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APasionArte: Animalario

No se puede decir que los animales forman parte de nuestro mundo, como alguien podría afirmar. Nosotros formamos parte de un mundo en el que también hay animales. Y plantas. Y otros muchos seres vivos e inertes. Simplemente, somos parte de los habitantes, formamos parte del planeta.


Nuestra relación con los animales ha ido evolucionando desde el origen de nuestra historia: Desde los primeros que sirvieron como alimentos gracias a la caza, hasta los que comenzamos a domesticar como forma de obtener alimentos, vestido y fuerza para realizar trabajos. 


Con el transcurso de los siglos es nexo ha ido transformándose hasta llegar a un nuevo vínculo al pasar de animales domésticos a animales de compañía, e incluso, a formar parte de las relaciones familiares.


Este episodio de APasionArte encontraréis textos literarios que van de la prosa poética, al relato, la descripción y la autobiografía animal hasta la poesía. También hallaréis músicas que se mueven entre lo imitativo, la descripción mezclada con emociones y la parodia humorística. Toda una variedad de obras de distintos estilos y formatos.


Te propongo un recorrido por obras de autores de fama universal que nos invitan a reflexionar sobre las relaciones que tenemos con los animales y cómo han ido evolucionando. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, en este nuevo programa nos acompañan, no en este orden, animales de distinto pelaje, plumaje y condición gracias a escritores como Juan Ramón Jiménez, Cervantes, Pablo Neruda, Leopoldo Alas, Clarín, E.T.A. Hoffmann y músicas de Rossini (¿o quizás no?), Händel, Saint-Saëns y Gofré.


Este episodio de APasionArte puedes escucharlo en Radio Voz del Condado en el 105.40 do la FM o a través de su página web: radiovoz.lapalmadelcondado.org en el siguiente horario: Miércoles a las 13 y 19 horas, jueves a mediodía, a las 14 horas y en la noche del sábado a las 21 horas.


Como es habitual, este Episodio 4, Animalario también está disponible en IVoox como Radio Voz del Condado Apasionarte. Si te gusta, no dejes de suscribirte, marcar un like en la plataforma, compartirlo o recomendarlo entre quienes creas que le va a gustar.

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Un nuevo Año Nuevo

Dentro de los ciclos que se repiten cada año con esa mezcla que nos mueve entre el deseo de la repetición y el de los cambios, en el periodo de Navidad nos encontramos con una sucesión de celebraciones que comienzan con la Natividad, se acelera con el comienzo del año nuevo y finaliza con la festividad de los Reyes Magos
Recién terminada la Navidad, apenas una semana después llega el vértigo de la celebración del Año Nuevo. El cambio del calendario es un momento en el que solemos acumular preparaciones, sentimientos y emociones marcados por una cuenta atrás para la finalización del año, una cuenta adelante para comenzar el nuevo y el vértigo de la autoimpuesta alegría y los propósitos que solemos realizar. Apenas si nos queda tiempo en ese día para echar la mirada atrás y sólo unos momentos para mirar hacia el futuro.
Antes de entrar en la vorágine de la celebración de Año Nuevo te deseo que tengas un provechoso año y te propongo unas reflexiones con textos de Pablo Neruda, Rudyard Kipling y Alfred Tennyson acompañadas con música de Haydn y von Suppé. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


El cambio de año tiene en nosotros unos momentos en los que solemos despedirnos con frecuencia del que acaba. En los días previos no dejamos de saludar o despedirnos de nuestros conocidos aludiendo al nuevo año que llega y solemos tener pendientes una serie de tareas relacionadas con las preparaciones previas a ese cambio del calendario que se nos anuncia. De forma inconsciente vamos descontando los días que quedan para el año nuevo.

Cuando Alfred Tennyson perdió a su amigo Arthur Henry Hallam quedó muy afectado por su fallecimiento hasta el punto de escribir una de sus obras más importantes en su recuerdo. Después de diecisiete años en los que lo fue escribiendo y madurando lo publicó anónimamente en 1850 como In Memorian A.H.H. Obiit MDCCCXXXIII. El poema, que consagró a su autor, es una extensa elegía de 133 cantos con estrofas de cuatro versos yámbicos y rima ABBA, organizado, según palabras del escritor, en torno a tres celebraciones de la Navidad. Por el poema deambulan la desesperación en los primeros cantos, para dar paso a la duda cuando la mente controla ese sentimiento, a la esperanza en los cantos siguientes cuando es el espíritu quien va controlando a la mente, para terminar con la fe cuando se produce una armonía entre el espíritu y el sentimiento.
Publicado en diversas recopilaciones como El tesoro de la juventud o en In Memoriam y otros poemas, el primer texto que nos acompaña muestra la ambivalencia entre el deseo de que callen las campanas del año que finaliza y suenen las del año que comienza como una suerte de deseo de dejar atrás el dolor de la pérdida y afrontar lo que nos trae el año.


Siguiendo en la línea de las despedidas que solemos hacerle al año que concluye te traigo una obra singular y quizás única en su concepción. Empleado como Kapellmeister (Maestro de capilla) del príncipe Nikolaus Esterházy en su castillo campestre en Hungría, Joseph Haydn era a su vez el director del grupo de músicos que formaban la orquesta del aristócrata magiar. Ante un trabajo agotador por parte de los músicos, estos se quejaron de la necesidad de estar unos días en Viena y poder descansar con sus familias a las que no veían hacía tiempo. 
La solución que ofreció Haydn de cara a sus músicos y al príncipe fue, cómo no, a través de su música, componiendo su Sinfonía nº 45 (Hob. 1:45). Escrita para 2 oboes, fagot, 2 cuernos e instrumentos de cuerda. Los tres primeros movimientos siguen las pautas de este tipo de composiciones. Al Allegro assai le sigue un Adagio y el Minuetto Alegretto - trío habituales. En el cuarto movimiento, Finale presto, fue donde Haydn desarrolló su queja. Cuando todo parecía que el movimiento iba a finalizar según las normas musicales habituales se produjo una pausa y comenzó un Adagio inesperado. Conforme se iba desarrollando, los músicos apagaban las velas de sus atriles y se marchaban uno a uno mientras la música se volvía más íntima y pensativa hasta quedar los dos violines del propio Haydn y Luigi Tomasini que abandonaron la sala al finalizar su dúo. El príncipe Esterházy no necesitó más para entender el mensaje y dar unas vacaciones a su director de capilla y a sus músicos.
Qué mejor música para despedir un año que esta Abschiedssinfonie o Sinfonía de los Adioses interpretada por la Sinfonia Rotterdam dirigida por Conrad van Alphen y grabado en febrero de 2018 en The Nieuwe Kerk de La Haya. Los músicos que van abandonando la orquesta podemos equipararlos con estos últimos días que vamos descontando para la llegada del año nuevo.


La costumbre nos ha hecho distinguir el primer día del año de los demás con un sello particular. Sin ser una festividad de tipo religioso o político, el primero de enero está marcado en rojo en los calendarios y nuestras vidas por la mera circunstancia de cambiar el calendario, una efeméride que antes realizábamos en los antiguos almanaques en papel y que ya van pasando a mejor vida con la revolución digital.


La inquieta y fecunda mirada de Pablo Neruda también se fija en esta adornada fecha. Formando parte de su Tercer libro de las odas, dedicó una de ellas a glosar sobre esta fecha singular. En su Oda al primer día del año, Neruda se fija, desde un viaje en tren en el que reflexiona si este día no es igual que el anterior o el siguiente y cómo lo señalamos y lo recibimos, sabiendo que lo vamos a vivir de una manera distinta a los demás días.




Tras la reflexión de Neruda no debemos olvidar otra de las características de las celebraciones de Año Nuevo: la alegría, sea esta o natural o forzada, salga desde nuestro interior por sí misma o con la ayuda de bebidas espirituosas.
Nos acompaña una pieza que muestra la vertiginosa alegría que se supone debemos tener para comenzar el año según está establecido por las normas sociales. Después cada uno de nosotros hacemos lo que queremos o podemos realizar según nuestras costumbres y circunstancias.


Pocas piezas siguen en el repertorio de Franz von Suppé (1819-1895), a excepción de Leichte Kavallerie (Caballería ligera), una opereta del compositor nacido en Split -en aquella época perteneciente al imperio Austrohúngaro, hoy en Croacia- de la que apenas se escucha hoy en día su obertura. Von Suppé llegó a superar las 200 partituras entre las que aún se representan en alguna ocasión esta obra, Dama de espadas, Mañana, tarde y noche en Viena y, sobre todo, Poeta y campesino.
Estrenada en el Carltheater vienés en 1866 con un libreto de Karl Costa, la opereta está ambientada en el siglo XVIII narrando las intrigas de la corte del barón von Bredereck y su amante la condesa Csikos que tiene una compañía de ballet a la que llaman Caballería ligera.
La obertura, digna de las de la familia Strauss o Franz Lehar y del Concierto de Año Nuevo de Viena, está plagada de melodías pegadizas, con fanfarrias militares y ritmos de galope marcados por las trompetas
Nos acompaña una interpretación la obertura de Caballería Ligera a cargo de la Cleveland Orchestra dirigida por el siempre elegante Franz Welser-Möst.


Termino con la última de las características de las celebraciones de Año Nuevo, los propósitos para el año que comienza. ¿Quién no se ha propuesto en este día algún cambio en sus rutinas, cumplir uno de esos retos que se nos escapa cada año o realizar un anhelo largamente deseado?


Rudyard Kipling (Bombay, 1865- Londres, 1936) era hijo de un pintor que ejercía de superintendente del Museo de Lahore, hoy en Pakistan. Tras unos años en el subcontinente asiático, a los seis años lo enviaron a Lorne Lodge, una casa de acogida en Inglaterra, de la que le quedó una amarga experiencia. Tras comenzar una larga carrera literaria con obras entre las que destacan El hombre que pudo reinar (1890), El libro de las tierras vírgenes -o de la selva- (1894), Capitanes intrépidos (1896) o Kim (1901) recibió el Premio Nobel de Literatura en 1907. Tras la Gran Guerra sus ideas colonialistas quedaron desfasadas y sus obras fueron perdiendo presencia.
Nos acompaña un poema publicado precisamente un día de Año Nuevo de 1887 por la Civil and Military Gazette de la India británica. New year resolutions (Propósitos de Año Nuevo) nos muestra en tres estrofas y etapas esas decisiones que tomamos cada comienzo de ciclo con una soterrada ironía.


Siguiendo las buenas costumbres y los tópicos te deseo que tengas un buen año nuevo cargado de buenas resoluciones. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Bibliografía y webgrafía consultadas:

¿Escribimos a mano o con teclado?

Una de las principales habilidades que poseemos los seres humanos consiste en la capacidad de realizar movimientos que relacionan nuestro cuerpo con nuestra mente y nos permiten reconocer, interpretar y actuar sobre cuanto nos rodea. Esos movimientos son más sutiles en determinadas partes del cuerpo, de forma especial en nuestras articulaciones superiores, las manos. 
Nuestras manos son el órgano de movimiento más sofisticado y diferenciado que existe, siendo biomecánicamente la parte más compleja de nuestro organismo, añadiendo a su funcionalidad el hecho de tener un pulgar en una posición que le permite asir objetos de diverso tamaño de diversas formas.
A la habilidad para manipular y construir objetos de forma precisa le añadimos el hecho de utilizar nuestras manos para comunicarnos a través de ademanes y gestos con los que podemos mostrar nuestras vivencias interiores, por lo que podemos expresar emociones y sentimientos, además de aprobación, negación o enfatizar algunos tipos de reflexiones.
Todos estos movimientos están conectados con el cerebro, de modo especial a través del sentido del tacto y el movimiento. 
Durante siglos hemos ido adiestrando y especializando los movimientos de la mano con la creación, confección y fabricación de distintos objetos y productos, la elaboración de comidas o la producción de obras de artesanía y artísticas. 
Aunque en algunos momentos ese trabajo se ha asociado a obreros y artesanos y se les ha opuesto al trabajo realizado con la mente, de modo especial en las últimas décadas, su importancia es capital en nuestro desarrollo y existencia.
Con la llegada de las nuevas tecnologías nos vemos envueltos en una revolución que está haciendo desaparecer, no ya distintos oficios, sino incluso algunas funciones en nuestro organismo. Sobre todo para nuestro beneficio, aunque también tiene sus inconvenientes.
Es cierto que nos ahorran tiempo en algunas funciones como la memorización, el acceso a datos y servicios o la escritura. Ya no nos sabemos los números de teléfono o las direcciones de email de nuestros familiares y amigos más cercanos, sino que los tenemos guardados en la agenda de nuestro móviles o dispositivos, nunca hemos tenido acceso a tanta cantidad de música o películas alojadas en distintas plataformas.
Con el cálculo o la escritura también nos ocurre algo similar. Prácticamente no realizamos operaciones con papel y lápiz -o bolígrafo-, sino con la calculadora, y escribimos mucho más -o exclusivamente- con teclado en lugar de utilizar el bolígrafo. Hemos ganado mucho con los procesadores de texto que tienen nuestros dispositivos y con algunas aplicaciones de mensajería. De hecho, en algunos países nórdicos se ha eliminado hace unos años el uso del lenguaje manuscrito en los planes de estudio. Afortunadamente están dando marcha atrás y volviéndolo a retomar en los últimos años.
En esta publicación te invito a reflexionar sobre la importancia de utilizar la escritura manuscrita o a través de teclado para comunicarnos por escrito. Nos acompañan textos de o sobre Paul Auster, Neruda, J. K. Rowling, Graham Greene y músicas de Giordano y Leroy Anderson. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En primer lugar, la escritura es un tema amplio y diverso y debemos considerarlo como tal. No es lo mismo escribir en algunos trabajos que podríamos considerar como de «oficina» (informes, contratos, documentos oficiales...) o de tipo literario o personal como son la poesía, las novelas o determinadas cartas, pese a que estas se han sustituido por otros tipos de mensajes. Aún así, en estos casos veremos cómo el resultado será diferente según el medio que utilicemos.

Cuando el filósofo Friedrich Nietzsche comenzó a perder la visión que le impedía escribir, recibió un regalo que le permitió seguir haciéndolo: una «esfera de escribir Mallin-Hansen», un aparato con teclas predecesor de las máquinas de escribir. Tras un tiempo para hacerse al teclado, continuó escribiendo, aunque uno de sus amigos, el compositor Heinrich Köselitz, comprobó que su lenguaje se había vuelto más escueto y esquemático, así como algunos de sus razonamientos.
Ya en nuestros días se están realizando estudios que muestran que escribir a mano es un acto más integrado en el cuerpo que implica un conjunto de procesos sensoriales y motrices más complejos para cada letra que escribimos, lo que generará una huella en la memoria más profunda y duradera. Además, la escritura con teclado es más costosa en cuanto a los recursos mentales que utilizamos (dónde está la tecla, qué dedo la pulsa, los espacios, la corrección de errores...), lo que nos llevará a procesar mayor cantidad de elementos mientras escribimos.


Muchos escritores como el recientemente fallecido Paul Auster escriben un primer borrador de sus novelas a mano y después lo pasan a máquina, algunos de ellos personalmente, otros gracias a un ayudante que los transcriben para revisiones ulteriores.
Publicado en 2003, Ensayos completos recoge diversos textos que van desde historias reales, ensayos, prefacios, entrevistas y otro tipo de obras del autor de Trilogía de Nueva York o El libro de las ilusiones. El primero de los textos que nos acompañan es el inicio de un artículo escrito en junio de 2000 titulado Historia de mi máquina de escribir en la que el novelista norteamericano explica su historia compartida con un instrumento de escritura que le acompañó durante muchos años. Su apego a su máquina Olympia y su aversión a los teclados se muestran en el texto de esta autor que llegó a manifestar: «Nunca consigo pensar con claridad con los dedos en esa posición. Un lápiz o un bolígrafo son instrumentos mucho más primitivos: sientes cómo las palabras salen de tu cuerpo y luego las entierras en cada página».


Afortunadamente, según algunos estudios, los escritos realizados a través de los procesadores de texto y los teclados suelen ser más extensos y con una mayor calidad en su estructura, además de ser de mucha más utilizad en personas con problemas en la lectoescritura o la psicomotricidad fina.

Una de las piezas más recurrentes y originales referidas a los teclados es The typewriter (La máquina de escribir, 1950) de Leroy Anderson (1908-1975), un compositor especializado en música ligera para orquesta, la mayoría de cuyas obras fueron estrenadas por la Orchestra Boston Pops.
La protagonista de esta composición es una máquina de escribir modificada en la que se utilizan dos teclas, la campana -se puede ser externa o una calabaza musical- y el mecanismo de retorno del carro y que suele ser interpretada por un percusionista por la dificultad que su pone su manejo.
Nos acompaña una versión con la Orquesta y Coro de Voces para la Paz (Músicos Solidarios) con Alfredo Anaya manejando la máquina y la dirección de Miguel Roa en un concierto que se llevó a cabo en el Auditorio Nacional de Música de Madrid en 2011. Para disfrutarlo con una sonrisa.


Escribir a mano implica la participación simultánea de varios sentidos. Mantener y guiar un bolígrafo con los dedos presionando sobre un papel y mover levemente la mano para redactar letras y palabras requiere una gran parte de nuestra atención y suponen una compleja habilidad cognitivo-motora. 
Aprender una nueva palabra supone conectar un símbolo abstracto como un conjunto de letras o un ideograma con una información de tipo visual, auditivo y motor, además de la comprensión de su significado. Según Robert Willey, profesor de psicología de la Universidad de Carolina del Norte Greensboro«La escritura manuscrita puede activar más conexiones a través de estas dimensiones en comparación con la escritura mecanográfica».


Pablo Neruda tuvo un proceso curioso para la escritura de su poesía. Se inició a mano, después la abandonó por la máquina de escribir, pero un percance lo obligó a volver a la manuscrita. Cuando fue candidato a la presidencia de Chile le hicieron una entrevista en The Paris Review que se centró fundamentalmente en ese hecho, aunque tangencialmente se tocaron temas como los momentos y lugares en los que escribía y cómo lo hacía. 
El texto que nos acompaña es un extracto de esa entrevista recogida en el nº 51 publicado en Invierno de 1971 y realizada por Rita Guiber con el título de Pablo Neruda, The art of poetry, nº14, originalmente en inglés. En él reflexiona sobre los cambios que notó en su poesía cuando volvió a escribir a mano.


Hace no muchas décadas no existía esta duda, ya que todo se escribía a mano, con tinta y pluma hasta la aparición de lápices y bolígrafos, aunque en determinados casos, eran los amanuenses y ayudantes los que lo hacían, además del hecho de que algunas personas no sabían leer ni escribir.
Hoy en día la situación es radicalmente distinta. Si pensamos cuándo fue la última vez que hicimos la lista de la compra o tomamos una anotación rápida, posiblemente fuera con el teclado del móvil o con una nota de voz. Las pantallas y los teclados han ido desplazando de forma gradual pero implacable nuestras rutinas habituales.

Estrenada en 1896 en el Teatro alla Scala de Milán, Andrea Chénier es una ópera de Umberto Giordano y libreto de Luigi Illica -colaborador habitual de Puccini- está inspirado libremente en la vida del poeta francés del mismo nombre. Se trata de uno de los hombres que se adhirió pronto a los postulados de la Revolución Francesa y que acabó muriendo en la guillotina en el Periodo del Terror
Dividida en cuatro actos, el último de ellos se desarrolla en la prisión donde está recluido el poeta a la espera del cumplimiento de su condena. Junto a Roucher, que está en su misma celda, Chénier está componiendo con capel y pluma un poema que recita a su compañero de infortunio.
El tenor Franco Corelli interpreta Come un bel di di maggio (Como un bello día de mayo) en una versión cinematográfica de Andrea Chénier realizada en 1973 con subtítulos en castellano. Siguiendo el razonamiento de Neruda, si hubiera tenido la posibilidad de escribir con un teclado, la emoción de sus versos habría sido diferente.


En los estudios que tratan la relación que existe entre la escritura y la memoria se evidencia que las personas recuerdan con más calidad aquello que han escrito de forma manual que lo que han realizado a través de un teclado, según afirma Naomi Susan, profesora emérita de la American University of Washington D.C. 


Dos autores conocidos prefieren también plantear sus novelas de forma manuscrita antes de pasarlas por el teclado y revisarlas.
Graham Greene escribía siempre el primer borrador a mano en sesiones que suponían exactamente 500 palabras -ni una más, ni una menos-, aunque con el paso del tiempo la cifra se redujo a 300. En Editar la vida, el editor Michael Korda trata su relación con personajes como Tennessee Williams, Henry Kissinger, Richard Nixon, Harold Robbins o el propio Graham Greene
Korda pasó unas vacaciones de verano en un barco con el autor de El tercer hombre, Nuestro hombre en la Habana o El factor humano y narra en su libro la rutina de trabajo que seguía mientras escribía El fin del romance.


Una de las escritoras más leídas de nuestros días, J. K. Rowling, la autora de la saga de libros de Harry Potter, utiliza también la escritura manuscrita para planificar y realizar un primer borrador de sus novelas. 
El texto que nos acompaña pertenece a una entrevista realizada a la escritora inglesa y publicada por Amazon.com al comienzo de la primavera de 1999 con el título de Magic, Mistery, and Maynem: An interview with J. K. Rowlling.


El hecho de que la escritura manual una varias tareas simultáneamente como sostener el bolígrafo, acomodar el cuerpo y el papel, desarrollar un conjunto de movimientos con el brazo y la mano y nos obligue a mantener nuestra concentración son algunos de los factores que contribuyen a que nuestra caligrafía muestre los rasgos de nuestra personalidad, como suele ocurrir con las pruebas periciales. La forma en que ligamos las letras, la inclinación, la forma y el tamaño de las mismas son un indicio de la personalidad que mostramos cuando desarrollamos nuestros pensamientos, sentimientos y emociones por escrito.
Estas relaciones nos permiten desde pequeños desarrollar con mayor profundidad nuestra memoria y aprendizaje. Según Lisa Aziz-Zadeh, profesora del Instituto del Cerebro y la Creatividad de la Universidad del Sur de California «nuestro cerebro  evolucionó para procesar información sensorial y motora».
En el sentido contrario, el teclado y los procesadores de texto nos permiten una inmediatez que surge del vertiginoso ritmo de vida en el que estamos inmersos, por lo que con frecuencia debemos conjugar esta velocidad con la pérdida de profundidad.


Estrenada en 1963, Who's minding the store? (Lío en los grandes almacenes) es una comedia dirigida por Frank Tashlin y protagonizada por Jerry Lewis y Jill St. John. En ella, el inimitable actor cómico norteamericano interpreta una de sus escenas más conocidas con la música que iniciaba esta publicación, The typewriter de Leroy Anderson. Jerry Lewis da un giro de vuelta a la pieza al no utilizar la máquina y nos muestra, solo con gestos, que lo más importante para escribir no es el bolígrafo o el teclado, sino poner nuestra inteligencia y pensamiento a su servicio.


En mi caso, suelo escribir prácticamente todo con teclado, utilizando procesadores de texto, notas en el móvil, además de organizar lo que escribo y voy a escribir en diversos documentos online que puedo editar desde cualquiera de los dispositivos que utilizo.
Hasta hace poco utilizaba una pluma para tomar anotaciones sobre las publicaciones del blog o datos sobre el tiempo u otros temas en algunas libretas. Al estropearse con el tiempo, suelo usar ahora bolígrafos de gel que son los que más adecúan la tensión de la mano y la velocidad con la que escribo a mis ideas y pensamientos.
Y tú, ¿te has parado a pensar en esto? ¿Con qué sueles escribir? ¿Utilizas diversas modalidades según las circunstancias, lo haces siempre con los mismos instrumentos? ¿Piensas que si cambiaras de uno a otro cambiaría tu forma de escribir? ¿Qué hacemos, qué haremos, escribimos a mano o con teclado?

No me resisto a dejar inconcluso el artículo de Paul Aster sobre su máquina de escribir, así que finalizo con su continuación. El escritor muestra una faceta inusual en su acompañante mecánico tras ser descubierta por el pintor Sam Messer, descubre que tiene deseos y estados de ánimo propios y finaliza reflexionando sobre el tiempo que llevan juntos.

Paul Auster y su Olympia

Finalizo esta reflexión con una frase de Audrey van der Meer, profesora de Neuropsicología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología«Practicar un poco la escritura a mano es una actividad muy buena para el cerebro. Es como hacer trabajos de mantenimiento por una carretera muy transitada».

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Cien años de los Veinte poemas de amor de Neruda

Hay obras que marcan a sus autores y los hacen alcanzar el lugar que les corresponde dentro de su especialidad. Libros relacionados con la literatura o el pensamiento, piezas musicales, cuadros, tratados o descubrimientos científicos, obras arquitectónicas o cualquier tipo de expresión artística son muestras de este tipo de obras que encumbran a sus autores al idear estas obras maestras.
Aunque las referencias que tengamos de Pablo Neruda lo sitúen más cercano en el tiempo, una de sus primeras obras cumple los cien años de su publicación en 2024. Se trata de su segunda obra editada, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, una poemario que salió a la luz cuando el poeta contaba con apenas diecinueve años de edad.
Su publicación hizo que su obra comenzara a ser conocida, que le abriera las puertas a nuevas publicaciones y que el nombre de Neruda entrara a formar parte de los grandes escritores iberoamericanos del siglo XX.
Te propongo acercarte a una obra que cumple cien años desde su publicación en 1924, los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Nos acompañan algunos de sus poemas y músicas inspiradas en ellos con Paco Ibáñez, Dimas y Ramón Ayala. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Nacido en julio de 1904 en Parral (Chile) como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, publicó sus primeros poemas sueltos como Ricardo Reyes, hasta que adoptó el pseudónimo de Pablo Neruda, que convirtió finalmente en su nombre legal.
Hijo de una humilde familia, su madre, maestra, murió de tuberculosis a los pocos meses de su nacimiento y su padre, ferroviario, volvió a casarse más adelante.
Neruda está considerado uno de los más grandes escritores del pasado siglo, con una vida en la que alternó su obra como poeta y escritor con su trabajo diplomático como embajador en distintos lugares, como Singapur, Java, México, Buenos Aires, Madrid o París, además de mostrar su activismo político en favor de las políticas de izquierda, llegando a ser precandidato a la presidencia de Chile antes de la elección de Salvador Allende.
Personaje con luces y sombras, recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente», según el comité organizador del galardón.

Nos acompaña una pieza musical relacionada con Neruda en su inspiración, aunque no en ninguna obra suya concreta.
Blas Galindo Dimas fue un profesor de música, compositor y director de orquesta mexicano que compuso en 1948 su obra para orquesta de cuerdas Poema de Neruda, una pieza que se mueve entre la sensibilidad y las emociones que despiertan los poemas del escritor chileno.
La grabación con la que se inicia esta publicación, que puede servir como música de fondo para leerla pertenece al disco México sinfónico y está interpretada por la Orquesta de las Américas bajo la dirección de Benjamín Juárez Echenique y fue editado por la discográfica Urtext en 1998, apenas cinco años después del fallecimiento del compositor.


Tras de participar en diversos concursos florales de poesía y de sacar algunos poemas en diversos periódicos y revistas, publicó su primer libro, Crepusculario en 1923 ya con el nombre con el que lo conocemos.
En esa suerte de memoria que es Para nacer he nacido, el propio escritor explica cómo logró que estos poemas se publicaran:

«En cuanto a mis Veinte poemas de amor, contaré una vez más que fue Eduardo Barros quien lo entregó y recomendó con tal ardor a don Carlos George Nascimiento que éste me llamó para proclamarme poeta publicable con estas sobrias palabras: "Muy bien, publicaremos su obrita".»

Con la distancia que da el paso del tiempo, este libro fue para el escritor «un libro doloroso y pastoril que contiene sus más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur.»
Estos Veinte poemas de amor y una canción desesperada están cargados de un fuerte erotismo, lo que provocó el rechazo de una parte de la sociedad y de la crítica, a la vez que logró la adhesión de los más jóvenes.
Esta vertiente de descarnado erotismo se advierte sin ninguna duda desde el primero de los poemas que conforman la obra.


Pese a ser el segundo libro que publicó, Veinte poemas de amor... es posiblemente el libro más popular de Neruda y el que lo consolidó como poeta, dándole un prestigio que le acompañó desde entonces. 
Heredero de la línea modernista, este poemario muestra la expresividad de la vanguardia literaria con una intensidad lírica, una vitalidad desbordante y un erotismo patente que se va trocando en un tono de melancolía que entronca con el romanticismo conforme avanzan en los poemas las ausencias y separaciones.

El joven poeta antes de 1920 cuando aún firmaba con su nombre Ricardo Reyes
Si leer los poemas es un acto de latente sensibilidad, escucharlo leer por alguien que lo recite de forma sentida y con conocimiento de causa lo es más. En el siguiente enlace es el propio Neruda quien recita uno de los más conocidos, su Poema 15, el conocido Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Su voz se torna larga y nostálgica para expresar esos sentimientos que, como autor, conoce mejor que nadie, para compartirlo como con una lenta, dramática y sentida letanía. Su voz y su estilo, con una cadencia que tiene cierta semejanza con la forma de recitar de Rafael Alberti, nos acompañan en esta grabación histórica.


Neruda narra en estos veinte poemas la pasión y el amor hacia una mujer idealizada, que no se basa en una sola persona, sino que toma características de varias mujeres reales a las que conoció. Así crea una amante que representa la idea poética del objeto de su amor, un arquetipo, en unos poemas que van cambiando a un tono cada vez más oscuro y sombrío conforme avanzan los poemas, para mostrar el temor de la ausencia y la pérdida tanto de la pasión como de la amada y, en resumen, del propio amor.
El propio poeta trata de su libro en un artículo publicado en el diario La Nación de Santiago de Chile en 1924, el mismo año en que salió a la luz y que transcribe de nuevo en Para nacer he nacido.

EXÉGESIS Y SOLEDAD
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriendo iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expresión ritmos diversos, corrientes contrarias. Amarrándolos, trenzándolos sin hallar lo perdurable, porque no existe, ahí están Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Dispersos como el pensamiento en su inasible variación, alegres y amargos, yo los he hecho y algo he sufrido haciéndolos. Sólo he cantado mi vida y el amor de algunas mujeres queridas, como quien comienza por saludar a gritos grandes la parte más cercana del mundo. Traté de agregar cada vez más la expresión a mi pensamiento y alguna victoria logré: me puse en cada cosa que salió de mí, con sinceridad y voluntad. Sin vacilar, gente honrada y desconocida -no empleados y pedagogos que me detestan personalmente- me han mostrado sus gestos cordiales, desde lejos. Sin darles importancia, concentrando mi fuerza para atajar la marea, no hice otra cosa que dar intensidad a mi trabajo. No me cansé de ninguna disciplina porque nunca la tuve: la ropa usada se conforma a los demás, me quedó chica o grande, y la reconocí sin mirarla. Buen meditador, mientras he vivido he dado alojamiento a demasiadas inquietudes para que éstas pasaran de golpe por lo que escribo. Sin mirar hacia ninguna dirección, libremente, inconteniblemente, se me soltaron mis poemas.

Pablo Neruda, diario La Nación, Santiago de Chile.

El joven Neruda en una fotografía de estudio
Esa nostalgia que precede a la ausencia se deja ver con nitidez en el Poema 6 en el que poeta comienza a evocar el recuerdo de la amada.


Neruda busca dar mayor unidad al libro prescindiendo de los títulos de los poemas a los que simplemente enumera, lo que supone también buscar la complicidad del lector para que realice un esfuerzo en la interpretación de cada uno de ellos. Así, dos características se unen a los temas mencionados del amor, la ausencia y la pérdida.
Por una parte, el erotismo latente, la necesidad del cuerpo que provoca el deseo se va trocando poco a poco en la necesidad de la palabra, la búsqueda de la atención de la amada, desde su oído hasta su mente, configurando estas palabras como una promesa de amor. 
De otro lado, ese arquetipo de la mujer amada le remite al principio vital, a los sonidos y cantos de la naturaleza, a los movimientos telúricos y celestes, al universo y el anhelo de plenitud completa. El amante y el poeta se entregan en todo su ser, sabiendo que es un ideal inasible, inalcanzable, pero deseable.

Portada de la edición original de la Editorial Nascimento de 1924.

Nos acompaña otro de los versos que han trascendido al libro y se han popularizado fuera de él, el Poema 20 que cierra el ciclo.
Escuchamos este conocido Puedo escribir los  versos más tristes esta noche con la música e interpretación del argentino Ramón Ayala perteneciente a su disco La selva y el río editado en 2008 por Epsa Music.


Estos veinte poemas de amor supusieron la consolidación del poeta como una de las figuras del panorama literario hispanoamericano y mundial.
Tras su paso por España durante la guerra civil, en su destino en México como diplomático, Neruda continuó su obra poética con sus Cantos Generales, obra que muestra su inspiración en la poesía de Walt Whitman, recibiendo en 1945 el Premio de Literatura de Chile. Por su pertenencia al Partido Comunista que fue prohibido tres años después hubo de exiliarse, recalando en Capri desde donde realizó una serie de conferencias por Europa. Tras su regreso a Chile publicó obras como Los versos del capitán, sus Odas elementales o Estravagario.


De nuevo encontramos en Para nacer he nacido otra referencia a su libro del que celebramos el centenario en esta publicación. Se trata del prólogo que escribió para una edición de su Veinte poemas en francés en 1960.

Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor, amor... Desde entonces andan rondando y cantando... El tiempo les despojó su primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo fue destruido en este año de 1960.

Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.

París, noviembre de 1960.

En el Poema 12, el poeta insiste en el abandono y el dolor en una relación a la que se entrega por completo y cuyo corazón sólo necesita el pecho de la amada a quien se ofrece para enseñarle a ser libre. La imagen de las aves que emigran cierran el poema.


Tras una vida con luces y sombras en lo humano y con brillantez en lo poético, en 1970 Allende lo nombra embajador en Francia, al año siguiente recibe el Premio Nobel de Literatura y regresó a su país. Un Neruda enfermo murió el 23 de septiembre de 1973 días después del golpe de Pinochet. Su casa fuer incendiada y su biblioteca personal destruida.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada sigue sorprendiendo cien años después por la facilidad para transmitir emociones primarias y universales, y por la capacidad de conmover y evocar esas imágenes que envuelven a los lectores en una vorágine de emociones. Nos invita a reflexionar sobre la belleza y el dolor del amor, de su ausencia y su pérdida, explorando nuestras propias emociones y experiencias desde la poesía de un escritor como Pablo Neruda.


No podía finalizar esta publicación sin acercarnos a La canción desesperada, un alegato en el que se unen los elementos de los poemas anteriores alrededor del alejamiento y la angustia por la pérdida. Todo está condicionado por el dolor del olvido: la amada, el recuerdo en la noche, el abandono, el naufragio de la relación. Ante esa nostalgia sólo queda escapar de los recuerdos, para huir de sí mismo, para tener un consuelo cuando todo está perdido.
Esta canción es una suerte de epitafio, una despedida cincelada en el mármol del dolor. 
Para un clásico como Neruda, es otro clásico como Paco Ibáñez nos acerca a esta última canción desesperada. El intérprete recrea esta última pieza en una canción en la que acorta los versos del escritor para crear una canción con la misma desolación y dolor que el poema original.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: