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El lenguaje del agua

Sin agua no hay vida. Junto con el aire, la tierra y el sol, el agua es uno de los elementos básicos, fundamentales e imprescindibles para nuestra existencia.
Hay tal cantidad de agua en nuestro planeta que bien podríamos llamarlo el Planeta Agua, por ocupar casi las tres cuartas partes de su superficie. Pero todos somos conscientes de que el agua es un bien escaso, ya que tan solo una pequeña proporción es potable y útil, frente a las inmensas cantidades que son salobres.
Desde tiempos inmemoriales los seres humanos que han formado parte de nuestro planeta han utilizado y aprovechado el agua como un bien de incalculable valor que se debe cuidar y preservar, pese a que el excesivo consumo de las últimas décadas ha hecho saltar las señales de alarma sobre su futuro.
Así, las sociedades que viven más cercanas al entorno natural han cuidado con mayor esmero este bien tan escaso, mientras que aquellas en las que la relación se muestra más lejana, como algunas sociedades urbanas en las que no se aprecia esa relación de modo directo -como abrir un grifo sin conocer la procedencia y génesis del líquido elemento-, este cuidado genera mayores problemas de sensibilización, respeto y economía.
Así, el contacto directo con el agua, ya sea a través de arroyos, ríos, lagos o mares, la conducción para regadíos o consumo, y su uso como elemento decorativo para deleite de los sentidos forman parte de un saber que oscila entre la economía, la ingeniería y la cultura.
Este contacto ha llegado a hacernos entender, imaginar y crear un lenguaje del agua que se ha transmitido a lo largo de los siglos por distintas sociedades. La desecación de pantanos insalubres, la navegación marítima y fluvial, la construcción de acueductos y la canalización del agua a través de las poblaciones, el ingenio para la construcción de regadíos o las cultura de las fuentes ornamentales que acercan el agua al goce de los sentidos son algunos de los signos que muestran estas creaciones de la humanidad. Mientras que el poético diálogo con las aguas, la creación de leyendas sobre seres mitológicos que viven y habitan en los mares o las profundidades de los de los lechos fluviales -sirenas, ninfas o náyades- contribuyen a acercarnos a ese lenguaje que se establece entre el agua y nosotros.
Te propongo reflexionar sobre el uso, cuidado y respeto del agua a través de obras que nos acercan al lenguaje que establecemos con ella, desde el sonido de los arroyos o las fuentes, hasta las leyendas con criaturas que viven en ellas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Claude Monet, Vista de Vètheuil (1880) Alte Nationalgalerie (Berlín)

El agua siempre está de actualidad atañe a todos los habitantes del planeta. Cómo conservar este bien común es un asunto que está amenazado por una mala gestión y responsabilidad que abarca desde autoridades, a la concienciación de la sociedad y unos usos consumistas que cada vez se evidencian más insostenibles.

La literatura y la música han buscado tradicionalmente en la naturaleza fuentes de inspiración: las fábulas con animales humanizados, el canto de los pájaros, el sonido de la lluvia, el aire o la caída de las hojas en otoño y su resurgimiento en primavera son muestras de ello.
La poesía no podía ser menos y en cualquiera de las épocas y corrientes artísticas ha tratado del agua. El curso de los ríos, la poderosa atracción del mar, la lluvia o el susurro de los arroyos está presente en multitud de obras.
Nacido a finales del XVIII en Dessau en el seno de una familia humilde -su padre era sastre- Wilhelm Müller trabajó como profesor de latín y griego en el Gimnasio de su ciudad natal, mientras publicaba algunas colecciones de poemas, especialmente inspiradas en las culturas griega y latina. Entre ellas, las más populares son las que sirvieron de inspiración a Schubert para algunos de sus lieder. Con poco más de treinta años falleció de un paro cardiaco tras el regreso de uno de sus viajes.
El primer texto que nos acompaña, muestra el diálogo de un viajero que agradece a un arroyo que lo acerque a la casa de su amada molinera. Así, Danksagung an den Bach (Gratitud al arroyo) entró a formar parte de uno de los ciclos de canciones de Schubert más celebrados.


Una publicación como esta, que se basa en la unión de literatura y música cantada no puede dejar la oportunidad de acercarnos a la música que Franz Peter Schubert creó con este y otros poemas de Müller.
Compuesta en 1823, Die schöne Müllerin (La bella molinera, D 795, Op. 25) es uno de los más conocidos y celebrados ciclos musicales de todos los tiempos y uno de los dos que el músico vienés creó, junto con El viaje de invierno. y la colección póstuma creada por su editor musical, El canto del cisne.

Claude Monet, Molino en Vervi (1889). Museo de Arde de Filadelfia.
Compuesta por veinte poemas escritos por Müller, La bella molinera indaga en los caracteres y sentimientos de forma que en una sola pieza no podría conseguirlo. El acompañamiento del piano sugiere y simboliza la corriente del agua que mueve el molino, además de la esperanza que habita en el corazón del protagonista para conseguir el amor de la joven molinera.
El cuarto de estos poemas, Danksagung an den Bach refleja de modo especial el movimiento de las aguas del arroyo que sugiere los pensamientos al viajero, mientras el texto se va desarrollando, repitiendo el último verso de cada estrofa, como se puede apreciar si se lee mientras se escucha.
La interpretación corresponde al mejor intérprete de lieder del siglo pasado, el barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau, acompañado por su habitual pianista Gerald Moore, en una grabación para la Deutsche Grammophon GmbH de 1972.


El ciclo del agua nos la convierte continuamente en el líquido potable e imprescindible para nuestras vidas. Pero este agua se muestra caprichosa al caer desde el cielo, a veces negándose, en ocasiones arrasando cosechas, pueblos y edificaciones, en otras regando con generosidad, eficiencia y provecho, mientras en otros casos, rompe las previsiones que se realizan para su utilización.
Esta irregularidad no acaba de conciliar la legislación y su aplicación, siendo extraño y penoso que en lugares donde hay sequías como en algunas zonas de España lluvias se rieguen aún los jardines con agua del gripo, mientras en lugares como California, se utilizan aguas residuales depuradas, pese a que la normativa europea indica que el 99% de estas aguas sean depuradas y reutilizadas.


Observar, imitar y recrear el sonido y el movimiento del agua llevándolo a una domesticación y humanización se ha logrado a través de creaciones como las fuentes. Situadas en calles o plazas, enmarcando las entrada a edificios como palacios, en el interior de patios o en medio de jardines a los que acompaña y alimente, las fuentes sirven para el deleite de nuestros sentidos, para hacer que nuestra vista y oído se recreen, creando una atmósfera de paz, tranquilidad y sosiego a nuestro alrededor. La Fontana de Trevi, La Fuente de Apolo de Versalles, la Cascada del Parque de la Ciudadela de Barcelona, o las más recientes de Dubai o la Fuente del Arcoiris del Puente Banpo en Seúl son muestras de las más logradas, bellas y espectaculares.
Pero donde más se observa este deseo de recrear el agua, su visión y sus sonidos procede de las culturas que provienen de zonas donde esta es escasa. Así, en nuestro país disponemos de uno de los monumentos que más fuentes posee: La Alhambra de Granada.
Desconocidas durante mucho tiempo, las estancias de La Alhambra están salpicadas por distintas fuentes, surtidas por varios aljibes y cuyas aguas continúan su recorrido una vez que han servido para su función recreativa.
Nos quedamos con las impresiones de uno de los primeros descubridores que tan monumental recinto tuvo en el siglo XIX y que nos recreó con su pluma aquello que sus ojos, oídos y demás sentidos observaron, para sentir, como si fuera la primera vez, lo que supuso entrar en aquel momento en un lugar prácticamente desconocido para la gran mayoría de personas. 
Washington Irving, el escritor y viajero americano nos recrea en sus Cuentos de la Alhambra su viaje por tierras andaluzas hasta la capital nazarí, cómo transcurrió y qué sintió la primera vez que subió hasta el palacio árabe granadino, antes de centrarse en la narración de cuentos e historias del lugar.
La entrada desde la Placeta de los Aljibes hasta el Patio de la Alberca, la Torre de Comares, el Patio de los Leones, las Sala de los Abencerrajes con su fuente de mármol blanco con los acueductos y aljibes que los alimentan nos invitan en el relato de Irving.


No sólo están en los palacios, jardines y los relatos que las describen. Las fuentes también son elementos con personalidad propia en muchas historias. Nos acercamos en este momento a una fuente como personaje en una de las óperas más representadas del repertorio. Basada en una novela de Sir Walter Scott, The Bride of Lammermoor (La novia de Lammermoor), Gaetano Donizetti estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles en 1835 su drama trágico Lucia di Lammermoor, la obra cumbre del estilo Belcantista, con un libreto de Salvatore Cammarano
En la segunda escena del Acto I, mientras Lucia espera a su amado Edgardo se aproxima a una fuente mientras narra a su sirvienta que ha visto en ese mismo lugar el fantasma de una joven asesinada por celos por uno de los antecesores de los Ravenswood. Su criada y confidente le advierte de un mal presagio y que debe renunciar a su amor, después de que ella haya cantado su aria Regnava nel silenzio (Reinaba el silencio).
La interpretación, con subtítulos en castellano, corre a cargo de la soprano Anna Netrebko en una representación llevada a cabo en el Metropolitan Opera House de Nueva York, en cuyo montaje tuvieron la idea de mostrar al fantasma deambulando por la escena e internándose en la fuente.


Hasta que no se domesticó el agua y se fue llevando a los hogares, las personas se lavaban con poca frecuencia. Hasta el inicio del siglo XX se gastaba poca agua que provenía, fundamentalmente de los ríos y fuentes públicas; no existían las duchas y eran poco frecuentes los baños, siendo muy habitual el uso de colonia para simular los malos olores e incluso matar los microorganismos. En apenas un siglo se han modificado nuestros hábitos higiénicos para mejor, con el consiguiente aumento desmesurado del agua consumida.
 
Ilustración de Arthur Rackham para Odine.
Nuestra última mirada hacia el agua y su lenguaje nos sumerge en leyendas provenientes de la mitología grecolatina. A diferencia de las sirenas, las náyades eran ninfas asociadas al agua dulce, a fuentes, arroyos, riachuelos, pozos o manantiales. Se trataba de historias con seres femeninos mortales, aunque de gran longevidad, cuya vida dependía del lugar en que habitaba y, si este desaparecía o se secaba, la náyade moría. En general, eran seres que suponían peligro y bañarse en las aguas en que habitaban e incluso observarlas suponía una profanación que era castigada por ellas, llevando a quienes lo hacían a la locura, o a la ninfa hacia las ciudades de los humanos, en las que su dualidad entre seres acuáticos y personas solían tener un final trágico.
De esta tradición griega y latina, las historias de náyades pasaron a formar parte de las leyendas centroeuropeas que las abordaron con distintas singularidades hasta la época del romanticismo. Nos acompaña una de las obras que recrean estas historias de náyades.
El alemán Friedrich de la Motte Fouqué, barón de Fouqué (1777-1845) dejó la carrera militar que comenzó por tradición familiar para dedicarse a la literatura, publicando historias que indagaban en leyendas germánicas medievales que acercó al movimiento romántico, sirviendo de inspiración para autores posteriores como Goethe, Dvorak o Wagner
Quizás su obra más conocida sea la que nos acompaña, Undine (Ondina), una novela publicada en 1811 que trata la historia de la náyade del mismo nombre, Hija de las Ondas y del Señor del Mediterráneo que es rescatada de las aguas por un anciano matrimonio. Su amor por el caballero Huldedrando la hace sacar su aspecto más humano, hasta que una serie de obstáculos y la aparición de una rival la hacen regresar a su lugar de origen, mientras el caballero muere de forma dramática. 
El texto que nos acompaña pertenece a uno de los capítulos iniciales del libro titulado De cómo fue hallada Ondina. y nos muestra cómo Huldebrando la encontró antes de que se narraran el uno al otro la historia de sus vidas.

 Sin dejar esta tradición nos acercamos a una de las muchas obras musicales que están protagonizadas por esas náyades, la ópera Rusalka de Antonin Dvorak. Basada directamente en Ondina, aunque con lejana inspiración en las obras del mismo tema de Hans Christian Andersen y Gerhart Hauptmann, esta Leyenda lírica en tres actos contó con un libreto de Jaroslav Kvapil y fue estrenada en el Teatro Nacional de Praga en 1901.
En Rusalka, Dvorak utiliza todos sus recursos para caracterizar los dos mundos contrapuestos: el del ser natural, inanimado y elemental, pero dotado de sentimientos, frente al ser humano, animado pero con una menor carga emocional. Su música muestra las influencias de Liszt y Wagner, las formas clásicas y la unión de elementos folclóricos con otros impresionistas.
La trágica historia comienza con elfos bailando que molestan al Hombre de las aguas, mientras Rusalka suspira por tener un alma y cuerpo humano para ganarse el amor de un príncipe a quien ha visto cuando se acercó al lago. Pese a que el Hombre de las aguas le advierte del peligro, ella pide ayuda a una bruja que le concede el deseo con la condición de que será muda y si su amado le es infiel, se verá condenada a vagar sin patria. Rusalka acepta el las condiciones. Con toda seguridad, la pieza más conocida de este primer acto, y de toda la obra, es el aria que la protagonista dirige a la Luna para pedir su ayuda para encontrar a su amado.



Con la soprano Megan Kahts y la Orchestra Compagnia d'Opera Italiana dirigida por Antonello Gotta finalizamos esta entrada dedicada a los lenguajes del agua con una grabación de esta pieza, también conocida con su título en inglés Song of the Moon, en una grabación realizada en el Kilima Private Game Reserve de la República de Suráfrica para el sello Polisonor.

No dejes de oír al agua.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Saludos para todo el mundo con Walt Whitman


Todos y cada uno de nosotros somos hijos de la Tierra, el planeta que es nuestra casa y en el desarrollamos nuestra existencia.
Los seres humanos, junto con el resto de seres vivos formamos parte consustancial de nuestro planeta, en los que no podemos dejar de lado la importancia que tienen en la vida que se desarrolla en nuestro universo particular elementos inertes como montañas, ríos, llanuras, mares y océanos.
Sentirnos miembros del enorme ecosistema Tierra supone compartir la vida que se desarrolla en él y colaborar, dentro de nuestros límites y posibilidades, en su funcionamiento. Se trata de un asunto crucial y delicado en cuanto que hemos de ser conscientes de anteponer actitudes y acciones que contribuyan a su cuidado y mantenimiento antes que los relacionados con un consumo irresponsable.
Formar parte de este mundo singular supone sentirnos miembros de cada uno de los lugares que lo forman, enriquecernos apreciando las diferencias y peculiaridades de cada lugar, grupo de personas, culturas o costumbres. Consiste en sentir que formamos parte de aquí y de allá, de nuestro entorno cercano y de los más recónditos lugares. Cuanto más conocemos, más humanos, complejos y completos nos sentimos y más unidos a un todo universal.
No hay lugar en estos casos a las luchas y batallas, a la imposición de los criterios propios a base de destruir a los diferentes, a la supremacía por la devastación y la destrucción que conllevan las guerras.
Tras muchos siglos en que las civilizaciones se formaban a partir de luchas y conquistas, los seres humanos comenzamos a apostar por una lucha diferente, la formación y consolidación de un mundo más universal y solidario, un planeta donde impere el respeto por los diferentes, la aceptación de culturas y costumbres y en el que los conflictos bélicos desaparezcan de una vez por todas. En el que los poderosos no acaparen todo el poder económico, el progreso llegue a todos los lugares y el hambre, la pobreza y la violencia desaparezcan.
En esta publicación te propongo una mirada sincera, acogedora y universal a la riqueza y variedad de nuestro planeta de mano de la poesía de Walt Whitman acompañada de músicas que aporten y complementen esa mirada. Nos acompañan Beethoven, Händel, Haydn y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Walt Whitman editó por sus propios medios su primeros poemas, Hojas de hierba, en 1855, un libro que fue corrigiendo, reeditando y ampliando a lo largo de su vida, mostrando una de las personalidades más originales, personales, fuertes e individuales que ha dado la literatura de Estados Unidos a lo largo de su historia. 
Incluido en su monumental Leaves of grass (Hojas de hierba), Salut au monde! (¡Saludo al mundo!, con el título original en francés) es un conjunto de poemas escrito en forma de coloquio consigo mismo que comienza con

¡Oh, toma mi mano, Walt Whitman!

al que sigue la pregunta

¿Qué se ensancha dentro de ti, Walt Whitman?

que es respondida por una serie de poemas convertidos en extensos catálogos que reflejan lo que el poeta vive, ve, siente y oye por y hacia todo el mundo. 
El tercero de los poemas de Salut au monde! comienza con la pregunta ¿Qué oyes, Walt Whitman? y que nos muestra la variedad de cantos, gritos, danzas y sonidos que surgen de oficios, personas, objetos o animales de cualesquiera de los rincones de nuestro planeta.


Esa visión que acoge a todas las diferencias, que integra todo cuanto se oye se refleja en una de las obras de madurez de Joseph Haydn, Die Schöpfung (La Creación), catalogada como Hob XXI.W), un oratorio inspirado en una obra como El Mesías de Händel en el que pretendía «escribir una obra que proporcione fama eterna a mi nombre». Compuesta a partir de los relatos de la creación del mundo según el Génesis bíblico y con un libreto del barón Gottfried van Swieten, el oratorio fue compuesto entre 1796 y 1798 y se estrenó a finales de abril de ese mismo año en Viena, cuando el compositor se acercaba a los setenta años de edad.


La obra está dividida en tres partes a través de piezas instrumentales, recitativos, coros y arias. En las dos primeras partes los solistas son los arcángeles Gabriel, Uriel y Rafael, representados por voces de soprano, tenor y bajo respectivamente, mientras en la última, el protagonismo corresponde a Uriel, Adán y Eva, estos últimos interpretados por bajo o barítono y soprano.
Para acompañar esa visión que abarca a toda la tierra del poema de Whitman, nos quedamos con el nº 18 de La Creación, un trío interpretado por los arcángeles con el que el compositor austriaco nos muestra y comparte las maravillas de la creación. 


La interpretación de este trío In holder Anmut stehn corresponde a Teresa Seidl, Christian Elsner y Michael Wolie con el Cracow Philharmonic Chorus y la Cracow Philharmonic Orchestra de la ciudad polaca, todos dirigidos por Roland Bader, en una grabación para Naxos Digital Services. Como en el resto de la publicación, puedes seguirlo siguiendo la lectura en el texto del libreto o haciéndolo con el poema de Whitman.


Nacido en Long Island, junto a Brooklyn, Nueva York, en 1819, Walt Whitman era hijo de un modesto carpintero y granjero, desarrollando los más diversos profesiones, desde maestro de escuela a director de periódicos, pasando por tipógrafo, carpintero, empleado público o enfermero durante la Guerra Civil americana. Su educación reglada se limitó a la escuela primaria, adquiriendo su formación vital de las diversas fuentes a las que se acercó: la vida urbana, el contacto directo y singular con la naturaleza, su abundante, intensa y desordenada afición a la lectura o sus experiencias laborales, especialmente las de tipo periodístico.
En esta profesión trabajó en una decena de periódicos como The New York Aurora, The Evening Tattler, The New York Statesman o The Daily Plebian, hasta trabajar como editor jefe en el Brooklyn Daily Eagle, donde ejerció el cargo hasta que fue despedido por sus manifestaciones contrarias a la esclavitud que iban contra las ideas del dueño del periódico. De allí pasó a lanzar un nuevo periódico, el Daily Crecent de Nueva Orleans, en el que permaneció unos meses.


Con su publicación de Hojas de hierba y los textos que le fue añadiendo, Whitman se erige en un escritor en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, siendo llamado el «padre del verso libre». Su producción muestra una conciencia individual potente, una persona en su plenitud y vitalidad interior, lejos de la narración y los recursos literarios innecesarios y que muestra sus textos al lector, como escribe en Cantos de despedida

«Camarada, esto no es un libro:
quien lo toca, toca a un hombre»

El séptimo de los poemas se inicia con una nueva pregunta, ¿Qué ves, Walt Whitman?, entre cuyos versos de respuesta aparecen visiones de todo el planeta, en las que alternan algunas negativas como campos de batalla, enterramientos de guerreros o árboles arrancados con otras que nos acercan al esa diversidad que puebla nuestro planeta y a la que nos sentimos invitados a unirnos por el poeta.


Es la acción de los seres humanos la que rompe este equilibrio que encontramos en la naturaleza y en los esfuerzos que tantas personas han realizado y realizan para continuar manteniéndolo mientras desarrollan su existencia.
Nos acompaña ahora la obra en la que Haydn se inspiró para La Creación, el oratorio más conocido de Georg Friedrich Händel, El Mesías.
Catalogado como HWV 56, Messiah se basa en distintos textos de inspiración bíblica reunidos y adaptados por Charles Jennens y que se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1742 y en Londres el año siguiente, en ambos lugares con un tibio recibimiento. En pocos años comenzó a ganar popularidad, convirtiéndose en una de las obras más interpretadas y reconocidas de todo el repertorio musical, especialmente su número más famoso, el Hallelujah! 
Acercándonos al comienzo del poema anterior, nos acompaña el aria para bajo Why do the nations...? (¿Por qué las naciones...?) que nos acerca a esos tiempos en que las ambiciones, el miedo a las amenazas o la imposición frente al razonamiento rompen ese equilibrio que nos permite avanzar en el respeto, la concordia y el acuerdo.  


El barítono Teddy Tahu Rhodes interpreta, furioso y enérgico Why do the Nations perteneciente a la segunda de las tres partes en que se divide El Mesías de Händel con la Orchestra of the Antipodes (un nombre interesante y sugerente para esta publicación dedicada a Walt Whitman) bajo la dirección de Antony Walker.  


Segundo de los ocho hijos de Louisa van Velsor de origen holandés y Walter Whitman, de quien tomó el nombre, su padre era una persona de escasa formación, pero de un acendrado americanismo, hasta el punto de que llamó a tres de sus hijos con los nombres de George Washington, Thomas Jefferson y Andrew Jackson. Con el tiempo, su padre tuvo problemas con la bebida, igual que su hermano Andrew que falleció joven, mientras Jesse sufría violentos desequilibrios mentales, Edward padecía un retraso intelectual que le tuvo incapacitado para cuidarse y su hermana Hannah, con brotes psicóticos, se vio maltratada por su esposo.
En este ambiente se formó y desarrolló la personalidad de Whitman, buscándose la vida por sí mismo en la variedad de trabajos que acometió. Antes de Hojas de hierba publicó en 1842 la novela Franklin Evans, el borracho, una obra contra la plaga del alcoholismo que asolaba al país y a su propia familia, que alcanzó tan poco éxito que decidió buscar otros caminos.  
Inmerso en una difícil situación económica, entre 1849 y 1855 Whitman se vio obligado a abrir un colmado que convirtió en librería e imprenta, mientas trabajaba, con escaso éxito, en la construcción y continuaba su colaboración con distintos periódicos como el Evening Post. Con el poco dinero ahorrado autopublicó en 1855 la primera edición de Leaves of grass que él mismo diseñó y compuso los tipos de imprenta, mostrando poca pericia, ya que abundan las erratas. Esta primera edición constaba de 95 página con doce poemas sin títulos y un prólogo -que no aparecería en las sucesivas reediciones-, y cuya autoría no aparecía en la cubierta, sino en la página de créditos, con un grabado en el que el autor, Walter Whitman, se mostraba con desaliño proletario y una media sonrisa. Apenas se vendieron algunos de los 795 ejemplares, mientras que algunos se enviaron a distintos autores y el propio Whitman realizó reseñas sobre el libro en algunos de los periódicos con los que colaboraba.

Tras la pregunta que abre el séptimo de los poemas de Salut au monde, el siguiente continúa con la respuesta a la pregunta ¿Qué ves, Walt Whitman?, continúa el autor con una enumeración en la que se cruzan animales, personas, profesiones y elementos de la naturaleza que observa, finalizando con las afirmaciones que muestran su sintonía y sentimientos a lo universal con los versos que se inician con la expresión «soy de...».


Tras la furiosa diatriba de la música de Händel en su Messiah del aria Why do the nations, nos acercamos a la única ópera de Beethoven, Fidelio.
Estrenada en 1805 en el Theater an der Wien de la capital austriaca, Fideio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal, Op. 72) con un libreto de Joseph F. Sonnleithner de la que se trató en este blog en La libertad, Beethoven y Fidelio, la ópera narra cómo Leonora, disfrazada como el guardia de la prisión Fidelio rescata a su esposo Florestán de la condena a la que está sometido por cuestiones políticas.
De esta obra, los aires libres y universales de Whitman nos acercan al coro de prisioneros que forman la escena novena del Acto I de Fidelio, el momento en que los prisioneros salen unos momentos de sus celdas y mezclan las sensaciones que sienten al respirar el aire libre con la libertad, unas sensaciones que desaparecen cuando deben regresar de nuevo a su lugar de confinamiento.


Este coro de prisioneros O welche Lust está interpretado por el Coro y Orquesta de la Wiener Staatsoper dirigido en 1978 por Leonard Bernstein en una grabación para la Deutsche Grammophon.


El escaso éxito de Hojas de Hierba hizo que Whitman se animara a realizar una reedición un año más tarde. Con un tirada de 1.000 ejemplares el formato consistía ahora en un libro de bolsillo que constaba de 384 páginas y 32 poemas que ya tenían título, donde el autor ya aparecía con el nombre de Walt en lugar del Walter original, y un apéndice que incluía una carta de respuesta del escritor Ralph Waldo Emerson, el único que había alabado su obra. El éxito fue más corto que en la primera edición, vendiéndose aún menos ejemplares.
Desde el primer momento, Hojas de hierba supuso un deseo de tender la mano hacia el ciudadano común, creando un épica americana que el autor revisó y aumentó a lo largo de su vida, hasta alcanzar la edición definitiva en 1892, en la que Salut au monde se incluyó en la edición de David McKay, Publisher, Philadelphia.


Esa universalidad, el cosmopolitismo que abraza todas las diferencias, peculiaridades y singularidades se hace más presente en el poema número once de Salut au monde, que comienza, no con una pregunta, sino con la exclamación ¡Tú, quienquiera que seas! Aquí, Whitman se dirige y se funde con toda la diversidad en una nueva enumeración que todo lo alcanza, pasando del tú particular al más universal vosotros, para concluir con un íntimo y personal cada uno.


Este sentimiento universal, acogedor, que abraza a todos que nos transmite Walt Whitman lo encontramos también en la última ópera de Mozart.
Estrenada pocos meses antes de su fallecimiento, Die Zaubertlüte (La flauta mágica, Kv 620), es una simbiosis entre cuento oriental y simbología y música masónica. 
El coro final del primer acto de La flauta mágica nos acerca a ese sentimiento cosmológico que abraza Whitman en su poesía.


La interpretación del enlace que nos acompaña corresponde a una grabación de 2019 del RIAS Kammerchor dirigido por Justin Doyle y la Chamber Orchestra of Europe comandados ambos por Yannick Nézet-Séguin para la Deutsche Grammophon GmbH


Walt Whitman creó con Hojas de hierba y los poemas que le fue añadiendo la gran epopeya americana, una obra que muestra su voz vigorosa a la vez que sutil, simultánea al nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos como nación.
Pese a que fue controvertido en su tiempo al ser considerado obsceno por sus referencias a una abierta sexualidad, sus poemas recogen la enorme diversidad de su país, sus extensos e inabarcables paisajes, la vasta y heterogénea población que lo conforma, el carácter indómito y natural de sus habitantes. Es parte de la formación de un nuevo lenguaje y una mirada que rompe con los cánones europeos y proclama la creación de un mundo nuevo en el Nuevo Mundo, en el que todos están llamados a ser libres e iguales.
Además, los poemas de Whitman son el retrato y la esencia de su persona que expresa sus pasiones, anhelos y sueños en cada página de su obra: el amor por la naturaleza, el erotismo, la tumultuosa vida en las ciudades, el ímpetu y la musicalidad de su voz hacen que su obra formen parte indispensable de la literatura americana y universal. 
Tras un derrame cerebral, Whitman se trasladó a Camden, New Jersey, falleciendo en 1892 a los setenta y dos años de edad, el mismo año que salió a la imprenta la edición definitiva de su obra.


El último de los doce poemas -el nº 9 no existe- sirve a Walt Whitman para hacernos una suerte de recapitulación de todo lo que ha tratado en Salut au monde, desde el inicial ¡Oh, cógeme la mano Walt Whitman! pasando por las preguntas ¿Qué ves? y ¿Qué oyes? y las respuestas que las acompañan en las que su espiritu, y el nuestro, se funden en el todo que conforma nuestro vasto, complejo y enorme planeta.


No podemos dejar esta publicación sobre Salut au monde y la poesía y el pensamiento de Whitman dejando dos obras que no finalizan apuntando en la misma dirección que el poeta americano. Si Händel nos dejaba el amargo y siempre actual enfado por las luchas en Why do the nations y Beethoven hacía regresar a los prisioneros a sus celdas, volvemos a Fidelio con un nuevo coro que nos acerque a las ideas y sentimientos que nos transmite Walt Whitman.

Las escena 7ª del Acto II de Fidelio, poco antes del final de la ópera nos presenta al pueblo congregado en la plaza que asiste al comienzo del desenlace en que la libertad, la justicia y la gracia superan la opresión y la oscuridad.


La interpretación  corresponde a una grabación del Coro y la Orquesta Sinfónica del Bayerischen Rundfunks dirigidos por Sir Colin Davis de 196 para Sony Classical.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Lluvia de lágrimas & Lágrimas en la lluvia

¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!
Antoine de Saint-Exupéry

Pocos elementos de nuestro cuerpo tienen tanta relación con la expresión de los sentimientos como las lágrimas. 
Cuando estos nos desbordan, generalmente asociados a la tristeza y las penas, las lágrimas nos ayudan a exteriorizar y desahogar aquello que nos inquieta o sobrepasa.
No podemos dejar de dar importancia a su función eminentemente fisiológica y fundamental como es mantener húmedo el ojo cada vez que parpadeamos, además de proteger a la córnea para eliminar los microbios, el polvo o las pequeñas partículas que puedan dañarlo. 
Producidas por las glándulas lacrimales y compuestas de agua, sales y lisozimas bactericidas, podemos encontrar tres tipos de lágrimas: las basales que permiten mantener nuestros ojos limpios y funcionales, las reflejas, que nos defienden de elementos intrusos (una mota de polvo, el corte de una cebolla) y las emocionales, vinculadas a nuestros sentimientos y cuyo contenido químico es diferente de las anteriores, ya que poseen más proteínas y hormonas relacionadas con la tensión y el estrés.
En esta publicación nos centraremos en estas últimas, que aún hoy suponen un misterio en su origen y su función. Darwin llegó a afirmar que el llanto es una de las expresiones específicas de los seres humanos.
Las lágrimas, que van cambiando con la edad, evolucionan como consecuencia del dolor físico en la infancia hacia asuntos sentimentales y la empatía en la madurez, pasando a formar partes de sentimientos asociados con la pérdida, la tristeza o la alegría, aunque en gran parte aún se desconozcan las razones científicas que relacionen los vínculos entre ellos.
Así, las lágrimas han estado presentes en multitud de ocasiones en distintas manifestaciones artísticas desde tiempos inmemoriales como símbolo y manifestación de sentimientos, de modo especial el dolor y el alivio que se experimenta vertiéndolas como forma de catarsis.
Con toda seguridad, leer esta publicación traerá a cada uno de nosotros la evocación de alguna obra en la que las lágrimas sean protagonistas, aunque nos centraremos en unos casos concretos. De la misma forma que las lágrimas evolucionan en nosotros con el paso del tiempo, nos acercamos también en esta publicación a cómo evolucionan algunas creaciones artísticas concretas y las miradas que las acompañan. 
Te propongo un recorrido por varias presencias de las lágrimas en la literatura, una de ellas surgida de la película Blade runner y la música de Vivaldi, en las que podemos comprobar cómo evolucionan las ideas y las creaciones. Nos acompañan Savater, Girondo, Gibrán, el contratenor Philippe Jaroussky y los pianistas Anderson & Roe. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  


Lluvia de lágrimas
Asociadas a la tristeza, en las lágrimas confluyen toda una gama de sentimientos que oscilan entre la más amarga de las penas hasta la risa desbordante, llegando a confundirse en ellas algunos de estos sentimientos, que durante mucho tiempo la costumbre propició que debían esconderse y ocultarse en la creencia de que eran una muestra de debilidad.
Nacido en una aldea libanesa, Gibrán Jalil Gibrán, también escrito Yibrán, es un poeta, novelista y pintor que vivió desde finales del siglo XIX hasta que falleció en Nueva York en 1931, conociéndosele como el Poeta del exilio
En El vagabundo, Gibrán presenta a un protagonista que ha recorrido el mundo con los ojos y oídos atentos, recogiendo las lecciones que la vida y el contacto con las personas les proporcionan. 
Escrito a modo de fábula, entre el apólogo y la parábola, Lágrimas y risas, es un pequeño texto que funde esas dos sensaciones y nos habla de esos tópicos y esas clasificaciones con las que encasillamos y simplificamos nuestros pensamientos. Así, creemos lo que pensamos que es creíble y lo que es creíble lo damos lo confirmamos en nuestra mente y lo damos por hecho.


Poco a poco vamos conociendo cada vez mejor la producción operística de Antonio Vivaldi, al que solemos asociar a los numerosos conciertos que compuso para el veneciano Ospedale della Pietà y, de modo especial, a sus Cuatro estaciones.
En 1930 la Biblioteca Nacional de Italia en Turín compró la llamada colección de Foà y Giordano con más de 450 obras de Vivaldi entre los que se encontraban sus Dramma per musica, unas obras cargadas de un contenido moral y emocional desarrollados a través de una temática amorosa e histórica con variados recursos escenográficos. 
De entre las aproximadamente cincuenta óperas vivaldianas que se conocen en la actualidad, Il Giustino (Justino, también conocida como Anastasio) es una obra compuesta a partir de la obra homónima de Giovanni Legrenzi y que más tarde también utilizaría Händel. Con libreto en tres actos de Nicolò Berengan, Il Giustino (RV 717) se estrenó en 1724 en el Teatro Capranica de Roma. Se trata de una ópera ambientada en Constantinopla en la que se combinan tanto personajes históricos como alegóricos, donde se integran la política, el engaño y los celos, y que muestra la fortaleza que puede llegar a tener una mujer en el poder si su esposo es incapaz de ejercer el mando. 


Como en otras óperas suyas, Vivaldi reutiliza aquí piezas de obras anteriores, alrededor de veinte entre las que incluye el motivo principal de La primavera de sus estaciones.
En relación con las lágrimas, nos quedamos con el aria de Anastasio Sento in seno, rescatada de su ópera Tieteberga (RV737) en el que los pizzicatos describen esa lluvia de lágrimas que el protagonista siente en su interior. Se trata de una bella, contenida y delicada Aria da capo, divida en tres partes, cada una de las cuales está formada por dos versos con las repeticiones del texto que hemos obviado en la letra y cuya primera parte se vuelve a cantar en la repetición según el esquema ABA. 

La versión de Sento in seno que nos acompaña pertenece al concierto Airs d'Opéra de Vivaldi et Haendel realizado en la Chapella de la Trinité de Lyon dentro del Festival de Musique Baroque de 2006 con el contratenor Philippe Jaroussky y el Ensemble Matheus dirigido por Jean-Christopyhe Spinosi.


Inspirado por los movimientos de la vanguardia europea, Oliverio Girondo (1891-1967) fue uno de los escritores más creativos de la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Sus primeros poemas nacen plenos de color e ironía para reflejar su cosmopolitismo y la creación de la nueva vida urbana, criticando costumbres arraigadas. 
Seguidor de movimientos como el Ultraísmo, el Futurismo o el Surrealismo, Girondo creó un lenguaje personal, rico en figuras, empleando en sus poemas el verso libre, neologismos y una musicalidad en el que se deja ver un peculiar sentido del humor.


Amigo de Neruda y Federico García Lorca con los que coincidió en su país, a partir de los años cincuenta también centró sus esfuerzos en la pintura, aunque sin llegar a realizar exposiciones.

En Llorar a lágrima viva, uno de los varios poemas que dedicó a este tema, Girondo nos acerca a la gama y variedades de llantos que nos acompañan cuando se desbordan nuestros sentimientos.


Las arias Sento in seno, Mio dolce amato sposo o Vedró con mio diletto son algunas de las piezas más conocidas de Il Giustino y que han pasado a formar parte de discos recopilatorios o recitales y conciertos de arias barrocas.
Siguiendo el cambio que las lágrimas van teniendo conforme avanzan nuestras vidas o mudamos de situación, continuamos con una versión de este aria adaptada para dos pianos. 
Así, este aria cuyo nombre completo es Sento in seno ch'in pioggia di lagrime se ha convertido en A rain of tears (Una lluvia de lágrimas) en el arreglo que han realizado de este aria vivaldiana Anderson & Roe Piano Duo formado por Greg Anderson y Elizabeth Joy Roe y perteneciente a su proyecto When words fade (Cuando las palabras se desvanecen). 
En esta versión para dos pianos, en el segundo de ellos se han introducido unos amortiguadores en los martillos para poder imitar el pizzicato, mientras en el primero se desarrolla la melodía del aria.
La grabación con Anderson en el primero de ellos y Elizabeth Roe en el segundo se realizó en junio de 2011 en el Shalin Liu Performance Center de Rockport, Massachusetts.


Como lágrimas en la lluvia
De la lluvia de lágrimas pasamos a las lágrimas en la lluvia, una expresión que nos señala cómo se diluyen los sueños o las esperanzas.
Basada de forma libre en la novela de ciencia ficción publicada en 1968 por Philip K. Dick Do androids dream of electric sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?), Ridley Scott estrenó en 1982 una película que se convirtió en icónica, Blade runner.
En una de las escenas finales, el replicante Roy Batty, interpretado por Rutger Hauer, salva la vida a Rick Deckard (Harrison Ford), quien lleva toda la película intentando acabar con él, pronunciando un monólogo que ha he hecho célebre, Lágrimas en la lluvia, inspirado en un texto de Arthur Rimbaud sacado de El barco ebrio y que el propio Hauer modificó la noche anterior. Al final de esta publicación hay un enlace que explica la génesis de este monólogo.


Tanto la película como el monólogo han generado múltiples adhesiones desde su estreno, llegando a utilizarse ambos para distintos libros y publicaciones.
Novelas como Lágrimas en la lluvia. El futuro en tus manos de Rosa Montero giran en torno a ellos, desarrollándose en 2109 en un Madrid perteneciente a los Estados Unidos de la Tierra.
Por su parte, el libro de 1988 Blade Runner, escrito en nuestro idioma por varios autores recoge una serie de artículos escritos ex-profeso para reflexionar sobre la película, sus orígenes, creación y significado.


Escritores y artistas como Guillermo Cabrera Infante, Vicente Molina Foix, Fernando Savater, Rafael Argullol, Juli Capela, Quim Larrea, Alberto Cardin, José Luis Guarner, Antonio Miró, Antonio Tello, Eduardo Úrculo y Jorge Wagensberg desarrollan su homenaje a este film desde los distintos ámbitos artísticos en los que desarrollan su actividad.
De entre todos ellos, nos acercamos, no al monólogo Lágrimas de lluvia, sino a la reflexión sobre la misma que Fernando Savater realiza en su colaboración titulado La puerta de Tanhäuser.


Era costumbre en la época que los compositores reutilizaran o adaptaran sus piezas para nuevos proyectos, como realizó Vivaldi para Il Giustino.
El caso es que el mismo compositor escribió el aria Sento in seno, como hemos citado anteriormente de una obra precedente, su ópera Tieteberga, que aunque tenga como número de opus RV737 es anterior, con libreto en italiano de A. M. Lucchini que se estrenó en el Teatro San Moisé de Venecia siete años antes, en octubre de 1717, un Drama per musica que está perdido y del que apenas si nos ha llegado esta pieza, aunque se conoce que se utilizaron hasta nueve arias de otros compositores.
El texto es idéntico al que reutilizó, salvo el segundo verso que difiere del que se canta en Il Giustino. Donde aquel dice Si dilegua l'amante mio cor, en Tieteberga estaba escrito Si dilegua il tradito mio cor. El resto del aria es idéntico tanto en el libreto como musicalmente y la interpreta el personaje de Lotario, a cargo de un contralto o contratenor.


Finalizamos esta publicación sobre las lágrimas y cómo evolucionan algunas ideas y creaciones con una nueva versión de Sento in seno, con el cambio indicado y una variante con una novedosa puesta en escena. La soprano Heather Newhouse interpreta el aria dentro del espectáculo Folia de 2018, con un elenco de bailarines con la dirección artística y coreografía de Mourad Merzouki.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: