Durante todo el 2020 se ha celebrado el 250 aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven que ocurrió el 16 de diciembre de 1770.
A lo largo de todo el año se habían organizado eventos, exposiciones y conciertos en todo el mundo dedicados a recordarnos su figura y su obra, aunque los planes iniciales se han debido modificar o suspender por razones obvias con la pandemia producida por el Covid-19.
Exposiciones, visitas a lugares relacionados con el compositor como las que estaban previstas en Bonn, su ciudad natal, han sido suspendidas o vueltas a diseñar, presentando algunas los eventos de forma virtual. Páginas como Beethoven Jubiläums GmbH están dedicadas a dar a conocer su figura y algunos de los acontecimientos que estaban programados para ofrecerlos a todos los que deseen a través de internet.
Muchos teatros y salas de concierto, en coordinación con orquestas y todo tipo de agrupaciones habían programado para el año obras del compositor, algunas de las cuales se han suspendido, mientras una mayoría se han desarrollado, ofreciéndose sus interpretaciones a través de las redes sociales, emisoras de radio especializadas en música clásica o en grabaciones de discos.
Un recorrido por las distintas publicaciones con las que hemos querido celebrar el 250 aniversario del nacimiento de uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
En este blog han ido apareciendo a lo largo de todo el año 2020 una serie de publicaciones dedicadas a dar a conocer la vida y obra de Beethoven, que han ido desde sus primeras obras musicales hasta la relación que tuvo con algunos de sus contemporáneos, la amistad que desarrolló con el hijo de uno de sus amigos de la infancia hasta desarrollar la génesis de algunas de sus obras.
En esta publicación recopilamos las publicaciones dedicadas a Beethoven a las que se puede acceder también desde la Página #Beethoven250 que se puede encontrar en la parte superior de este blog.
Saber que están disponibles para que en cualquier momento se pueda acceder a ellas es un forma de recordar a uno de los compositores más importantes de todos los tiempos y de contribuir a la celebración de este 250 aniversario del nacimiento de Beethoven.
Para poder leerlas sólo hay que clicar en el enlace que se encuentra marcado en verde con el título de la publicación.
En Las primeras obras de Beethoven se recogen las primeras obras que compuso en su Bonn natal, que no quiso que aparecieran en su catálogo de Opus y que ya mostraban la importancia del compositor.
La única de las publicaciones escrita antes de 2020 nos muestra cómo fue Un encuentro entre dos genios, que se produjo en Viena entre Beethoven y Rossini.
En esta ocasión no fueron dos músicos los que se encontraron, sino los más grandes representantes de la música y la literatura alemana de su tiempo. Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Goethe muestra una relación deseada por el compositor y que no se desarrolló como ambos desearan.
Una película canadiense narra la relación entre un pequeño vecino y el compositor inspirada en la verdadera historia entre Gerhard von Breuning y el compositor: Mi vecino se llama Beethoven.
El primer viaje que le organizaron a Beethoven para conocer mejor la música que se hacía en Viena da pie a conocer cómo fue el fugaz encuentro entre un músico consagrado como Mozart y un joven aspirante a músico. Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Mozart.
Solo una ópera forma parte de la obra musical de Beethoven. En esta publicación se recuerdan las vicisitudes, los diversos cambios y estrenos que se produjeron en una obra como Fidelio: La Libertad, Beethoven y Fidelio.
La última de las publicaciones dedicadas al compositor para celebrar el 250 aniversario de su nacimiento se centra en sus últimas semanas de vida: La muerte de Beethoven.
No es que nos parezca tan importante la figura de Beethoven que pensemos que debería seguir vivo. Beethoven contaba con cincuenta y seis años, una salud delicada desde hacía muchos y una conocida sordera casi total, pero aún tenía por delante mucho que componer, muchos planes e ideas para desarrollar en su cabeza, seguía ofreciendo obras que en ningún momento anunciaban su ocaso.
Simplemente, su fallecimiento se debió a un cúmulo de circunstancias que desembocaron en tan fatal desenlace.
Una neumonía doble tras una crisis familiar, una salud que venía debilitada desde hacía unos años y unos días en que no aparecieron los médicos por su casa fueron el caldo de cultivo para que una enfermedad que estaba aletargada surgiera con toda su potencia para terminar con la vida de uno de los genios de la música. ¿Quién no tiene curiosidad por conocer cómo fue el fallecimiento de uno de los más grandes compositores de la historia de la música?
Muchas biografías se han escrito sobre el compositor de Bonn, las primeras, varias décadas después de su fallecimiento, en no pocas ocasiones con poca información contrastada sobre hechos y acontecimientos; en otras, con fuentes de información que, cuanto menos, no eran fidedignas y que se podrían catalogar como interesadas. En estos momentos podemos acercarnos a su vida y obra de la mano de biógrafos interesantes como Romain Rolland, el recientemente desaparecido Maynard Solomon o los Massin.
De todas ellas, nos vamos a basar en Ludwig van Beethoven de Jean y Brigitte Massin, una minuciosa, detallada y excelente biografía que, en cierta manera recoge algunas de las informaciones de biógrafos anteriores como Rolland, las contrasta, razona y obtiene sus propias conclusiones.
Aprovechando que el día 16 de diciembre se conmemora el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, te invito a descubrir cómo fueron las últimas semanas del compositor. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
En las redes se pueden seguir informaciones, trabajos e interpretaciones a través de los hashtags #Beethoven250, #Beethoven2020 o simplemente, #Beethoven.
Beethoven en su lecho de muerte, por Josef Telstcher (26 de marzo de 1827)
Situémonos.
Tras el intento de suicidio de su sobrino Karl, Beethoven dedica el mes de agosto de 1826 a terminar los dos primeros y el cuarto movimiento de su Cuarteto de cuerda nº 16. En septiembre terminará el tercero de los movimientos, el Lento, al que pondrá por título "Dulce canto de descanso, canto de paz."
Su hermano Johann, quien se refería a sí mismo ante la familia como "propietario-terrateniente", lo invita, como todos los años, a pasar una temporada en Gneixendorf, en una propiedad que poseía a orillas del Danubio. Todos los años Ludwig rehusaba por la poca simpatía que tenía a su cuñada, aunque en esta ocasión acepta.
El 28 de septiembre, junto con Karl se dirige a la propiedad de Johann donde pasarán dos meses. Todos se esfuerzan por tener una agradable convivencia. Su cuñada hace todo cuanto está en su mano para atender la estancia, el compositor reanuda sus paseos por el campo, lo que le hace sentirse de nuevo feliz, y termina de dar los últimos cambios a su Cuarteto nº 16, además de componer el Rondó que sustituirá la Gran Fuga del final del Cuarteto nº 13, que será su último arreglo. El 7 de octubre enferma y dicta una carta a su sobrino Karl desde la cama, aunque se recupera en unos días.
Pero la convivencia no dura mucho en estos términos. La vulgaridad de su hermano y su cuñada exasperan al compositor y estos se cansan de fingir y desvivirse en su convivencia con él. Hay frecuentes explosiones en las relaciones entre ellos y con Karl. Así, en esta situación, se desencadena el final de la estancia que, en cierta medida, abocará en el final de la vida de Beethoven.
Siguiendo la biografía de los Massin nos acercamos a su desarrollo.
Varios personajes aparecen en las últimas semanas de vida de Beethoven, de la misma manera que lo estuvieron con anterioridad.
Stephan von Breuning, amigo de la infancia de Beethoven y padre de Gerhard, quien protagonizó la publicación Mi vecino se llama Beethoven. Ambos son vecinos en la Schwarzspanierhaus, el edificio en que morirá el compositor. Anton Schindler, amigo, persona de confianza y ayudante de Beethoven, el primero en quien se fijaron los biógrafos para sus estudios y de quien el tiempo ha demostrado que su interés personal llevó a tergiversar y manipular en provecho propio cuando hizo y dijo, actuando como un hombre de dos caras. También aparecen algunos otros amigos como Holz o Moscheles, editores y músicos, además de doctores que aparecieron en los últimos momentos de su vida, ya por su admiración hacia la persona, ya por razones médicas, como el doctor Wawruch, un reputado profesor de patología, que fue quien se hizo cargo de la enfermedad del compositor.
Tras unos primeros días en que parece que la enfermedad está siendo superada, el 9 de diciembre, Beethoven se siente mejor, se levanta y camina por la habitación, dicta una carta a su sobrino Karl y comienza a acariciar nuevos proyectos. Pero la marcha definitiva hacia la muerte comienza en esa noche del 9 al 10. Después de unos años con muchas enfermedades, la neumonía doble que sufrió con la marcha a Viena y los disgustos que la acompañaron, dejaron el camino libre para una cirrosis que se manifestó con toda su crudeza en ese momento.
Se desconoce qué sucedió esa noche, aunque algunos biógrafos como Romain Rolland o Massin piensan que pudo ser una grave discusión con Karl el detonante que manifestó la enfermedad, o una visita, o quizás una carta. El caso es que el doctor Wawruch anotó tras su visita en la mañana del 10 de diciembre:
Le encontré muy agitado, la ictericia extendida por todo el cuerpo; una espantosa colerina le había atacado durante la noche. Una violenta cólera, un profundo sufrimiento, causados por un acto de ingratitud hacia él y por una ofensa inmerecida habían provocado esta fuerte explosión. Temblando y estremeciéndose, se retorcía bajo los dolores que le roían el hígado y los intestinos. Sus pies, que hasta entonces habían estado tan sólo un poco tumefactos, empezaron a hincharse enormemente. A partir de este momento, la pleuresía se manifestó, la orina disminuyó, el hígado presentó signos visibles de nódulos duros y la ictericia siguió su curso. La intervención afectuosa de sus amigos calmó pronto la auténtica revolución que se había adueñado de él: se tranquilizó y olvidó la afrenta que había sufrido. Pero la enfermedad avanzaba a pasos agigantados.
Wawruch
El 14 recibe un regalo que le llenará de alegría. Un fabricante de arpas londinense, Stumpff, le envía una edición con las obras completas de Häendel en cuarenta volúmenes, un compositor del que Beethoven sentía que aún podría aprender música. El compositor fue hojeando los libros que el pequeño Gerhard von Breuning le iba acercando uno a uno, apilándolos después junto a la cama mientras alababa al compositor como el más grande y hábil de los músicos, el más clásico y profundo de todos los poetas musicales que habían existido.
Poco después, el día 20 de diciembre se le realiza una punción para bajar la hinchazón producida por la hidropesía.
Schindler aparece poco durante estos días debido a los preparativos de su propia boda, el doctor Wawruch y sus ayudantes lo visitan con frecuencia, amigos como Holz también continúan visitándolo, pero los que no se ausentan son Stephan von Breuning y su hijo Gerhard, cada vez más fiel compañía, y su hermano Johann que llegó el día 10.
La Schwarzspanierhaus, la última residencia de Beethoven antes de su demolición en 1903
La última de las composiciones de Beethoven, salvo algunos arreglos de otras obras, es el Cuarteto para cuerda nº 16, que escribió entre agosto y septiembre de 1826 rodeado de problemas de salud y tras el intento de suicidio de su sobrino Karl. Sin embargo, este cuarteto es una obra agradable que no muestra ni dolor, ni angustia ni siquiera la autocompasión de una persona enferma.
El primer movimiento es un Allegretto que se presenta en forma de sonata del más puro estilo clásico. El tema está escrito en forma que evoca una marcha, en compás 2/4, con frases cortas que imprimen un estilo lúdico con algunos cambios súbitos en la melodía y la armonía, junto con interrupciones a mitad de frase.
Takács Quartet nos ofrece este primer movimiento del Cuarteto para Cuerdas, nº 16 en una grabación en estudio realizado en la Colorado Public Radio en febrero de 2019.
El tiempo va pasando con el compositor en la cama. El 8 de enero se le practica una nueva punción y el 2 de febrero una tercera.
En estas semanas, la compañía del pequeño Breuning se alterna como momentos en los que logra trabajar con un gran esfuerzo. Su sobrino Karl se ha marchado con su regimiento y no volverán a verse. A mitad de febrero trabaja sobre un quinteto para Diabelli.
A finales de mes, Schindler hace que le entreguen las partituras de la Novena Sinfonía y el 8º cuarteto, que venderá posteriormente al rey de Prusia, mientras escribe en los cuadernos de conversación que utiliza Beethoven para comunicarse:
¿Cómo podéis suponer, ni siquiera imaginar, que yo pueda estimar tan poco un regalo vuestro como para venderlo?
Mascarilla fúnebre de Beethoven realizada en yeso.
Dejado de lado por la sociedad vienesa que escucha la música de autores más jóvenes, entre la soledad y el olvido, hay aún quienes pasan a verlo. Zmeskal informa al archiduque Rodolfo que jamás se interesa por preguntar, al menos una docena de músicos y amigos que lo visitan con frecuencia, como Wolfmayer que lo visita el día de su tercera punción y sale de la vivienda llorando emocionado.
En esos días, cuando el sufrimiento es más soportable, Beethoven pide un libro de Walter Scott, comienza a leerlo y lo arroja gritando: "¡Este no escribe más que por dinero!." Luego pide un ejemplar de La Odisea, uno de sus libros de cabecera, que lo tranquiliza.
El segundo movimiento del Cuarteto para Cuerda nº 16 se desarrolla en un tempo Vivace, siendo un scherzo y un trío con una estructura clásica en la que aparecen asimetrías rítmicas que interrumpen el compás de 3/4, modulando armonías cromáticas y melodías que se solapan abruptamente, generando una de las obras de cámara más cómicas de Beethoven, no en vano el término scherzo hace referencia a una broma musical.
De nuevo el Takács Quartet nos ofrece este segundo movimiento, Vivace, del Cuarteto para Cuerdas, nº 16 en una grabación en estudio que realizaron en la Colorado Public Radio.
El 15 o 16 de marzo recibe un aviso de la Sociedad Filarmónica de Londres que le dona la enorme cantidad de 100 libras esterlinas (1000 florines de oro), lo que le produce una gran alegría en unos momentos en los que no recibe beneficios de su trabajo. Esta noticia sorprende a los vieneses en su orgullo. Muchos no pensaban que Beethoven se encontrara tan mal, otros se indignan por su falta de patriotismo al solicitar el dinero a los ingleses, pero pocos ven sus razones y lo comprenden.
El 18 de marzo dicta a Mocheles una carta en la que agradece a la Sociedad Filarmónica de Londres su donación, ofreciéndoles alguna obra como "una nueve sinfonía ya iniciada (la Décima), una nueva obertura sobre el nombre de Bach", comunicarles que ha utilizado el dinero y que enviará una copia de su Novena Sinfonía que había transcrito para metrónomo durante el verano. Será su última carta.
Ese mismo día Wawruch le anuncia el próximo final, Beethoven acepta que se llame a un sacerdote y, una vez confesado, dice a los presentes "¡Plaudite, amici, finita est comoedia!" (¡Aplaudid amigos, la comedia ha terminado!), una frase atribuida a Octavio Augusto.
Del relato de su fallecimiento nos quedan las palabras del pequeño von Breuning y de Anselm Hüttenbrenner, testigos directos del suceso.
El tercer movimiento del Cuarteto para Cuerda nº 16 fue el último que compuso en los días finales de septiembre, con una indicación de Lento assai, cantante e tranquillo, un movimiento contrastante entre el anterior y el último. Se trata de un movimiento lento pero carente de pesadez y gravedad, en el que predomina un sentimiento sosegado a la vez que ligero y leve que tituló como"Dulce canto de descanso, canto de paz".
En esta ocasión, la interpretación corresponde al Danish String Quartet, en una grabación que se levó a cabo dentro del DSQ Festival 2018, The Copenhagen Cycle celebrado en octubre de ese año.
En la biografía Ludwig van Beethoven, Jean y Brigitte Massin no se detienen a referirnos el entierro del genio, sino algunos hechos relacionados con los días siguientes a su fallecimiento, con actuaciones de algunos personajes que desvelan los intereses personales de algunos de quienes le acompañaron en los últimos momentos, junto a otros que mostraron siempre su integridad y amistad hacia el compositor.
Es en estos días cuando se desvelan algunos de los más escondidos secretos del compositor y que han sido tan fundamentales para conocerlo como el Testamento de Heiligenstadt, la Carta a la Amada Inmortal y dos retratos de mujer.
El Cuarteto para Cuerda nº 16 que nos acompaña en esta publicación no fue editado en vida del compositor. Varias semanas después del fallecimiento, el 12 de abril de 1827, Schindler escribió al editor Schlesinger para preguntarle qué número de Opus le correspondería a este cuarteto que el compositor le había entregado y si aún no tenía dedicatario. Finalmente, el número de catálogo que le correspondía fue el Opus 135, mientras la dedicatoria fue para Johann Neopomuk Wolfmeyer, un comerciante textil, mecenas y amigo de Beethoven.
Funeral de Beethoven, pintura de Franz Stöber
El último movimiento del cuarteto nos lleva a un razonamiento trágico... aparentemente. En el encabezamiento de la partitura, Beethoven escribe Der Schwer gefasste Entschluss(Una decisión de pe<o) y, tras la indicación Grave ma non troppo tratto en fa menor, anota Muss es sein? (¿Debe ser?). Cuando el chelo y la viola parecen estar haciendo con gravedad esa pregunta en la introducción, la música se transforma en un Allegro en Fa mayor junto a las palabras Es muss sein! (¡Debe ser!), cuyas tres sílabas forman el ritmo del tema principal. ¿Cuál es esa difícil decisión? ¿Qué filosófico razonamiento pensaba transmitirnos Beethoven con estas palabras?
En realidad, todo apunta a que se trata de un intercambio de notas entre el compositor y uno de sus amigos referente a un pago de dinero, nada trascendental, lo que se deja traslucir en el tono humorístico de la pieza y el desenfadado pizzicato que prepara el final del cuarteto.
El enlace con el que nos despedimos de la última obra y del compositor está interpretado por el Hagen Quartet, formado por los hermanos Hagen, Lukas al violín, junto con Rainer Schmidt (que sustituyó a Angelika unos años después de la fundación), Veronika a la viola y Clemens al chelo.
Desde el 12 de enero de 2003 la partitura original de la Novena Sinfonía de Beethoven permanece inscrita de manera oficial como Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO.
Con este nombramiento se reconoce esta composición como una obra maestra de la creación humana, una de las piezas que mejor representan el pensamiento y la cultura de una época, a la vez que otorga a su autor un lugar en el que ya se encontraba como uno de los más grandes genios creativos de cualquier esfera de la cultura humana de todos los tiempos.
Así, una obra que es por su carácter musical inmaterial, se haya junto a otras grandes creaciones artísticas de cualquier tipo, adquiere un carácter universal y atemporal que la hace equiparable a las pirámides de Gizeh en Egipto, la Gran Muralla China, la Alhambra de Granada, o tantas obras materiales.
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven se nos presenta una ocasión única para recordar su valor, las vicisitudes que tuvo su composición o su estreno, y cómo la obra fue la culminación de una vida musical que tiene los versos de su parte coral en la juventud del compositor y que le fueron acompañando hasta que terminó, como si de una novela se tratara, en la última gran obra del genio de Bonn. #Beethoven250, #Beethoven2020, #Beethoven.
Te invito a recorrer una de las obras que está considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, la Novena Sinfonía de Beethoven. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
La Novena Sinfonía supone un compromiso de Beethoven con el porvenir, un futuro que va mucho más allá de la Revolución Francesa, un mundo en que los seres humanos sean considerados iguales. Y este futuro lo lleva el compositor desde el presente en el que lo compone, razón por la cual fue incomprendida por muchos esta obra en sus primeros momentos.
Así, esta idea visionaria de Beethoven se expresa en su última sinfonía de manera singular y más precisa que en ninguna de sus obras, finalizando de modo sublime:
"Hermanos, sobre la bóveda estrellada, tiene que habitar un Buen Padre. ¿Os postraréis, millones de seres? ¿Presientes al Creador del mundo? Búscalo por encima de la bóveda estrellada. Sobre las estrellas debe habitar."
Los versos de Schiller, el tema musical que ya tenía en mente desde su Fantasía para piano, coro y orquesta, su Opus 80, la forma en que introduciría el coro en la parte final de la composición, todos estos elementos estaban fluyendo en el interior de Beethoven desde hacía tiempo.
Para acompañar nuestro recorrido en forma de homenaje a esta sinfonía nos basamos en la biografía Ludwig van Beethoven de Jean y Brigitte Massin, una de las más importantes, rigurosas y completas de las que se han escrito sobre el compositor, junto con la de Maynard Solomon, fallecido varios días antes de editarse esta publicación o la de Romain Rolland.
La Novena Sinfonía es una de las grandes obras de la historia de la música, y una de las obras que mejor reflejan el carácter y la evolución de Beethoven.
Si bien Ludwig van Beethoven la compuso en varios años, desde aproximadamente 1817, aunque de modo más intenso entre 1823 y 1824, la obra surge como una consecuencia de su peripecia vital y musical. Hay ideas que germinaron en su etapa juvenil de Bonn que acabarán dando fruto en esta sinfonía, cerrando un ciclo que muestra el carácter de la idea musical y filosófica que desarrolló Beethoven a lo largo de su vida.
El hecho de que transcurrieran una docena de años entre la Octava y la Novena sinfonías no es más achacable a la falta de ideas o motivación que a la crisis económica que desaconsejaba crear obras para grandes agrupaciones musicales, en un momento en que las orquestas de los nobles y grandes fortunas desaparecieron y se cambiaron por pequeños grupos de cámara.
Por una parte, la idea de crear una gran obra con la inclusión de un coro ya estaba en la mente de Beethoven, aunque aún no tenía forma concreta. Por otra, algunos de los motivos musicales que desarrollaría en la sinfonía ya se encontraban en forma de esbozos en algunas obras precedentes.
La obra anterior a esta sinfonía fue la Misa en Re mayor, conocida como Missa solemnis, una composición que le tuvo ocupado varios años por diversos motivos, y del que conocemos que por aquella época tenía en su mente un esbozo de lo que acabaría siendo su última sinfonía, aunque fuera de forma muy diferente a como él la ideó originalmente.
Siguiendo la biografía de Jean y Brigitte Massin podemos encontrar el momento en que el propio compositor toma nota de su idea original.
De entre las obras en que podemos intuir y apreciar las ideas que Beethoven llevaría a que sería su última sinfonía, la Op. 80, su Fantasía para piano, coro y orquesta, una composición de 1808, es una de las muestras más evidentes. Desde el segundo tema que esboza el piano hasta la irrupción de los coros y un final con una estructura e intención similar, esta fantasía es una muestra de que las ideas estaban dentro de él desde hacía mucho tiempo.
El director japonés Seiji Ozawa, con el desaparecido Peter Serkin al piano, el Rundfunkchor Berlin y la Berliner Philharmoniker nos muestran el final de Fantasía para piano, coro y orquesta en Do menor, Opus 80 de Beethoven en una grabación que se llevó a cabo en la sede de la orquesta en Berlín en abril de 2016.
Finalmente la idea de Beethoven fue tomando forma en la Novena Sinfonía, aprovechando el poema de Schiller que conocía desde su estancia en Bonn, quizás a través de Ludwig Fishcneninch, que acababa de ocupar su plaza como profesor de filosofía en la ciudad alemana. Este escribía a Carlota la esposa de Schiller el 26 de febrero de 1793 refiriéndose a Beethoven, según recogen en la biografía los Massin:
Le envío una composición de la Feuerfarbe y desearía saber su opinión
sobre ella. Es de un joven de aquí, cuyos talentos musicales serán
universalmente célebres. Él desea también poner música a Ode An die
Freude (A la Alegría), de Schiller. Espero de él algo perfecto, pues
por lo que sé está llamado a lo más grande y sublime.
Treinta años más tarde, Beethoven se disponía a poner música a una obra que guardaba en su interior durante tanto tiempo y en la que los versos de Schiller sustituirían a ese cántico religioso al modo antiguo con que finalizaría una nueva sinfonía.
Algunos estudiosos han apuntado que Schiller pensó en un primer momento en denominar a su obra Ode an die Freiheit (Oda a la Libertad), con una letra que podría cantarse con la música revolucionaria de La marsellesa, pero que se decidió por el texto y título definitivos para no tener conflictos con la censura. Entrando en el mundo de la especulación, algunos biógrafos de Beethoven apuntan la idea de que el compositor se basó en determinados versos en la letra original, aunque respetando la versión definitiva del poema. Así, en lugar de Todos los hombres serán iguales, quizás pensara en Príncipe y mendigo serán iguales, lo que hace que la música que acompaña ese verso se incline más a expresar la última que la primera idea. Especulaciones sin pruebas por el momento.
Respecto a su texto, el propio Schiller no lo consideraba lo suficientemente bueno para ser publicado, por lo que, además de alguna revisión, no le dio más importancia en relación con otras publicaciones suyas. En una carta a su amigo Körner, Schiller le escribía: "Esta obra quizás tenga valor para nosotros dos, pero no para el mundo."
En enero de 1824, una vez inmerso en la composición de su nueva sinfonía, Beethoven se dirigió a la Sociedad de Amigos de la Música de Viena para sondear si estarían dispuestos a participar en los gastos de una gran academia que acogiera el estreno de sus últimas obras. La respuesta no fue positiva, recordándole que aún no les había entregado algunas obras que ya le habían pagado.
Ante la negativa, Beethoven propuso a los músicos de Berlín que fueran ellos los que estrenaran sus últimas composiciones, siendo acogida con interés la propuesta. También acariciaba su idea tantas veces aplazada de viajar a Londres, donde sus obras triunfaban como en ningún otro sitio, y establecerse allí.
Ante esta situación, la aristocracia y la gran burguesía reaccionaron de la misma manera que lo hicieron con el compositor veinte años atrás, pensando que iban a perder al mejor de sus compositores y uno de sus grandes valores culturales. Le escribieron una carta suplicándole que estrenara en Viena estas últimas obras, mientras le recordaban que era el último de los supervivientes de lo que llamaban la Santa Triada, formada por Haydn, Mozart y el propio Beethoven.
En esencia la carta que le fue entregada en su domicilio en nombre de una treintena de personalidades vienesas no ofrece nada nuevo al compositor, sino un desesperado mensaje para que las obras se representaran en la ciudad por primera vez, además de unas promesas vacías de contenidos.
Siguiendo la biografía de Jean y Briggitte Massin podemos adentrarnos en la parte final de esta carta.
El Consejo de Europa eligió en 1972 el tema musical de la Oda a la Alegría en su versión orquestal como el himno de la institución, siendo adoptado de forma oficial en 1985 como himno de la Unión Europea. De esta forma se reconoce esta como una obra emblemática, la mayor expresión del lenguaje universal que posee la música y símbolo de los ideales europeos de paz, libertad y solidaridad.
Nos acompaña un falshmob sobre la melodía de la Oda a la Alegría interpretado por los miembros del Coro Hans Sahchs (en honor al protagonista de la ópera de Wagner) y miembros de la Orquesta Filarmónica de Nuremberg llevado a cabo en junio de 2014 frente a la Lorenzkirche de la ciudad alemana.
La fecha para el estreno se fija para el 7 de mayo de ese 1824, mientras se desarrollan negociaciones llenas de obstáculos y tribulaciones. Se le ofrece a Beethoven estrenar de nuevo en el Theater An der Wien, el lugar donde estrenó entre otras obras Fidelio, con la condición de que dirijan al coro y la orquesta los directores titulares del teatro, pero el compositor solo confía en Umlauf y Schuppanzigh, por lo que prefiere estrenar en el Karntnerthortheater, aunque tenga un aforo más limitado y las condiciones económicas sean más complicadas.
Entre Shuppanzigh, Lichnowsky y Schindler intentan crear un comité organizador, aunque Beethoven piensa que desean manipularle, por lo que les envía continuos mensajes negándose a verlos y continuar. Las solistas Karoline Hnger y Enriqueta Sontag lo visitan a menudo, mientras le hacen rabiar cariñosamente a la par que se quejan, acostumbradas a cantar los adornos de la ópera italiana, de lo complicado de sus pasajes, negándose "el tirano de sus voces" a cambiar una sola nota.
Antes del estreno hubo que solventar nuevas dificultades, en esta ocasión con la policía. La censura no permitía que la segunda pieza de la velada, que iba a ser la Missa Solemnis, se interpretara en un concierto, por considerarlo fuera del lugar de culto. Para solventar el conflicto, se permitió interpretar solo tres números, el Kyrie, el Credo y el Agnus Dei, todos con bajo la denominación de himnos.
Con todos los preparativos realizados, se anunciaba el concierto con los carteles habituales, quedando aún el recuerdo de algunos de ellos.
Como tenía pensado Beethoven en su diseño original, el tema cantabile se presenta en el tercer movimiento, pero es en el cuarto cuando comienzan las voces, estando la primera entrada a cargo del bajo al que contestan la orquesta y posteriormente el coro, permitiendo que la voz más grave desarrolle los primeros versos antes de que entren el resto de solistas.
El bajo Gerald Finley acompañado por el Netherlands Radio Choir y la Royal Concertgewovw Orchestra de Amsterdam dirigidos por Ivan Fischer nos ofrecen el inicio de la parte vocal de esta Novena Sinfonía de Beethoven en un concierto que se celebró en febrero de 2014.
Finalmente llegó el 7 de mayo, día del estreno, del que quedan algunas anotaciones en los cuadernos de conversación que utilizaban quienes entablaban diálogos con Beethoven, además de los escritos y recuerdos de quienes acudieron al mismo.
De nuevo acudimos a esta extensa, rigurosa y detallada biografía beethoveniana que es Ludwig van Beethoven de Jean y Brigitte Massin, uno de los grandes pilares para los aficionados a la obra del compositor de Bonn.
El cine tiene el poder de transmitir historias de forma intensa, para una gran cantidad de público y con una eficacia que otras disciplinas no llegan a alcanzar.
Hay películas que acercan realidades históricas a los espectadores. También las hay que introducen elementos ajenos a la historia original para ofrecernos un punto de vista más acorde con la visión de quienes las realizan, a costa de perder en rigor histórico. Es el caso, entre otras muchs, de películas como Amadeus, que indagaba en la relación entre Mozart y Salieri a partir de unos postulados que no poseían ese rigor histórico que pretendía transmitir.
Un caso similar es Copying Beethoven, una película dirigida por Agnieszka Holland que se centra en los últimos años de Beethoven y que introduce un personaje cercano al protagonista con la idea de acercar al público a la personalidad y creatividad del compositor. Así, Beethoven contrata a la ficticia Anna Holtz -interpretada por Diane Kruger- como copista, siendo su personaje quien nos adentra en la vida y obra del autor que nos acompaña en esta publicación.
De este film traemos la escena que nos muestra el estreno de la Novena Sinfonía de Beethoven, con todas las reservas que este tipo de licencias introducen en las historias reales que narran. El gesto final de girar al compositor de cara al público una vez terminada la interpretación sería el que hizo en su momento Karoline Unger, cuando se le acercó al finalizar la obra.
Otros aspectos, como la relativa audición o las conversaciones entre griteríos son más un acercamiento a lo que supuso el estreno que a la realidad histórica y psicológica.
Aunque la sinfonía tuvo un indudable éxito en su estreno, no ocurrió de la misma manera con algunos espectadores y la crítica. Los primeros, porque ya no eran seguidores de Beethoven y estaban más atentos a la música que triunfaba, de modo especial las óperas al estilo italiano de Rossini y otros compositores afines. Entre la segunda, porque no llegaban a entender una música que entroncaba más con el futuro que con el presente.
La biografía de Massin recoge algunos retazos de una obra que fue incomprendida por algunos sectores en un primer momento. Es reseñable que algunas de las críticas se realizaron varios años después del estreno, a partir de interpretaciones que se llevaron a cabo en los momentos en que se escribían, que hay incluso una que se llega a publicar antes del propio estreno y con la partitura aún sin conocerse, simplemente criticando las últimas piezas estrenadas. Por último, es también curiosa la reacción tras la revolución del 1848 que Wagner, desde el lado de los insurrectos en Dresde, recordó años más tarde.
Pocas sinfonías han sido tan interpretadas como esta Novena Sinfonía en re menor de Beethoven, su Opus 125. Pocas respetan y reflejan de un modo tan singular la obra del compositor como las que grabó en diversas ocasiones Karajan o ese inolvidable reencuentro entre las dos Alemanias que recogimos en Bernstein, Beethoven y Berlín y en la que el director americano hizo cantar al coro Freiheit (Libertad) en lugar del Freude (Alegría), en un guiño que entroncaba con el origen inédito de la oda de Schiller.
En esta ocasión nos acercamos a una versión interpretada en Salón Dorado del Musikverein de Viena con la soprano Annette Dasch, la contralto Mihoka Fujimura, el tenor Piotr Beczala y el bajo Georg Zeppenfeld con la orquesta titular, la Wiener Philharmoniker dirigida por el siempre eficaz y carismático Christian Thielemann en 2010.
La versión ofrece la oportunidad de seguirla, ya que está subtitulada con comentarios e indicaciones en castellano con el desarrollo de la obra.
Se trata de una oportunidad de disfrutar de una obra considerada patrimonio de la humanidad, tanto por primera vez para quienes no la conozcan, como en una nueva audición para los aficionados, dentro de la memoria de los 250 años del nacimiento de Beethoven.
El nombre y el prestigio de Beethoven proviene de su capacidad creadora, su enorme facilidad para componer música y situar al hombre como un ser libre y dueño de su destino en el centro de su producción. Su música no debe ser considerada solo por su intención musical, sino que trasciende al terreno de las grandes y nobles ideas.
Conocemos fundamentalmente a Beethoven por sus sinfonías, algunos de sus conciertos para piano, el de violín y algunos cuartetos y sonatas. Sabemos que Beethoven solo compuso una ópera y que esta fue revisada en, al menos, tres ocasiones. Sobre ella trataremos en esta publicación, además de traer algunas referencias a los cambios que el compositor introdujo con el paso del tiempo y que, en ocasiones, fueron propuestos por algunos de sus amigos y colaboradores.
Se pueden seguir a través de las redes sociales los haghtags asociados a la celebración de los dos siglos y medio que han transcurrido desde el nacimiento del compositor: #Beethoven250y #Beethoven2020.
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, te propongo un paseo alrededor de su única ópera, su génesis, sus cambios y algunas de las músicas que la forman. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
En alguna ocasión hemos traído a este blog algunas de las biografías que se han escrito sobre Beethoven. Volvemos a una de las más rigurosas, la obra Ludwig van Beethoven, de Jean y Brigitte Massin, un trabajo cuidado y detallado que profundiza en la vida y la obra de Beethoven, así como en las relaciones con quienes le acompañaron de una u otra forma.
La idea de componer una ópera le fue propuesta al músico de Bonn a finales de 1802 por Enmanuel Schikaneder, aquel empresario que fue libretista de Mozart en La flauta mágica, además de ser su primer intérprete. Beethoven se encuentra en un momento crítico en su vida: sus habituales problemas de salud se ven seriamente agravados por una incurable sordera que, además de llevarle a escribir aquel desesperado documento conocido como el Testamento de Heiligenstadt, le truncaba su prometedora carrera como intérprete solista y se abría a un nuevo tipo de composiciones como las óperas, las obras que convertían a sus autores en los verdaderos triunfadores de su época.
Antes de continuar con la gestación de la ópera de Beethoven, escuchamos una de sus oberturas, ya que esta obra cuenta con hasta cuatro versiones diferentes para su inicio.
En su estreno de noviembre de 1805 se abrió el telón con la que se conoce como Leonora 2. Meses después, en el estreno de marzo de 1806 se utilizó la más conocida de todas, Leonora 3. El año siguiente compuso la que para Beethoven sería Leonora o Leonora 1 para el estreno de la ópera en Praga. Así, las dos primeras serían relegadas por esta última.
Nos acompaña una versión de la más popular de estas oberturas, la denominada Leonora 3, una obra que ha pasado a formar parte de los repertorios de concierto, con la Orchestra or the University of Music Franz Liszt de Wimar grabada en 2015 con la dirección de Nicolás Pasquet.
Tras unos intentos de libretos a cargo del propio Schikaneder y algunos bocetos de Beethoven que no toman forma y, tras una remodelación de la dirección del Theater an der Wien, se decide el tema y el título de la ópera: Leonora, a partir de un libreto francés, Léonore ou l'amur conjugal (Leonora o el amor conyugal) de Pierre Gaveaux basado en un hecho real contrarrevolucionario, y que unía dos pasiones muy queridas para el compositor como la lucha por la libertad y el amor en el matrimonio, un hecho este último que siempre anheló y que, quizás por ese mismo afán de buscar el ideal, nunca llegó a realizar. Del libreto se encargará Joseph Sonnleithner.
Imagen de una representación de Fidelio en el Teatro Maestranza de Sevilla
La obra narra, a grandes rasgos, cómo Leonora se disfraza como Fidelio, para entrar como guardián de la prisión de Sevilla, para salvar a su esposo Florestán que está allí condenado a muerte por el gobernador de la prisión Don Pizarro por cuestiones personales y políticas.
Además, el hecho de tratar los temas de la libertad, la justicia o la hermandad entre todos los seres humanos, y un argumento cargado con una visión realmente política, hace que la obra -pensada a comienzos del siglo XIX- no haya perdido su actualidad. Hasta tal punto que una gran parte de los teatros de ópera de Europa inauguraron su primera temporada tras la Segunda Guerra Mundial con esta ópera, símbolo de la libertad y del restablecimiento de la paz.
Con el estreno previsto para el otoño, el relato de los Massin se acelera. Por un lado, la obra se termina de componer en el verano de 1805, y en otoño comienzan los ensayos bajo la dirección de Seyfried, cuya relación con el compositor es casi de desconfianza mutua. Pero los acontecimientos más complicados vienen de la invasión francesa de Viena a mediados de noviembre. Así, el día 20 del mes se estrena Leonora. Entre los espectadores, prácticamente ninguno de los habituales aristócratas y burgueses que habían huido a sus posesiones lejos de la ciudad. La mayoría eran oficiales franceses que no tenían interés en entender una música tan alejada de sus gustos musicales, si acaso los tenían. Así, la ópera fue un fracaso y el compositor la retiró del cartel tras la tercera representación.
En uno de los momentos más sublimes de la ópera, Beethoven introduce el cuarteto Mir ist so wunderbar (¡Qué sentimiento extraño!) que cantan Leonora -disfrazada como Fidelio-, Rocco -uno de los guardianes-, su hija Marcelina -enamorada de Fidelio- y Jaquino -ayudante de Rocco-. En este cuarteto, Beethoven escribe un canon en que cada personaje mostrando sus sentimientos, con una superposición de las líneas vocales de cada personaje.
Así, Marcelina se siente ilusionada al creer que Fidelio la ama; este se queja de tener que hacerse pasar por otra persona para encontrar a su esposo; Rocco se siente feliz al ver a su hija enamorada de un joven que le cae simpático, mientras Jaquino se siente nervioso y asustado al ver cómo está perdiendo a su amada Marcelina.
Representación de Fidelio en el Teatro Maestranza de Sevilla
Cuando comienza el cuarteto se paraliza la acción dramática, ya que los personajes no hablan entre ellos, sino que, en un aparte muy propio del teatro, expresan sus más íntimos pensamientos. La introducción de la orquesta ya revela que no hay acción y los personajes entran cada ocho compases en el orden indicado anteriormente. Todos interpretan la misma melodía que va poco a poco ascendiendo, como si Beethoven quisiera llevarlas a las cotas más altas del pensamiento, pero realizando una disociación entre aquella melodía que cantan y el sentido de lo que piensan. Mientras Marcelina y Rocco se sienten felizmente embriagados, Leonora tiene sentimientos contrapuestos y Jaquino se debate en su dolor.
Se trata de un cuarteto íntimamente maravilloso, digno de cualquier selección de momentos cumbres de la ópera.
Este cuarteto Mir ist so wunderbar está interpretado por Lucía Popp como Marcelina, Gundula Janowitz como Leonora, Manfred Jungwirth como Rocco y Adolf Dallapozza como Jaquino, todos ellos dirigidos en 1978 de nuevo por Leonard Berstein con la Orquesta de la Staatsoper de Viena.
El fracaso de la ópera no solo se debió a la falta del público habitual, sino a un libreto en tres actos con poca acción dramática -nada que ver con las óperas que triunfaban en el momento-, algo confuso en algunas escenas secundarias muy desarrolladas que hacían desviar la atención del público.
Así, algunos de los amigos y protectores de Beethoven lo instaron a revisar la obra, quitando partes que podían considerarse innecesarias y modificando algunos detalles y dejando que los dos primeros actos se fusionaran en uno solo, de forma que volviera a llevarse a la escena con mayor éxito. El compositor se negó apasionadamente a realizar las modificaciones propuestas en una tensa reunión que Joseph Roeckel, el tenor que sustituiría al primer Florestán, nos relata por estar presente en la misma.
El final del acto I muestra uno de esos momentos brillantes que trascienden de lo que la escena presenta. Leonora convence al carcelero de que permita que los prisioneros respiren un poco de aire puro.
La orquesta comienza en las cuerdas muy piano, mientras el oboe entona una melodía -¿quizás el roce del aire en la piel de los prisioneros?-.
Ese roce del aire en los cuerpos, la esperanza que sugiere la libertad, el anhelo de justicia lleva a los prisioneros a entonar este coro en el que los ojos no ven lo que está delante de ellos, sino que son el alma y el corazón las que les hace ver todas esas ideas tan elevadas.
El enlace pertenece a una producción de 2013 de la Berguen National Opera de Noruega y la Lithuanian National Opera dirigida por Oskaras Korsunovas con la Bergen Philharmonic Orchestra y Andrew Litton en la dirección musical.
Así, el 29 de marzo de 1806 se estrena la versión revisada de Leonora, que aún no se llama Fidelio, con menos éxito del esperado.
Stephan von Breuning, amigo de la infancia y padre del joven Gerard von Breuning que protagonizaba Mi vecino se llama Beethoven, publicada en este mismo blog, fue el encargado de remodelar el libreto.
De forma casual fue testigo del encuentro entre el varón Von Braun, director del Theater an der Wien y un furibundo Beethoven en el despacho del primero tras esta representación. Así nos lo narra, siempre según la biografía de los Massin.
El final de la ópera se traslada al patio de la prisión, donde el pueblo se ha reunido para recibir al ministro que, en nombre del rey ha venido a liberar a muchos de los prisioneros. Rocco le informa de la situación en que se encuentran Leonora y Florestán, el ministro reconoce al prisionero, un buen amigo al que creía muerto, y da a Pizarro el castigo que merece por los abusos que ha llevado a cabo.
Beethoven finaliza, como no podía ser de otra manera, con un coro solemne que celebra los grandes ideales: el amor, la libertad y la esperanza. Evocando un tema de su Cantata por la muerte del emperador José II escrita en su juventud en Bonn, el compositor refleja la oscuridad del fanatismo y del despotismo que se convierten en la luz de la Ilustración: "La gente ascendía hacia la luz y la Tierra giraba más feliz que nunca alrededor del sol". Este coro final está cargado de una elevación y una expresividad muy beethovenianas que, además de exaltar los valores de la Ilustración celebran el amor conyugal.
El enlace nos muestra la parte final del coro Heil! Heil sei dem Tag! con que concluye la ópera en una versión en concierto que del Wiener Opernfest de 2005 celebrado en la capital austriaca con la dirección de Seiji Ozawa.
La ópera apenas tuvo varias representaciones y quedó en el olvido durante varios años. Mas algunos fieles seguidores de la obra entre los que se encontraban amigos del compositor y algunos intérpretes decidieron hablar con él y volver a llevarla a la escena. Así, ocho años después del estreno, Beethoven aceptó, con la condición de que le dieran tiempo para remodelar la obra. Propone que el libreto sea modificado por Georg Friedrich Treitske, quien ha colaborado con él en algunas obras y se llevan a cabo los cambios que se consideran necesarios.
Entre Beethoven y Treitske se cruzan algunas cartas durante la colaboración que sirven a Massin para dejarnos conocer algunos detalles sobre la adaptación de una ópera que, desde ahora, se llamará definitivamente Fidelio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal) y será catalogada, en todas sus versiones como la Op. 72 de Beethoven.
Así, en mayo de 1814 se estrena la que será la versión definitiva de la ópera ya con el nombre de Fidelio en el Theater am Kämtnertor (Teatro de Carintia) con libreto del citado Treistske.
Una de las novedades de esta versión definitiva es el cambio que se introdujo en el comienzo del Acto II. En las primeras versiones, Florestán cantaba un aria heroica que concluía con las palabras "Florestán ha obrado bien" que se repetía en varias ocasiones. Treistske acabó convenciéndolo de que un prisionero sin esperanzas no es capaz de realizar ningún gesto heroico.
Wiener Staatsoper. Fresco de Moritz von Schwind inspirado en la ópera Fidelio
Así, Beethoven aceptó añadir un texto alternativo: una visión de la primavera y de la libertad que hace incorporarse a Florestán, quien volverá a caer al perder el sentido. El oboe toca en tres ocasiones un fa''', en su máxima altura, como indicación de un hombre al que le cuesta respirar.
El papel de Florestán es poco agradecido en esta ópera, ya que solo tiene este aria y a mitad de la obra, además de tener que interpretar, como un alarido que surge de lo profundo de su ser una nota tan alta como un Sol'' al comenzar inmediatamente después de la introducción orquestal.
El aria Gott! (¡Dios!) con que se inicia el Acto II de Fidelio está interpretada por el tenor alemán Jonas Kaufmann, uno de los grandes valores emergentes de la ópera actual en una representación que se llevó a cabo en la Ópera de Zurich en 2004 bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt.
Siguiendo la citada biografía beethoveniana, es precisamente a este aria a la que el propio Treitschke se refiere cuando narra cómo en fue en su domicilio cuando el compositor se sintió con la inspiración para componerla.
A continuación, los Massin narran, en palabras de Mauricio Kufferath, autor del libro Fidelio cómo surgió la definitiva versión de la obertura de la ópera, la denominada Obertura Fidelio que es la que se utiliza en la actualidad, aunque en su estreno el 29 de mayo de 1814 no llegara a utilizarse por lo precipitado de su composición. Al parecer, en su lugar se interpretó la obertura de Las ruinas de Atenas del propio Beethoven, no la citada de Las criaturas de Prometeo.
Finalizamos este recorrido por la única ópera de Beethoven, su génesis y algunos de sus momentos musicales, con la que ha quedado como la obertura definitiva de la obra, la cuarta de las versiones y que es la que abre las representaciones actualmente, conocida simplemente como la Obertura de Fidelio.
La interpretación corresponde a una representación en directo de la ópera con la dirección musical de Sir Simon Rattle.
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.