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La Ópera en el Cine 2

La calidad de una pieza musical puede estar en letargo durante mucho tiempo hasta que adquiere una popularidad proveniente de otro ámbito. Es el caso de la música de ópera que se vuelve viral cuando se utiliza en el cine, la televisión o la publicidad.
En este blog hemos dedicado a tratar de estas apariciones en diversas publicaciones como en La Ópera en el Cine, La Ópera en la publicidad o en Publicidad, Ópera y Música en las que se relacionaban las obras originales con su utilización en estos ámbitos.
Así, piezas que pertenecen a unas obras que son conocidas por un público determinado, los aficionados a la ópera y la música en general, adquieren de pronto una vida en un medio distinto que transforma su popularidad en un fenómeno viral. Este resurgimiento no suele tener nada que ver con el sentido original de la pieza, ni su duración -a la que frecuentemente se la adapta al nuevo formato- o la instrumentación con que fue escrita. Así, si hay que escuchar un aria de Mozart con la voz distorsionada en el estudio o una obertura de Rossini con instrumentos electrónicos, por necesidades del nuevo formato, se acepta sin más.
Y lo curioso es que, en el fondo, no importa mucho. Este trasvase sirve como una suerte de escaparate cultural que logra que un público que nunca conocería la obra llegue a tenerla en consideración, aunque nunca llegue a escucharla en su formato original. En el tránsito, se habrá dado a conocer al autor o a la obra, algún espectador la incorporará sin conocerla a su impronta cultural o desarrollará una curiosidad que le hará acercarse a ella.
De esta forma, el cine sigue llevando la ópera a la gran pantalla, señal de la calidad y la importancia de las obras musicales, aunque no siempre con el mismo sentido que tenía en su contexto. Si tiene algo que decir con el argumento y el desarrollo de la película, será bienvenida; si encaja en el desarrollo de la escena potenciando su fuerza como simple banda sonora, también lo será.
Te invito a acercarte a algunas escenas de películas de cine en que aparece música de ópera. Nos acompañan El padrino III, Hannibal, Mar adentro y Apocalypse now. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Prácticamente conocemos a Pietro Mascagni por la primera ópera que estrenó y poco más, pese a que llegara a estrenar una docena de óperas más.
Tras estudiar un par de años en el conservatorio de Milán, siguiendo, entre otros, la docencia de Ponchielli, Mascagni abandonó los estudios para enrolarse como contrabajista en el teatro y como director en varias compañías ambulantes. Al conocer que el editor musical Sozogno -rival de los afamados editores Ricordi- convocaba un concurso sobre ópera en un acto, compuso en poco tiempo Cavalleria rusticana (algo así como Caballerosidad rural), con la que ganó el concurso, pese a que hubo de compartirlo con dos obras más.
Tras su estreno en el Teatro Constanzi de Roma, en mayo de 1890 se hizo famoso en todo el mundo con esta única obra. Más adelante, siguió componiendo y dirigiendo, aunque ninguna de sus obras llegó a obtener la fuerza dramática, la originalidad y los niveles de popularidad de esta ópera. Pese a su intensa labor como director durante toda su vida, el hecho de haberse dejado ensalzar por el gobierno de Mussolini dificultó su reconocimiento y trabajo más allá de las fronteras italianas.
Se instauraba así el movimiento del Verismo, entroncado con el Naturalismo literario que se desarrollaba desde la narrativa francesa de Zola y otros autores y sustituía a las formas musicales con raíz en la aristocracia y la burguesía propias de la ópera de la primera parte del XIX para acercarse a ese naturalismo enraizado en las clases populares y la violencia de algunos entornos sociales.

La historia de Cavalleria rustica transcurre, como exigía la convocatoria, en un solo acto en una aldea de Sicilia en un domingo de Pascua de la década de 1880. Turiddu, que ama a Lola, regresa a la aldea tras el servicio militar, encontrándola casada con Alfio. Huyendo de su desengaño se refugia en Santuzza, que lo ama apasionadamente y con quien se compromete. Lola, que envidia la suerte de esta, busca recuperar a Turiddu, quien cae en sus redes. Así, Mascagni propone un argumento que presagia el triste final que se desencadenará en una festiva mañana de Pascua.
Varias son las piezas conocidas que se destacan de esta ópera (Regina coeli laetare, Inneggiamo, il Signore noe è morto o Viva il vion spumeggiante!), pero nos quedamos con el Intermezzo, una composición cuya melodía principal ha pasado a tener un carácter casi folclórico dentro de la música italiana.
El Intermezzo se produce en el momento en que Alfio proclama su venganza contra Turiddu, un momento en el que todo el pueblo está en iglesia para la celebración y la plaza está solitaria. Poco a poco, esta pieza fue tomando protagonismos e interpretándose en conciertos sinfónicos independientes de la ópera, alcanzando gran renombre en el repertorio orquestal.
La Orchestre National de France dirigida por Georges Prêtre nos trae este Intermezzo de Cavaleria rusticana de Mascagni en una grabación que se realizó en la Chorégies d'Orange en agosto de 2009.


En varias ocasiones ha sido llevado a la gran o pequeña pantalla este Intermezzo de Mascagni. En los títulos de crédito y el arranque de Toro Salvaje de Martin Scorsese nos muestra a Robert de Niro boxeando con su propia sombra mientras suena esta música. También en la serie Los Soprano, en la que se prodigan las apariciones de música desde Vivaldi a piezas de rock del siglo XX, hay una escena en un restaurante en la que se oye esta misma música que evoca en los protagonistas distintas sensaciones.


¡Cuidado hay spoilers! Si aún no la has visto y deseas hacerlo, salta después del enlace.
Pero la que nos acerca al cine en esta ocasión es The Godfather Part III (1990), la tercera parte de El Padrino de Francis Ford Coppola. Quizás no haya una ópera que encaje mejor en el mundo de los Corleone, las venganzas, el ambiente cultural y la tierra que Cavalleria rusticana. Más cuando el final de la película -y la saga- se centra en esta obra en la que Anthony Corleone, el primogénito tenor de Michael es quien protagoniza el papel de Turiddu con todos los miembros de su familia presentes en el teatro. Aquí Coppola vuelve a mezclar ese tipo de argumentos que tanto prodiga en la saga: escenas paralelas en las que se cruzan las muertes y los ajustes de cuentas. Aquí, la trama para asesinar a Michael fracasa y quien muere es su hija Mary en las escalinatas a la salida de la ópera.
La música de Mascagni adquiere toda la fuerza dramática que Coppola imprime a la saga de los Corleone.


Nacido en la ciudad alemana de Halle, a Georg Friedrich Händel podemos considerarlo como uno de los más prolíficos y reconocidos compositores ingleses, puesto que después de formarse en su país natal y en Italia -en Roma con Arcangelo Corelli y Alessandro y Domenico Scarlatti-, terminó su vida en Inglaterra, después de que, siendo maestro de capilla del príncipe elector de Hannover, este fuera nombrado rey con el título de Georg I de Gran Bretaña, pasando en las islas británicas más de cuarenta años. Allí estrenó alrededor de treinta óperas, además de diversos oratorios, entre ellos su celebérrimo Messiah, llenando con creces el vacío que había dejado la muerte de Henry Purcell.
En 1724 estrenó en el King's Theatre londinense la ópera en tres actos Giulio Cesare in Egitto con libreto en italiano de Nicola Francesco Haym. El libreto, como podemos imaginar, se centra en la estancia de César en Egipto tras vencer a Pompeyo y sus relaciones amorosas con Cleopatra.
En la tercera escena del tercer acto nos encontramos con el sobrecogedor lamento de la reina egipcia Piangèrò la sorte mia (Lloraré mi suerte) cuando cae prisionera de su hermano Ptolomeo y se imagina el final que le espera y en el que las intérpretes pueden mostrar su coloratura y su capacidad para los ornamentos y el fiato.

La soprano francesa Natalie Dessay interpreta el aria Piangèrò la sorte mia con la Orchestre du Concert D'Astree y la dirección de Enmanuelle Haim en una grabación registrada en 2011.


En esta ocasión no recurrimos a una película para traer la pieza anterior, sino a una serie de televisión basada en el cine. En The silence of the lambs (El silencio de los corderos, Jonathan Demme, 1991) se nos presentaba uno de esos personajes que traspasan la pantalla, Hannibal Lecter, a las que siguieron Hannibal (2001) y Dragón Rojo (2002), secuela y precuela respectivamente de la película original, todas ellas protagonizadas por Anthony Hopkins.


El éxito de las películas y el personaje llevaron a la creación de la serie Hannibal, en uno de cuyos capítulos -el séptimo de la primera temporada, concretamente- se interprete este aria Piangèrò la mia sorte a cargo de la actriz y soprano canadiense Emily Klassen.


Desde pequeño Puccini tuvo relación con la música, puesto que su padre le dio clases de órgano desde los cinco años y, tras su fallecimiento, continuó cantando también en coros de iglesia. Más adelante entró en el conservatorio de Milán donde también fue discípulo de Ponchielli, unos años antes de Mascagni.
Su decena de óperas marcaron el cambio de siglo, siendo el último autor de una tradición que surgió en Italia y llegó a su apogeo en el siglo XIX. Obras como Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Madame Butterfly, las que componen Il Trittico (El tríptico) o Turandot continúan representándose en la actualidad y han puesto a Puccini en el lugar que le corresponde en la historia de la música.
Su última ópera, Turandot, quedó inacabada al fallecer el compositor tras una operación relacionada con un tumor en la garganta, por lo que fue terminada por su colaborador Franco Alfano.
Profundo conocedor del alma humana, la música de Puccini está impregnada de una melancolía que recorre todas sus obras. Aún así, la temática de Turandot se aleja de sus obras anteriores, evitando los dramas realistas y centrándose en un cuento oriental cargado de símbolos en el sentido de las leyendas populares.
El personaje del príncipe Calaf es el gran rol de tenor heroico de Puccini, tanto por la intensidad que debe transmitir, en un estado de apasionada fuerza, como por su registro vocal que alcanza los registros más agudos. Así, su segunda aria situada al comienzo del Acto III, Nessun dorma! (¡Que nadie duerma!) se ha consolidado como una de las arias para tenor más conocidas y populares de la historia de la ópera de todos los tiempos.

Pese a que la hemos traído al blog en otras ocasiones, no está mal volver a disfrutar de la interpretación de Nessun dorma! a cargo del grandísimo tenor Luciano Pavarotti en una grabación que recrea una puesta en escena a comienzos del siglo XX.


En su película Mar adentro (2004) sobre la historia de Ramón Sampedro, Alejandro Amenábar utiliza este aria con un sentido de ensoñación y libertad absoluta. Aquí muestra el sueño de quien no puede moverse al estar tetrapléjico, pero que se siente momentáneamente con la capacidad, no sólo de caminar, sino de desplazarse libre y emocionadamente hasta donde su mente le lleva.


La frase que pronuncia cuando se encuentra con Julia (Belén Rueda), «me dijeron que estabas aquí y vine volando» encierra toda la grandeza de esta pieza, en un sentido que nada tiene que ver con el que posee en la obra original de Puccini.


Pocos creadores han buscado con tanto ahínco como Richard Wagner tener un control mayor sobre su producción artística y crear un tipo de obras que abarcara y uniera en una sola todas las demás artes: La música, el teatro, la poesía, el vestuario o los decorados, todo debía confluir en la Gesamtkunstwerk, la obra de arte total.
En la evolución de sus obras se aprecia cómo Wagner va adueñándose y tomando el control de los aspectos creativos, desde la elaboración del guion que él mismo escribe, hasta la música en la que dota a cada personaje, símbolo o elemento de unos temas musicales, leitmotivs, que suponen una concepción de la armonía, la melodía e incluso el contrapunto con el que se delimitan sus emociones o características y que aparecen a lo largo de toda la obra.
De entre toda su producción nos acercamos a la tetralogía más famosa y ambiciosa de la historia de la ópera: El anillo del Nibelungo. Dividida en un prólogo (El oro del Rhin) al que siguen La Walkyria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, es la segunda de estas la que nos acompaña para despedir esta publicación sobre la ópera en el cine.
El comienzo del Acto III recoge una de las músicas más reconocibles del compositor alemán, en la que las walkyrias, las nueve hijas de Wotan y Erda, con Brunilda a la cabeza, recogen los cuerpos de los guerreros caídos en combate para acercarlos al Walhala.
Esta Cabalgada de las walkyrias (no cabalgata, que hace referencia a un desfile de carrozas o jinetes por las calles) sugiere un espacio infinito, un mundo cósmico más allá de lo terrenal en el que Wagner incluyó un grupo inusual de diversos tipos de viento metal a base de trompas, tubas y trombones que le imprimen una grandiosidad escalofriante.

Nos acompaña una versión icónica, la correspondiente a la producción de la tetralogía que se representó en el Festival de Bayreuth de 1980 dirigida por Pierre Boulez.


Posiblemente todos los aficionados al cine hayamos pensado en la misma escena con la música de esta Cabaldada de las walkyrias.
Así, cerramos el ciclo con el cineasta que lo abrió, Francis Ford Coppola y su película situada en la guerra de Vietnam, Apocalypse now, inspirada en la novela El corazón de las tinieblas de Josep Conrad, con Marlon Brando, Martin Sheen y Robert Duvall en sus papeles principales.


Tampoco en esta ocasión la música tiene que ver con su sentido original de acercar a los caídos a su paraíso particular, sino que se utiliza con toda su grandiosidad para magnificar lo terrible de un conflicto bélico. Es la horrible fascinación de lo repulsivo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo

Entre bosques y árboles

Un árbol es nuestro contacto más íntimo con la naturaleza.
Fiedrich Nietzsche

Nuestra vida se distancia cada vez más de la naturaleza, entrando de lleno en los avances que la tecnología, la cultura o la ciencia nos propone y que nos hacen mejorar, en muchos casos, nuestras condiciones de vida. Pero este avance nos hace perder el contacto con lo más natural, alejarnos en lo físico y lo emocional de aquello que nos rodea. Los árboles, las plantas, los animales, la tierra se vuelven exóticos a nosotros. Apenas si podemos atisbar en nuestro entorno los árboles que nos acompañan en las calles, los pájaros que viven en nuestras ciudades y pueblos que se vuelven invisibles a nuestros ojos y sentidos.
Te propongo un paseo literario y musical alrededor de los árboles y los bosques para poder acercarnos a las sensaciones que nos proponen sus autores. ¿Y si recuperamos la opción de acercarnos y pasear entre árboles y sentirlos junto a nosotros? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Redactor periodístico, cronista parlamentario desde que sucedió a Azorín en esta tarea publicando sus reseñas parlamentarias en sus Acotaciones de un oyente, Wenceslao Fernández Flórez es uno de esos escritores que se hicieron tremendamente populares y leídos en la primera mitad del siglo XX. Gallego de nacimiento y memoria, aunque instalado en Madrid desde 1915, compartió el Premio Nacional de Literatura con Concha Espina en 1926, recibió la Medalla de Oro de Madrid en 1934 junto con Ortega y Gasset y Américo Castro. En la Real Academia Española fue elegido para la silla S ese mismo año, aunque no tomó posesión de la misma en 1945 con un discurso centrado en uno de sus temas predilectos, El humor en la literatura española.
Además de su labor periodística, Fernández Flórez dedicó buena parte de su trabajo a la escritura de unas novelas que se desenvolvían entre el naturalismo, un tono que oscila entre un humor que relativiza lo que trata y un cierto estilo moralizante, con ciertos toques simbólicos. Novelas como Volvoreta, El secreto de Barba Azul, Las siete columnas, El malvado Carabel, El bosque animado o El sistema Pelegrin forman parte de la cuarentena de novelas cortas que le dieron popularidad en su tiempo y que ahora están más cercanas a un olvido del que sería interesante rescatar.
Varias de sus novelas fueron llevadas al cine y él mismo llegó a colaborar en algunos guiones. El bosque animado se adaptó para el séptimo arte en la década de los 80 del siglo pasado por José Luís Cuerda.



En El bosque animado, Fernández Flórez crea un relato protagonizado por uno de esos bosques vírgenes, inexpugnables y cerrados que antes abundaban en las zonas atlánticas, la Fraga de Cecebre. Allí transitan las vidas de sus habitantes moviéndose entre un lirismo que oscila entre lo nostálgico y lo mágico, un cierto simbolismo naturalista y esa prosopopeya que atribuye a los animales y plantas del bosque cualidades humanizadas.


La segunda parte de la Tetralogía El anillo del Nibelungo, Richard Wagner la titula La walkiria y la centra en la figura de Brunilda, la preferida entre las nueve hijas del dios Wotan con este apelativo. El primer acto se centra en la relación que se establece entre Siegmund y Sieglinde que lo acoge en la casa de su esposo Hunding. Este lo reconoce como al fugitivo al que ha estado persiguiendo con sus cazadores pero se ve obligado a seguir las leyes de la hospitalidad y lo acogerá durante la noche. La sala donde está el huésped está presidida por un fresno, alrededor del cual se ha construido la vivienda, con una espada clavada en su tronco. Sieglinde entra en la sala y le cuenta que ha dado un narcótico a su esposo. La conversación se centra en el árbol y el arma que tiene clavada.
El enlace corresponde a una interpretación de Susanna Levonen como Sieglinde y Jan Kyhle en el rol de Siegmund que se llevó a cabo en la Wermland Opera Ring en 2011 con la dirección de Henrik Schaefer.



Uruguayo de ascendencia italiana, Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia no podía sino tener relación con el mundo de los libros habida cuenta de esos cinco nombres que, según la costumbre, le pusieron sus padres al bautizarlo y que tantas evocaciones literarias nos traen.
Después de trabajar desde los catorce años en una empresa de repuestos de automóviles en distintas localidades uruguayas, su traslado a Buenos Aires le hizo descubrir su vocación de poeta que reforzó al regreso a Montevideo donde obtuvo una plaza de funcionario. 
Desde su primera publicación La víspera indeleble de 1945, la obra de Mario Benedetti es difícil de clasificar y etiquetar moviéndose entre la poesía, el ensayo, la crónica periodística, las letras de canciones o la narración. Pero es esa variedad la que crea un estilo personal e inconfundible, una labor en que el escritor logra que el lector se sienta implicado en un diálogo con el autor.
De toda su producción el libro que nos acompaña en este paseo entre los árboles es Preguntas al azar (1986), su primera publicación tras el exilio en diversos países hispanoamericanos y España. En este libro, Benedetti se despide de su pesimismo con un humor que parte de la reflexión y un cierto desencanto.

Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo
       (de Chau pesimismo)

Sus ochenta poemas están divididos en capítulos: ExpectativasRescatesPaís despuésLa nariz contra el vidrioLa vida ese paréntesisLugaresOdres viejos y el más conocido de todos El sur también existe. Este último está formado por las diez canciones que escribió para que Joan Manuel Serrat pusiera música a un álbum inolvidable. El hilo conductor es la desigualdad existente entre las economías y culturas del Norte y el Sur de nuestro planeta, mostradas desde la crítica social, la parodia y la paradoja y resumidas entre "quienes se desviven" y "quienes se desmueren". En los ochenta poemas de Preguntas al azar y, especialmente este último capítulo, queda recogido uno de los pensamientos y principios de Benedetti: "No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro."
De todos las letras de canciones que forman El sur también existe, se nos hace imprescindible en esta reflexión sobre árboles y bosques el poema De árbol a árbol, un canto a la solidaridad, una nueva humanización de estos seres proveniente de la fértil mente de Mario Benedetti.




Si hablamos de la colaboración entre ambos, no podemos dejar de recordar cómo suena la música que Joan Manuel Serrat puso a la letra creada por Benedetti y que, según las palabras del escritor uruguayo "Las letras musicalizadas suelen tener como antecedente poemas anteriores, pero al adoptar la forma de canciones debí efectuar cambios sustanciales en su texto, en su extensión o en su estructura."


Tras una concesión a los males y los peligros de las fragas y los bosques en general, Fernández Flórez continúa en El bosque animado su relato sumergiéndonos en la música y el canto -no en el de los pájaros, como podríamos suponer- que nos proporcionan los árboles, una emoción que cada vez es más difícil de sentir y que debemos buscar para dejarnos llevar por su sutil belleza.


Lector incondicional de Shakespeare desde su juventud, Giuseppe Verdi llevó a escena tres óperas basadas en obras del escritor inglés: Macbeth, Otello y Flastaff, estas dos últimas una vez retirado y cumplidos más de setenta años.
En Otello, basada en Otelo, o el moro de Venecia, este personaje tiene el carácter de hombre noble, casado con Desdémona, mientras Iago representa la hipocresía y la maldad, uno de esos caracteres que reflejan un profundo estudio del mal. Tanto la obra de Shakespeare como la de Verdi conforman la tragedia que marca la incomprensión en la que combaten el más puro amor con la pasión, la venganza y los celos.
En el cuarto y último acto de la ópera, Desdémona cuenta a su criada Emilia la historia que se esconde tras la Canzon del Salice (Canción del sauce).
El enlace está interpretado por Barbara Frittoli en el rol de Desdémona en Florencia en 2003 con la dirección musical de Zubin Mehta.





Jiří Weil nació casi con el siglo XX, en 1900, cerca de Praga. Sus estudios de Filosofía, Filología Eslava y Literatura Comparada lo llevaron a Rusia a estudiar la obra de los escritores de aquel país, volviendo y regresando en diversas ocasiones. Tras conocer y denunciar las purgas realizadas en la Unión Soviética fue enviado a un campo de reeducación en Kazajistán. Regresó a la capital checa en 1935 para llevar la dirección del Museo Judío de Praga. Cuando iban a internarlo en un campo de concentración ideó un suicidio ficticio, se le dio por muerto y quedó escondido en la ciudad hasta el final de la contienda. Pese a salir al finalizar la contienda con cuarenta y cuatro kilos de peso y una salud deteriorada, volvió a su cargo en el museo. Vida con estrella (1949) es una de las mejores obras sobre la opresora vida en la ocupación alemana. Su novela Mendelsshon en el tejado fue publicada póstumamente. 

Mendelsshon en el tejado comienza de forma inocente para finalizar de una manera cruel. Parte de una anécdota que muestra la vacuidad de la guerra, lo inútil de la burocracia -relacionada o no con lo bélico- y la subversión de valores. Los mandos del ejército alemán invasor de Checoslovaquia descubren que en el tejado del Rudolfinum de Praga entre las estatuas dedicadas a los grandes compositores hay una de Félix Mendelsshon un músico judío, algo inaceptable y hay que quitarla. Pero nadie sabe cuál de las efigies es. La forma en que indagan, acusan, maltratan, temen o mandan da pie a la descripción de las formas que utilizaron en la guerra los ejércitos alemanes (y en cierto modo, muchos). Esa anécdota que llena la primera parte del libro nos va abriendo los ojos a las atrocidades realizadas por los nazis en un ir y venir entre lo que piensan los opresores y los oprimidos, lo que nuestra conciencia nos quiere dejar pensar y lo que sabemos que pensamos, los eufemismos y la realidad, la verdad y la mentira con que nos queremos engañar. 
En la parte final del libro la mirada de Jiří Weil pasa de dos niñas, Adéla y Gréta al bosque, de las personas a los árboles, de la masa de individuos a la del bosque, en una memoria que nos recuerda que de la destrucción crece con mayor fuerza la naturaleza, que si los árboles mueren, otros árboles los hacen triunfales e inmortales.  



La ópera Jerjes de Georg Friedrich Händel tiene uno de los comienzos más bellos de cuantos se han compuesto. El rey persa, recostado bajo un plátano canta a la emoción y el placer que le proporciona sentarse junto a su sombra, mayor que ninguna de sus riquezas.
Pensada para las voces de castrati, Ombra mai fu (Nunca hubo sombra) se suele interpretar por sopranos, mezzosopranos, tenores y contratenores, aunque también en la versión instrumental conocida como El largo de Händel. Recordamos que largo en música se refiere a un tiempo lento, el más lento tras el grave.
La interpretación corre a cargo de la mezzosoprano Cecilia Bartoli en una grabación de vídeo que se realizó para su disco Sacrificium dedicado a los castrati y en la que está acompañada por Il Giardino Armonico bajo la sempiterna dirección de Giovanni Antonini.




Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos y sabe escucharlos, descubre la verdad.
Herman Hesse 
El caminante

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Bibliografía consultada:
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo.
  • Fernández Flórez, Wenceslao. El bosque animado. S. L. U. Espasa Libros. Barcelona 1999.
  • Benedetti, Mario. Preguntas al azar. Visor Libros. Colección Biblioteca Mario Benedetti. 1998.
  • Weil, Jiří. Mendelsshon en el tejado. Impedimenta. Madrid 2016.
Webgrafía:

Walkirias de hoy

A Mónica

Una graduación universitaria es un momento cargado de trascendencia. Para todos los que lo hacen o lo hicieron representa el final de una etapa que comenzó muchos años atrás y que se entrelaza con un futuro que, en el más común de los casos, es incierto, pero que viene cargado de dudas, ilusiones y sueños. Estos días, Mónica ha terminado sus estudios universitarios. A ella va dedicada esta entrada.

Vivimos en el mundo que nos ha tocado. No debemos fijarnos si es mejor o peor que otros, sino en el hecho de que es el que tenemos. Después de muchos años, toda una vida, de formación, es el momento de salir al mundo, a la realidad, a la vida. Es la ocasión de luchar, defender las cualidades y virtudes de esta sociedad a la que pertenecemos, la cercana y la lejana. De batallar por mejorar lo que encontramos, ser osados y valientes para soñar, pensar lo imposible, lo que aún no se ha conseguido para que la sociedad, adormecida en una vida que se nos ofrece plana y en la que es más fácil no pensar, pueda avanzar en la igualdad, la justicia y los derechos, y que todos puedan -podamos- vivir una vida más plena y mejor.
Los tiempos cambian y también algunos prototipos. Las walkirias del título eran luchadoras, aguerridas, decididas, fuertes, pero su función era acompañar a los guerreros caídos en la batalla hasta el Walhalla. Hoy se está, se debe estar, haciendo impensable esa función. La mujer está cambiando su rol en la sociedad y eso es irreversible como se ha puesto de manifiesto en la publicación de vuestra clase La pluma violeta
Es momento de soñar, de hacer que lo impensado y lo impensable se vuelva cierto y habitual.
En esta entrada te propongo dos acercamientos a la lucha por un nuevo papel en el mundo y por conseguir alcanzar los sueños en nuestra sociedad. La primera a una de las músicas más conocidas de Richard Wagner perteneciente a su ópera La Walkiria, mientras que la segunda nos acerca a un elogio de los sueños con la escritora polaca, Premio Nobel de Literatura Wislawa Szymborska.


Guste más o menos, nadie puede negar que Richard Wagner es uno de los grandes compositores que ha dado la música a lo largo de su historia, pese a la relación que se estableció en tiempos entre su obra y la propaganda nazi. Aunque no fue el primero en utilizarlo, desarrolló el leit-motiv, esa serie de sonidos que identifican, describen o evocan a personajes, ideas o situaciones a lo largo de las obras. Las bandas sonoras cinematográficas deben mucho a Wagner al aplicar esta técnica.
De su obra podemos destacar Tristán e Isolda o El holandés errante que hemos traído al blog, Los maestros cantores de Nuremberg, Lohengrin, Tanhauser o Parsifal.
Pero donde mejor se puede apreciar y disfrutar su obra es en la tetralogía El anillo de los Nibelungos basada en antiguas leyendas germánicas. Está formada por un prologo, El oro del Rin, y tres jornadas, La walkiria, Sigfrid y El ocaso de los dioses, una obra que Wagner tardó veintiséis años en componer en su totalidad.
La Walkiria (Die Walküre), la primera jornada es la más conocida de toda la obra. Se trata de una ópera romántica con amores épicos, violentas emociones, muertes trágicas en extremo y un final con un lirismo dramático de una gran intensidad. Wagner se ve reflejado en el personaje de Siegmund, un proscrito perseguido por la justicia como él mismo lo era tras participar en la Revolución de 1848 de Dresde y tener que exiliarse en Zurich.
Entre sus protagonistas aparecen Wotan, rey de los dioses, que se verá presa de su codicia y las contradicciones de sus acuerdos y pactos. Fricka, su esposa y Diosa del Matrimonio que consigue arrancarle la promesa de que Siegmund morirá en combate. Éste, junto con Siglinda, hermanos gemelos sin conocerlo y amantes que provocan la ira de la diosa con sus incestuosas relaciones. Brunilda, una de las nueve walkirias, la favorita de Wotan, quien primero le pide que proteja a Siegmund y luego le retira el compromiso. Brunilda se rebela contra su padre y se resiste a obedecerle porque sabe que Wotan ama a Siegmund. La cólera del dios caerá sobre su walkiria predilecta.



El tercer acto se inicia con una de las músicas más populares y conocidas de Wagner, la Cabalgata de las walkirias (Walkürenritt) que va acompañada del canto de guerra (¡Hojotoho!) de las ocho walkirias y que, aunque se conozca así, el compositor nunca reconoció este nombre ni vio bien que se sacara del contexto de su ópera. 
Es una escena complicada con relámpagos y truenos, con las guerreras cabalgando por el cielo con los héroes muertos sobre sus sillas de montar para llevarlos al Walhalla. Al entrar Brunilda sus hermanas se sorprenden al comprobar que no lleva a un héroe muerto, sino a una mujer, Sieglinde. Desesperada les pide un caballo para poder escapar, pero sus hermanas se niegan a actuar contra Wotan.
Además de haber sido utilizada, como la mayor parte de la música de Wagner como parte de la propaganda alemana durante la II Guerra Mundial, esta Cabalgata ha sido llevada al cine, con mayor o menor fortuna en múltiples ocasiones. Quizás la más conocida para nosotros sea en Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, una escena en que se hace una apología brutal de la guerra.



El enlace que te propongo pertenece a una versión histórica de la Tetralogía que se llevó a cabo en el Bayreuther Festspiele (Festival de Bayreuth) en 1980 bajo la dirección de Pierre Boulez y que se editó en vídeo. Este festival, que se viene desarrollando desde 1879 en el teatro y con las condiciones que Wagner ideó fue inaugurado con la primera representación de la Tetralogía que, de forma ceremoniosa se lleva a cabo todos los veranos desde entonces. A esta inauguración asistieron personajes como Franz Liszt, Eduard Grieg, Anton Bruckner, Tchaikovsky, Saint-Saëns, Nietzsche, León Tolstoi, el kaiser Guillermo I y Luís II de Baviera, el llamado Rey Loco, que fue quien sufragó los gastos para construir el teatro.


Wislawa Szymborska comenzó escribiendo relatos cortos, pero su gusto por las palabras, sobre todo las palabras cotidianas, le hizo ir acortando sus relatos hasta quedarse con las palabras esenciales para terminar escribiendo poemas. La Szymborska amaba la poesía, aunque no le gustaba hablar sobre ella.
Le gustaba la pintura de Vermeer, detestaba el ruido, amaba los monos, no le hacía ascos a las películas de terror y le gustaban las de Woody Allen, disfrutaba con las visitas a museos arqueológicos y no se imaginaba que alguien no tuviera en la biblioteca de su casa un volumen de Los papeles póstumos del Club Pickwick.
Polaca, nació en 1923 en Bnin, aunque residió casi toda su vida en Cracovia. Perteneció al Partido Obrero Unificado Polaco, aunque devolvió su carnet y colaboró con la oposición democrática. Pese a que comenzó a escribir en su juventud, su timidez le impidió presentar sus trabajos, comenzando a publicar a partir de 1945. Desde su primer libro Por eso vivimos, aparecido en 1952, fue publicando obras como Preguntas a mí misma, Llamada al Yeti, Sal, Gente en el puente, De la muerte sin exagerar, Paisaje con grano de arena, Instante, Dos puntos hasta llegar a su última obra Hasta aquí en 2009. A esta mujer tímida y poco dada a los festejos y discursos se le concedió el Premio Nobel de Literatura en 1996 "por su poesía que con precisión irónica permite que los contextos histórico y biológico salgan a la luz en los fragmentos de la realidad humana".



A Paisaje con grano de arena pertenece este poema Alabanza a los sueños, en que la Szymborska nos invita a dejarnos seducir por esos sueños que rompen la realidad y quién sabe, a romper la realidad con nuestros sueños. No seamos conformistas.




Para finalizar el post te enlazo con los sonidos de una nueva versión, instrumental y sólo de audio, de la Cabalgata de las walkirias en una adaptación de jazz cargada de frescura y lirismo interpretada por Uri Caine con su agrupación Uri Caine Ensemble grabada en directo en Venecia en 1997.



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