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Los Triunfos: De Händel a Byung-Chul Han y a ti

Somos hijos de nuestro tiempo.
Nos encontramos en un momento en que percibimos nuestra existencia cada vez menos clara, con menos perspectiva y nitidez, dejándonos llevar por la búsqueda del placer más inmediato en detrimento de lo que consideramos importante o profundo.
La belleza natural a la que hemos perseguido durante siglos la estamos sustituyendo por la belleza digital, los abrazos por «me gusta», lo esencial por lo inmediato, efímero y virtual.
Esta belleza natural que se origina desde el orden de nuestra tierra, de lo que surge de ella, que adquiere una existencia y una belleza temporal, se encuentra inmersa en una crisis en la que viene a ser sustituida por la belleza digital, un conglomerado de números, cifras e informaciones que va sustituyendo a lo natural, para transformarlo en simple objeto de consumo y placer inmediato, el destino de los omnipresentes «me gusta».
Hace unas semanas publicamos Los Triunfos: De Petrarca a Händel al que puedes acercarte antes de adentrarte en esta publicación que sirve como continuación y culminación del mismo. En él nos acercamos al oratorio El triunfo del Tiempo y del Desengaño de Händel y su inspiración en Los Triunfos de Petrarca, pudiendo advertir que ambas obras tienen qué decirnos en nuestro tiempo, en el sentido que hablan de temas que forman parte de nuestra condición humana.
En esta publicación continuamos con el oratorio de Händel, de manera especial con su segunda parte, en la que encontramos una de las piezas más conocidas del compositor y las versiones que llegó a realizar sobre esta obra, además de buscar en textos recientes cómo afrontamos algunos de los temas que plantean las obras citadas. Se trata de una forma de cerrar el círculo.
Te propongo pasearte entre músicas y letras que nos ayuden a reflexionar sobre nuestra visión de la belleza, el tiempo, el desengaño y el placer con obras de Händel y el escritor y filósofo Byung-Chul Han. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En el final de la primera parte de Il Trionfo del Tempo e del Disinganno, antes del cuarteto que cerraba la publicación a la que hacíamos referencia, nos encontramos con el aria del Desengaño Crede l'uom (Cree el hombre), una aria más meditativa y con un ritmo más reposado, también tripartita, en la que solo seis versos dan para que la maestría de un joven Händel cree una composición repleta de sensibilidad musical. En esta ocasión son los versos centrales los que conforman la segunda parte del aria, más animada que las que abren y cierran la pieza.


La mezzo-soprano Romina Basso interpreta este aria Crede l'uom del Desengaño acompañada por The Gabrieli Consort & Players y dirigida por Paul McCreesh, en una grabación realizada en el Festival de Beaune de 2010. 


Esta creencia del hombre al que hace referencia el texto anterior se nos presenta aparentemente inmutable en su esencia, aunque esa búsqueda y apego hacia la belleza sufre transformaciones en su condición accidental a lo largo del tiempo, además de su transformación desde lo natural hacia lo virtual.
Byung-Chul Han (Seúl, 1959) se ha convertido en los últimos años en toda una estrella del pensamiento filosófico. Tras estudiar metalurgia en su Corea natal, emigró a Alemania en la década de los 80 del pasado siglo para estudiar literatura alemana. Desconocedor del idioma, se lentitud al procesar los textos literarios acabó decantando sus estudios hacia la filosofía y teología católica en las universidades de Friburgo y Múnich.
En 1994 se doctoró en Friburgo con un estudio sobre Heidegger, incorporándose en el último año del siglo al Departamento de Filosofía de la Universidad de Basilea. Una década después entró en la Staatliche Hochschule fur Gestaltung (Universidad Estatal de Diseño) de Karlsruhe donde se centró en la filosofía de los siglos XVIII a XX, la fenomenología, la antropología cultural, la estética, la teoría de medios, la religión y la filosofía intercultural. Desde 2012 es profesor de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín donde dirige el Studium Generale.
Pero su conocimiento más allá de las aulas proviene de ser autor de casi dos docenas de libros donde desarrolla su pensamiento, todos ellos publicados en alemán. Desde su primera publicación, Filosofía del budismo Zen (2002) que le entronca con sus orígenes orientales, Hegel y el poder, Hiperculturalidad (ambos de 2005), hasta los libros que reflejan más y mejor su pensamiento: La sociedad del cansancio (2010), La sociedad de la transparencia  (2013), La expulsión de lo distinto  (2016), La agonía de eros (2012), El aroma del tiempo (2009), La salvación de lo bello (2015), hasta los recientes No cosas- e Infocracia (ambos de 2021).


En La salvación de lo belloByung-Chul Han reflexiona sobre la belleza natural que ha estado presente en las ideas estéticas de la humanidad, un concepto, el de lo bello natural que se ha ido transformando en las últimas décadas en lo bello digital, creando una crisis sin precedentes en los conceptos de valores de la humanidad. 
El texto que nos acompaña parte del concepto que Martin Heidegger tiene de la belleza, una relación que le da entidad en cuanto que se conforma a partir de su relación con la verdad.


Con libreto del cardenal Benedetto Pamphili, e inspirado en Los Tirunfos de Petrarca, como pudimos conocer en la publicación a la que nos referíamos anteriormente, Georg Friedrich Händel estrenó a los veintidós años en Roma en el verano de 1707 su oratorio con el título original de La bellezza ravveduta nel trionfo del Tempo e del Disinganno (La Belleza reformada en el triunfo del Tiempo y del Desengaño), que luego pasaría a conocerse simplemente como El triunfo del Tiempo y del Desengaño.
Benedetto Pamphili compaginaba su cargo de cardenal con el gusto por las letras, siendo un renombrado poeta de la Academia dell'Arcadia, una institución creada a finales del siglo XVII para luchar contra los excesos del Barroco mediante las nuevas ideas que traía el Clasicismo. Entre sus miembros se contaban los compositores Alessandro y Arcangelo Corelli y Alessandro y Benedetto Marcello, además de varios centenares de escritores, algunos de ellos españoles, como Ramón de la Cruz o Nicolás y Leandro Fernández de MoratínDentro de la costumbre de utilizar pseudónimos con el que se trataban entre sí sus miembros, Pamphilli era conocido como Fenicio Larisseo.
El argumento presenta a estos personajes alegóricos entre los que Belleza se deja seducir por el Placer, como una suerte de espejo que le hace pensar en la larga duración de sus encantos, hasta tomar conciencia, merced a los argumentos de el Tiempo y el Desengaño de que esa belleza externa es fugaz y vana.


Contrastando con el aria anterior, nos acercamos ahora a la de el Tiempo, È ben folle quel nocchier (Es un gran demente el timonel), una aria de bravura en la que el tempo y el uso de la instrumentación sirven a Händel como motivo para centrarnos en la comparación con el inexperto timonel que pone su nave en peligro.

La interpretación corre a cargo del tenor Nicholas Sears como el Tiempo para el disco Il trionfo del tempo e del disinganno del sello Naive publicado en 2007 con Concerto Italiano y la dirección de Rinaldo Alessandrini.


Para Byung-Chul Han lo bello natural ha comenzado a desaparecer tras lo que considera el predominio de lo liso y pulido como centro de lo bello digital en cuanto que se convierte en algo arbitrario y objeto de placer inmediato, en el cada vez más asfixiante imperio del 
«me gusta» como medida de valor y consumo. En este sentido el mundo digital se entrecruza con el mundo real llevando la existencia hacia algo fugaz e incorpóreo. 
Esta situación nos aboca a lo que Byung-Chul Han denomina la Müdigkeitsgesellschaft (Sociedad del cansancio), un lugar en el que vivimos zarandeados, cansados y deprimidos por las exigencias de nuestra vida, mezclado con la consolidación del narcisismo y del exhibicionismo que generan las redes sociales, que provocan que aumente la obsesión por uno mismo, la desaparición del interés por los otros y la equívoca sensación de que el mundo sea un mero reflejo de nosotros mismos.
En el siguiente texto, el filósofo germano-coreano se adentra en la importancia de lo bello en cuanto que es vinculante, lo que le otorga trascendencia frente a la crisis en la que lo bello se encuentra inmerso, una crisis que la aboca a la vacuidad de los omnipresentes «me gusta».


En tiempos de Händel y más adelante incluso, no existían los reparos que tenemos en la actualidad para reutilizar obras, tanto propias como ajenas. Y precisamente el propio Händel no era una excepción, sino uno de los compositores que en más ocasiones lo llevó a cabo, tanto en el uso de formas o piezas de otros autores, como con sus propias obras.
El éxito de El triunfo del Tiempo y del Desengaño lo llevó a reutilizar la obra en dos ocasiones más cuando se instaló en Londres. No era ya lo que en nuestro tiempo consideraríamos plagiarse a sí mismo, sino volver a utilizar, acomodándolo al gusto de un nuevo público, una obra que, con más o menos cambios, encajaría en el repertorio.
Así, tras El Triunfo... original de 1707 (HWV 46A en el opus de Händel), el propio compositor, prácticamente ciego en aquellos años revisó, aumentó, dictó a uno de sus discípulos, John Christopher Smith, y estrenó el oratorio que pasó de dos a tres partes, esta vez bajo el título de El trionfo del Tempo e della Veritá (HWV 46b) para ser estrenado en marzo de 1937, prácticamente treinta años más tarde, en una época en que el compositor alternaba en cada temporada obras tanto en inglés como en italiano. El éxito fue escaso, puesto que solo hubo varias representaciones y una reposición dos años más tarde.
Justo veinte años después y cincuenta después de la original, en marzo de 1757, un Händel con una salud ya precaria y un libreto reelaborado y traducido al inglés -posiblemente con la autoría de Thomas Morell- quizás con poca participación del propio compositor, se estrenó la nueva versión The Triumph of Time and Truth (El Triunfo del Tiempo y la Verdad) (HWV 71) con la mezzo-soprano Isabella Young (o Scott) en el rol del Consejo o la Verdad.


En la segunda parte de El Triunfo... original de Händel nos encontramos con el cuarteto Voglio tempo per risolvere... (Quiero tiempo para decidir...), un diálogo breve aunque intenso entre los cuatro personajes, también en el estilo de los Da capo en el que se vuelven a quedar de manifiesto tanto la maestría del compositor sajón como la vigencia de los argumentos que se ponen en boca de los alegóricos personajes.


La interpretación corre a cargo de Natallie Dessay como Belleza, Ann Hallenberg como Placer, Sonia Prina como Desengaño y Pavol Breslik en el rol de Tiempo con Le Concert d'Astrée y la dirección de Emmanuelle Haïm, pertenecientes a la grabación de estudio para el disco Händel: Il trionfo del Tempo de 2007.


Frente al predominio de lo bello digital en nuestras sociedades neoliberales en las que predomina el incansable anhelo hacia la divulgación voluntaria de todo tipo de información personal, Byung-Chul Han reivindica el contacto íntimo con lo cotidiano -él mismo cultiva lentamente y parsimoniosamente su jardín-, el hecho de hacer cosas con las manos, el control del tiempo y el silencio frente al ruido mediático que nos acompaña. También se rebela frente a la desaparición de los rituales, ese conjunto de prácticas que se llevan a cabo y que nos acerca a la desaparición del concepto de comunicad, llevándonos a sentirnos seres individuales perdidos en sociedades que no encuentran sentido.


Esta premura que la Belleza busca en el Tiempo para decidir que refleja el cuarteto precedente se muestra en el pensamiento de Byung-Chul Han como una de las cualidades que caracterizan a lo bello, la demora. Es la ausencia de la voluntad, del querer y del poseer lo que hace que el tiempo se detenga y esta quietud es fundamental para el acercamiento al otro, al conocimiento de lo distinto. También hace referencia el pensador al origen del arte original según Nietzsche.


Hándel no sólo reutilizaba sus obras, sino que también hacía lo propio con piezas sueltas. El uso de ideas, tanto propias como de otros autores lo tratamos en este blog en ¿Cómo utilizamos las ideas? donde vimos cómo el aria más conocida de El triunfo... tuvo cuatro versiones.
Se trata de Lascia la spina (Deja la espina), el aria del Placer que aparece en la segunda parte del oratorio.
Previamente Händel la había creado como una zarabanda -Sarabande en el original- en el cuarto movimiento de su Suite nº 4 para clavecín. En 1705 la arregló para su ópera Almira y dos años después la introdujo en este oratorio adaptándola a la letra que le había entregado el cardenal Pamphili.
Más adelante, volvió a utilizarla en la que fue su primera ópera inglesa, Rinaldo. En ella, en el acto II, Almirena canta Lascia ch'io pianga (Deja que llore), alcanzando un grado de emoción pocas veces superadas.


Para seguir la interpretación de este Aria da capo nos acercamos de nuevo a la versión de la Gabrielli Consort & Players que Paul MacCreesh dirigió en 2010 en el Festival de Beaune con la mezzo-soprano Renata Pokupic en el rol del Placer


Frente a este consejo händeliano de tomar la rosa y dejar la espina, ¿cuál es cada una de ellas? ¿Es la rosa lo bello y efímero, aquello que tiene un valor por sus cualidades relacionadas con el color, el tacto o el olor, o es la búsqueda profunda de su esencia lo que la hace bella? ¿Es la espina aquello que evitamos sólo porque produce dolor o porque hiere nuestra piel o es aquello que nos priva de llegar a la esencia, a lo fundamental?
Byung-Chul Han defiende que la belleza digital se caracteriza por lo pulido, lo liso y lo impecable como señas de identidad de nuestro tiempo, unas cualidades que marcan lo que denomina el «exceso de positividad» en el que vivimos y cuyo pensamiento desarrolla en La salvación de lo bello en el arte y la estética en general.


Además, vivimos inmersos en una sobreabundancia de objetos que contribuyen a que nos encontremos desbordados, pero que son caducos y desechables por lo que no llegamos a establecer lazos afectivos con ellos, las no-cosas, otro de su conceptos. Con frecuencia, además, nos saturamos con cantidades ingentes de información, somos «infómanos», pero, en el fondo, necesitamos silenciar esta sobreinformación que nos hace perder la vivencia de lo presencial, lo concreto y sustancial, haciéndonos perder la visión general que tenemos del mundo. Las pantallas quedan como una pobre y simplificada representación de este mundo. 
Así, el concepto de lo bello natural queda relegado por lo bello digital que elimina lo distinto, sin desgarraduras, centrándose en el placer de sí mismo, en la autocomplacencia del «me gusta», una subjetividad en que solo nos encontramos con nosotros mismos.


En este diálogo entre las obras de Händel y Byung-Chul Han, dejamos la última palabra al compositor sajón, que nos deja un aria que parece escrita para dar la réplica al filósofo coreano-alemán.
Nos despedimos de este oratorio surgido de la genialidad de Händel con una de las arias que nos llevan hacia el final de la obra. Dentro de la sucesión de recitativos, arias y dúos y cuartetos, Como nembo che fugge col vento (Como nube que el viento arrastra) es la penúltima aria de la obra y la última que canta el Placer.
En ese juego de intenciones, deseos y frustraciones en que se ve inmersa la Belleza, subyugada por el hipnotismo del Placer, con su invitación a entrar en un mundo de sueños, promesas y sensaciones, este personaje interviene por última vez en una suerte de renuncia a influir más sobre la protagonista de la obra.
Se trata de nuevo de un aria de bravura, Aria da capo que el propio compositor volvió a reutilizar dos años más tarde, en esta ocasión para una de las óperas que compuso durante su estancia en Italia, Agrippina (1709), con la madre del emperador Nerón como protagonista. 


La interpretación nos lleva de nuevo a la grabación que se realizó en el Festival de Aix-en-Provence en 2016 con el contratenor Franco Fagioli como el Placer con Le Concert d'Astrée y la dirección musical de Enmanuelle Haïm.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Los Triunfos: De Petrarca a Händel

Vivimos en una época en que la percepción de nuestra existencia está cada vez más desdibujada. Apreciamos más el tener que el ser, lo bello que lo profundo, mientras que la con(s)ciencia el paso del tiempo, tanto en nuestra propia vida como en la de la humanidad a la que pertenecemos, está difuminando sus contornos. 
Paradójicamente, en esta época de cambio constante, con las relaciones sociales cada vez más inconsistentes, el tiempo de la modernidad líquida que describe Bauman, es el momento en que la sociedad persigue vivir en un presente continuo y eterno. 
Aunque nos parezca que son problemas única y exclusivamente de nuestro tiempo, podemos advertir que forman parte de la condición humana dirigiendo nuestra mirada a diversas obras de épocas diametralmente distintas. 
El tiempo, la belleza, el placer o el desengaño según Händel por un lado, junto al amor, la muerte, la fama o el tiempo de Petrarca por otro, nos acercan a reflexionar sobre nuestra existencia.
Te propongo unas reflexiones entre letras y músicas sobre conceptos como el paso del tiempo, la fama, el placer o la belleza con obras de Petrarca y Händel y que tienen vigencia en nuestros días. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Considerado uno de los más grandes compositores ingleses, pese a haber nacido en Halle (Alemania), Georg Friedrich Händel forma parte de un selecto grupo de músicos cuyas obras con conocidas por todo tipo de público. Quién no reconoce o ha entonado alguna vez melodías como el Aleluya de su oratorio El Mesías, o ha escuchado -sepa de donde provienen o no- algunas arias de sus óperas o los himnos de coronación que se siguen interpretando en ocasiones solemnes en el Reino Unido.
La obra que sirve de eje central a esta publicación es una de sus primeras incursiones dentro de la música vocal: Il trionfo del tempo e del (disinganno (El triunfo del tiempo y del desengaño), una obra que compuso durante su estancia italiana y que estrenó en Roma en el verano de 1707.
Escrita en forma de oratorio a partir de un libreto del cardenal Benedetto Pomphili e inspirado en Los triunfos de Petrarca, es una alegoría moral sobre la brevedad que poseen la belleza y los placeres de este mundo en un diálogo en el que intervienen cuatro personajes: La Belleza, el Placer, el Tiempo y el Desengaño.
La primera música que nos acompaña es Il voler nel fior degl'anni un dúo en el que la Belleza y el Placer entretejen consideraciones en una composición en estilo tripartito, en la que la primera y tercera parte, iguales, alternan con una segunda meditativa y en tiempo de andante. 


La interpretación está grabada en vivo en el Festival de Aix-en-Provence en julio de 2016 con las voces de Birgitte Christensen como el PlacerAnn Hallenberg como la Belleza dirigidas por Giovanni Antoninni.


El texto que proporcionó Pomphili al joven Händel estaba inspirado, como decíamos, en Los triunfos, una obra escrita por Petrarca más de trescientos cincuenta años antes.
Los triunfos como género provienen de la literatura clásica, especialmente los etruscos, griegos y romanos, y consistían en obras que tenían por objeto conmemorar una festividad, la grandiosidad e importancia de un dios o la entrada triunfal de un general tras la victoria, asó como la descripción de su desfile victorioso. Más adelante Ovidio introdujo un giro ideológico, al presentar a Cupido como alegoría de un jefe guerrero con el atributo de sus flechas en el campo amoroso, que desvía el objetivo primigenio de los triunfos hacia el cambio hacia otros aspectos como el goce del amor carnal.
Entre las cartas encontradas a la muerte de Francesco Petrarca se hallaron incompletos y con muchas correcciones los textos de Los TriunfosEscritos, posiblemente a parir de 1352 y quedando incompletos, Ls Triunfos fueron publicados y tuvieron gran éxito. Los cantos están dedicados a glosar los respectivos triunfos de Amor, de la Castidad, de la Muerte, de la Fama, del Tiempo y de la Divinidad.
El primero de los Triunfos de Petrarca está dedicado al Amor. En su inicio nos evoca, por un lado, el mencionado triunfo de Ovidio que dedica a Cupido; por otro lado, al comienzo de la Divina Comedia en que Dante se encuentra con Virgilio quien le acompaña en su viaje por el Infierno y el Purgatorio. Así, el comienzo del primero de los tres cantos que Petrarca dedica a Amor comienza con la singular aparición de Cupido, general, más que dios, del amor.
La versión que nos acompaña corresponde a la traducción que hiciera a nuestro idioma Antonio de Obregón y que fue publicada en Logroño en 1512, por lo que el lenguaje, la sintaxis y las expresiones contrastan con los que utilizamos en la actualidad. En el apartado bibliografía, webgrafía se puede acceder al texto completo.


Tras pasar su infancia en su Halle natal, donde aprendió a interpretar instrumentos como el órgano, clavecín, violín, oboe y recibir clase de contrapunto y composición de Friedrich Wilhelm Zachow, pasó a dirigir la orquesta de la Ópera de Hamburgo hasta que cumplió los veintidós años. Viajó entonces a Italia donde estuvo entre 1707 y 1710 estudiando y representando algunas de sus composiciones.
Regresó a su país de origen para ocupar el cargo de Kapelmeister del Príncipe elector de Hannover, quien lo instó a realizar una gira por Inglaterra, donde conocería el éxito con su ópera Rinaldo
Cuando el príncipe elector de Hannover fue coronado como George I de Inglaterra, Händel se estableció en el país donde llegó a triunfar con sus obras, adquiriendo la nacionalidad británica, fundando la Royal Academia of Music y siendo considerado el más grande compositor inglés de la época.

Triumphus Cupidinis (El Triunfo del Amor). Códice Vitr. 22-4, Biblioteca Nacional
Nos acompaña a continuación una de esas piezas que tanto abundan en la música del Barroco, el aria de Belleza Un pensiero nemico di pace, de nuevo un aria da capo, con sus tres partes y la repetición de la primera a modo conclusivo, un aria de bravura, con sus partes bien diferenciadas, la primera y tercera marcadas con la indicación de Allegro y la segunda con la de Moderato, y en la que podemos observar que el breve texto tiene un desarrollo más amplio y espectacular con la música de Händel.


La interpretación pertenece a la misma producción anterior y corre a cardo de la soprano Sabine Devieilhe acompañada de Le Condert D'Aatrée y la dirección de Emmanuelle Halm.


También se muestra la influencia de Dante en Los Triunfos de Petrarca en la métrica, formada a base de tercetos endecasílabos encadenados al estilo del autor de la Divina Comedia, en que riman los versos 1 y 3 de cada terceto, mientras el 2 para a rimar con el 1 y 3 del terceto siguiente y así hasta completar cada uno de los cantos.
El éxito de la obra en nuestro país se  debe a traducciones de Alvar Gómez (alrededor de 1510, casi siglo y medio después de ser escritos) y Antonio de Obregón, cuya traducción estamos siguiendo en esta publicación, de 1512. En esta última con versos que alternan las quintillas dobles con los octosílabos en lugar de los endecasílabos originales, en una traducción que se haya a camino entre las formulas medievales y las renacentistas. Además esta y otras versiones de su época seguían la traducción textual, casi palabra por palabra, aunque intentando respetar el contexto original con la inclusión de expresiones italianizantes en nuestro idioma.
En Los Triunfos de Petrarca predomina la idea de que Amor triunfa sobre todos los hombres acercándonos a un elenco de amantes famosos en los tres cantos dedicados a él. Mas también triunfa la Castidad sobre el Amor, quien es a su vez vencido por la Muerte. Sobre esta última triunfa la Fama, con sus tres cantos también con célebres personajes, quien es vencida a su vez por el Tiempo, que se erige como una segunda muerte por el olvido. Finalmente, el último canto está dedicado a la Eternidad, que vence y domina a todos. 
Esta suerte de poema alegórico entre lo profano y lo religioso se ve influenciado por dos presencias, la del propio Petrarca que se muestra como protagonista en ellos y la de quien es su musa omnipresente en toda su producción literaria, su amada Laura, el eje de toda su obra, quien al acercarse a la muerte se transforma en una visión de la belleza pura.

El Triunfo del Amor. Copia francesa de Los Triunfos de Petrarca (siglo XVI).
Los Triunfos alcanzaron una gran difusión y popularidad, especialmente el Triunfo del Amor gracias a su gusto medieval, la erudición con que está escrito y la carga alegórica que posee, alcanzan su fama hasta el periodo renacentista, donde influyó en un gran número de poetas.
El siguiente texto pertenece al tercero de los cantos de El Triunfo de Muerte, en el que el propio Petrarca recibe la presencia de tan señalado personaje -«quien nunca yerra» la llega a denominar- y la conversación que entabla con ella.


Para acercarse a la historia de cómo llegó a componer Händel Il Trionfo del Tempo e del Disinganno hay que remitirse a  uno meses antes, cuando el joven compositor arribó en su viaje por Italia a Roma, donde llamó la atención de los aficionados a la música, pertenecientes en su mayor parte, a los altos estamentos sociales. Allí fue protegido por algunos mecenas como los cardenales Pamphili y Ottoboni y el marqués Ruspoli, además de crear amistad con Arcangelo Corelli y Doménico y Alessandro Scarlatti, quienes influyeron en su formación.
El hecho de recibir el libreto y el encargo de Pamphili para componer un oratorio y no una ópera tiene su explicación, ya que estas están prohibidas en Roma por  el papa Clemente XI, Así, la obra compuesta por Händel es una sucesión de recitativos, arias da capo, dúos y cuartetos que se han llegado a llevar a los escenarios en bastantes ocasiones como si se tratara de una obra escénica.

El aspecto alegórico, inspirado en la obra de Petrarca se mantiene con una serie de imágenes y reflexiones sobre temas que nos afectan en todo momento. A continuación nos acompañan dos arias seguidas. Por un lado, el aria Nasce l'uomo ma nasce banbino cantada por el Tiempo, a la que sigue, dentro de la misma reflexión el aria del Desengaño L'uomo sempre se stesso distrugge. ¿Pueden tener cabida en nuestro pensamiento actual?

La interpretación de estas arias corresponde al tenor John Elwes como el Tiempo y la mezzosoprano Nathalie Stutzmann como el Desengaño en una grabación para el disco Hándel Edition. Volume 2 - Il Trionfo del Tempo, Teseo, Amadigi, publicado por Erato Classics S.N.C. en 1988 con Les Musiciens du Louvre con la dirección de Mark Minkowsky.


Igual que Dante en su Divina Comedia, Petrarca se erige en protagonista de su obra, siendo el eje sobre el que gira la misma en una suerte autobiografía idealizada en la que bosqueja su personalidad y la imagen que  desea legar de poeta innovador, humanista e intelectual. También refleja su gusto por la antigüedad clásica a la que eleva por encima de otras consideraciones. 
Sus Triunfos, aunque nos hayan llegado incompletos, poseen un resorte narrativo en el que unas fuerzas se imponen cada vez sobre la anterior, hasta llegar a la eliminación de todas con el único triunfo que cuenta realmente para el autor: el de la Eternidad, en una lucha entre fuerzas naturales y trascendentes que finaliza con la destrucción de cuanto es terrenal a favor de la visión celestial.

Carátula de Il Trionfo del Tempo e del Disinganno
El cuarto de los Triunfos de Petrarca está destinado a la Fama que se haya dividido en tres cantos. El texto que nos acompaña pertenece al tercero de estos cantos y en él, el admirado Petrarca se encuentra con aquellos héroes de la literatura y del pensamiento que transitaron por a antigüedad clásica y gozan de eterna fama. 


Es sorprendente que un compositor como Händel con poco más de veinte años haya sido capaz de realizar una obra de arte con un dominio tan grande de las técnicas musicales imperantes en su época. 
El texto de Pamphili es una alegoría moral sobre la brevedad de la belleza y de los placeres y esta Belleza se erige en el personaje central, situándose al inicio de la obra al lado del Placer, aunque la constante influencia del Tiempo y el Desengaño la irán dirigiendo hacia la verdad, a la presencia de Dios, según el esquema de la época.

Ilustración Triumphus Fame. Bibliothèque Nationale de France, París.(ca.1503)
Nos quedamos a continuación con otra de las intervenciones de la Belleza, Venga il Tempo, un aria más reflexiva y menos agitada que las anteriores que se inscribe dentro del estilo barroco que Händel llegó a sublimar.


La interpretación corresponde a la soprano francesa Natalie Dessay acompañada de nuevo por Le Condert D'Aatrée y la dirección de Emmanuelle Halm.


Pese a que su obra más popular y conocida de Petrarca sea el Cancionero, una obra lírica formada por más de trescientos poemas, la mayoría de ellos sonetos, Los Triunfos comparte con ella el haber sido escrita en el dialecto italiano toscano, frente al resto de obras escritas en latín.
La influencia de Petrarca y su amor por Laura trascendió las fronteras italianas para llegar a lugares como nuestro país donde alcanzó un gran predicamento y popularidad. El uso de sonetos y el recurso del amor platónico hacia un personaje idealizado, en este caso Laura, influyó sobre  los escritores hispanos.
Pero esta influencia creció con la publicación, siglo y medio más tarde de los Triunfos, especialmente en escritores como Jorge Manrique, el Marqués de Santillana o el Canciller López de Ayala.
Nos despedimos de la obra de Petrarca con un extracto de los poemas dedicados al triunfo del Tiempo, del que conocemos un solo canto. Ya inmersos en pleno desarrollo argumental, Petrarca comienza este extracto mencionando una frase que oyó, según la cual, la fama es como un poco de sereno en el invierno que se deshace con un poco de niebla, según lo cual el tiempo excesivo es un gran enemigo de la fama. 
Con estos versos finalizamos la mirada a la influencia que la obra de Petrarca tuvo en el oratorio de Händel.


Tras seguir en esta entrada del blog la relación entre esta obra de Händel y los Triunfos de Petrarca, inspirados a su vez en los del periodo clásico, tendrá una continuación en una nueva publicación, En esta ocasión, estará relacionada con algunas piezas de la obra de Händel que pertenecen, en su gran mayoría a la segunda parte de la obra, y entre las cuales se encuentra una de las piezas más conocidas del compositor. También habrá una referencia a las versiones que el propio Händel realizó y una mirada a nuestro tiempo, en la que recogeremos textos recientes que enlacen esta obra con nuestra actualidad para comprobar que algunas obras tienen vigencia más allá del tiempo en que fueron creadas.

La primera de las dos partes en que se divide El triunfo del Tiempo y del Desengaño finaliza con un cuarteto entre los protagonistas de la obra.
Tras un breve recitativo entre el Desengaño y el Tiempo, comienza el cuarteto Se non sei più ministro di pene en el que los cuatro personajes desarrollan sus argumentos, bien al unísono, bien en dúos.
El breve recitativo en que se dirigen a la Belleza y que da pie al cuarteto se desarrolla de la siguiente forma:

Desengaño: El reino del Placer has visto, ahora ven.
Tiempo: Busca un placer auténtico / Ve al reino donde reside la verdad.
 

El enlace que nos acompaña pertenece a una representación con la Gabrielli Consort & Players dirigidos por Paul McCreesh en el Festival de Beaune de 2010. Realizada en el formato original como oratorio en que Händel la estrenó, han tenido el detalle de distribuir a los cantantes a ambos lados del director, con el Tiempo y el Desengaño con ropajes negros, mientras la Belleza y el Placer lucen atuendos coloridos, más acordes con su condición.
La interpretación corre a cargo de las sopranos Rebecca Bottone y Renata Pokupic, como Belleza y Placer, la mezzosoprano Romina Basso como Desengaño y el tenor Roman Colett en el rol de Tiempo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: