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Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Mozart

¿Quién no ha tenido un modelo al que querer admirar? ¿Quién no ha puesto su mirada, sus intereses y sus objetivos en alguien que le ha servido de inspiración para su trabajo o su vida? 
Podemos pensar en cualquier disciplina desde las artísticas a las científicas, pasando incluso por las deportivas. ¿Quién no tiene en sus inicios un ídolo en la materia en la que destaca? ¿Qué escritor no tiene por modelo y ejemplo a otro escritor e incluso su admirada obra lo ha motivado para dedicarse a la literatura? ¿Y los descubrimientos científicos, o la composición musical e incluso en cualquier disciplina deportiva? ¿Cuántos han admirado a los que iban por delante suyo abriendo camino y a los que, en muchas ocasiones, llegaron a superar?
Aprovechando la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven nos acercamos en esta publicación al momento en que conoció a Mozart en un viaje a Viena que no transcurrió como estaba previsto. #Beethoven250 #Beethoven2020.
Te propongo conocer el encuentro que tuvieron un joven Beethoven que comenzaba a componer y Mozart con algunas de las músicas que unieron a estos compositores. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



El joven Beethoven vive en su Bonn natal las dos primeras décadas de su vida. Su padre Johann, cada vez más entregado a la bebida, se muestra menos capaz de mantener a su familia. En febrero de 1784, con apenas 13 años, Ludwig dirige un escrito al Príncipe Elector Maximiliano Federico para ser nombrado organista adjunto de Neefe, a quien ayudaba y sustituía habitualmente, una solicitud que el gran intendente de la corte, el conde de Salm-Reifferscheidt refrendaba. El regente hizo caso omiso, al pensar que era más rentable para él que las cosas siguieran como estaban y el muchacho le sirviese sin recibir nada a cambio.
Cuando falleció en abril, dos meses después, fue sustituido por el archiduque Maximiliano Francisco de Habsburgo, hijo menor de la fallecida emperatriz de Austria María Teresa, hermano del entonces emperador José II y del futuro Leopoldo II. Es un elector radicalmente distinto a su predecesor que suprimió la tortura en sus dominios, simplificó los procesos judiciales, creó la Universidad de Bonn, así como nuevas leyes que marcaban una nueva senda liberal.
Además era un enamorado de la música. Intérprete aficionado, una pequeña orquesta lo acompañaba en sus desplazamientos, frecuentó en Viena la compañía musical de Mozart y antes de instalarse en Bonn hizo redactar un estado administrativo de los músicos de su capilla. 


Nº 8: Johann Beethoven tiene una voz que se pierde enseguida, está al servicio desde hace tiempo, muy pobre, con una conducta pasable, y casado.

Nº 14: Ludwig Beethoven, un hijo del Beethoven nombrado antes con el número 8, no tiene ninguna asignación, pero ha servido dos años y ha tocado el órgano durante la ausencia del Kapellmeister Luchesi. Tiene buena capacidad, todavía joven, de discreta conducta, y pobre.


En junio de ese mismo año, el Elector quitaba a Johann quince florines de su sueldo, pero nombraba a su hijo segundo organista con ciento cincuenta florines al año.
En el delicioso Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal podemos encontrar en el capítulo titulado Una carta que no espera respuesta. Beethoven, músico del silencio un relato sobre la infancia del joven Beethoven con algunas referencias a su padre y su formación musical, además de la costumbre de celebrar en casa el cumpleaños de su madre y cómo le llegó la costumbre de componer de noche que tuvo arraigada durante toda su vida.


Estrenada en mayo de 1786, Le nozze di Figaro (Las nupcias o Las bodas de Fígaro) es una de las óperas más representativas de un Mozart que triunfa en Viena y en otras ciudades del imperio. 
Se vuol ballare signor contino (Si quiere bailar, señor condesito) es un aria en la que Fígaro se indigna con su señor, ya que este quiere ejercer de nuevo su ius primae noctis, el feudal derecho de pernada, con su novia Susanna antes de consumar el matrimonio.
La interpretación corresponde a una versión cinematográfica con el barítono Herman Prey como Fígaro con subtítulos en castellano.



Con la llegada del nuevo Príncipe Elector vinieron con él algunos jóvenes de su entorno, entre ellos el conde Ferdinand Von Waldstein-Wartenberg. Waldstein conocía en Viena a Haydn y Mozart y a su llegada de Bonn descubrió la capacidad del joven Beethoven, fue quien insistió en que fuera nombrado organista y lo ayudó sin herir sus sentimientos con algunas ayudas económicas disfrazadas de gratificaciones del Elector. Quizás bajo su influencia es cuando Beethoven comienza a manifestar su talento para desarrollar, improvisar y variar sobre un tema musical.
También fue Waldstein quien convenció a Maximiliano Francisco para que permitiera al joven Ludwig completar su formación musical en Viena, eso sí, mientras continuaba pagándole el sueldo.
Maynard Solomon, uno de los destacados biógrafos del compositor, relata en su interesante y completa obra Beethoven cómo estos meses supusieron un abandono en la composición del joven coincidente con el viaje a Viena que comenzó en abril de 1787 y finalizó precipitadamente con el aviso de la grave enfermedad de la madre del compositor y su fallecimiento al poco de regresar a Bonn. Esta muerte y la de su hermana meses después, el fracaso del viaje tanto musical como económicamente y las nuevas responsabilidades del adolescente como nuevo sustentador de la familia marcan este primer viaje de Beethoven a Viena.




A partir del aria Se vuol ballare signor contino anterior, Beethoven publicó en 1793, a los pocos meses de su regreso a Viena un conjunto de variaciones que dedicó a Eleonore von Breuning, miembro de una familia en la que siempre fue bien acogido y hermana de Stephan del que hemos tratado en Mi vecino se llama Beethoven. Esta dedicatoria sugiere, además de una estrecha amistad, que la obra fue comenzada mientras Beethoven residía en Bonn pese a que fue terminada en Viena. La obra, que iba a ser publicada por Artaria con el número de Opus 1 fue titulada simplemente Zwölf variationen üher die Arie "Se vuol ballare, Signor contino" (Doce variaciones sobre el aria...), reservándose el compositor su primera obra para el trío que la ostenta actualmente. Así, esta obra aparece como WoO 40 dentro de las obras del compositor sin número de catálogo. 
Estas variaciones son de tipo ornamental y presentan aún un estilo clásico y, como es habitual, presenta el tema en primer lugar en esta ocasión en modo stacatto. Las distintas variaciones se van alternando entre arpegios de piano ( variación I), cambios de ritmo (II y III), escalas rápidas con el tema principal diseccionado (IV y V), cambios a tono menor (VI y VII), el uso del piano en solitario (IX) o la interpretación en paralelo de ambos instrumentos (XII), hasta llegar a la coda final que presenta una especial dificultad para el pianista al realizar un trino con la mano derecha mientras interpreta notas melódicas simultáneamente con la izquierda. Si duda, el gusto por las variaciones e improvisaciones que Waldstein había inculcado en el joven compositor había arraigado profundamente en él y lo acompañaría durante toda su vida.
La interpretación es un lujo que corre a cargo del gran Yehudi Menuhin al violín acompañado por Wilhelm Kempff al piano y está recogida en la lista de Youtube de El músico de Bonn por jcalvodiaz. Para los no iniciados, la partitura del violín aparece en la parte superior, mientras los pentagramas del piano figuran en la parte inferior.




No solo es el aviso para el regreso por la enfermedad de su madre, sino las circunstancias por las que pasaba Mozart, que perdía también a su padre durante el mes de mayo, las que hicieron que el encuentro entre ambos no se resolviera de la manera esperada. 
El último ruego de su madre fue, sin duda, que se ocupara de sus hermanos y les salvara de la ruina familiar que se avecinaba con el cada vez más evidente deterioro de su padre, quien llegó a vender los vestidos de su mujer y a quien su hijo hubo de pasar la vergüenza de tener que rescatar más de una vez de las redadas de la policía.
Volviendo al Libro de Réquiems de Wiesenthal, el escritor nos recuerda las circunstancias en que se encontraba Mozart a la sazón, además de insistir en la enorme capacidad de Beethoven para la improvisación y las variaciones sobre cualquier tipo de tema. La añoranza de su tierra también se muestra cruzada con la vuelta a la realidad. 

Esta capacidad de improvisación a la que alude Wiesenthal la desarrollará Beethoven durante toda su vida, incluso en los momentos en que su sordera había llegado al extremo. Aunque en sus primeros años le sirvió como una forma de entrar en el círculo de los virtuosos intérpretes, el compositor no llegó a darle importancia sino como capacidad creativa que le ayudó en la composición. 
Tras los primeros años de frenética vida social y musical, Beethoven prefería dedicar un tiempo a este tipo de actividad en soledad o en la compañía de algunos de sus conocidos, evitando siempre el aplauso, ya que consideraba que el mayor peligro del virtuosismo es la búsqueda del efecto brillante y difícil que haga destacar al intérprete, una suerte de fuego artificial que busque el deslumbramiento de la audiencia frente a la importancia de la obra en sí.
Todo gran músico, sea intérprete o compositor suele ser un buen improvisador. En nuestros días hay algunos de ellos muy destacados como la pianista venezolana Gabriela Montero que suele finalizar sus actuaciones con distintas improvisaciones de obras conocidas o incluso de melodías pedidas al público. En la red se pueden encontrar muchas de ellas.
Como muestra de estas improvisaciones, Gabriela Montero realiza unas variaciones sobre la Ode an die Freude (Oda a la alegría) de la Novena Sinfonía de Beethoven que interpretó en un concierto en Copenhague en 2009.
Quizás nos sirva de referencia para hacernos una idea de la capacidad de Beethoven para este tipo de interpretaciones.




Pero en esta publicación dedicada al encuentro entre Mozart y Beethoven aún no hemos hablado de él, ya que de la estancia en Viena se conocen pocos detalles. No hay testigos directos que hayan narrado lo que sucedió en estos meses que el compositor de Bonn estuvo en la capital austriaca. Mozart murió relativamente pronto -en 1791- y Beethoven no habló de la experiencia salvo alguna referencia que realizó a lo largo de su vida a algunos discípulos y conocidos. Quizá fuera una experiencia decepcionante.
Podemos hacernos una idea de la situación de Beethoven. Indudablemente, conocía la figura de Mozart y había visto y tocado partituras suyas, igual que las de Haydn. En muchas ocasiones lo habrían comparado con él por su precocidad, ya que el salzburgués era en aquellos momentos el ejemplo de niño prodigio que podía vivir de su capacidad interpretativa y compositiva. Por último, el conde Waldstein, que había ideado y propiciado el viaje a Viena, habría insistido en el joven Beethoven para que buscara la referencia de Mozart a quien, con toda seguridad, le habría escrito alguna recomendación para con este joven prometedor.

Boceto de Beethoven ante un piano
En estas circunstancias, el joven Ludwig tendría puestas muchas esperanzas en conocer al gran compositor de Salzburgo, en recibir sus consejos e incluso su beneplácito. Mientras, el consagrado Mozart quien junto a Haydn forma el grupo de los grandes compositores de Viena, que es lo mismo que decir del mundo, estaría acostumbrado a recibir a tantas promesas que uno más no tiene importancia.
Así, en su detallada y meticulosa biografía Ludwig van Beethoven, Jean y Brigitte Massin indagan en cómo sería este encuentro, que parece que llegó a producirse. 
Los Massin ofrecen más detalles sobre el viaje, además de algunos comentarios que dejaron escritos algunos amigos y discípulos de Beethoven. Así, recogen textos de Schlinder, quien le acompañó de forma poco elegante en sus últimos meses de vida; también de Ries, hijo del organista de Bonn que tanto ayudó al compositor en sus primeros años y que luego se convertiría en un gran pianista y discípulo suyo y de uno de sus biógrafos Otto Jahn. Tras estos comentarios, los Massin reflexionan sobre la decepción que pudo suponer en el adolescente Beethoven este encuentro, aunque con el paso del tiempo fuera superada.


Isidor Neugass. Retrato de Beethoven. 1806


Estrenada pocos meses antes de la muerte de Mozart, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las obras de Mozart que más éxito tuvo durante su vida. Entroncada en el estilo del Singspiel, la ópera popular cantada en alemán en que se alternan trozos cantados y recitado, contaba con un libreto de Emanuel Schikaneder quien era empresario del Theater an der Wien (el mismo en que Beethoven estrenó Fidelio, su concierto para violín y algunas de sus sinfonías).
Del Acto II de La flauta mágica rescatamos el aria de Papageno Ein Mädchen oder Weibchen (Una muchacha o una mujercita) con el que el pajarero pide desesperado a su carillón una mujer que le acompañe en su solitaria vida.



Han pasado cinco años. Mozart ya ha muerto, la Revolución Francesa ha hecho caer cabezas gobernantes y se respira un aire revolucionario en toda Europa. Waldstein vuelve a proponer un nuevo viaje de Beethoven a Viena después de que el más grandes de los músicos vivos, Haydn pasara por Bonn y se aprestara a dedicar unas horas de su tiempo a la formación del joven alemán. El Príncipe Elector vuelve a guardarle el cargo y le abonará el sueldo con lo que su familia queda bien resguardada.
A finales de 1792 Beethoven emprende el que será su segundo y definitivo viaje a Viena cargado de cartas de presentación para la nobleza de la capital austriaca. Mientras él comienza el viaje, la corte de Bonn también lo hace precipitadamente tras la detención de Luis XVI en Francia. En un libro, Beethoven recoge algunas despedidas de sus amigos. Entre ella, esta del propio Conde Waldstein recogida en la biografía de Massin.



Despedimos este encuentro entre Beethoven y Mozart con una obra que lleva el explícito título de Zwölf variationen über das Thema "Ein Mädchen oder Weibchen" aus der oper Die Zauberflöte von Mozar für Pianoforte una Violoncell von L. van Beethoven, Op. 66. (Doce variaciones sobre...), una obra que fue compuesta en 1796 tras el aumento de la popularidad que las obras de Mozart experimentaron tras su fallecimiento.
De los alrededor de setenta ciclos de variaciones que Beethoven publicó a lo largo de su vida, los primeros se basan en obras de autores conocidos y se inscriben aún en un estilo clásico anterior al que el compositor consolidaría más adelante.
Estas variaciones están configuradas con un virtuosismo y un control poco habitual, con la dificultad añadida de tratarse de una combinación poco habitual de instrumentos del que el autor no podía tener muchas referencias.


Klaus Kammerrichs. "Beethon". Busto de Beethoven a partir del retrato de Stieler. Bonn

Beethoven aprovecha las dos partes del aria de Mozart para crear un tema más largo con un contrastante cambio de compás. Tras la presentación del tema a cargo de los dos instrumentos, el piano varía con gran ornamentación (variación I), seguido de una versión donde el cello es el protagonista con un acompañamiento armónico del piano (II), llegando a repartirse el material para la variación entre los instrumentos (IV). La progresión armónica y el esquema del tema original continúan (VII, VIII y IX) hasta volver a los ritmos previos (X), antes de la interpretación más lírica a cargo del violonchello (XI) y la coda final.
Pese a su antigüedad y poca calidad de imagen y sonido, este enlace sobre 12 variaciones sobre Ein Mädchen oder Weibchen es un lujo ya que pertenece a una grabación en directo para televisión de 1970 con la interpretación de Mstislav Rostropovich al cello y Vesso Devetzi al piano.




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Una jaula con el techo de cristal

Durante muchos años, siglos, el papel de la mujer se restringía única y exclusivamente al ámbito familiar. 
Participar, aportar, configurar el mundo en que queremos vivir y tal como queremos que sea es una posibilidad que, por una cultura que lleva ejerciéndose desde hace cientos de años, ha negado de forma sistemática -aunque haya consentido determinadas excepciones- el acceso de la mitad de la población a este derecho. Una determinada mirada, un punto de vista diferente o, al menos, diverso se ha perdido en este tiempo y es responsabilidad nuestra contribuir con todo el potencial que los seres humanos podemos aportar en nuestra marcha conjunta por la vida.
Muchas mujeres han luchado y dedicado su esfuerzo y su vida a aportar cuanto tenían y podían para contribuir con sus ideas, sus esfuerzos, su trabajo en luchar por un mundo más igualitario. Afortunadamente, en un mundo tan poliédrico como el que vivimos, muchas van viendo el resultado de su esfuerzo. 
En estos días mi hija Mónica ha publicado un estudio titulado Educación sexista en los libros de texto de historia para la revista digital Hipatiapress.com en el que reflexiona sobre la presencia de la mujer en estas publicaciones y, de modo especial, en las consecuencias que esta presencia origina en el ámbito social. Conseguirá lo que se proponga.
Conceptos como vivir en una jaula o el techo de cristal hacen referencia, por una parte al hecho de hacer que determinadas personas se sientan confinadas en un recinto del que no pueden salir, bien en el ámbito doméstico, bien negando su posibilidad a los mismos derechos efectivos y sociales que al resto de colectivos; mientras que el techo de cristal alude a una limitación al ascenso laboral de determinadas personas o colectivos, especialmente el femenino, dentro de organizaciones de forma velada, pese a que jurídica o efectivamente no exista esta limitación.
Muchas han sido las mujeres, en ocasiones incluso apoyadas por hombres, que han debido luchar de forma heroica o titánica por ver compensados sus esfuerzos en esta lucha por la igualdad efectiva.
Te propongo un acercamiento a dos mujeres que lucharon por desarrollar su talento en una sociedad y un entorno que condicionaron vida: Delmira Agustini y Fanny Mendelssohn. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



He de reconocer que hasta que no leí Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal no conocía la existencia de Delmira Agustini. A partir de ese momento el interés por Delmira fue en aumento, en un primer momento casi más por su persona, su peripecia vital, que por su obra. 
Delmira nació en Montevideo en 1886 en el seno de una familia acomodada en la que fue educada como muchas mujeres de su sociedad en el cultivo de las letras y la música. Sabía leer a la perfección desde los cinco años, componía poemas antes de cumplir una década y era capaz de interpretar complicadas partituras al piano. Sobreprotegida en exceso por sus padres, especialmente su madre, Delmira apenas se relacionaba con personas de su edad y comenzó a publicar en La Alborada, una de las revistas de su ciudad, en primer lugar sobre mujeres que destacaban por su cultura en la sociedad que la rodeaba y más adelante poemas. Con veintiún años publicó su primer libro de poemas, El libro blanco, que recibió una buena acogida de la prensa en una sociedad cerrada que celebraba los escritos del estilo modernista a la vez que refutaba temas como el erotismo que desarrollaba la escritora.
Es el citado Libro de Requiems de Mauricio Wiesenthal, que ya nos ha acompañado en otras ocasiones el que vuelve a servirnos para conocer más sobre Delmira



Fanny Cecilie y Jacob Luwdig Felix Mendelssohn provenían de una adinerada familia judía de banqueros alemanes que adoptaron los apellidos Mendelssohn-Bartoldy tras convertirse al protestantismo.
Nacidos en Hamburgo en la primera década del XIX, ambos, junto con sus otros tres hermanos, tuvieron una sólida educación en diversas artes. Gracias a su madre se iniciaron en la interpretación del piano para pasar más adelante a recibir clases de teoría y composición musical por prestigiosos profesores, además de tener relaciones con escritores como Goethe. Fanny y Félix mostraron una asombrosa facilidad para la interpretación de las fugas de Bach y la composición, además de una compenetración y complicidad enormes entre ellos.
Una carta que su padre le escribió al cumplir los quince años marca un punto de inflexión:


"Aquello que me escribiste en la carta hablando de tus actividades musicales respecto a Félix está bien razonado y bien escrito. Es posible que la música se convierta en su profesión, aunque para ti será siempre un bello ornamento; nunca podrá ni deberá convertirse en la base de tu existencia."

En cambio, Félix pasó de ser un niño prodigio como ella, a convertirse en director de orquesta, compositor, fundar el Conservatorio de Leipzig o conocer a personajes como la Reina Victoria. Mientras, Fanny se conformaba con dar conciertos privados, los Sonntagsmusiken (Domingos musicales), para familiares y conocidos.
Ante esta situación los hermanos optaron por una solución que en aquel momento les benefició, pero que, con el tiempo perjudicó la carrera de Fanny: Félix firmaría las obras de su hermana con el fin de darlas a conocer.
Una situación que en un momento determinado protagonizó una de las más embarazosas situaciones para el compositor. En su viaje a Inglaterra en 1842, la reina Victoria lo invitó al palacio de Buckingham donde lo felicitó por su canción Italien (Italia) que era una de sus piezas favoritas. Mendelssohn, tras el apuro inicial, se mostró sincero con la soberana inglesa y le confesó que la autora de la pieza era su hermana, algo inusitado en aquella época, en que no se entendía que una mujer pudiera dedicarse a realizar determinadas cosas fuera del ámbito doméstico.

Es precisamente el lied Italien el que enlazamos a continuación en una versión interpretada por la soprano Donna Brown y el pianista Françoie Tillard compuesto por Fanny Mendelssohn y no su hermano Félix a partir de un poema de Franz Grillparzer.


En 1913 Delmira Agustini se casó con un tratante de caballos procedente también de familia acomodada ajeno a su círculo cultural e intelectual. En esos momentos ya tenía publicados tres poemarios y, aunque su acercamiento al erotismo le trajo cierta polémica, era una escritora con un nombre reconocido.
Después de varios años de relaciones, contrae matrimonio con Enrique Job Reyes. El carácter prosaico y aburrido de su esposo, el nulo entendimiento cultural y la idea preconcebida de alejarla de la creación literaria, como algo propio de señoritas hasta que se casan, la alejó de él. 
En escritos sobre el día de su boda, Delmira revela al intelectual argentino Manuel Ugarte, que se convertirá en su amante, la frustración que tuvo el día en que contrajo matrimonio. Semanas después abandona a su esposo y regresa a la casa familiar, mientras continúa viéndose con Ugarte.
Interpone una demanda de separación alegando hechos graves ocurridos por la conducta de su marido. Enrique Reyes responde a la demanda negando lo hechos, aunque afirmando que, puesto que Delmira ha abandonado el hogar, él respeta que se produzca la separación. Este consentimiento a nivel público contrasta con la actuación privada escribiéndole cartas constantemente, golpeando en su ventana o mezclando la amenaza con la súplica. 


Entretejidos entre las páginas de varios cuadernos, el padre de Delmira y su hermano transcribían y pasaban a limpio los poemas antes de ser publicados. Mas la poetisa tenía un corazón ardiente y un alma indómita. Sola entre los clásicos y ella misma, aprendió que los libros no se leen de igual modo cuando se hace en secreto; que la música no suena igual cuando la toca una joven señorita de ciudad que cuando se interpreta por un vividor entre copas; que la emoción de admirar un cuadro en un museo no es comparable a realizar un dibujo a escondidas en un cuaderno de clase.
Así, encerrada a solas en su habitación, o con su amante, los versos escritos por Delmira tienen una condición clandestina, una nocturnidad de reptil que serpentea, la fuerza de la palabra que se escapa sin querer decirla, la idea que se dibuja en el aire antes de querer retirar la pluma que la escribe. 

Publicado en 1910, Cantos de la mañana es su segundo libro de poemas tras El libro blanco y cimentó la figura de la escritora uruguaya, encumbrándola como la gran promesa de la literatura hispanoamericana junto a Ibarbouru o Gabriela Mistral.
Lo inefable nos acerca a aquello que, como su nombre indica, no se puede expresar con palabras. Escrito en forma de soneto clásico, un tipo de composición que volvieron a utilizar los modernistas y, de modo especial, Agustini, este poema es representativo de la obra de la escritora uruguaya.


Fanny Mendelssohn tenía "dedos de fugas de Bach" según decía su madre, siendo más virtuosa al piano que su hermano, según narran. Con trece años interpretó de memoria los 24 preludios de El clave bien temperado de Bach y al año siguiente dedicó su primera composición a su padre.
Los dos grandes obstáculos que negaron la carrera musical fueron su pertenencia a una clase social elevada que no contemplaba que uno de sus miembros se dedicara a una actividad como la música y, de modo especial su condición femenina y su educación cuyo fin último era que contrajera matrimonio.
En 1829 contrajo matrimonio con el pintor Wilhelm Hensel que, aunque llevó a una separación física de los hermanos, no hizo que la complicidad y confidencialidad entre ellos desapareciera. Al contrario, Félix la animaba a continuar su vida musical, aunque fuera en privado, mientras su esposo la animaba a seguir componiendo.
La decepción de Fanny por no poder realizarse como persona encontró el apoyo de ambos e incluso de sus padres que la animaban a abrir su casa a los Sonntagsmusiken que llegaron a convertirse en una de las reuniones sociales más privilegiadas y a las que acudían personalidades como Liszt, Paganini, Weber, Goethe, Hegel, Humboldt o Clara Schumann.
Las piezas que componía las mostraba a su hermano con la intención de que las publicara con su nombre, a lo que él se resistía. Llegó a escribir alrededor de 466 piezas, la mayoría de ellas para piano y voz, aunque ninguna de ella fue publicada en vida de ella.
La sopran Bibiana Nwobilo interpreta el lied Bergeslust con el acompañamiento al piano de Christopher Hinterhuber en un concierto de Styriarte de 2012.



En 1913 Delmira Agustini publicó su tercer poemario, Los cálices vacíos, donde el erotismo tiene una fuerza aún mayor provocando un escándalo en la sociedad uruguaya. No sólo era una joven soltera quien escribía, sino que, sobre todo, la mujer no podía ser sujeto de deseo, sino sólo objeto deseado. Así, Delmira se presenta en la tradición y la cultura literaria añadiendo un nuevo matiz del sujeto femenino capaz de poseer una vida íntima y experimentar deseos diferentes a los definidos por la tradición literaria masculina.

Fotografía de boda de Delmira Agustini
Coetáneo de Delmira Agustini, Rafael Barret nació en Torrelavega, hijo de inglés y española, de familia relacionada con la vieja nobleza, recibiendo también una exquisita educación. Tras unirse a la bohemia madrileña hubo de exiliarse tras un desagradable incidente. En Al margen, Barret recoge y refiere historias que reflejan lo más irónico del alma humana, sus intereses y móviles más hondos, sus anhelos más grotescos. 
Entre los escritos que recoge en este libro de memorias y conocimientos, nos muestra sus ideas sobre Delmira Agustini cuando era aún una escritora con mucho aún que decir y tiene, por tanto, la mirada de quien la observa en el momento en que la poetisa vive, escribe y se muestra como la promesa de escritora que iba a engrandecer la literatura hispana.



Fanny Mendelssohn luchó entre su pasión por la música y las normas que regían en la sociedad y la familia en que vivía. A uno de sus amigos, el diplomático Karl Klingemann le agradecía el interés por su obra a la vez que lamentaba que en su ciudad, Berlín, no tuviera público. 


"Una vez al año, quizás alguien me copiará una pieza o me pedirá que toque algo especial. Con certeza, no será frecuente."

Sólo ofreció un concierto público en su vida en 1828 interpretando el Concierto nº 1 para piano de su hermano como solista.
El 14 de mayo de 1847, mientras ensayaba el oratorio La primera noche de Walpurgis de su hermano sufrió un derrame cerebral que le provocó la muerte inmediata con cuarenta y un años de edad.
Fue tal la conmoción que originó que su esposo abandonó la pintura e incluso dejó a su hijo Félix Ludwig Sebastian -los nombres de los tres músicos a los que Fanny más admiraba- al cuidado de un familiar. Su hermano entró en una espiral de depresión y dejó de componer. 


"Con su amor y amabilidad me acompañó en cada momento de mi vida... Nunca podré acostumbrarme a ello." 

Su última obra fue su Cuarteto para cuerdas nº 6 en Fa menor dedicado a ella. El 4 de noviembre de ese mismo año, seis meses después, casi sin poder soportarlo, moría Félix Mendelssohn por la misma causa que había acabado con la vida y la prometedora carrera de su hermana, un derrame cerebral.



La última interpretación que nos acompaña es otro de los lieder de Fanny Mendelssohn, Frühling, su Opus 7, nº 3 con la voz de la soprano Rachel Schutz y el acompañamiento al piano de Jonathan Korth en una grabación de noviembre de 2015.



Cerrado su matrimonio con Enrique Job Reyes, Delmira siguió viéndose con su amante, aunque comenzó a verse de modo clandestino con su propio marido a quien, en una vuelta de tuerca convierte ahora en su amante, visitándolo con regularidad en una habitación que él había alquilado para este fin. Aquel de quien escribió cuando se casaron


Taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche.

La solicitada separación, el divorcio legal entre ambos se produjo el 22 de junio de 1914, diez meses después de la celebración nupcial, convirtiéndose en el primero que se llevó a cabo en Uruguay y el que abría las puertas a estos procesos en hispanoamérica. En la siguiente cita entre Delmira y su ex esposo y amante, el 6 de julio, Reyes la asesinó, quizás cansado de ser su amante o pensando que era humillado en su virilidad, acaso consumido por los celos y la nocturnidad. Le descerrajó dos tiros en la cabeza por la espalda cuando aún iba medio desnuda, con una pistola que ocultaba bajo la almohada. Después, sólo después, se disparó a sí mismo. 



Su madre, aquella que tanto la dirigió y sobreprotegió, no quiso dejarla marchar tranquila. Antes de enterrarla rodeó el féretro con las partituras de piano que tantas veces tocó, llenó la habitación con los cuadros que pintó, las labores que realizó y hasta, como una grotesca figura macabra, la primera muñeca que le habían regalado cuando niña. 
Tras haber anunciado en Los cálices vacíos que estaba preparando su nuevo poemario Los astros del abismo, que no llegó a publicar, los versos que dejó escritos aparecerán en la recopilación póstuma El rosario de Eros.
Estremece leer este casi soneto que escribió acercado su mirada hacia la muerte sin pensar en la de ella misma 

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Bibliografía consultada:

Las primeras obras de Mozart

Las comparaciones son odiosas. Así que no se trata de comparar, sino de conocer, saber de la persona y del personaje, de su trabajo y de su obra.
Evidentemente, cuando hablamos de niños prodigio, Mozart es uno de los que se nos viene a la mente, aunque hay muchas personas que alcanzan un grado de madurez, dominio de una maestría en un tema y una excelencia que otros no alcanzan o alcanzaremos nunca. 
En diversos lugares de la red podemos encontrar listados como Los más importantes niños prodigio de la historia, en la que aparece el mencionado compositor, junto a niños como Jacob Barnett, Akrit Jaswal, Pablo Picasso, Gregory Smith, Kim Ung-Yong o Shakuntala Devi entre otros por sus extraordinarios e inusuales dominios en diversas materias como la astrofísica, la cirugía, la pintura, las matemáticas o la física.
Te propongo una reflexión sobre las primeras obras compuestas por Mozart acompañados por textos de Peter Gay y Mauricio Wiesenthal. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!







Con toda seguridad conocemos que Wolfgang Amadeus Mozart fue un niño prodigio, una de esas personas que nacieron con el don de la música. Su padre Leopold era violinista en Salzburgo, autor de un conocido método para el aprendizaje del violín que se utilizó durante muchos años en los países de la Europa central. De sus siete hijos, cinco murieron con pocos años, quedando dos, su hermana a quien conocían como Nannerl y el propio Wolfgang. Como músico con ganas de triunfar en la profesión aprovechó que su hija mostraba interesantes cualidades para darle clases de música, sin contar con la presencia del pequeño, cuatro años menor.


"Té a la inglesa en el salón 'Des quatre glaces au Temple' con toda la corte del Príncipe Conti, escuchando al joven Mozart" de Michel-Barthêlémy Ollivier. Palacio de Versalles
Peter Gay, profesor emérito de Historia comparativa e intelectual de Europa en la universidad de Yale y director del Dorothy & Lewis B. Cullman, publicó en 1999 Mozart, una biografía sobre el compositor salzburgués. En ella nos narra cómo fueron sus comienzos musicales a la sombra inicialmente de los progresos de su hermana y bajo la dirección de su asombrado y orgulloso padre.



Esta primera composición, la que se considera la número 1 en su catálogo de Opus, el Kv 1 es el Minueto para clave en sol mayor compuesto en 1761, aunque con alguna modificación posterior. En estas primeras obras siempre se tiene la duda de si Leopold es meramente transcriptor o coautor de la misma. De cualquier manera, es una asombrosa delicia poder escuchar una obra compuesta por un músico de cinco años de edad.


Retrato de la familia Mozart. Leopold, al violín, observa a Nannerl y el pequeño Wolfgang
Paul Barton es el intérprete de esta grabación que viene acompañada de la partitura en la que se puede seguir la elegancia simple con que está compuesta.


En su ameno e interesante Libro de réquiems, Mauricio Wiesenthal nos muestra un recorrido biográfico, cultural y emocional por las vidas y obras de algunos de los autores que han marcado su propia vida, moviéndose entre los escritores, los compositores o los pintores que alumbran su propia existencia. Los grandes autores de los siglos XIX y XX aparecen, se muestran en sus obras y acciones, se cruzan y relacionan entre sí y se acercan al autor y a los lectores dejando su profunda huella en cada uno.



En el capítulo Lacrimosa dies illa, subtitulado Réquiem por Mozart, Wiesenthal recorre la vida del compositor a partir del relato de la composición de su última e inconclusa obra. Como una involuntaria continuación del relato anterior, Wiesenthal esboza una de las constantes de la infancia de los Mozart, los viajes por las ciudades europeas en una constante exhibición virtuosística de Nannerl y Wolfgang como parte de la estrategia de Leopold por acercar los talentos de ambos a la aristocracia y la burguesía del viejo continente.



Entre junio de 1763 y noviembre de 1766 los Mozart realizan una gira por París y Londres. Tras cinco meses en la capital francesa, tienen una estancia de quince meses en la ciudad inglesa para regresar de nuevo a París tres meses más, con alguna parada en otras ciudades. En todos los lugares, la fama de los hermanos les antecede y les ofrecen multitud de oportunidades para mostrar sus encantos y sus habilidades musicales.


Pintura de Mozart encargada por su padres en 1762 con el traje que le dieron en la Corte Imperial de Viena. Atribuido a Pietro Antonio Lorenzoni. Mozarteum de Salzburgo
En Londres, el pequeño Wolfgang compone algunas sonatas para violín, clavicémbalo y otros instrumentos. Pero su primera composición vocal la realiza en la capital inglesa con nueve años, en 1765. Se trata de un aria de concierto para tenor y orquesta llamada Va, dal furor portata con un texto extraído del Ezio de Metastasio.



La interpretación del aria está a cargo del tenor mexicano Rolando Villazón acompañado por la London Symphony Orchestra dirigida por Antonio Pappano. En esta ocasión, el aria no está cantada completa, sino en una versión corta en la que sólo se interpreta la primera estrofa con dos repeticiones del texto.


La narración de Wiesenthal en su Libro de réquiems nos sitúa a los Mozart en el regreso previo a estancia en París y Londres, cuando a comienzos de 1763 vuelven de su primera experiencia por Munich y Viena.


Terminamos este acercamiento a las primeras obras, instrumental y vocal, de Mozart con el aria Va, dal furor portata, también en la interpretación de Rolando Villazón, perteneciente a su disco Mozart: Concert Arias para la Deutsche Grammophon con la London Symphony Orchestra dirigida por Antonio Pappano y del que el enlace anterior era una muestra de la grabación.


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Bibliografía consultada:
  • Gay, Peter. Mozart. Lipper Publications, LLC. Grupo Editorial Random House Mondadori, S.L. en la traducción de Miguel Martínez-Lage y Ediciones Folio, L'Hospitalet, 2004.
  • Wiesenthal, Mauricio. Libro de Réquiems. EDHASA. Barcelona 2004.