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APasionArte: Monovocalismos

El juego es una de las maneras más importantes de relación con el entorno y con los demás desde pequeños. Es una forma de practicar el aprendizaje para la vida, la aceptación de unas reglas, la superación de dificultades y el desarrollo de una competitividad que será necesaria para el desarrollo de la vida. 
Desde los juegos sociales, los que incrementan las habilidades físicas y motrices, los que exigen respuestas mentales o los que promueven las relaciones sociales, los juegos no sólo se desarrollan en la infancia, sino que nos acompañan en mayor o menor medida a lo largo de nuestra vida. Cada vez más somos el homo ludens, siguiendo el término acuñado por Johan Huizinga en el libro del mismo título, y que se ha incrementado en las últimas décadas con los juegos relacionados con los distintos tipos de videoconsolas. 



Hay otros juegos que se asocian con el lenguaje e incluso la literatura. Desde algunos juegos de mesa relacionados con las palabras, pasando por los socorridos crucigramas o sopas de letras hasta los que vemos en algunos concursos de televisión, nos proponen tener la mente activa y ejercitada.
También encontramos muchos recursos literarios que en el fondo son formas de juego en el que se relacionan, enfatizan, embellecen o se da más expresividad a un texto. 


Los monovocalismos son textos que utilizan una sola vocal. Habitualmente son breves, simples frases, aunque se han llegado a escribir textos más largos y complejos cumpliendo esa condición.
El escritor francés Georges Perec escribió su novela Les revenentes utilizando solo la vocal que aparece en el título, una obra intraducible a cualquier otro idioma si se desea respetar el monovocalismo.
En el programa APasionArte: Monovocalismos jugamos con textos y músicas que utilizan una sola letra en cada uno de ellos, pudiendo maravillarnos con la riqueza que se puede desarrollar en nuestro idioma. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Es una forma de llevar el juego a las posibilidades expresivas y comunicativas de nuestra lengua común y que en este episodio del programa viene de la mano, casi en su totalidad, de autores sudamericanos, lo que muestra el enorme valor e importancia de nuestro idioma más allá de nuestro país.

De nuevo contamos en este episodio monovocálico con Sandra Pérez, que realiza la proeza de sorprendernos y asombrarnos con su lectura de unos textos que son tan deslumbrantes como difíciles de leer, y tan absorbentes que nos hacen estar oyéndolos y disfrutándolos a la vez que pendientes de no encontrar vocales distintas a la que monopolizan el texto.


Nos acompañan obras de Rubén Darío y el mexicano Óscar de la Borbolla, además de la carta de un restaurante disponible en la página web juegosdepalabras.com de Francisco J. Briz Hidalgo.
También las músicas son monovocálicas y pertenecen a Rachmaninoff, el compositor polaco Wojciech Kilar, el cantautor Javier Marotoel compositor e intérprete argentino León Gieco.


Como es habitual, este episodio puedes escucharlo en directo en Radio Voz del Condado en el dial de la FM en el 105.40, o en aplicaciones de radio, o a través de su página web radiovoz.lapalmadelcondado.org en el horario habitual: Los miércoles a las 13 y 19 horas, los jueves a las 14 y los sábados a las 21 horas. Al ser tener una emisión quincenal, el programa se puede escuchar en ese horario durante dos semanas seguidas.


También está la opción de escuchar el programa en cualquier momento desde la página web de la emisora donde se están subiendo los distintos episodios. Basta entrar en la página web anterior y buscar el programa APasionArte, o bien entrar directamente en el siguiente enlace: radiovoz.lapalmadelcondado.org/apasionarte-temporada-1.  


Como es habitual, también está disponible en cualquier momento en iVoox donde se puede encontrar como Radio Voz del Condado APasionArte. Los que estáis suscritos al programa lo tenéis a vuestra disposición sin tener que buscarlo. Como es lógico, quienes realizamos el programa agradecemos la suscripción, que indiquéis si os gusta el programa y los comentarios, una muestra de interacción donde recibimos la retroalimentación de quienes seguís el programa.

Por supuesto, si quieres escucharlo en Ivoox puedes hacerlo en cualquier momento desde el siguiente enlace.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Monovocalismo, el arte de la única vocal

Nuestro idioma es rico en recursos tanto en los literarios como en los meramente lingüísticos, en vocabulario y expresiones. Los recursos literarios nos permiten conferir a la obra una mayor expresividad y belleza en su forma y significado. Así, imágenes como la comparación, personificación, metáfora, retruécano, oxímoron, anáfora o hipérbole nos aportan esa capacidad que convierte un texto meramente lingüístico en literario. 
En cambio, otros recursos nos acercan más al disfrute, al sentido lúdico que posee el lenguaje por encima del expresivo y comunicativo. Los juegos de palabras, los lipogramas, el calambur, los pangramas (textos en que se utilizan todas las letras del abecedario), anagramas, monovocalismos o las greguerías unen el sentido del juego al ingenio y la capacidad de disfrutar por encima de todo.
Dos de estos recursos están relacionados con el uso de las vocales. Por un lado tenemos los lipogramas, que son escritos en los que se utilizan todas las vocales salvo una de ellas. En pequeños textos, casi son indetectables, pero en los de mayor extensión suponen un esfuerzo grande por parte del autor y proporcionan un elemento de disfrute para el lector. 
Uno de nuestros escritores más prolíficos e ingeniosos del siglo XX, Enrique Jardiel Poncela, escribió un conocido relato con lipograma, Un marido sin vocación, en el que no aparecía la vocal E, al que siguieron otros tantos textos sin cada una de las demás vocales que fue publicando entre 1926 y 1927.
En Francia, el extraordinario (en todos los sentidos) Georges Perec escribió toda una novela La disparition sin utilizar la vocal más frecuente en su idioma, la E. Relativamente intraducible a otros idiomas, en el nuestro hay una traslación propiciada por la Universidad Autónoma de Barcelona, El secuestro, en la que es la A, la más frecuente en castellano la que se ha suprimido.
Como reacción a este reto literario, el propio Perec publicó tres años después, en 1972, Les revenentes, una novela en la que en esta ocasión solo utiliza la letra E. Dada la complejidad del texto, esta obra no ha sido traducida a nuestro idioma. 
Más complejo es este monovocalismo, un recurso que como su propio nombre indica utiliza única y exclusivamente una vocal. Para los autores es relativamente complejo de construir y suelen ser textos relativamente poco extensos los que se suelen realizar, aunque algunos llegan a extensión más grandes.
Te propongo acercarte a textos monovocálicos en los que, como su nombre indica sólo utilizan una sola vocal. Nos acompañan Rubén Darío, Rachmaninoff, Óscar de la Borbolla, Francisco J. Briz, Wojciech Kilar y León Gieco. Al agradar... ¡Acapara, habla, trata, aclara!


Lo conocemos como uno de los inspiradores y el mayor represente del Modernismo en Hispanoamérica. Apasionado lector enamorado del simbolismo francés, Rubén Darío recibió el  apodo de Príncipe de las letras castellanas por una obra entre la que destacan Azul (1888), Prosas profanas (1896 y 1901) o la más madura Cantos de vida y esperanza (1905), un libro de poemas en el que no sólo nos atrae con la belleza de sus versos, sino que le imprime un sentido para la reflexión. 
Sus alusiones a lo sensorial, el uso de la métrica tradicional -especialmente el verso alejandrino- y las palabras sonoras, combinado con un vocabulario amplio, refinado y cargado donde se encuentran lo exótico, los aristocrático y lo mitológico, hacen que sus figuras retóricas, con abundantes metáforas, el uso de la sinestesia nos acerquen a sus reflexiones sobre el arte, la política, la poesía, el erotismo o el exotismo.
En 1917, un año después de su prematura muerte antes de llegar al medio siglo de edad, aparecieron publicadas por la Editorial Mundo Latino de Madrid sus obras completas en nada menos que 22 volúmenes. El número XIV de esta colección titulado Cuentos y crónicas, recoge tres narraciones breves (El caso de la señorita Amelia, Cuento de Pascua y La extraña muerte de fray Pedro), además de nueve crónicas aparecidas en distintas publicaciones, entre las que se cuenta Poema de arte. Böcklin que apareció en la publicación del blog Desde La isla de los muertos.
En la última de estas crónicas, Curiosidades literarias, el escritor nicaragüense nos sitúa en una tertulia literaria en la que lleva la conversación hacia los hombres de letra que desde la antigüedad clásica hasta sus días llevaron su ingenio a diversos juegos con el lenguaje, desde los enrevesados acrósticos a la supresión de alguna vocal en sus escritos. Una vez intrigados los contertulios, Darío lleva la conversación al texto Amar hasta fracasar. Por último, el escritor nicaragüense plantea si alguno de los contertulios conocería al autor, un sudamericano antillano o colombiano, aunque sin desvelar que él es el propio autor.


La obra, de una extensión relativamente larga para la dificultad de la empresa, está subtitulada Trazada para la A y contiene, como suele ser habitual en sus escritos, palabras de su amplio vocabulario que en el original tienen sus correspondientes notas explicativas y que en esta ocasión he decidido prescindir de ellas para agilizar la lectura del texto monovocálico. Todo un ejercicio de virtuosismo.




En la música cantada el lenguaje tiene una función primordial de comunicación, íntimamente unido a la música, por lo que prácticamente no hay canciones cantadas en las que se cumpla el requisito del que parte esta publicación.
Hay piezas sin letra o a bocca chiusa (a boca cerrada) como en Una palabra lo cambia todo: de Dino Buzatti a Madama Butterfly en el que una sola palabra cambia el significado del relato, mientras ninguna se utiliza en el coro a boca cerrada de la citada ópera de Puccini
Una de las piezas más bellas y delicadas del repertorio que prescinde de las palabras el Vocalise de Sergei Rachmaninoff, una obra en la que la cantante sólo emite un sonido vocálico que suele ser la A y que se adapta a la exquisita y deliciosa melodía del compositor ruso. Publicada en 1912 dentro de Catorce canciones, su Opus 34, Vocalise es la última de las piezas que la forman.
La interpretación corre a cargo de la soprano Olga Peretyatko en una grabación en la que está acompañada por el pianista Pavel Nebolsin y se realizó en la Nochebuena de 2022.


Óscar de la Borbolla (Ciudad de México, 1949) es un filósofo, poeta, narrador y conferenciante. Profesor en Metafísica y Ontología en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán de la Universidad Autónoma de México, realizó su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.
Entre sus publicaciones se encuentran libros relacionados con la filosofía como La rebeldía de pensar, Nada es para tanto, Todo está permitido, La libertad de ser distintos o Filosofía para inconformes
También ha publicado relatos y novelas como Dios sí juega a los dados o La vida de un muerto y ha obtenido diversos premios como la Mención Honorífica en el Concurso Internacional de Cuento Esperante de 1985 por El canto de las sirenas, el Premio Internacional de Cuento Plural en 1987 por Las esquinas del azar o el Premio Nacional de Humor La Sonrisa en 1991 por Nada es para tanto


El libro Las vocales malditas es un libro poco usual en el que el filósofo y escritor incluye cinco cuentos escritos de forma monovocálica con cada una de esas cinco letras. La dedicatoria del libro no puede ser más explícita:

A mi hijo Ulises,
para que aprenda las vocales.

De nuevo nos acercamos a un ejercicio de amplio conocimiento del vocabulario en el que los cuentos con una extensión más limitada que el anterior se desarrollan con esa característica y un lenguaje poco artificioso. Muy logrados son los cuentos relacionados con la A, E y O, la narración dedicada a la letra I sortea con creces la dificultad de la empresa, mientras que la imposible misión de la letra U la supera cambiando algunas palabras al uso de esa vocal como en los juegos infantiles. Así el cuento Un gurú vudú comienza con «Un gurú vudú, un Duvulur, supusu un mundu futuru mu suyu» en lugar de «Un gurú vudú, un Duvulur, supuso un mundo futuro muy suyo».
En este ejercicio monovocálico nos acompaña su relato para la E, El hereje rebelde.


Siguiendo con el tema de la vocal única en la música nos acompaña otra pieza que en esta ocasión tiene una procedencia distinta a la música clásica como la anterior, aunque siga sus características formales. Se trata de Vocalise perteneciente a la banda sonora de la película The ninth gate (La novena puerta, 1999) una producción franco-española-estadounidense dirigida por Roman Polansky y con música del polaco Wojciech Kilar.
La interpretación, centrada en esta ocasión en un híbrido indeterminado entre AO y U, de Vocalise está a cargo de la soprano Milena Lange con la Warsaw Impressione Orchestra dirigida por Jakub Zwierz en una grabación que se realizó en diciembre de 2020.


Volvemos a la letra A. En esta ocasión el texto está tomado de una interesante página web en la que Francisco J. Briz Hidalgo muestra su afición a todos los recursos estilísticos tanto literarios como del lenguaje, utilizándolos en el sentido más didáctico y lúdico. 


En https://www.juegosdepalabras.com/index.html se pueden encontrar todo tipo de recursos, juegos y vocabulario ordenados alfabéticamente. En el apartado Textos monovocálicos encontramos, además de los de otros autores, uno suyo titulado Carta para tragaldabas que lleva el subtítulo de A zampar hasta hartar. No es necesario indicar qué vocal elige el autor para este gastronómico e ingenioso monovocalismo.


Aunque no es el estilo de este blog, no me resisto a terminar esta publicación que se mueve entre lo lúdico y el ingenio sin colorar una canción con la otra vocal habitual y frecuente que nos queda, exceptuando la I y la U más difíciles de encajar con naturalidad. 


León Gieco es un compositor, cantante e intérprete de rock argentino que suele mezclar el folclore de su país con el rock and roll, conocido también por sus letras con connotaciones sociales y políticas. Su canción más conocida, Sólo le pido a Dios fue una de las más importantes y utilizadas en su repertorio por Mercedes Sosa, además de haber sido incorporada al de Joan Báez, Sting o Bruce Springsteen, entre otros intérpretes.
En No somos como los Orozco, León Gieco monta su canción a partir del grupo de los ocho hermanos Orozco. La versión de esta ingeniosa canción nos muestra el texto, por lo que podemos disfrutar aún más de este último monovocalismo.

Al agradar... ¡Acapara, habla, trata, aclara!


Bibliografía y webgrafía consultadas:

Desde La isla de los muertos

Cuando se acercan los primeros días de noviembre nos acompañan dos celebraciones en las que se mezclan las costumbres tradicionales con las que nos llegan de otros lugares y que cada vez alcanzan más fuerza. Son los días en que celebramos Todos los Santos y el Día de los difuntos frente a la cada vez más pujante e internacional Halloween.
Esa internacionalización y globalización que sucede en este y en la mayoría de ámbitos de nuestra existencia, desde la alimentación hasta la música, pasando por la literatura, la pintura o el cine, comenzó a gestarse a mitad del siglo XIX. El nacimiento y desarrollo del ferrocarril que comenzó a traspasar y abrir las fronteras propició que tanto los artistas como sus obras pudieran moverse por toda Europa con mayor facilidad. Así, compositores e intérpretes, compañías de ópera y de teatro, escritores que hacían giras de lectura de sus libros y exposiciones de obras de arte itinerante comenzaron a configurar una cultura cosmopolita gracias a ese intercambio de músicas, libros, cuadros o guías de viaje que propiciaron un mayor conocimiento y difusión de lo que se hacía y creaba en otros lugares.
De esta forma, muchas obras influyeron en otros artistas, generando un intercambio, enriquecimiento e interacción con la creación de obras nuevas que se adaptaron a esta visión supranacional, permitiendo que muchos reconocieran e identificaran sus rasgos comunes, su europeidad por encima de su propia nacionalidad.
Con las nuevas técnicas de impresión, se abría un nuevo escenario para las reproducciones a precios asequibles de cuadros, libros -y sus traducciones- y partituras. Los pintores acomodaron los tamaños de sus cuadros, sus temáticas y estilos para un nuevo escenario: la creación de reproducciones para colocar en casas de la burguesía emergente. Quien más, quien menor, quería tener en el salón un cuadro del tamaño del original, con una escena que le resultara grata y apetecible.
En esta publicación nos acercaremos a uno de los cuadros, La isla de los muertos de Arnold Böcklin, que tuvo una rápida difusión y sirvió de fuente de inspiración para obras literarias y musicales. Nos acompañan obras de Rachmaninov, Max Reger, Felix Woyrsh, Paul Celan, Rubén Darío y Roger Zelazny. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Entre los cuadros que fascinaron y se popularizaron en los salones de muchos hogares de finales del siglo XIX destaca Die Toteninsel (La isla de los muertos), una obra del pintor Arnold Böcklin que le obsesionó hasta el punto de llegar a realizar varias versiones. En Suiza eran multitud de hogares los que acogían alguna reproducción de esta obra, mientras que Vladimir Nabokov relata en Desesperación, novela de 1934 que estas podrían «hallarse en todos los hogares de Berlín.»
Personajes tan variopintos como Hitler, que llegó a tener una de estas pinturas, o Lenin, el presidente francés Clemenceau o Freud con reproducciones en sus despachos de esta obra, mostraron su obsesión e interés por ella.

Tony Garnier, Memorial en L'ille du Souvenir en el Parc de la Tête d'Or, Lyon
Antes de entrar con más detalle en la pintura que protagoniza esta publicación voy a centrarme en algunas de las obras que surgieron a partir de ella y que diversos autores crearon a partir de las impresiones que le causaron, mostrando ese cosmopolitismo y la interacción entre autores, obras e intenciones.
Quizás la más más conocida de todas y que mejor refleja el cuadro original sea la obra de Sergei Rachmaninoff. El compositor ruso había visto una reproducción en blanco y negro durante su estancia en París en mayo de 1907. Pese a la fuerte impresión que le dejó, no fue hasta dos años después que escribió un poema sinfónico con el mismo título mientras residía en Dresde. Durante esa estancia en la capital de Sajonia había visto una de las versiones del cuadro en Leipzig, comentando que si hubiera conocido esta versión antes que la monocroma quizás no habría compuesto la obra. La terminó en abril de 1909 y fue estrenada en Moscú dos semanas más tarde. En diciembre de ese año se puso frente a la Sinfónica de Chicago para dirigir su estreno americano, donde recibió también una entusiasta acogida.
La isla de los muertos comienza con el susurrante movimiento irregular de los remos en el agua de un lago, con un sonido oscuro y misterioso a cargo de chelos, contrabajos, timbal y arpa que sugieren una barcaza fúnebre implacable, mas no grotesca o macabra.
La música va mostrando fragmentos melódicos como dejando entrever en la niebla el destino cercano. Al aparecer la isla, la música a crecer hasta sonar el Dies Irae gregoriano de la misa de difuntos -uno de sus recursos más utilizados para referirse a la mortalidad-, momento en que toma un cariz más apasionado y alegre hasta que vuelve a oscurecerse por las sombras. Finalmente retoma el sonido de los remos inicial.
En este poema sinfónico Rachmaninoff utiliza una paleta de colores sombríos, aunque salpicados de una singular gama de colores cálidos con una graduación de tempos e intensidades que van cambiando casi sin apreciar los contornos, como en el cuadro original.
La versión de La isla de los muertos que nos acompaña está interpretada por la Netherlands Philharmonic Occhestra en un concierto celebrado en el Tivoli Vredenburg de Utrech celebrado el 20 de octubre de 2023. La dirección corre a cargo de Lorenzo Viotti, a quien tuve el enorme placer de escuchar dirigiendo esta misma pieza en el Teatro Maestranza de Sevilla con la Orquesta Filarmónica de Viena unos meses antes.
Es el momento de utilizar unos auriculares para apreciar la sutil paleta de colores y dejarte llevar por la música.


Otra obra basada en este cuadro procede de un poema en alemán. Paul Celan (Chernivtsi, 1920 - París, 1970) está considerado como el más grande de los poetas líricos en lengua alemana de la posguerra. De origen judío rumano, llegó a escribir unos ochocientos poemas influidos por la estética del surrealismo, cargados de imágenes bíblicas de compleja traducción. Estos poemas muestran la existencia absurda de la vida moderna, la imposibilidad de la comunicación, unida a la insufrible paradoja de mostrar la agonía de la lengua judía en el idioma que la extermina, lo que da a sus versos un carácter cada vez más críptico y escueto.  
El lenguaje poético de Celan, flexible y virtuoso no encontró editoriales que quisieran llevarlo al papel, por lo que hubo de comenzar a publicar con editoriales marginales hasta que se reconoció su valor, donde se observa estilo, mezcla de sus conocimientos filosóficos, teológicos o históricos.

Arnold Böcklin: La isla de los muertos I (1880), Kunstmuseum Basel
Publicado en 1955, Von Schwelle zu Schwelle (De umbral en umbral) es el segundo libro de poemas en el que cristaliza una poética, una forma de establecer un diálogo sin trascendencia, una forma de entender ese umbral por donde entran y salen por ese resquicio los sentidos que damos a nuestras palabras, como una forma de conocimiento.
Uno de sus apartados lo titula Hacia la isla, en el que el último de los poemas evoca el cuadro de Böcklin. No es una descripción del cuadro, sino todo cuanto el lienzo provoca en el escritor, qué surge en él después de haberse impresionado al contemplarlo.


Arnold Böcklin nació en Basilea en 1827, estudió arte en Dusseldorf y desarrolló su vida como pintor desde 1840 hasta su fallecimiento en 1901. Tras impartir clases de pintura en la Kunstschule de Weimar, vivió en diversas ciudades como Roma, París, Basilea o Múnich, hasta que se instaló en Florencia en 1874.
Persona de una vasta cultura, se relacionó con personajes influyentes del arte como el escritor Adolf von Hildebrand, el historiador Burckhardt o el pinto Hans von Marées. Como muchos artistas, su inicios fueron complicados por su rechazo a seguir las escuelas y normas predominantes. 
Su estilo funde elementos románticos y realistas que desembocarán en el naturalismo y destaca en sus principales obras por su inmersión en el simbolismo como reacción al impresionismo.
En 1880 ya era un pintor de éxito, colaborando con el marchante Fritz Gurlitt con numerosas obras que habían tenido mucho éxito, especialmente en Berlín y Dresde. Con referencias a la cultura clásica, tienen especial fuerza sus paisajes, recónditos, inaccesibles y sublimes, con una naturaleza silvestre y peligrosa, atravesada por luces cambiantes que le confieren un color dramático y agitado donde se vislumbran la luna, el cielo y misteriosas ruinas.

Poca información proporcionó Böcklin sobre esta obra, llegando a expresar tan sólo que su pintura «representa una imagen de ensueño que debe producir tal inquietud que cualquiera se asombraría si llamaran a la puerta». De hecho, no le otorgó ni título y el que conocemos fue puesto por su marchante Gurlitt a partir de una carta que el pintor le envió tras realizar la primera versión, en la que encajaba esas palabras hablando del cuadro.

Arnold Böcklin: La isla de los muertos II (1880), Metropolitan Museum of Art (MoMA), Nueva York
El alemán Felix Woyrsch (1860-1960), procedente de una familia de escasos recursos económicos recibió influencias de autores como Brahms, de compositores anteriores como Bach, Palestrina, Lassus o Schütz, además de sus contemporáneos Stravinsky, Hindemith o Schoenberg. Aún así, dada su formación autodidacta, su obra posee un estilo personal encuadrada más en la tradición clásica y romántica que en la innovación musical que aportaban estos últimos compositores.
Compuesta en 1910, un año después que la obra de Rachmaninoff, sus 3 Böcklin-Pantassien, Op. 53 se centra, como indica su título, en sendas obras pictóricas del artista: Die Toteninsel (La isla de los muertos), Der Eremit (El ermitaño) e In Spiel der Wellen (En el juego de las olas).
La isla de los muertos, el primero de los movimientos del tríptico posee un gran poder evocador, inscrito en esa tradición post-romántica, con contornos poco definidos que sugieren ese carácter que muestra la pintura. Aunque tuvo un gran éxito en las salas de concierto, a partir de la Gran Guerra y con los cambios en los gustos estéticos y culturales que le sucedieron, el tríptico comenzó a caer en el olvido hasta que ha comenzado a volver a resurgir en la segunda década de este siglo.
Nos acompaña una versión solo de audio de esta primera obra del tríptico de Woyrsch interpretada por la Oldenburgisches Staatscorchester dirigida por Thomas Dorsch en una grabación del disco Woyrsch: Symphony nº 3 &3 Böcklin -Phantasien publicado en 2015 por Naxos of America.


Los paisajes de Böcklin se fueron convirtiendo paulatinamente en escenarios donde aparecían temas mitológicos con personajes misteriosos que parecían representar las fuerzas de la naturaleza. 
Lo que se intuye el La isla de los muertos es un alma moribunda que está siendo transportada por Caronte hacia una isla dominada por unos cipreses espigados y melancólicos, referencia inequívoca a la muerte y unas villas misteriosas que bien pueden estar inspiradas en el cementerio inglés de la zona de Florencia, con elementos funerarios.

Arnold Böcklin: La isla de los muertos III (1883), Alte Nationalgalerie, Berlin
El siguiente texto inspirado en esta obra proviene de uno de los grandes escritores de nuestro idioma.
Los modernistas consideraban que el arte debería formar parte fundamental de la vida cotidiana, encontrando en el Poema en prosa un vehículo para la exploración del lenguaje poético que le aleje del literario convencional. 
Surgen así textos cargados de figuraciones e imágenes sensoriales que le imprimen ese lenguaje lírico que muestra, además, un arte en el que se conjugan una pluralidad de tiempos históricos donde confluyen lo nuevo con lo antiguo, donde se multiplican diversas imágenes que se encuentran en el momento preciso y en la experiencia estética.
En las Obras completas de Rubén Darío se recogen en el volumen 14 Cuentos y crónicas, en una obra compilada por la Editorial Mundo Latino en 1917. Dividido en los dos grandes bloques que indica el título, en Crónicas se recogen nueve obras de distintos momentos, pero cargadas de ese lenguaje poético inserto en la prosa rica y fecunda del escritor nicaragüense.
El octavo de estos textos se titula Poemas de arte: Böecklin y se compone de cinco textos dedicados a otros tantos cuadros y temas del pintor de origen suizo: La isla de los muertos, Idilio marino, Sirenas y tritones, Día de primavera y Pescadores de sirenas.
En ellos, Rubén Darío desarrolla imágenes con continuas alusiones a la cultura clásica que muestran esa unión entre los presupuestos del modernismo y las obras de Böcklin.


En 1880 Böcklin recibió el encargo de Marie Berna, condesa de Oriola de una pintura que le permitiese soñar y recordar a su esposo recientemente fallecido. La pintura le gustó al autor y decidió quedarse con ella. Desde 1920 se encuentra en el Kunstmusseum de Basilea.
Ese mismo año realizó una segunda versión que entregó a la condesa que se encuentra, a través de la Reiseinger Fundation en el Museo Metropolitano de Arte (MoMA) de Nueva YorkDesde esta versión, Böcklin introdujo un ataúd y una figura femenina en el bote, detalles que pidió Marie Berna para recordar a su esposo fallecido por difteria.
Por indicación de su galerista realiza una tercera versión en 1883 que fue la que se utilizó para los grabados que se vendieron y distribuyeron con gran éxito. Es la versión que llegó a la Cancillería del III Reich en Berlín para el despacho de Adolf Hitler y que actualmente se encuentra en la Alte Nationalgalerie (Antigua Galería Nacional) en la Isla de los museos de la capital alemana.
Las dos últimas versiones, realizadas en 1884 y 1886 las llevó a cabo con la idea de recuperar parte de su patrimonio, perdido por la inestabilidad de su economía. La cuarta versión fue destruida en Rotterdam durante la Segunda Guerra Mundial y tan sólo se conserva una fotografía en blanco y negro de la misma, mientras que la última se haya en Leipzig en el Museum der bildenden KünsteUna sexta versión la realizó su hijo Carlo con su ayuda el año de su fallecimiento.

Arnold Böcklin: La isla de los muertos IV (1884), destruida durante la II Guerra Mundial
La última obra musical que nos acompaña vuelve a la obra pictórica. También Max Reger, pianista, organista, director de orquesta y compositor alemán (1873-1916) creó una obra a partir de lo que diversas pinturas del artista suizo le sugerían. Vier Tondichtungen nach Arnold Böcklin (Cuatro poemas sinfónicos según Böcklin), su Op. 128 está formada por El ermitaño que toca el violín, En el juego de las olas, La isla de los muertos y Báquico, piezas compuestas en 1913 y que guarda un evidente paralelismo en los títulos respecto a la obra anterior.
Este tercer poema sinfónico de Reger muestra un sonido que va cambiando sutilmente en unas sonoridades que hacen hablar a la orquesta como si fuera el instrumento que más dominaba, el órgano. Setenta años después, Max Beckschäfer realizó un arreglo para órgano de esta pieza.
La interpretación que nos acompaña, también de audio solo, está interpretada por la London Philharmonic Orchestra dirigida por Leon Botstein para el disco Max Reger: Reger & Romanticism editado en 2002 por Telarc. International Corp.


Tras vivir varios años en Basilea y Zurich, y aumentar su prestigio gracias a apoyos como Ludwig I de Baviera, Böcklin regresó a Italia donde se instaló en 1894 en Villa Bellagio en las cercanías de Fiesole, donde falleció en 1901.
Pese a su éxito en la pintura, su vida tuvo momentos dramáticos, ya que fallecieron ocho de sus catorce hijos. Quizás ese tinte dramático le acercó más a ese tipo de obras en que hay una presencia de la muerte que se mueve entre lo simbólico, un romanticismo tardío y referencias mitológicas.
Quizás como una forma de afrontar esta obra que nos ha acompañado a lo largo de esta publicación, Arnold Böcklin pintó en 1888 La isla de la vida, en la que deja de lado los elementos fúnebres para tratar el tema de la alegría de estar vivos. Todo tiene su contrapeso.

Arnold Böcklin: La isla de los muertos V (1886), Museum der bildenden Künste
La última obra que nos acompaña, de las muchas que han surgido a partir de este cuadro, es una novela de ciencia ficción, en la que nos interesa más el homenaje a la pintura que el argumento en sí.
Escrita en 1972 por Roger Zelazny (1937-1995), un poeta y novelista que triunfó en la ciencia ficción, donde dejó obras como Las crónicas de Ámbar o El señor de la luzLa isla de los muertos, muestra, hasta en el título la influencia que la obra tuvo en el escritor.
Finaliza esta publicación que ha girado alrededor de obras que han surgido desde La isla de los muertos de Arnold Böcklin con esta escena en la que el protagonista, Sandow recrea la construcción de la isla a partir del cuadro.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Celan, Paul. De umbral en umbral. Editorial Hiperión, colección Poesía Hiperión, traducción de Jesús Munárriz (2005), ISBN: 9788475171500. 
  • Darío, Rubén. Cuentos y crónicas, Obras completas, volumen XIV. Editorial Good Press, Ebook (2019), ISBN: 4057664176301.
  • Zelazny, Roger. La isla de los muertos, Editorial Dronte (1977. ISBN: 8436601041.

Nocturno de verano

Durante el verano las altas temperaturas, los días con sus amaneceres y puestas de sol ayudan a pausar nuestro ritmo y a relajar nuestras costumbres.
Son momentos de tomar unas vacaciones, acercarse a la playa, salir de viaje o, simplemente, de movernos por nuestra ciudad o pueblo con una mirada distinta y una mirada diferente a la habitual.
Es el tiempo en que se disfrutan de los largos y espectaculares atardeceres, observando, con menos prisa de la que estamos habituados a tener, cómo la tarde se va transformando en noche. Es momento de disfrutar, en compañía o solos, de la noche al aire libre, en la playa, la calle, un patio, una azotea o una terraza Sentir a lo lejos los ruidos que a diario nos invaden en nuestras rutinas tapándolo todo, cenar en buena compañía, tener una agradable conversación, escuchar música o leer un libro son placeres que podemos apreciar en las noches de verano.
Te propongo disfrutar de la tranquilidad que nos proporcionan las noches de verano con varios nocturnos en forma de textos y músicas que nos ayuden a disfrutarlos. Nos acompañan obras de Antonio Machado, Rubén Darío, José Ángel Buesa, Chopin, Borodin y Schubert. Si te gusta...¡Comparte, comenta, sugiere!


Dejarnos llevar por la noción de pausa, ralentizando el ritmo, con ropa cómoda, descalzándonos si podemos, nos permite sentir y disfrutar dentro de nuestras posibilidades de las noches de estío.


Esta publicación es de las escasas en este blog que no tiene música cantada. Para un nocturno de verano es prescindible utilizarla.
En música, los nocturnos son piezas que se interpretaban originalmente de noche, herederas de las serenatas con que se amenizaban esos momentos y que solían tener una melodía dulce y que solían ser instrumentales o vocales. Su tema no venía necesariamente inspirado por la noche, sino que era compuesta expresamente para la interpretación nocturna. Tras distintas serenatas como la conocida Pequeña Serenata Nocturna de Mozart, se considera a John Field el padre del nocturno romántico y quien le dio forma al incluir una melodía cantabile con un acompañamiento arpegiado
De entre toda la música de tipo clásico, los nocturnos más famosos y conocidos son los compuestos por Frédéric Chopin, que llegó a componer más de veinte obras con este título. 
La primera de estas obras es su Op 9, un conjunto de tes nocturnos compuestos entre 1830 y1832, publicados ese año y dedicados «á Mme Camile Pleyel». De los tres nocturnos, el segundo es una de las piezas más conocidas del compositor polaco, llegándose a utilizar con frecuencia en programas de televisión o películas de cine.

Torre de la Iglesia, La Palma del Condado
Escrito en una tonalidad de Mi bemol Mayor en forma de rondó, su estructura y su tiempo Andante conforman una pieza dulce y elegante.
Mientras la mano izquierda toca un suave acompañamiento, la derecha toca la melodía con una estructura fácil de seguir. Comienza con el tema principal (A) que se repite con algunas variaciones (A'); le sigue un tema segundo (B) más oscuro, al que sigue A', de nuevo B y A' hasta llegar a la parte tercera (C) de estructura más libre y sonido más dramático y adornado, terminando el intérprete con la indicación senza tempo (sin tiempo), en la que el compositor le da libertad de interpretación rítmica, finalizando con un acorde en la tonalidad de Mi bemol mayor. La estructura queda de la siguiente forma: A, A', B, A', B, A', C.
La interpretación de este Nocturno Op. 9 nº 2 de Chopin corre a cargo de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.
De esta pieza, como de las demás que nos acompañan, tienes al final la obra íntegra (en este caso los tres nocturnos) por si deseas escucharlos completos ahora o más adelante


En ocasiones, dirigir la mirada hacia un cielo que, salvo la contaminación lumínica, es el mismo que contemplábamos en nuestra infancia o en cualquier otro momento, nos hace evocar otros tiempos, otros lugares y otras sensaciones.

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La vida de Antonio Machado en Soria, su contacto con la tierra, el paisaje y el alma castellanos contagiaron al poeta sevillano hasta expresar su hondura, su percepción de lo temporal, lo efímero y lo subjetivo que lo unían a su alma andaluza.
En una de sus obras más conocidas, Campos de Castilla, el propio Machado muestra sus inquietudes en el prólogo a la tercera edición: «Somos víctimas -pensaba yo- de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. Pero si, convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece».
Esa mirada evocadora al interior, desde el exterior de la visión de un pueblo una noche de verano, nos acompaña en este poema suyo de Campos de Castilla


Sentir en el silencio la respiración o el latido del corazón nos hace aflorar la sensibilidad en el sosiego de las noches de verano. Es el momento en que nos permitimos, aunque sea por un instante, que el tiempo no avance, que se vuelva eterno.

Ilustración de Enrique Ochoa para El canto errante de Rubén Darío
Alexander Borodin compaginó su carrera científica -estudió química, impartió clases en la Academia Médico Quirúrguica de San Petersburgo y publicó diversos trabajos sobre investigaciones científicas- con la musical, formando parte del Grupo de Los Cinco con Balákirev, Cui, Musorgski y Rimsky-Jorsakov.
Por ese motivo, su producción no es amplia, dejando sus composiciones para periodos de vacaciones, dilatando en el tiempo su finalización y quedando algunas de ellas sin finalizar.
Entre sus obras destacan la ópera El príncipe Ígor, tres sinfonías, obras orquestales como En las estepas de Asia central y diversas composiciones de música de cámara, obras para piano o para voz.
Nos acompaña su Cuarteto de cuerdas nº 2 en Re Mayor para dos violines, viola y chelo, una obra que compuso durante las vacaciones de verano de 1881 para celebrar el vigésimo aniversario de su relación con su esposa, la pianista Ekaterina Serguéievna Protipópova, a quien está dedicado.
El tercer movimiento de este Cuarteto de cuerdas uno de los momentos musicales más conocidos de Borodin. Descrito como Notturno, Andante, su tema principal muestra esta indicación hasta que unas modulaciones en la sección central interrumpen esta expresión sosegada. Vuelve el tema inicial en forma de canon, primero con el cello, después con el primer violín y finalmente con los dos violines hasta finalizar este delicado y nocturno movimiento.
La interpretación de este Notturno, Andante del Cuarteto de cuerdas nº2 de Borodin corre a cargo de Danbi Um y Sean Lee al violín, Paul Neubauer en la viola y David Finckel en el cello, en una grabación que se realizó en la sala Alice Tully Hall del Lincoln Center neoyorkino en noviembre de 2015 realizado por Ibis Productions.


En los nocturnos de verano la tranquilidad que alcanzamos nos evita los problemas con el insomnio. Acostarnos sin poder dormir nos genera una tensión que nos lleva a cuestionar nuestras dificultades, asuntos sin solucionar o inquietudes Acostarnos más tarde y más relajados es una forma de evitar esos momentos en que nuestro cuerpo y nuestra mente no van al mismo ritmo.

Eugene Jansson, Nocturno (1900), Museo de Bellas Artes de Gotemburgo
Uno de los máximos exponentes del modernismo literario en nuestro idioma, el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) nos ha dejado obras que muestran su enorme imaginario estético como Azul, Prosas profanas o Cantos de vida y esperanza, unas obras que van más allá de la belleza de la métrica y la rima para profundizar en la reflexión.
Publicado en 1907, El canto errante recoge un conjunto de poemas divididos en tres apartados: Intensidad, Ensueños, Lira alerta. En las Dilucidaciones que el autor escribe a modo de prólogo, Rubén Darío finaliza manifestando que «la poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño o de la meditación».
En este sentido no acompaña su poema Nocturno perteneciente a la tercera parte del libro, Lira alerta, unos versos que muestran no el placer de la noche, sino ese infortunio del desvelo.


Los sonidos habituales que nos rodean, el tráfico, la televisión, el ruido de las calles, se vuelven menos perceptibles en las noches de verano y nos permiten oír otros que, ahogados por ellos, han desaparecido en nuestro entorno. 

Vincent van Gogh, Noche estrellada sobre el Ródano (1888), Museo D'Orsay
Franz Peter Schubert dedicó su corta vida a la música, componiendo e interpretando en la compañía de sus amigos y familiares, sin apenas encargos o mecenas que promovieran la difusión y conocimiento de su música fuera de los pequeños círculos en que se interpretaban. Así, llegó a componer una enorme cantidad de obras destinadas a este contexto: más de seiscientas canciones, multitud de obras para piano y obras para agrupaciones de cámara que él mismo solía interpretar con sus amigos.
Entre estas obras compuso en 1827 su Segundo Trío para piano en Mi bemol Mayor (publicado en 1828 como Op. 100, y en el catálogo que realizó Otto Erich Deutsch como D. 929, lo que indica la cantidad de obras que dejó sin publicar).
Este último trío para piano, violín y cello, compuesto meses antes de cumplir los treinta años, es una obra maestra rica en ideas temáticas, transformaciones constantes y delicados detalles que se van sucediendo a lo largo de la partitura. Es grandioso en su extensión (casi cuarenta y cinco minutos) y en su novedosa concepción y profundidad en el desarrollo de los temas, siendo una de las piezas que se interpretaron en el único concierto público que se dio en vida con sus obras, además de ser la única que se publicó en ese tiempo fuera de Austria.
Nos acompaña en este nocturno de verano su segundo movimiento catalogado como Andante con moto. Este movimiento lento se inicia con las notas del piano al que sigue una marcha sombría y equilibrada, una suerte de lamento del cello en tono menor. Le sigue un segundo tema que oscila hacia una calidez brillante y serena que se transforma en un motivo épico e inolvidable. En dos ocasiones se transforma en un tema ardoroso y apasionado hasta diluirse y enfriarse en la marcha inicial contenida e inflexible con que finaliza el movimiento.

La interpretación corre a cargo deTrio Wanderer formado por Vincent Coq al piano, Jean-Marc Phillips-Varjabédian en el violín y Raphaël Pidoux en el cello, en una grabación para Voyage d'hiver realizada por Jean-Pierre Barizien para CLC Productions en 2007.


Contemplar la lejanía en los nocturnos de verano mirando a la inmensidad del cielo, desde que comienza a matizar los colores al anochecer hasta el azul profundo de la noche; observar desde la playa el paisaje del mar que se pierde en la lejanía más allá del profundo rumor de sus ondas, escrutando las luces lejanas nos ayudan a sentirnos mejor con nosotros mismos.

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José Ángel Buesa (1910) es uno de los poetas neorrománticos de Cuba, con un tono melancólico en sus obras de tipo elegíaco. La popularidad que alcanzó se debía a la sensibilidad y enorme claridad de su obra, al alcance de la mayoría de lectores que lo calificaban como «el poeta enamorado». Tras una etapa de producción fecunda hubo de abandonar Cuba comenzando un exilio por España, El Salvador y la República Dominicana, donde ejerció como catedrático de literatura donde falleció en 1982.
Publicó una veintena de obras poéticas, algunas de las cuales llegaron a recopilarse en diversas antologías. 
Finaliza este nocturno de verano con Nocturno V, uno de los casi diez poemas con este título que escribió y que se encuentra recogido en Nada llega tarde. Antología poética, una de esos poemarios recopilatorios. Se trata de una reflexión casi filosófica al hilo de la noche, pausando el movimiento, el tiempo y la existencia.

Que los nocturnos de verano te sean propicios.

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Contenido extra: Playlist de los nocturnos completos:

Si deseas prolongar estos nocturnos de verano te propongo versiones de las tres obras completas. Puedes escucharlas ahora o dejarlas para otra ocasión en que tengas la oportunidad de escucharlas. 

Nocturnos nº 1, 2 y 3 (Op. 9) de Frédéric Chopin.
Nocturno nº 1 en Si bemol menor, interpretado por Ola Gurevich.
Nocturno nº 2 en Mi bemol mayor, por Frank Levi
Nocturno nº 3 en Sí mayor, por Huan He.


Cuarteto para cuerdas nº 3 de Alexander Borodin.
Interpretado por el Esmé Quartet formado por Wonhee Bae (violín I), Yuna Ha (violín II), Jiwon Kim (viola, sustituida desde 2023 por Dimitri Murrath) y Yeeun Heo (cello). La grabación tuvo lugar en el Seoul Arts Center Concert Hall en junio de 2022 para SBS.
Los movimientos son:
I- Allegro moderato.
II- Scherzo, Allegro.
III- Notturno, Andante
IV- Finale, Andante - Vivace.


Trío con piano nº 2 en Mi bemol mayor (Op. 100, D. 929)
Interpretado por Isabelle Faust (violín), Sol Gabetta (Cello) y Kristian Bezuidenhout (piano) en el Solsberg Festival 2021, producido por Johannes Bachmann y con la toma de sonido a cargo de Joél Cormier.
Los movimientos son:
I- Allegro.
II- Andante con moto.
III- Scherzo, Allegro moderato. Trío.
IV- Allegro moderato.


Bibliografía y webgrafía consultadas: