula con médicos en papeles importantes. Desde novelas como Papá Goriot de Balzac, Viaje al fin de la noche de Céline, El pabellón número 6 de Chéjov o el relato de Kafka Un médico rural, hasta obras más actuales que se centran más en la profesión médica como Las horas subterráneas de Delphine de Vigan o Lágrimas de sal de Pietro Bartolo, que basan su discurso en situaciones médicas en la actualidad, muchas son las obras en las que médico aparece con mayor o menor protagonismo en la literatura.
De tal forma, con la mirada sesgada por la acción de la obra literaria, podemos entrever algunas características de una profesión como la médica y la sanitaria en general.



La primera mirada la dirigimos casi dos milenios y medio más atrás, donde nos encontramos con uno de los primeros médicos que aparecen en el tiempo en la literatura, aparte de chamanes y curanderos.
Sinuhé, el egipcio fue publicada por el finés Mika Waltari basándose en un relato protagonizado por un personaje del mismo nombre que se sitúa varios siglos antes de la novela y del que el protagonista toma el nombre. 
La primera consideración acerca de la profesión médica es la vocación, una cualidad sin la cual esta y algunas otras profesiones no podrían llevarse a cabo.
El texto que nos acompaña se sitúa en el momento en que Ptahor, trepanador real a las órdenes del faraón, el médico más distinguido del país, visita a nuestro protagonista y a su padre, que se hace llamar médico de pobres.





Si la literatura no ha mostrado en su plenitud las características de la profesión médica, peor han sido tratada esta en el mundo de la ópera. Hace algunos meses, Joan B. Soriano, profesor de Medicina en la UAM e investigador del Hospital La Princesa publicó un estudio sobre la presencia de los médicos en las óperas del que se hicieron eco algunos medios de comunicación: Médicos en la ópera: Un estudio sobre imaginarios sociales de la ciencia. Una treintena de óperas acogían a personajes de médicos, aunque con unos roles que no dignifican la profesión, pese a que muestran en cierto modo la evolución que la medicina ha tenido en la sociedad.
En El Barbero de Sevilla, la ópera de Rossini, el Doctor Bartolo es médico y tutor de Rosina con quien desea casarse, pese a que ella está enamorada del Conde de Almaviva. En esta escena interpreta el aria A un dottor della mia sorte (A un doctor de mi condición) en la que reprende a Rosina. Cantada por un bajo bufo, debe dominar el canto silabatto para interpretarla, la grabación muestra a Carlos Feller que alecciona a una joven Cecilia Bartoli, dirigidos por Claus Viller en el Festival de ópera de Schwetzingen en Alemania.


Una de las novelas rusas más monumentales del siglo XX convirtió primera mitad del siglo de su país en un fresco monumental que abarcaba desde la primera Revolución de 1905 contra el zar Nicolás II hasta poco antes de la derrota de la Alemania nazi por las tropas rusas.
Boris Pasternak, poeta admirado y protegido por Stalin según se contaba, publicó Doctor Zhivago en 1957 concediéndosele al año siguiente el Premio Nobel de Literatura que hubo de rechazar por presiones de la clase dirigente en su país.



El ejercicio normal de la medicina como ciencia encaminada a sanar, atender a pacientes o prevenir desvía su sentido cuando se presentan situaciones que modifican las condiciones de vida y sanitarias habituales. En este caso, Pasternak nos describe cómo Zhivago es consciente de los cambios que se van a producir tras la Revolución Rusa y cómo afectarán a la población y a su trabajo en el hospital.


En una profesión tan basada en la ciencia y el humanismo como la que nos ocupa sí ha sabido traer la ópera al personaje del intruso, ese impostor que se hace pasar por médico para ganarse la vida engañando a incautos con recetas mágicas, medicinas, ungüentos o elixires que prometen sanar todos los males milagrosamente. 
Donizetti creó en L'elisir d'amore uno de esos personajes, el doctor Dulcamara, que acaban atrayéndonos por su encanto y vocabulario y porque, en el fondo, sabemos que es más desgraciado que aquellos a los que quiere embaucar. 
Udite, udite, o rustici (Oíd, oíd, campesinos) es el aria de presentación de Dulcamara, la cantinela con que aparece en cada pueblo para vender sus productos, una retahíla que hasta hace menos de medio siglo aún se escuchaba en muchos lugares. 



No es un personaje que haya dejado de existir. Con otras maneras y distintos argumentos abundan por las redes sociales muchos Dulcamara buscando nuevos incautos.


La vocación por la profesión, el trabajo intenso y las cada vez mayores limitaciones relacionadas con los aspectos materiales, de personal y presupuestarios que ordenan las administraciones dificultan la práctica de la medicina. Siempre hay de dónde restar para cuadrar presupuestos.
Esta situación, de por sí difícil, se agrava cuando la situación sanitaria se complica. En El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez nos presenta uno de esos médicos concienzudos, amantes de su profesión, que conocen lo que tienen entre manos y saben cómo desenvolverse en situaciones adversas.
El doctor Juvenal Urbino, hijo de médico, descubre, analiza y comprende cómo su padre se enfrentó a una de las epidemias de peste que afectó a la comarca. La entrega absoluta, la posibilidad cierta de padecer la enfermedad que intentas combatir, el trabajo llevado a la heroicidad con las consecuencias consiguientes aparecen en estas líneas.



Según el estudio del profesor Joan B. Soriano, el personaje del doctor aparece en 34 óperas de casi 500 obras analizadas.
Muchos doctores, llamados en ocasiones físicos, aparecen en esas obras. Además de las citadas, Donizetti también creó al Doctor Malatesta en Don Pasquale y Mozart el falso doctor Despina en Cosí fan tutte. Ya en el siglo XX Puccini presenta al Maestro Spinellochio en Gianni Schicchi y Richard Strauss a un doctor innominado en El caballero de la Rosa.
Surge también un nuevo tipo de personaje de doctor al hilo de ciertos avances en ciencias, estudios o acontecimientos que atemorizaban a los contemporáneos. El caso más cruel aparece en Wozzeck, la ópera de Alban Berg en el que el médico del cuartel, cuyo nombre también desconocemos, utiliza al protagonista, un soldado ingenuo e inculto para realizar sus crueles experimentos. Berg personificó en este médico la ciencia dura e inhumana, creando un científico sin escrúpulos que le recordaba, según una de sus cartas, a un médico militar que conoció durante la I Guerra Mundial y que anticipaba algunos fanáticos criminales como el tristemente real doctor Mengele.


En Los cuentos de Hoffmann, Offenbach introduce también a un médico diabólico que aparece en una de las tres historias que narra la ópera, la de Antonia. La protagonista padece una enfermedad congénita heredada de su madre, una famosa cantante desaparecida misteriosamente, y que le impide cantar. Crespel, su padre, teme que muera si se le despierta la pasión por cantar, igual que Hoffmann quien le pide que abandone sus ambiciones artísticas. El Doctor Miracle dedica sus esfuerzos a convencerla de que no debe abandonar su talento, evoca a la voz de su madre que se aparece tras un espejo, Antonia canta con ella y fallece.
La interpretación corre a cargo del bajo Samuel Ramey como el Doctor Miracle, Cristina Gallardo-Domás como Antonia y Maria Pentcheva como su madre en una representación del Teatro alla Scala de Milán dirigida por Riccardo Chaylly.



La última de nuestras aportaciones literarias proviene de una obra que nos acompañó en la primera de las entregas de este ciclo relacionado con la pandemia. 
La peste de Albert Camus es una reflexión sobre una epidemia además de ser una reflexión sobre los regímenes totalitarios como el nazismo. La actitud que cada uno de los protagonistas toma frente a esta situación, con todos los paralelismos con la situación que vivimos con la pandemia del Covid-19, es el eje central sobre el que se mueve la obra. 
El texto que nos acompaña muestra otra de las facetas que se viven en momentos de epidemias generalizadas. Las acciones y funciones habituales de médicos y personal sanitario, así como otros trabajos si podemos extrapolarlos y generalizarlos, se ven modificadas por las circunstancias. 


Mas aunque el papel de los médicos en la ópera esté, como hemos podido apreciar, tratado poco adecuadamente, hay excepciones. 
Giuseppe Verdi es, con toda seguridad, quien más y mejor ha creado para la escena personajes con esta profesión. 
En Macbeth, un doctor anónimo aparece como testigo cualificado para dar muestra de la locura de la protagonista, Lady Macbeth. En Falstaff, su última obra, el doctor Cajus es el prometido de Nanneta, la hija del protagonista.
Pero la presencia más conocida y en la que el médico ejerce de médico, aunque con apenas protagonismo, es la del doctor Grenvil, el médico que asiste impotente a Violeta en sus últimos momentos.
Con el comienzo el acto III de La traviata finalizamos este recorrido. Ana Netrebko interpreta a Violtea y Luigi Roni al doctor en una producción del Festival de Salzburgo de 2005 dirigida por Carlo Rizzi.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Epidemias y pandemias

Puede parecer una idea ridícula, pero la única manera de combatir la plaga es la decencia.
Albert Camus. La Peste

Cuando escribo esta publicación nos encontramos ante una situación inédita en nuestras vidas. 
Una amenaza procedente de un virus, pequeño como todos ellos, ha trastocado nuestro mundo, nuestro sistema de relaciones sociales y económicas, situándonos frente a un espejo que nos devuelve un reflejo infinitamente más humilde que la imagen original.
Distintos sentimientos se agolpan a nivel social y personal. Dependiendo de quienes de verdad entienden, los científicos que luchan en una carrera contra el reloj, y aquellos que toman decisiones, nos movemos entre sensaciones diversas que oscilan entre verlo desde fuera, como si no nos afectara a todos, o sentir cercana la presencia del causante invasor; desde la indiferencia hasta la más profunda solidaridad.
Quizás en determinados grupos de personas esta pandemia encaje con el gusto del público por argumentos apocalípticos en libros, cine y series de televisión. Desde una de las primeras películas, aquella Mad Max que dibujaba un escenario post-apocalíptico, el género no ha hecho más que  seguir el interés de un público ávido de buscar las sensaciones que genera el estado cada vez más lastimoso en que se encuentra nuestro planeta. Y ahora, esta epidemia.
En un tiempo de reclusión doméstica te propongo un recorrido por diversas obras que tienen como fondo grandes epidemias o desastres en las que podemos reconocer más paralelismos que divergencias con la situación provocada por el insignificante Codvid-19 que ha trastocado nuestras vidas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Peter Brueghel el viejo De Triomf van dee Dood (El triunfo de la muerte)

Comenzamos.



La obra de Boccaccio utiliza tan desalentador inicio para mostrarnos una de los primeros y más afortunados compendios de historias de la literatura occidental. Distribuida en diez jornadas en las que cada uno de los diez protagonistas narra una historia, estas cien narraciones muestran varios siglos después de ser escritas el ambiente, las costumbres y los perjuicios de la sociedad de su época, además de algo tan imperecedero como la carga de humanidad que se esconde tras los caracteres de los protagonistas, sus temperamentos o las reacciones que aún podemos reconocer en nuestros actos.



Michelangelo Falvetti vivió entre su Calabria natal, Palermo y Messina, siendo en estos lugares Maestro di Capella, fundando en la segunda de estas ciudades la Unione dei Musici. Sacerdote católico, compuso una serie de obras musicales, la mayoría relacionadas con temas bíblicos entre las que destaca Il diluvio universale estrenada en 1682, una obra que se forma con partes cantadas con diversos personajes tanto humanos como alegóricos. Noé y su esposa Rad, cuyo nombre no se menciona en La Biblia, comparten repertorio con el Agua, la Muerte, la Justicia Divina, Dios o la Naturaleza Humana. Se trata de un Oratorio en Drama que consta de cuatro cuadros o escenas: En el cielo, En la tierra, El gran Diluvio y En el arca de Noé.
En el tercero de los cuadros, una vez finalizado el Diluvio incluye el dúo para sopranos Ecco l'Iride paciera (Aquí está el pacífico arco iris), una pieza que recrea una deliciosa danza que en el enlace que nos acompaña está interpretado por tres voces. Las sopranos Mariana Flores, Caroline Weynants y Amélie Renglet, acompañadas en la parte final por el coro junto con la voz de Leonardo García Alarcón, director de origen argentino, clavecinista y fundador de la agrupación Capella Mediterranea, interpretan esta danza de esperanza con que finaliza el diluvio.



El inicio de El Decamerón se sitúa en una de las capillas de Santa Maria Novella, una iglesia de Florencia en la que siete mujeres y tres hombres deciden salir de la ciudad y dirigirse al campo a la espera de la remisión de la epidemia. 
Antes de centrarse en el desarrollo de su historia, Boccaccio dedica unas páginas a describir distintas situaciones que reflejan las actitudes y reacciones de quienes vivieron la situación y que, con ciertas diferencias, nos pueden parecer familiares.


Gaeteno Donizetti, uno de los compositores que suelen aparecer en este blog gracias a obras como L'elisir d'amore, Lucia di Lammermoor o Don Pasquale, entre otras, también dedicó una de sus obras a la historia bíblica de Noé. Poco conocida, Il Diluvio Universale es una obra que se basó en la obra de Lord Byron Heaven and Earth (Cielo y Tierra) y que se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles en 1830. Pese al interés y buen hacer de Donizetti y su libretista, algunos errores en la elección de intérpretes, no del protagonista que fue el bajo Luigi Lablache -quien más tarde protagonizaría Don Pasquale en su estreno- y una escena final del diluvio que, al parecer, llegó a ser risible, hicieron que esta obra apenas haya sido representada.
En el enlace podemos oír la obertura de Il Diluvio Universale en una interpretación de la Orquesta Sinfónia Gaetano Donizetti de Gessate dirigida en octubre de 2008 en la Chiesa Parrocchiale de la citada ciudad por Mº Pierangelo Pelucci.


Quizás la mayor aproximación literaria a este tipo de epidemias o catástrofes sea la que refleja Albert Camus en La peste.
El escritor francés de origen argelino centra la acción de la novela en una epidemia de peste en la ciudad de Orán. Allí, la llegada de la epidemia acaba con la actividad comercial a la vez que trastoca los sentimientos y actitudes de sus habitantes.



Nacido en Valls (Tarragona) e hijo de padre suizo y madre francesa, Robert Gerhard se consideró en todo momento un compositor español desde su nacimiento a finales del XIX hasta su fallecimiento en el exilio en Oxford en 1970.
En 1964 estrenó su cantata o, hablando con más propiedad, su melólogo La Peste basada en la obra de Camus, una obra que sintetizó en dos personajes: un narrador y un coro que son acompañados por la orquesta. El narrador va desarrollando la explicación de la historia y el comportamiento del pueblo, mientras el coro representa a este pueblo que recibe el azote de la peste. El texto es el centro de esta obra, pero la música de Gerhard amplifica y transmite el valor expresivo de la palabra, otorgándole un clima de angustia que refleja de forma magistral el sentido de la novela.
De los enlaces disponibles en la red nos acompaña la versión de la Joven Orquesta Nacional de España con el BBC Symphonie Chorus y la voz de Michael Lonsdale dirigidos por Edmon Colomer que se pueden oír mientras se sigue la narración de Camus.
El primer enlace se titula Déclaration de l'épidémie (Declaración de la epidemia).



Hijo de una familia muy modesta, Albert Camus tuvo una infancia paupérrima que se agravó con el fallecimiento de su padre en la Primera Guerra Mundial cuando él contaba con un año de edad. Tras desarrollar a duras penas sus estudios gracias a su brillante inteligencia, se gradúa en Filosofía y Letras, aunque no le permiten dar clases por estar afectado de tuberculosis. Más adelante trabaja como periodista, llegando a publicar multitud de ensayos, así como obras de ficción entre las que destacan las novelas El extranjero y La peste, algunos cuentos y varias obras de teatro como Calígula o El estado de sitio.
En La peste, Camus muestra un abanico de sensaciones, sentimientos y actitudes que van desde la indiferencia, la falta de empatía o la pasividad iniciales cuando se manifiesta la epidemia, hasta la solidaridad, la cercanía hacia los demás y la fraternidad.
Un narrador va relatando de forma impersonal, como testigo la situación que conoció en Orán siguiendo las tribulaciones de los principales personajes: el doctor Rieux, Tarrou, su amigo y confidente o el periodista Rambert quien, separado de su novia por la distancia, desea salir de la ciudad para encontrarse con ella. La evolución de estos personajes, así como cuantos les acompañan se va desgranando a lo largo del desarrollo de la enfermedad y sus propias evoluciones vitales.
En el texto que nos acompaña, el cronista reflexiona sobre la importancia de las acciones generosas que aparecen en estas situaciones.


En The Plague (La Peste), Gerhard crea un entramado que provoca en el espectador una sincera emoción gracias al contraste entre la voz neutra del narrador y el efecto sonoro de la orquesta y el coro. El hecho de unificar a los personajes de la novela en narrador y coro y reducir la duración a poco menos de una hora concentra el dramatismo de la composición otorgándole una mayor fuerza.
El siguiente enlace se titula La fermeture des portes de la ville (El cierre de las puerta de la ciudad) en el que se narra una situación que ya nos va resultando conocida.


Otra obra literaria que se acerca a este tipo de epidemias es la novela de Alessandro Manzoni I promessi sposi (Los novios) una obra que se desarrolla en los alrededores de Milán y la propia ciudad entre los jóvenes Renzo y Lucia durante el siglo XVII en la narración de sus peripecias para poder contraer matrimonio. 
Un tanto irregular en su desarrollo, la segunda parte de la novela tiene como elemento fundamental de la acción la epidemia de peste que diezmó la Lombardía. Esta novela está considerada una de las obras fundamentales de la literatura italiana junto con la Divina Comedia y su autor, el poeta y escritor Manzoni fue uno de los personajes más celebrados de su época. Un año después de su fallecimiento, su amigo Giuseppe Verdi compuso su Misa de Requiem para evocar su memoria.



La obra de Gerhard usa del melodrama pero, según su autor, sin ser tratado éste melodramáticamente. El recitado del narrador, como decíamos tiene un tono neutral, pero su ritmo y su tono forman un elemento prácticamente musical que se funde con el entramado de la orquesta y el coro conformando un melólogo que se acerca a la esencia de la obra de Camus.
El siguiente enlace, dentro de la misma grabación dirigida por Edmon Colomer, corresponde a Les enterrements, título que es innecesario traducir y que finaliza con un sonoro silencio.


La peste es un símbolo en la obra de Camus, la metáfora que favorece la conciencia de los otros y que mueve a la solidaridad. 
También puede entenderse como metáfora de los regímenes totalitarios, especialmente del nazismo que acababa de ser derrotado cuando se publicó la novela, lo que da más sentido al final de la misma. Además de una obra sobre esa enfermedad, es una reflexión sobre la enfermedad moral que va extendiéndose entre todos los habitantes hasta infectarlos y acabar con ellos. Los muros de Orán se erigen como la imposibilidad de cada uno de nosotros de escapar de nuestra propia realidad, por lo que ese mal no es algo concreto y localizado, ya que puede encontrarse en cualquier persona.
Así, La peste es una obra cargada de una carga moral enorme en la que Camus advierte que la enfermedad no afecta sólo a quien se contagia, sino que alcanza a los que aún están sanos y optan por los dos extremos posibles, la generosidad en sus acciones y el egoísmo. 
Nos acompaña un texto que incide en la soledad que se produce entre las personas afectadas y cuyo reflejo podemos encontrar en cualquiera de las situaciones que nos acompañan.


Volvemos a Il Dilvio Universale de Falvetti, una autor de la generación posterior a Monteverdi, a quien reconocemos autor de la primera ópera que se conserva. Y en esta nueva mirada fijémonos en la muerte, mas para reírnos de ella, para exorcizarla. Hagamos que deje la voz grave con la que la imaginamos, con su aspecto duro y serio, irremediablemente trágica. En esta ocasión se nos presenta con la voz aguda del contratenor Fabián Schofrin, la cara blanca y cómica y la interpretación de esos bailes que, según la tradición,  se utilizaban para sanar, para hacer bailar a los enfermos picados por una tarántula, para que con su sudor sacaran el veneno del cuerpo. La Muerte interpreta, cercana, risible, desmitificadora, una tarantella. Una vez terminada nos ofrecen un bis sobre la melodía anterior. Seguimos con la Capella Mediterranea y la dirección de Leonardo García Alarcón.


La peste finaliza con la desaparición de la enfermedad y, por tanto, de sus consecuencias. Nos ofrece un punto de esperanza, haciéndonos ver que, a pesar de todos los males que puedan asolar al mundo en forma de plaga o epidemia, siempre podemos tener la esperanza de ver aflorar lo mejor de cada persona y del género humano. Mas Camus no es en absoluto un ingenuo y sabe que ese sentimiento tan humano como es la fraternidad es posible, aunque puede desaparecer en determinados momentos. Así lo anuncia: 




La última pieza de The Plague muestra el final de la novela, caótico y alborotado. La desbordante alegría del pueblo contrasta con el neutro relato del narrador, logrando una diferencia entre la sensación de felicidad de que lo ha finalizado y la preocupación por lo que puede volverse a repetir.



El último de los episodios La fin soudaine de l'épidémie (El fin repentino de la epidemia) está interpretado, como los anteriores por la Joven Orquesta Nacional de España con el BBC Symphonie Chorus y la voz de Michael Lonsdale dirigidos por Edmon Colomer.
Pronto, aunque con más o menos cicatrices, nos encontraremos en esa situación, alegres y sensatamente preocupados. Lo veremos.



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Bibliografía y webgrafía consultadas: