expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>
Mostrando entradas con la etiqueta Marcel Proust. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcel Proust. Mostrar todas las entradas

Vuelta a un nuevo comienzo

Decíamos ayer... (Dicebamus hesterna die) 

Es la famosa frase que se atribuye a Fray Luis de León al regresar a su cátedra tras varios años encarcelado por la inquisición. El pasado siglo también la pronunció Miguel de Unamuno tras volver a su cargo como rector de la misma Universidad de Salamanca después del exilio en Canarias durante la dictadura de Primo de Rivera
Esta frase brillante y evocadora bien la pudieron pensar y llevar a cabo los autores que nos acompañan, además de cada uno de nosotros cuando nos incorporamos a nuestros quehaceres diarios tras esos periodos en que dejamos la rutina y cambiamos la intensidad del ritmo de trabajo. Para todos, para ellos y para nosotros supone la vuelta a un nuevo comienzo.
En la anterior publicación de este blog finalizaba la temporada del mismo con unas obras que sus autores decidieron que tuvieran continuación por diversos motivos. En algunos casos, porque la obra tenía desde el comienzo una idea más extensa y estaba prevista la continuación; en otros casos, por razones de lógico espacio por dividir la obra en diversos volúmenes, y por la duración temporal, pensando en la lógica resistencia de los lectores y espectadores. En otras ocasiones, por crear un sesgo o cambio drástico en las continuaciones de las obras originales, creando diversas miradas que acabaran conformando un mosaico más amplio. También nos encontramos con obras que tienen continuación por el interés que despertaron las obras originales, propiciando que sus autores continuaran trabajando sobre los mismos personajes, argumentos o universo literario o musical. 
Si no la has visitado, te sugiero hacerlo, ya que esta publicación es la lógica continuación de la anterior del blog, Punto y seguido. Finales que continúan donde aparecen los finales de las mismas obras que aquí continúan. 
Como norma general, en los textos aparece el nombre genérico de la obra completa, en lugar del libro al concreto al que pertenecen que está indicado en el texto que sirve de presentación e introducción.
De la misma manera que en nuestra propia vida a cada final de una situación, relación o circunstancia reaccionamos de una u otra forma para continuar adelante, en estas obras podemos observar las distintas formas que sus autores emplearon para seguir adelante y cómo enlazaron una obra con otra.
Cada comienzo surge de un final, por ese motivo, cuando lo abordamos siempre lo encontramos lleno de incertidumbres, diversas posibilidades de llevarlos a cabo, aunque lo que no debe faltarnos nunca es la voluntad y fuerza para afrontar las nuevas situaciones. 
Te propongo comenzar la nueva temporada tras el tiempo de verano con algunas continuaciones de obras que sus autores llevaron a cabo. Nos acompañan de nuevo Tolkien, Wagner, Proust, Puccini, Verdi y Ruiz Zafón. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Amanece un nuevo día en el pantano del Corumbel
Tras Das Rheingold (El oro del Rin), el prólogo de su Tetralogía Der Ring des Nibelungen (El anillo de los Nibelungos), Wagner acometió la primera jornada del drama musical que tenía en mente. Estrenada nueve meses después, en junio de 1870 en el Teatro de la Corte de Múnich, Die Walküre (La Valquiria) desarrolla la idea del dios Wotan de que sólo un héroe libre conseguiría el anillo robado a las hijas del Rin para salvar a los dioses de la destrucción. 
Tras engendrar con aspecto de hombre lobo a dos gemelos Siegmund y Siglinde con una mortal, un día encuentra al regresar de una cacería con su hijo que la casa del bosque ha sido destruida y ella raptada para obligarla a casarse con Hunding, un enemigo del clan familiar. Durante la boda forzada, Wotan disfrazado como forastero entró en la cabaña y clavó su espada Nothung en un fresno del que nadie ha logrado arrancarla.

La valquiria, ilustración de la producción de Bayreuth de 1876
¿Cómo pasa Wagner de una obra a otra? 
La obertura de La Valquiria nos introduce en la acción con una música vertiginosa. Mientras las cuerdas describen la huida de Siegmund, la orquesta rescata temas del prólogo El oro del Rin con los metales interpretando la entrada de los dioses en el Walhalla con que finalizaba la ópera precedente. Así, Wagner enlaza una obra con otra de una manera magistral en un lapso de tiempo que abarca algo más de la vida de los protagonistas. La obertura finaliza mostrándonos la casa donde viven Hunding y su esposa Siglinde con el enorme fresno que se pierde en una abertura del techo en la zona central y la espada Nothung clavada en el tronco. Allí llegará Siegmund.
La interpretación de este preludio al Acto I corresponde a una representación que se llevó a cabo en el Teatro Alla Scala de Milán dirigida por Daniel Barenboim en 2010. 


Pensada, planeada y publicada por J. R. R. Tolkien como una sola obra, aunque dividida en tres tomos para facilitar la lectura, El señor de los anillos se ha convertido en una obra de gran éxito desde el momento de su publicación. El universo creado por el escritor inglés a partir de leyendas de la mitología nórdica ha servido de fuente fuente de inspiración a multitud de obras fundando un género de obras de fantasía épica en el que crean tanto un universo como una civilización.
Tolkien crea un mundo que muestra la condición humana: la fuerza como forma de alcanzar el poder y la dominación del mundo, el miedo como recurso para mantenerlo en el tiempo, pero al que opone la unión y la alianza de distintos grupos y culturas para derribarlos y construir un mundo más justo, algo que estamos olvidando en los últimos años. En el fondo, el escritor inglés nos está mostrando un camino imaginario que bien podría haber culminado en la humanidad que habita nuestro planeta.

Morannon, la puerta negra de Mordor. Ilustración de Neral (2006)
Tras el final de La comunidad del anillo que aparecía en la publicación anterior, ¿cómo pasa Tolkien de una obra a la siguiente? ¿Cómo ensambla la última página del primer libro con la primera del segundo?
Tras un final con varias escenas en que Frodo y Sam se adentran camino de Mordor y el narrador indica el final del tomo, el segundo, Las dos torres comienza con el mismo poema/canción que inicia cada una de las tres partes. Inmediatamente después, la acción sigue con algunos personajes de La comunidad del anillo, centrando en su primer capítulo, La partida de Boromir, la acción en Aragorn. Aunque los amantes de la obra sepamos el devenir de la acción, no está de más que de dejes llevar por el texto de Tolkien.


Siguiendo el itinerario de la publicación precedente, toca seguir con El tríptico de Giacomo Puccini, un título que el propio autor asociaba en su título con los retablos góticos. Libremente inspirados en la obra más conocida de Dante, a Il tabarro (El tabardo) y Suor Angelica le sigue la obra que te acompaña a continuación, quizás la más conocida de las tres.
Gianni Schicchi fue un personaje histórico y conocido de Dante. Pertenecía a los contadini, campesinos que se instalaron en Florencia y se integraron entre los nuevos ricos. Dante, de origen noble, no los soportaba en general y menos a este en particular, por lo que le adjudicó un papel en su Divina Comedia. Aparece en el capítulo trigésimo del infierno, dentro del octavo círculo en el que se encuentran los falsificadores. Allí lo encuentra el autor cuando se hubo disfrazado de Buoso Donati el Viejo para dictar testamento falso.
En cambio, Puccini y su libretista Forzano cambian el sentido que le da Dante al personaje y lo hacen entrar en la ópera bufa y los personajes de la Commedia dell'Arte. En estos escenarios, los cazadores de herencia y los pícaros tenían una gran tradición, ya que en los ambientes populares eran apreciados estos personajes que utilizaban el ingenio a costa de los ingenuos engañados. En el fondo, Schicchi es un Arlequín, mientras el personaje de Simone sería Pantalone, con la típica pareja de enamorados en los que triunfa el amor, junto a las figuras habtuales del notario o el doctor.
El argumento es típico de estas obras: Buoso Donati ha muerto en su cama y su familia lo llora desconsolada y melodramáticamente pensando en la herencia, hasta que surge el rumor de que ha dejado todo su dinero al monasterio local. El sobrino Rinuccio encuentra el testamento, pero no quiere dárselo a su tía hasta que ella no acepte que si el testamente es a favor de la familia le permitan casarse con Lauretta, la hija de Schicchi. Acepta y envían a buscar a ambos, pero al abrir el testamento se confirma el rumor, todos se enfurecen y se niegan a permitir el matrimonio.
Al llegar padre e hija son recibidos con desdén, pero Rinuccio propone que Schicchi resuelva el problema y todos dejan que lo intente. Una vez que se han asegurado que nadie sabe más de la muerte de Donati, llaman a un notario, Schicchi se hace pasar por el fallecido y dicta un nuevo testamento en el que los parientes se reparten los bienes, salvo los mejores. la casa, los molinos y la mula, dejando que Schicchi decida quien se los queda, acercándose a él cada uno por su cuenta para pedirle que sean para ellos. Cuando llega el notario, el farsante dicta testamento, quedándose él con esos bienes ante la indignación de los parientes que nada pueden hacer por temor a ser descubiertos. Se va a su nueva casa y a Lauretta, que ahora tiene una dote no le ponen obstáculo para su boca con Rinuccio. La obra finaliza con el falsificador dirigiéndose al público para pedir su indulgencia con un aplauso.
Puccini muestra a los familiares de Donati con las debilidades humanas ya que aparecen en ellos las ansias de poder, la hipocresía, el afán de riqueza e incluso la xenofobia, pero no busca un discurso duro, sino que muestra un retrato delicioso de cada uno de ellos, creando un ambiente burlesco, pícaro lleno de una gran ternura.

Producción de Woody Allen para Los Angeles Opera con Plácido Domingo y Adriana Chuchman (2015)
¿Cómo trata Puccini el cambio de la obra anterior a esta? 
Es fundamental el cambio del drama interior de Suor Angelica a la comedia en el más puro estilo de la comedia del arte, lo que configura una sesión de ópera con tres obras distintas que finalizan con este sabor agradable e ingenioso que deja Gianni Schicchi en los espectadores.
La pieza que te acompaña es la más conocida de esta ópera en miniatura, un aria que hemos escuchado en multitud de ocasiones, aunque a veces con cierta confusión. Cuando Rinuccio propone su matrimonio con Lauretta, ni siquiera su padre está de acuerdo con el enlace, así que esta debe convencerlo para que acepte. 
Ante el griterío de los familiares, Rinuccio pide la mano de Lauretta, mientras que Schicchi grita Niente! (¡Nunca!) con notas descendentes. Su hija se acerca y canta O, mio babbino caro (Oh, mi querido papaíto), un aria que algunos confunden como O, mio bambino (niño) caro. Comienza con una introducción agitada y disonante, con los metales haciéndose eco del maremágnum que hay en escena. Al momento se convierte en un aria dulce y embaucadora en el que la hija amenaza con una suerte de falso chantaje con arrojarse al Arno desde el Ponte Vecchio si no se atienden sus deseos. Los Niente! descendentes del padre se convierten en delicados saltos ascendentes de Lauretta en una de las arias más deliciosas de la ópera.


El enlace muestra el comienzo de la escena que es fácil seguir de forma intuitiva hasta que finaliza el aria. 
La interpretación corresponde a una producción de la Ópera de Los Ángeles con dirección escénica y producción de Woody Allen, Plácido Domingo como Gianni Schicchi y Andriana Chuchman como Lauretta, la verdadera protagonista de este aria, en un representación que se realizó en septiembre de 2015 con la dirección musical de Grant Gershon.


El punto y seguido, que no punto y final, con que Marcel Proust finalizaba el primero de los libros que conforman  la recherche du temps perdu (A la busca del tiempo perdido) tiene continuación en unos volúmenes que estaban en la mente del escritor cuando comenzó a escribir.
En el primer libro, Por la parte de Swann, el autor francés comienza a narrar su camino sobre el amor, los celos, la ruindad, la enfermedad y la marginación a través de sus recuerdos y vivencias, hilados con un lenguaje muy similar al que hablaba el asmático escritor.
La continuación de este primer volumen es À l'ombre des jeunes filles (A la sombra de las muchachas en flor). ¿De qué forma continúa y enlaza Proust estos dos libros? 
En primer lugar, continúa el mismo tipo de narración interior, fragmentaria y detallista que en la primera entrega. Por otro lado, lo divide a su vez en dos partes. La primera, En torno a Madame Swann vuelve a mostrar personajes de la primera parte donde había dejado entrever la historia poco convencional del matrimonio de Charles Swann y Odette. En esta ocasión muestra el enamoramiento del narrador de Gilberte, la hija del matrimonio y cómo las reacciones, a veces absurdas, acaban con esta relación.
Tras ese nexo de unión nos acerca a la segunda parte de esta segunda entrega: Nombres de países: El país, en el que narra sus vivencias durante el verano en el balneario de Balbec, las relaciones que establece y en la parte final, donde conocerá a las jóvenes muchachas que dan título al libro de las que se irá enamorando y desenamorando de forma simultánea y sucesiva.

Acuarela de Bernard Soupre
¿Cómo continúa Proust a partir del final de la primera parte?
En esta ocasión no te ofrezco las primeras líneas de este segundo libro, sino que, dando un salto, te acerco a una de las reflexiones que transitan por esta obra descomunal. Proust logra mostrarnos muchos puntos de vista, generando un retrato crítico de la sociedad de su tiempo, con una narración que es a la vez iniciática, simbólica, un análisis de la naturaleza humana y una reflexión sobre la literatura en particular y sobre el arte en general.
En la segunda parte de este libro, Nombres de países: El país, el narrador conoce a un pintor, Elstir que le servirá de puente para conocer a las muchachas que transitan por Balbec. Este pintor, al que visita en su taller y con quien charla en algunas ocasiones le sirve al narrador para reflexionar sobre la mirada con que los artistas muestran aspectos de los paisajes, edificios e imágenes que ofrecen el tono poético que lo diferencia de las imágenes que miramos con ojos prosaicos.


Existen diversos modos de pasar de una obra a otra según las ideas e intereses del autor como has podido observar hasta ahora.
En la publicación precedente hablaba de la Trilogía de Verdi, esas óperas que compuso seguidas: RigolettoIl trovatore y La traviata. Ponía de esta última obra el final del segundo acto, por lo que la única continuación posible según el esquema de esta entrada del blog no es volver hacia alguna de las óperas precedentes, sino centrarnos en la continuación.

¿Cómo sigue Verdi esta ópera tras el intermedio entre el segundo y el tercer acto? Como verás, aquí aparece una nueva forma de continuación.
Tras el agitado final del Acto II, Verdi nos transporta a la habitación de una Violeta enferma, agonizante y solitaria que sólo está acompañada por su fiel Anina y las ocasionales visitas del doctor que le anuncia que sanará, aunque ambos saben que es un piadoso consuelo. Son los días de carnaval en el que contrasta este ambiente con la ruidosa fiesta en la calle.
Cuando se estrenó la ópera los aforos solían estar llenos, con una burguesía que tenía sus palcos y acudía frecuentemente a las funciones. Entre acto y acto eran frecuentes las visitas y saludos, tomar una copa e incluso cerrar algún negocio. Tampoco era costumbre como ahora llegar puntuales, por lo que a veces entraba público con la obra comenzada. ¿Cómo conseguir que esa burguesía a la que criticaba con esta ópera entrara a escuchar el tercer acto y se dejara llevar por el autor en el final de la obra?
Lo que hizo Verdi fue intercalar un interludio al comienzo del acto, una nueva obertura que llevara a los espectadores a donde él quería: la habitación silenciosa de una enferma.
El Interludio del Acto III copia la música de la obertura principal transportando la melodía a do menor, como si la tonalidad de la primera fuera un recuerdo frente a la dura realidad. Comenzando con un planísimo, Verdi sigue mostrándonos los frágiles latidos del corazón con los pizzicatos de las cuerdas y la agitada respiración de la enferma. La primera parte del preludio muestra la soledad de una Violeta derrotada por la enfermedad, abandonada por sus amigos, triste y sin recursos para vivir. Tras ese inicio, la música muestra un resquicio de esperanza, ese momento de Verdi reflejará más adelante antes de la muerte de la protagonista.

La traviata, producción de Willy Decker para Salzburgo, 2005.

El enlace nos muestra este Interludio del Acto III en una de las puestas en escena más exitosas de las últimas décadas, la realizada por Willy Decker para el Festival de Salzburgo de 2005 con dirección musical de Carlo Rizzi y que ha recorrido los mayores teatros de ópera del mundo, llegando de nuevo en este verano al Teatro Real de Madrid
En esta producción, el interludio nos muestra al personaje que representa a la muerte y al tiempo que le queda a Violeta alejando a los personajes del mundo a la que esta ha pertenecido para indicar su alejamiento y abandono, no sólo de ese ambiente, sino de la propia vida, quedando al finalizar la música la puerta irremisiblemente cerrada.
El éxito de este interludio hizo que se popularizara este tipo de introducción en cada acto en muchas óperas del verismo y de finales del XIX en general.


El punto y final a esta publicación sobre los puntos y seguido (o aparte) viene, como puedes imaginar si has leído la publicación anterior, con la tetralogía de Carlos Ruiz Zafón El cementerio de los libros olvidados. Los lectores de Zafón siempre echaremos de menos las obras que podría habernos dejado si hubiera vivido más tiempo.
Después de acercarnos al final de La sombra del viento (2002) en este último caso vuelvo a las primeras líneas del segundo libro, El juego del Ángel (2008).


¿Cómo sigue el escritor la continuación de su obra?
En este caso la tetralogía está formada por obras relativamente independientes unas de otras aunque transcurren en el entorno urbano de Barcelona, en el mismo universo literario y hay diversos nexos de unión entre unos y otros libros.
Aquí puedes encontrar una forma de iniciar enérgica, potente, que no se anda con subterfugios ni circunloquios. Ruiz Zafón va directamente a la emoción del lector desde la propia emoción del narrador y de su vanidad, con una frase con una potencia que absorbe la atención del lector desde la primera línea y que genera todo un capítulo que impide que el lector levante la vista del texto.


Esta publicación es una forma de acercarnos al comienzo de un nuevo ciclo después del descanso con el que todos, cada uno a nuestra manera, nos relajamos del ritmo acelerado durante el tiempo de verano. Y tú, ¿cómo te planteas este reto de volver a comenzar? ¿Qué proyectos tienes y cómo te los planteas? ¿Utilizarás algunos de los métodos de estos autores o alguno diferente?
 
Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tolkien, J. R. R. El señor de los anillos, Editorial Minotauro, Colección: Biblioteca J. R. R. Tolkien (2025). ISBN. 9788445019580.
  • Proust, Marcel. A la busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, Colección Clásicos (2008), ISBN: 9788477023203
  • Ruiz Zafón, Carlos. El cementerio de los libros olvidados, Editorial Booket, Colección: Biblioteca Carlos Ruiz Zafón (2024) ISBN: 9788408235309.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)

Punto y seguido. Finales que continúan

La vida es una continua sucesión de inicios y finales a los que suceden otros comienzos y términos incesantemente. Si pensamos en nuestras historias personales desde su principio, hemos pasado por muchos comienzos y finales de relaciones, como las primeras personas que estaban junto a nosotros de las que muchas desaparecieron, aunque no las olvidemos. También nos ha ocurrido con aspectos tan distintos como el hogar donde nos criamos y las casas en que hemos habitado, los estudios, trabajos, las relaciones sentimentales que hemos vivido o las personas que han venido a formar parte de una nueva familia, en el caso de que la hayamos formado. Hemos tenido muchos inicios y diversos finales, pero, en muchas ocasiones, esos finales los hemos utilizado para comenzar un nuevo principio.
Las obras de arte -pintura, literatura, música, arquitectura o cine- parten de una idea de sus autores que comunican un pensamiento, una forma de ver y valorar el mundo para provocar reacciones o comunicar emociones y sentimientos. También buscan tratar y denunciar temas sociales, mostrar valores y conocimientos del tiempo en que se crean o, simplemente, buscar placer y felicidad en quienes las aprecian.
De la misma manera que sus autores idearon estas obras, en muchas ocasiones, llegaron más allá de ellas y buscaron continuarlas de distintas maneras. En unos casos, se hicieron obras arquitectónicas que tenían el mismo concepto y estilo de las que crearon. En otras, realizaron grupos de pinturas sobre un tema que poseían unos criterios comunes. En otros, escribieron libros que eran continuaciones de otros anteriores, igual que ocurrió con películas u óperas. A veces porque estaban pensadas y creadas como un grupo de ellas; en otras ocasiones surgieron a partir del éxito de las anteriores, como forma de rentabilizar el éxito obtenido.
Como el tiempo de verano marca en nuestra cultura un periodo de descanso y final de una temporada activa, igual ocurre con blogs como este, que toman un descanso en sus publicaciones, aunque seguirá activo en las redes sociales. No se trata de un final definitivo, sino de un final para continuar al comienzo de la nueva temporada, como esas obras que los autores terminan, pero que ya tienen en mente para su continuación con una nueva.
Te propongo finalizar esta temporada antes del descanso de verano con finales de obras a las que sus autores dieron continuación, en algunos casos con nuevas obras, en otros, con la continuación de las que habían terminado. Nos acompañan obras de Tolkien, Wagner, Proust, Puccini, Ruiz Zafón y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta,


Si cada vez es más frecuente encontrar obras literarias que se desarrollan en varios libros, aprovechando la mayor parte de las veces el éxito de las precedentes, es menos habitual encontrar esta situación en obras musicales, especialmente en óperas, entre otras razones, por la escasa composición de obras nuevas. Aún así, hay varias que nos sirven de propósito para esta publicación.
No podemos negar que Richard Wagner es uno de los más grandes compositores de todos los tiempos, pese a que sus obras tengan no tengan la unánime aceptación que tienen las de otros autores. 
No podemos negar el valor artístico y musical de su Der Ring des Nibelungen (El anillo de los Nibelungos) como Gesamtkunswert (Obra de Arte total) en la que el compositor se encargó personalmente de todos los aspectos, desde la utilización de leyendas germanas, la elaboración de los libretos y la música, el diseño de Bayreuth, el teatro en el que iban a representar, los vestuarios y decorados. 


Formada por una tetralogía dividida en un prólogo y tres jornadas, El anillo de los Nibelungos está formado por El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses, su gestación le ocupó casi treinta años, comenzando el texto de la muerte de Sigfrido en El ocaso de los dioses en 1848 y estrenándose las obras entre 1869 y 1876 en el orden cronológico en que se desarrollan. En el ciclo se narran de forma épica las luchas entre dioses, héroes y otros seres mitológicos acerca del anillo que otorga el dominio del mundo entero. Aparecen algunos de los elementos que desarrolló Wagner como los leitmotiv de los personajes y un tipo de musicalidad que ha servido de modelo, entre otras, para la música cinematográfica de estos dos siglos.
El oro del Rin se estrenó en el Teatro de la Corte de Múnich en septiembre de 1869. Si bien puedes encontrar el argumento de esta ópera en diversos lugares, te invito a seguir el final de esta obra. En él, asistimos al momento en que Wotan y los demás dioses entran triunfantes en el Walhalla, su fortaleza mágica, mientras Lodge, que no puede entrar por ser un semidiós se burla de las ondinas que lamentan la pérdida del oro que custodiaban y maldice a los dioses anunciando su futura caída. Es el final de una obra que tendrá su continuación en La valquiria.
Esta entrada de los dioses al Walhalla pertenece a una producción del Metropolitan Opera House de New York, protagonizada por James Morris, Allan Held y Mark Baker y dirigida por James Levine en 1990 con subtítulos en castellano.


La primera obra literaria que nos acompaña en este final con continuación es uno de los libros de ficción más populares del siglo XX, con el que su autor creó un universo y una civilización nueva y que dio paso a un estilo del que se han nutrido infinidad de obras.
Publicada en 1954 por John Ronald Reuel Tolkien, The Lord of the Rings (El señor de los anillos) es una novela ambientada en la Tierra Media al final de su Tercera Edad, un mundo fantástico en el que los protagonistas deben luchar contra Sauron, el Señor Oscuro de Mordor, creador del Anillo único con el que controla los demás anillos que manejan el poder. La influencia de la obra de Wagner en esta novela es innegable.


Protagonizada por Frodo Bolsón, a lo largo de la historia aparecen personajes como elfos, hobbits, enanos y humanos que forman la Comunidad del Anillo con la que se enfrentan, desde la visión del héroe del pueblo llano al poder omnímodo del mal. 
Un libro tan voluminoso fue dividido en tres tomos por su autor. la citada La comunidad del Anillo, Las dos Torres y El retorno del Rey, actuando cada uno de ellos con cierta autonomía e independencia dentro de un argumento y tema comunes.
Te acompaña el final del primero de los libros, La Comunidad del Anillo, en el que Frodo Bolsón y su ayudante Sam terminan su aventura y se disponen a emprender una nueva. El final del libro muestra una advertencia de lo que el lector encontrará en el segundo volumen.


Como heredero de la tradición de la ópera italiana, Giacomo Puccini triunfó con unas obras en que mostraba la elegancia de su música y su capacidad de fusionar el recitativo dramático con cada matiz del texto para crear momentos de una melodía intensa con una personalidad muy característica.
Tras los cambios introducidos en la música de comienzos del siglo XX con obras como el Pelléas et Mélisande de DebussyLa consagración de la primavera, Petrushka o El pájaro de fuego de Stravinsky, Puccini asimila las nuevas tendencias en obras como La fanciulla del west o su inacabada Turandot
En este ámbito de obras también encontramos Il Trittico (El tríptico), un conjunto de tres óperas en un acto pensadas para representarse en una sesión y basadas en la Divina comedia: Il tabarro (El tabardo), relacionada con el infierno, Suor Angelica con el purgatoria y Gianni Schicchi con el paraíso, que es además la única relacionada directamente con la obra de Dante, al aparecer allí una mención a este personaje. Aunque los argumentos no tienen nada en común entre ellas, en las tres obras está presente la muerte: en la primera con un asesinato, en la segunda con un suicidio y en la tercera con una comedia satírica cargada de humor negro.


Estrenadas en el Metropolitan Opera House de New York en diciembre de 1918, nos quedamos en esta ocasión con la segunda ópera, Suor Angélica, una obra que se desarrolla en un ambiente místico-religioso a comienzos del siglo XVIII. En un convento de la Toscana, sor Angelica, una joven de la alta aristocracia es obligada a permanecer allí durante siete años por haber tenido un hijo natural. Sin noticias de su hijo, la visita de su tía la Principessa, un personaje orgulloso, le comunica de forma despiadada la muerte de su hijo. Desesperada y delirando, se envenena. Dándose cuenta de que ha pecado contra sí misma e implora a la Virgen que la salve. En ese delirio se produce la escena final en la que su hijo aparece de forma sobrenatural.
Nos quedamos en el momento en que casi finaliza una obra y comienza la siguiente, Gianni Schicchi, un final antes de un nuevo comienzo.
No es la última escena de esta ópera la que nos acompaña, sino la anterior, la que nos muestra el aria Senza mamma, donde lamenta con un dolor infinito la muerte de su hijo. El aria, pensada para una soprano lírico-spinto que se mueve bien en el registro grave con una potente franja aguda y el canto legato, posee una gran belleza y dificultad, mostrando la capacidad interpretativa de la cantante.
La interpretación de Senza mamma está a cargo de la soprano Barbara Frittoli en una producción del Teatro Alla Scala de Milán de 2008.


La siguiente obra es, quizás, la novela más larga de la historia de la literatura. Escrita por Marcel Proust entre 1908 y 1922 y publicada inicialmente a su costa a partir de 1913, su último volumen apareció en 1927, siendo los tres últimos publicados póstumamente. À la recherche du temps perdu, que se ha traducido como A la busca del tiempo perdido o En busca del tiempo perdido es un conjunto formado por siete novelas cuyos títulos en español son: Por la parte de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, Albertine desaparecida (en ocasiones traducida y publicada como La fugitiva) y El tiempo recobrado.


Novela extensa, con una forma de escritura a base de frases muy extensas, con un estilo refinado y culto de una gran belleza poética, en la que los diálogos abarcan una gran cantidad de matices, Proust abarca la realidad a través de distintas percepciones, desde el punto de vista de los distintos personajes, tratando la percepción del tiempo y sus efectos sobre la sociedad, las relaciones y, sobre todo, sobre la propia identidad del autor. Según quienes le trataron, este estilo es el que el asmático autor utilizaba en su forma de hablar habitual, con frases que evocaban, circunloquios que llevaban a otros razonamientos que se cruzaban y que, junto con James Joyce y Franz Kafka, marcaron la literatura de los primeros años del siglo XX.
En esta publicación en que se tratan finales que continúan, te propongo el final del primero de los libros, Du côté de chez Swann (Por el camino de Swann), en el que Proust finaliza con una mezcla entre los pensamientos que ha dejado en este libro, con los que continuarán en el siguiente. Un final que es parte de un camino que continúa más adelante.


La música siempre describe la condición humana. 
La última obra musical de esta publicación pertenece a un grupo de tres óperas muy particulares de Giuseppe Verdi compuestas y estrenadas entre 1851 y 1853. Son tres obras en las que Verdi se desliga de lo que llamó sus "años de galera", un tiempo en que no tenía más remedio que componer incansablemente para cumplir con unos contratos leoninos que no le dejaban tiempo para nada.
Una vez terminados esos contratos, el compositor se encontró con libertad para elegir el tema de sus obras, elegir sus libretistas y el momento y lugar donde estrenarlas. Primero fue el estreno de Rigoletto según una obra de Victor Hugo, más adelante Il trovatore, según la obra de teatro homónima del gaditano Antonio García Gutiérrez y, por último, La traviata, a partir de La dama de las camelias de Alexandre Dumas. Son tres obras que no tienen relación alguna entre ellas, más allá de esa sensación de libertad y de poder tomar las riendas de su obra y su destino.
El propio compositor dejó constancia de esta Trilogía de Verdi en su finca de Sant'Agata, donde plantó tres árboles: un plátano para Rigoletto, un roble para Il trovatore y un sauce en memoria de La traviata.


En esta ocasión no te acerco al final de una de esas obras, ya que no tendrá continuación en otra en el sentido estricto del término, sino que te muestro el final de un acto que tendrá continuación en el siguiente, apenas unos minutos después del descanso de los intérpretes y el público.
Se trata del final del segundo acto de La traviata en el momento en que la pareja formada por Alfredo y Violeta han roto sus relaciones, obligada ella por el padre de aquel y se encuentran en una reunión en la casa de Flora mientras juegan a las cartas. Es el momento dramático y violento en que Alfredo la acusa públicamente ante todos los invitados. 
La interpretación de esta escena final del Acto II corre a cargo del tenor Frank Lopardo como Alfredo, la soprano Angela Gheorghiu como Violeta y el barítono Leo Nucci como Germont en una producción de la Royal Opera House de Londres dirigida por Georg Solti en 1994.


La última obra literaria que te traigo es uno de los grandes éxitos editoriales de comienzos de este siglo y pertenece a un escritor de nuestro país. Se trata de la tetralogía El cementerio de los libros olvidados de Carlos Ruiz Zafón. Publicada entre 2002 y 2016 sus títulos nos evocan el amor por los libros, la ciudad de Barcelona en diversas épocas del siglo XX y una serie de personajes y argumentos narrativos que se entrecruzan en diversas historias que pueden leerse de modo independiente.
Formado por La sombra del viento (2002), que llegó a vender más de 10 millones de ejemplares, El juego del Ángel (2008), El prisionero del cielo (2011) y El laberinto de los espíritus (2016), forman uno de los universos literarios más inspirados de los últimos años gracias a la maestría del desaparecido Ruiz Zafón.

sugiere!


Para finalizar esta publicación sobre obras que finalizan y tienen una continuación, a veces pensada de antemano, en otros casos a partir del éxito, te dejos con el final del primero de los libros, La sombra del viento, donde el escritor catalán nos evoca ese mundo del que trata la novela, marcado por el amor a los libros.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tolkien, J. R. R. El señor de los anillos, Editorial Minotauro, Colección: Biblioteca J. R. R. Tolkien (2025). ISBN. 9788445019580.
  • Proust, Marcel. A la busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, Colección Clásicos (2008), ISBN: 9788477023203
  • Ruiz Zafón, Carlos. El cementerio de los libros olvidados, Editorial Booket, Colección: Biblioteca Carlos Ruiz Zafón (2024) ISBN: 9788408235309.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)

(Otros) cuadros de una exposición

Esta no es una publicación sin más de un blog, sino que te ofrezco una experiencia sensorial y emocional que espero que pueda llegar a ser inolvidable para ti.
Como parte de las Bellas Artes, la pintura nos ofrece una de las expresiones artísticas más antiguas y universales que existen. La plasmación de imágenes en un soporte con cualesquiera de los pigmentos que se han utilizado a lo largo del tiempo, ha dejado obras inolvidables que permanecen en nuestra memoria y en la historia artística de la humanidad. Desde las primeras siluetas paleolíticas, las pinturas del Renacimiento, las obras maestras de Velázquez o los pintores barrocos hasta los cuadros de Goya, las vanguardias y los -Ismos que se movieron entre el XIX y el XX con gigantes como Picasso hasta llegar a nuestros días, la pintura ha dejado una marca indeleble en la historia del arte y ha dejado su huella en cada uno de nosotros según nuestros gustos y aficiones.
Muchos cuadros no se quedan sólo en la pintura, sino que se interrelacionan con otras artes en función de quienes los inspiran, los observan, se emocionan o los interpretan, generando obras obras de arte en otras disciplinas.
Hay muchos libros que han sido inspirados por cuadros, indagando sus autores en pinturas que les han impactado, investigando o fantaseando sobre su génesis, sus protagonistas o el momento histórico en el que se crearon. También encontramos composiciones musicales que se inspiran en cuadros, como traté en Desde La isla de los muertos, con músicas creadas a partir del cuadro de Böcklin. En cuestión de retratos, no podemos olvidar la cantidad de pinturas que muestran a artistas de todo tipo de disciplinas, cuyas imágenes han llegado a nosotros gracias a los pintores.
Te propongo una experiencia única y confío que inolvidable: una interacción entre tú, los cuadros de un museo, la música, literatura inspirada en esos cuadros y el cine. Nos acompañan cuadros de Botticelli, Breughel el viejo, Fabritius, música de Mussorgski, Ravel, Respighi y Emerson, Lake & Palmer, textos de Donna Tartt, W. H. Auden y Marcel Proust y una película de Kurosawa. ¿No te parece una mezcla de artes magnífica para crear una experiencia única? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
¡Comienza la experiencia!


Entramos en un museo virtual y como en cualquiera de estos lugares damos un paseo para acercarnos al primero de los cuadros que están expuestos. Y la experiencia que te propongo comienza con música.
Quizás el menos técnico, pero posiblemente uno de los más expresivos y creativos de los compositores del Grupo de los Cinco (con Balàkirev, Cui, Borodin y Rimsky-Korsakov), Modest Mussorgsky nos ha dejado algunas obras maestras del movimiento nacionalista ruso que impulsó el grupo.
El repentino fallecimiento del arquitecto y pintor Viktor Hartmann en 1873 a los 39 años propició que sus amigos organizaran una exposición homenaje con alrededor de cuatrocientas obras suyas. A partir de esta exhibición , Mussorgsky compuso Cuadros de una exposición una obra para piano en la que describía algunos cuadros de su amigo al que le unían su amor por los relatos del folclore ruso y el interés por que el arte reflejara la vida real de los habitantes de su país.
Dividido en 15 movimientos, la obra muestra 11 cuadros en 10 movimientos -dos cuadros los une en una pieza- a los que añade cinco paseos entre los primeros cuadros. De todas las pinturas que aparecen en esta obra, actualmente quedan seis.
El paseo entre los cuadros lo denominó Promenade y es en realidad un motivo musical con cuatro variaciones en los casos siguientes. Este Promenade es un reflejo del propio compositor, una persona grande y voluminosa que avanza con ritmo irregular dando la sensación de pesadez. Está formado por una frase musical en 11 tiempos con una textura heterofónica en que se realizan diversas variaciones simultáneas, un tipo de composición habitual en la música folclórica y litúrgica rusa.
Acércate al primer cuadro paseando con el primer Promenade de Cuadros de una exposición con Byron Janis al piano en una versión con sonido, sin vídeo, que te permita oírla mientras te encaminas a la primera obra.
 

La primera pintura es una obra sencilla y desconcertante. Se trata de un cuadro al óleo sobre lienzo de dimensiones reducidas (33'5 x 22'8 cm.), Het puttertje (El jilguero) pintado por Carel Fabritius en 1654, posiblemente su última obra, ya que el artista falleció ese mismo año por una explosión que se produjo en Delft y que redujo a escombros su taller del  que se pudieron salvar unas pocas obras, esta entre ellas. Tras pasar por diversos propietarios, actualmente la podemos encontrar en el Museo Mauritshuis de La Haya (Países Bajos). 

Carel Fabritius, Het puttertje (El jilguero) (1654), Museo Mauritshuis, La Haya
A partir de este cuadro Donna Tartt publicó en 2013 la novela homónima The Goldfinch con la que ganó el Premio Pulitzer el año siguiente y que fue adaptada para el cine con el mismo título por John Crowley en 2019.


Te dejo con un extracto de la novela El jilguero en que el protagonista Theo Decker reflexiona sobre el cuadro a partir de un comentario de su amigo Boris.


El siguiente cuadro de esta exposición es una de las obras maestras del Renacimiento italiano. Se trata de una de las obras cumbres del Quattrocento y de la historia de la pintura creada por Alessandro di Mariano di Vanni Filiepi, más conocido como Sandro Botticelli. Pintada al temple sobre tabla, posiblemente en 1478, la Allegoria della Primavera la conocemos todos simplemente como La Primavera y se encuentra en la Galería Uffizzi de Florencia.
Botticelli nos muestra un grupo de figuras de la mitología griega y romana. El suave viento del oeste, Céfiro, aparece en la derecha con tonos azulados haciendo brotar las flores, soplando y con semblante serio que contrastan con la calidez de los demás personajes, mientras agarra agresivamente a una asustada ninfa Cloris. Más adelante convertirá a esta ninfa en Flora, la diosa de la primavera. 
En la parte central aparece Venus, casi saludando a los curiosos espectadores con un cupido sobrevolando su cabeza. A la izquierda hallamos a las Tres Gracias junto a Mercurio, el dios asociado al mes de mayo.

Sandro Botticelli, Allegoria della Primavera (1478), Galería Uffizzi, Florencia
A comienzos del siglo XX un músico italiano se instaló en San Petersburgo como viola de la Orquesta Imperial donde estudió composición con Nikolai Rimsky-Korsakov de quien aprendió el exquisito dominio de los colores orquestales y el gusto por las melodías orientales rusas que le animó a interesarse por la música medieval y renacentista italiana. 
Con el paso del tiempo, Ottorino Respighi fue centrándose en dos tipos de composiciones: Las creadas para grandes orquestas donde encontramos obras como la Trilogía Romana formada por Fuentes de Roma, Pinos de Roma y Festivales Romanos; por otra parte sus deliciosos arreglos para pequeñas orquestas inspirados en melodías del XVII y XVIII, mostrando en todas ellas su excepcional dominio de los colores orquestales.
Tras una gira por Estados Unidos en 1927 patrocinada en parte por Elizabeth Sprague Coolidge, Respighi prometió dedicarle su próxima obra. Varias semanas más tarde, tras una visita a la Galería Uffizzi encontró la inspiración para su obra Trittico Botticelliano formado por La Primavera, La adoración de los Magos y El nacimiento de Venus, una obra de arte en la que saca todo el partido a una pequeña orquesta. A finales de ese mismo año se estrenó en Viena patrocinado por la señora Coolidge y con la presencia del compositor.

Nos quedamos en el primer movimiento, La primavera, que Respighi la muestra en un despliegue de color y brillo con vertiginosas escalas a cargo de las flautas y los violines, con un protagonismo a cargo del piano, la celesta y el arpa, sobre los que resplandecen las trompas y trompetas, instrumentos asociados a la naturaleza, haciendo brillar a todo el conjunto. Este ambiente natural y bucólico se entremezcla con danzas campesinas del renacimiento. 
Continúa la obra con un amago de oscuridad que cambia rápidamente hacia una música alegre, de nuevo a cargo de piano, celesta y arpa, hasta que interviene el clarinete dejando en suspenso el motivo musical. El compositor acude a Monteverdi para citar uno de sus madrigales más conocidos, Zefiro torna que encaja tanto en el cuadro como en la composición tanto por su aire antiguo como por su motivo mitológico. Respighi finaliza la pieza con convirtiendo este motivo musical en una catarata de sonidos a la que incorpora la flauta, el flautín, la celesta y los violines para dar a esta obra el encanto y colorido que transmiten el cuadro de Botticelli.

La interpretación de La Primavera del Trittico Botticelliano corre a cargo de la Orchestra della Fundacion Prometheus de Argentina dirigida por Giovanni Panella y grabada en directo en diciembre de 2022 en el Teatro Avenida de Buenos Aires.


Los cuadros de una exposición de Mussorgsky han inspirado distintas obras, la mayor parte de las cuales han sido versiones para orquesta. De todas, la más conocida, quizás más incluso que la original para piano, es la orquestación que realizó otro de los grandes especialistas del siglo XX, Maurice Ravel.


Siguiendo con el paseo entre un cuadro y otro, nos acercamos al Promenade segundo, en este caso en la versión orquestal del elegante autor francés. El tema musical es el mismo que el primero aunque con unas variaciones.
Se trata de una grabación, también sólo de audio para permitirse seguir avanzando hacia el próximo cuadro a cargo de la Berliner Philharmoniker dirigida por Herbert von Karajan grabada en 1966 para Deutsche Grammophon GmbH.


El tercer cuadro de esta experiencia pertenece también al periodo renacentista, aunque en esta ocasión no es de la escuela italiana.
Pintado alrededor de 1560, se atribuye con dudas recientes a Peter Breughel el viejo y se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Bruselas
Paisaje con la caída de Ícaro es un óleo sobre lienzo que se basa en la versión que Ovidio muestra en Las metamorfosis cuando el hijo de Dédalo se construyó unas alas con plumas pegadas con cera que se derritió con el calor del sol precipitando su caída.

Peter Breughel el viejo, Paisaje con la caída de Ícaro (1554-1555), Museo de Bellas Artes, Bruselas
Obra inscrita también en ese regreso a las artes antiguas que es el Renacimiento, en este cuadro encontramos una serie de personajes que nos muestran su importancia según su cercanía. En primer término hallamos a un campesino que maneja su arado concentrado en su trabajo. En un segundo plano, un pastor observa el cielo mientras su ganado pace a su lado, mientras más allá un barco extiende sus velas para zarpar. Entre ellos, un pescador se concentra en conseguir su alimento, mientras unas piernas se agitan en el agua sin que nadie las advierta.
Brueghel elige el tema y muestra al protagonista que aparece en el título como el personaje menos trascendente. Ícaro escapó del laberinto de Minos y acabó cayendo al mar, mientras el pintor nos envía un mensaje que aún tiene cabida hoy en día: En nuestro tiempo, la sobresaturación de información, estímulos o exigencias nos puede llevara perder la atención de lo trascendente o importante y mirar hacia nosotros mismos sin advertir cuanto ocurre a nuestro alrededor cercano o lejano. 


Para este cuadro la experiencia que te propongo, además de la visualización y la reflexión anterior, nos llega de la mano -mejor, de la pluma- de Wystan Hugh Auden (1907-1973). El poeta y ensayista británico nacionalizado estadounidense tras la II Guerra Mundial publicó más de cuatrocientos poemas. En Another Time (1940) se recoge el poema que nos acompaña, surgido después de visitar en el Musée des Beaux-Arts el cuadro atribuido a Peter Breughel el viejo.
¿Qué nos ofrece texto después de la reflexión sobre la obra de Fabritius? Acércate a la experiencia de un poema inspirado por la visión de este cuadro.



En este museo virtual no abandonamos a los autores que nos acompañan. Botticelli  nos muestra otra de sus obras maestras, La Nascita di Venere (El Nacimiento de Venus) que podemos admirar también en la Galería Uffizzi florentina.
Pintada al óleo sobre lienzo entre 1482 y 1485, también con grandes dimensiones (278 x 172 cm), la obra fue también un encargo de la familia Medicci con la que pretendían mostrar su importancia e influencia: Gracias a ellos, a sus dotes diplomáticas, económicas y culturales, el reino del amor llega a la ciudad.
Dentro del Renacimiento, la obra se inscribe dentro del Neoplatonismo, la corriente filosófica que pugnaba por conciliar el legado greco romano con el cristiano, de forma que el nacimiento de Venus y la belleza espiritual se configuran como la fuerza que mueve la vida.
El tema surge también de Las Metamorfosis de Ovidio: Venus, símbolo del Amor, es retratada desnuda sobre una concha en la orilla del mar, mientras a la izquierda los vientos acarician su cabello y envían una lluvia de rosas, y a la derecha, Ora espera a la diosa para vestirla.
En uno de los primeros desnudos de la pintura renacentista encontramos a Venus con las caderas levemente giradas para reafirmar una feminidad casi de marfil, la soltura de sus cabellos dorados, casi encendidos, que contrastan con su expresión de una pasividad que desconcierta, con una sonrisa que apenas despunta y una mirada que no sabemos si se fija en el espectador o hace que el espectador se fije en ella.

Sandro Botticelli, La Nascita di Venere (1582-1585), Galería Uffizi, Florencia
Tampoco abandonamos a Ottorino Respighi y su Trittico Botticelliano. Salvando La adoración de los magos, nos acercamos al último movimiento dedicado a este cuadro. 
El compositor nos presenta la música más extraña de la obra: meditativa y estática, pero con una belleza que nos muestra a Venus acercándose a la orilla empujada por las suaves olas. La pieza comienza con un motivo oscilante en el que encontramos tres grupos de tres notas, dos ascendentes y uno descendente que no llegan a ser una frase melódica, al que sigue un adorno a cargo de la flauta y el clarinete y después un motivo que avanza casi como a saltos.
Con estos elementos forma la pieza, incrementando la intensidad y la riqueza orquestal en el clímax de la obra, cuando Venus pone los pies en la orilla: La música asciende con los mismos instrumentos que el primer movimiento: piano, celesta y arpa, para culminar con un acorde brillante, musicalmente puro. Tras un silencio comienza la música tranquila y reposada hasta perderse poco a poco.

La interpretación de La Nascita di Venere está a cargo de la Secession Orchestra dirigida por Clément Mao-Takacs en una sesión que se grabó en directo en el Auritorium du Louvre, dentro del museo parisino, en diciembre de 2020


El tercer y último paseo que nos acompaña pertenece a una versión muy particular y menos habitual. El grupo de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer realizó una adaptación de Los cuadros de una exposición de Mussorgsky que tuvo cierto éxito en la década de los setenta del pasado siglo.
Cambiamos de registro para asistir al Promenade tercero recogido en un disco que se grabó en el Newcastle City Hall en marzo de 1971. Como es habitual, he buscado una versión de audio para que te puedas acercar al siguiente cuadro.


¿Qué tal la experiencia? Es una de esas preguntas retóricas que no esperan respuesta, sino que simplemente te la plantees.
Después de pasear hacia los cuadros, asistir a reflexiones sobre El jilguero en una novela, sobre la caída de Ícaro en un poema y dos descripciones y reflexiones musicales sobre sendos cuadros de Botticelli en el siguiente paso quiero acercarte a una nueva reflexión: Cuando has visitado un museo con obras que te gustan, ¿sales y lo echas en el olvido? ¿Cómo recuerdas, extraes vivencias o haces formar parte de ti las obras que has visto?

Sandro Botticelli, Prove di Mosé (Las pruebas de Moisés) (1481-1482), Capilla Sixtina, El Vaticano
El último texto nos da una respuesta que no tiene por qué coincidir con la tuya, pero seguro que a partir de ahora te puede influir. El cuadro con el que está relacionado, casualmente también es obra de Botticelli, aunque menos conocido. Se trata de Prove di Mosé (Las pruebas o tentaciones de Moisés) un fresco de la Capilla Sixtina de grandes dimensiones (558 x 348 cm).
Representa escenas de la juventud de Moisés según el relato del Éxodo en el que este personaje aparece con túnica amarilla y manto verde y se muestran desde la derecha del espectador. Pero lo que nos interesa de este fresco es uno de los personajes femeninos, Séfora, que se haya junto al pozo, la hija de Jetró con la que se casará Moisés.


En una de las novelas más extensas de la literatura, A la recherche du temps perdu, (En busca del tiempo perdido), escrita en siete partes entre 1908 y 1922, aunque las tres últimas se publicaron póstumamente, Marcel Proust utiliza un recurso particular con el personaje de Charles Swann.
En el segundo de los volúmenes, Por la parte de Swann, Proust utiliza y detalla un recurso que hemos utilizado en alguna ocasión: la comparación entre un personaje real de nuestra vida con el de un cuadro que nos haya impactado.
Es el caso de Swann con Odette, que le recuerda a la Séfora de Botticelli, además de otros personajes pictóricos a los que dedica su atención.



Para la última música de esta experiencia donde se mezclan diversas expresiones artísticas, regreso al origen, a Los cuadros de una exposición, en esta ocasión en la versión orquestada por Maurice Ravel. Y la mejor forma de terminar es hacerlo con la última pieza.
Se trata de La gran puerta de Kiev, inspirada en un diseño arquitectónico de Hartmann en el más puro estilo ruso, para honrar al zar Alexander II no llegó a realizarse. Ravel comienza con el sonido festivo de las campanas para ir subiendo en majestuosidad e intensidad hasta terminar en un clímax grandioso.

Viktor Artmann, proyecto para la Puerta de la ciudad de Kiev (1869)
La interpretación corre a cargo de The Chicago Symphony Orchestra dirigida por Riccardo Muti en una grabación que se levó a cabo en la ciudad americana en octubre de 2022


¿Qué mas te queda para que esta experiencia sea completa después de pasear por los textos, las músicas y las pinturas de un museo y quedarnos con aquello que más nos gusta? Si no lo has pensado, te propongo un último reto: entrar dentro de un cuadro, la forma más perfecta de apreciar el arte. No entrar de forma simbólica o artística, sino literalmente.
En 1990, ya octogenario, Akira Kurosawa estrenó una de sus últimas películas, Dreams, también conocida como Los sueños de Akira Kurosawa, una película coproducida entre Estados Unidos y Japón y dividida en ocho historias basadas en sueños del cineasta.

Vicent van Gogh, Campo de trigo con cuervos (1890), Museo van Gogh, Amsterdam
Termino con Cuervos, uno de esos sueños, en el que un estudiante de pintura se adentra tanto en un cuadro de Van Gogh que encuentra al propio pintor en el campo, conversa con él y viaja a través de sus obras. Aunque no se introduzca en este cuadro, el título se basa en la pintura Campos de trigo con cuervos. Kurosawa utilizó como música el Preludio nº 15 en Re bemol mayor de Chopin y contó con el director Martin Scorsese como el pintor Van Gogh.

¿Qué tal la experiencia? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tartt, Donna. El jilguero, traducción de Aurora Echevarría Pérez, Editorial Debolsillo, colección Best Seller, ISBN: 9788766338837.
  • Proust, Marcel, En busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, colección Clásicos. ISBN: 9788777023203.