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Dos retratos de mujer, Lucia y Eszter

Cada persona tiene tras de sí una historia. Cada familia es distinta de las demás. Tolstoi lo escribía en el inicio de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia desdichada ofrece un carácter particular". La literatura y la música, buscando e indagando en lo humano siguen, describen y tratan de profundizar y explicar, según sus diferentes maneras, estilos y corrientes, todo lo que nos concierne a los seres humanos.


Hay heridas que el tiempo no puede sanar, y seres que marchan a la derrota dominados por un amor que inunda sus emociones y ocupan toda una vida hacia su autodestrucción.
Esta entrada trae dos muestras de ambientes familiares de diferente condición marcadas por ese carácter particular que nos insinuaba Tolstoi.

Sandor Marái ya apareció por este blog con un extracto de su obra más conocida, El último encuentro. En este caso nos acompaña con La herencia de Eszter



El escritor húngaro ofrece una obra intimista, centrada en el seísmo de sentimientos contradictorios que la protagonista comienza a sentir cuando Lajos, un viejo amigo de la familia, canalla encantador y sin escrúpulos, con un irresistible poder de seducción, aparece inesperadamente en su plácida y tranquila vida. 

Lucia de Lammermoor también pertenece a este grupo de personas marcadas trágicamente por el amor. Su desdichada historia tiene uno de los nudos más enérgicamente construidos en la escena del sexteto Chi mi frena in tal momento. Aquí se entrecruzan las pasiones, intereses y sentimientos de los protagonistas. Lucía y Edgardo, miembros de familias rivales, están enamorados en contra de la voluntad de su hermano Enrico, que desea el matrimonio entre ella y Arturo. Raimondo, religioso confidente de Lucia y Alisa, su dama de compañía completan el sexteto junto con un coro de amigos y conocidos.


Aunque en las obras escénicas barrocas aparecen piezas para grupos de varios cantantes, en general, son infrecuentes los sextetos en las óperas, Éste de Lucia di Lammermoor es sin duda el más conocido y popular de todos.






La puesta en escena pertenece a una producción de 2009 del Metropolitan Opera House de New York que, con el montaje de una foto de familia, transmite toda la fuerza, violencia e intensidad que Gaetano Donizetti imprimió a su obra. Anna Netrebko como Lucia y Piotr Beczala como Edgardo son principales protagonistas de esta versión.



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Greensleeves, 500 años de éxito

Pocos años hay de diferencia entre la aparición del texto y la música que nos acompañan en esta entrada. Y tras este tiempo, la popularidad hace que de uno conozcamos y sigamos teniendo presente a su autor, en el caso de Shakespeare y su Hamlet. Por otro, lo desconozcamos, aunque la canción ha pervivido en su carácter popular desde hace algo más de cinco siglos, algo que no es nada habitual en el caso de la música.



De todos los escritores ingleses posiblemente sólo Dickens alcance la grandeza y universalidad de William Shakespeare. De toda su producción teatral han quedado grandes personajes entre los que Hamlet es uno de los más populares.




Hay melodías que están dotadas de una inspiración y genialidad que las hacen populares y les permiten pervivir en la memoria con las necesarias adaptaciones que hacen que pasen de una a otra mentalidad y cultura.
En esta ocasión no se trata de hacer un seguimiento riguroso, sino acompañarla en momentos puntuales de su evolución a lo largo del tiempo. 

My Lady Greensleeves (1863) de Dante Gabriel Rossetti

Greensleeves es una canción renacentista popular en el folclore británico. Durante un tiempo su autoría fue atribuida al monarca inglés Enrique VIII. Se decía que con ella logró enamorar a la esquiva Ana Bolena, la que sería su segunda esposa, El rey era un gran aficionado a la poesía, la música y el baile, llegando a tener en la composición y la interpretación una de sus grandes aficiones. 


La primera interpretación, respetando el estilo renacentista de la obra, corresponde a Kathryn Sommersett acompañada al arpa por Keith Collins



El cancionero Henry VIII's Book tiene una treintena de composiciones del monarca junto a varias obras de otros autores. El estilo vocal y el tono alegre hacen pensar que pertenecen a la primera parte de su reinado y en todas predominan los temas amorosos en inglés y francés, lenguas que dominaba el soberano.



El estilo de la pieza parece corresponder a una época posterior descartando la autoría que se le atribuía. La primera publicación
en la que se encuentra Greensleeves apareció en Stationer's Company de Londres en 1580 con el título A Nex Northem Dittye of the Lady Greene Sleeves, aunque no se descarta que a la canción dedicada a la Señorita de las Mangas Verdes se la conociera desde tiempo atrás.
La audición siguiente es una interpretación a capella de la agrupación The King's Singers en 2008 en The Royal Albert Hall de Londres.



Como las obras que han tenido tan largo recorrido y popularidad a través del tiempo, Greensleeves posee distintas letras alternativas famosas. Una de ellas es What Child is This?, un villancico inglés compuesto en 1865 por William Chatterton Dix. La interpretación pertenece a uno de los considerados mejores coros del mundo, The Mormon Tabernacle Choir en una grabación de 2012. 


Termino con la posiblemente más célebre de las composiciones reflejadas en la llamada música clásica sobre esta melodía. la composición que sir Ralph Vaughan Williams recreó en su Fantasia on Greensleeves.




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#ViajedeOtoño: Cada regreso es una odisea

La última parte de cada viaje supone el regreso al punto de partida. Tanto si viajar nos hace adentrarnos en la cultura y la vida del lugar visitado, como si nos mueven los tópicos de esa ciudad o país, o si lo consideramos como un lugar distinto al que vivimos, más o menos exótico e interesante, siempre llega el momento agridulce del regreso.


Aunque los medios de transporte actuales, tan fugaces y rápidos, aceleran la vuelta y nos ahorran la sensación de la lenta y fatigosa vuelta al hogar, cada regreso, a su manera, es una odisea, una vuelta a la realidad que nos hace agarrarnos más o menos a la ciudad en que hemos estado. A veces la olvidamos pronto y nos centramos con rapidez en nuestra rutina, otras veces la memoria y la impresión son tan grandes, que quedan marcados en nuestra vida y, de alguna forma, inciden en ella. No se trata sólo de recuerdos en determinados momentos, sino en una cierta necesidad que nos imponemos de volver, una añoranza de ese lugar.



Para terminar este ciclo de Viaje de otoño, nos acompaña la figura del primer gran viajero que apareció en la historia de la literatura a través de las peripecias que tuvo que superar para regresar a su hogar, Ulises.

La voz con tonos épicos del mismo Homero nos lo narra en su Canto I de La Odisea, donde nos muestra desde el comienzo los trabajos que debió pasar hasta regresar al hogar donde lo esperaba la perseverante Penélope. El texto seleccionado corresponde al inicio de la obra, el primer poema épico de la literatura occidental.




Claudio Monteverdi, a quien tuvimos en este blog con los sonidos iniciales del género con la entrada En el principio no existía el nombre, lo llamaremos Ópera, más de tres décadas después de L'Orfeo, Favola in música, nos trae en su segunda ópera al destructor de Troya en Il ritorno d'Ulisse in Patria (El retorno de Ulises a su patria).



En el II acto, los pretendientes, cada vez más osados y groseros quieren obligar a Penélope a dar el consentimiento a alguno de ellos antes del regreso de Ulises. En esta situación, Monteverdi acude a su VIII libro de madrigales para tomar su canción para ocho voces Ardo, avvampo, mi struggo e incluirla en la trama.
La escena está tomada de la grabación cinematográfica de El retorno de Ulises, con Trudeliese Schmidt en el silente rol de Penélope. Se trata de una versión con puesta en escena de Jean-Pierre Ponnelle de 1978 en la que fugazmente podemos ver en la dirección al entonces joven NiKolaus Harnoncourt.


Te dejo las entradas dedicadas a #ViajedeOtoño si tienes la idea de hace el recorrido seguido o has saltado algunas de las etapas:
Aún hoy, cada madrugada, Praga 
En busca de América 
Viena, las ciudades dentro de la ciudad 
Japón, una mariposa en el paisaje  
Nos mueven los tópicos, Sevilla 
Manual para viajeros (imposibilitados)
¿Con cuál te quedas?

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#ViajedeOtoño: Manual para viajeros (imposibilitados)

Después de varias semanas dedicadas a nuestro Viaje de otoño, llega la ocasión de dedicar una entrada a los viajeros que estamos imposibilitados para viajar. No se trata de una incapacidad física, sino de la realidad de convertirnos en viajeros en los momentos que queramos, en profesionalizar, por decirlo de alguna manera, nuestras ganas y necesidad de conocer otros países o ciudades distintos del que habitamos. 



El mundo en que vivimos, tan ajetreado, frenético y cronometrado de antemano hace que sólo podamos movernos de nuestro espacio vital en los momentos puntuales de las vacaciones, allá donde todos coincidimos en los mismos lugares sólo para turistas.



Esta entrada reproduce consejos para viajar de la mano de una guía que recrea las formas de viajar sin viajar de dos escritores emblemáticos del siglo XX, Franz Kafka y Fernando Pessoa.



Nuria Amat impartió clases en la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de Barcelona, es autora de libros relacionados con Ciencia y Tecnologías de la Documentación, colaborando de forma habitual en distintos medios de comunicación. Es una penetrante e impenitente trotamundos que ha vivido en numerosos lugares tanto europeos como americanos (México, Colombia, Estados Unidos, Berlín o París). El texto que entresacamos pertenece a su libro Viajar es muy difícil.


¿Qué otra forma de viajar nos acompaña?
La obra musical que acompaña, y contrasta con esta guía viene de la mano de Gaetano Donizetti y una de las óperas mas entrañables y asequibles del repertorio, ideal para aquellos que quieren acercarse por primera vez al mundo escénico musical.
L'elisir d'amore (El elixir de amor) es una obra que nació casi por casualidad, fruto de un encargo de última hora que le hicieron a Donizetti para cubrir un hueco en la programación por el incumplimiento de un compromiso con otro autor. 



Según palabras del compositor al empresario: "Verá si tengo o no el coraje de crear una ópera completamente nueva en quince días. Le doy mi palabra, si Romani me ayuda con el texto". Y al libretista: "Piensa, amigo mío, que tenemos una prima donna alemana, un tenor que tartamudea, un cómico con voz de chivo y un bajo francés que es un desastre, pero aún así debemos sentirnos orgullosos del encargo. Querido Romani, valor y ¡adelante!" 
Con estos mimbres, sacó adelante su L'elisir D'amore, de la que hoy traemos a nuestro personaje. Se trata del militar Belcore, viajero por necesidades de trabajo que busca en cada pueblo, rincón o ciudad por las que pasa el amor de las más bellas lugareñas. En el caso de esta obra, llegando incluso a casarse con ella antes de partir a otro lugar.
Su entrada, precedida de una marcha militar -que Donizetti copia de su Alahor en Granada- describe al personaje mostrándolo como el hinchado y vulgar sargento que es. Dos versiones lo retratan de muy distinta forma, tanto en lo descriptivo como en lo musical.




La primera es histórica, una grabación en formato fílmico de 1947 de uno de los grandes barítonos de la mitad del siglo XX, Tito Gobbi. Cierto que la calidad del sonido no ayuda, pero podemos ver cómo presta un porte elegante al personaje con un fraseo, una pronunciación y un estilo a la hora de cantar que en la actualidad no se observa mucho. Como documento histórico tiene un valor innegable. 



La siguiente interpretación pertenece a la ya histórica producción de 2005 de la Staatsoper de Viena con la presencia de Anna Netrebko y Rolando Villazón en los papeles protagonistas de Adina y Nemorino, Ildebrando d'Arcangelo como el Doctor Dulcamara y Leo Nucci que es quien da vida a Belcore. La interpretación está más decantada hacia la búsqueda del lado cómico del personaje y vocalmente es muy distinta a la anterior, cómodo en la zona media de la voz y más justo en la zona alta y con un estilo menos adornado.

Siendo cada una totalmente distinta a la anterior, ¿con cuál te quedas? 

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#ViajedeOtoño. Sevilla, nos mueven los tópicos

No sólo el viaje nos lleva al corazón del lugar visitado. Queramos o no, los clichés de la memoria, de los recuerdos, de lo visto y oído, ayudan a la simplificación y al conocimiento y la búsqueda del acercamiento a lugares que deseamos visitar.
Continuamos después de varias entradas este #ViajedeOtoño en las que estamos haciendo un recorrido literario, emocional y musical por algunas ciudades y países.
Cuántas ciudades y países hay que nos traen a la imagen un acontecimiento, un personaje o un edificio que nos los muestran desde un punto de vista simplificado. Pero esta imagen es la que nos atrae y nos lleva a desear visitarla y después de conocerla, en muchas ocasiones, a hacerla parte de nuestras vidas.

En esta entrada, en nuestro #ViajedeOtoño iremos a Sevilla de la mano de esos tópicos que la hacen reconocible en todo el mundo a través de los libros y la música con las figuras de un seductor y un barbero polifacético y multiusos.


Una de las piezas teatrales más representadas en nuestro país es la obra que José Zorrilla situó en Sevilla, Don Juan Tenorio. Con esta obra, el personaje que había tenido una trayectoria anterior con diversos autores, especialmente con El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Tras varios años de representación, una década después de su estreno, tan arrollador fue el éxito del Don Juan que se instauró la costumbre de representarlo el 1 de noviembre, coincidiendo con el día de Todos los Santos.


Zorrilla, que malvendió los derechos y no pudo sacar beneficio de las representaciones, llegó a repudiar su Tenorio en su escrito Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio: "Yo no digo todas estas cosas porque deteste ni desprecie mi Don Juan. No, yo lo amo: es mi hijo, o mejor dicho, es mi aborto, puesto que yo mismo reconozco en él tantos y tan grandes defectos (...) que ha sostenido treinta años de pelea por la reputación de su padre ausente y procaz, insolente, temerario y provocador, se ha paseado por todos los teatros sin encontrar un rival que le haya hecho sombra"
En las vísperas de Todos los Santos, comparto una de las partes más conocidas de Don Juan Tenorio, la llamada Escena del sofá.























La ópera El barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini se tituló inicialmente Almaviva, ossia l'Inutile Precauzione (Almaviva o la Inútil Precaución) para evitar la coincidencia con la ópera del mismo título de Giovanni Paisielo. En su estreno en Roma fue dirigida por el compositor y cantada por el famoso tenor sevillano Manuel García cosechando un rotundo fracaso, en parte por los abucheos premeditados de los partidarios de la obra de Pasielo. A partir de la segunda representación se convirtió en la obra exitosa que es hoy. La obertura original también fue un fracaso y Rossini tuvo que sustituirla por la que utilizó en sus óperas Aureliano de Palmira y Elisabetta, Regina d'Inglaterra, que es la que conocemos actualmente.


























La cavatina para barítono Largo al factotum es una de esas piezas que han transcendido el ámbito de la ópera para pasar a formar parte de eses melodías que todos reconocen y se asocia a un contexto y un personaje determinados. Rossini utiliza su famoso crescendo para transmitirnos la alegría de vivir, el entusiasmo vital y la felicidad contagiosa del personaje.  



En una plaza sevillana, al amanecer Figaro se presenta a sí mismo, canturreando. Enlazo varias versiones de la pieza.

La primera, con subtítulos en castellano está interpretada por Gino Quilico en la ópera de Sttugar.



La segunda interpretación corresponde al barítono Thomas Hampson en una gala celebrada en el Metropolitan Opera House de New York, en que dentro de una reunión, se recrean distintas piezas operísticas.


Para finalizar una impecable puesta en escena de Leo Nucci, uno de los Fígaro más reconocidos en los últimos años en una interpretación en el Teatro Reggio de Parma.


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#ViajedeOtoño: Japón, una mariposa en el paisaje

Sumergirnos en un viaje o en otra cultura no siempre nos lleva al corazón o al alma del lugar visitado. Tras el término Lejano Oriente, un poco por la distancia, otro tanto por la diferencia cultural, escondemos otros tópicos que nos alejan de la mirada con que captamos realidades más cercanas.

Viajamos a Japón de la mano de dos visiones, una de un escritor del país, Haruki Murakami, otra de un compositor que ayuda a la consolidación del tópico extranjero, el italiano Giacomo Puccini y su obra Madame Buterfly. Ambas miradas aportan el terrible dolor de la soledad, ese desesperanzado sentimiento que nos aparta de los demás incluso rodeado de personas.


Haruki Murakami, sempiterno candidato al Nobel, uno de los escritores actuales con un estilo más personal, presenta en sus obras unos personajes alejados de la tradición japonesa y más cercanos a los gustos occidentales, enredados en su mundo interior. La relación entre sus protagonistas, los libros o las bibliotecas y la música hacen que sus obras tengan una estructura única y personal.


Después de acompañarnos en este blog en Tres miradas a una biblioteca y una doble canción renacentista, nos esboza un paisaje fundamental y básico, determinante en el desarrollo de su libro Tokio Blues, una obra en la que nos relata las pérdidas y renuncias que implican el proceso de maduración que vive el protagonista.




Cuando a comienzos del siglo XX Giacomo Puccini estrenó Madama Butterfly se convirtió en el único fracaso que tuvo en su carrera. Basada en una obra teatral de David Belasco, sin diálogos, de un cuarto de hora de duración y que causó sensación en su época, Puccini quiso plasmar en su ópera la vigilia de Cio-Cio-San (Mma. Butterfly), una escena que narra musicalmente la espera durante toda la noche de su amado Pinkerton, un americano que se encaprichó de ella y que se ha casado en Estados Unidos. Después de unos arreglos entre el segundo y tercer acto, la obra se consolidó como una de las más exitosas de su carrera.



Puccini mostró siempre interés en recrear los ambientes de sus obras. Para Madama Butterfly realizó un profundo trabajo de investigación. Estudió la música japonesa, de la que incorporó a la obra varios fragmentos genuinos, entre ellos el himno imperial, además de costumbres, arquitectura y ritos del país.



El aria Un bel di vedremo (Un bello día veremos) transmite un dramatismo inmenso. Butterfly acaba de enterarse por carta que Pinkerton se ha casado con una americana y viaja a Japón. Al oír el cañonazo en el puerto anunciando la llegada de un barco, Cio-Cio-San está segura de que su amado dejará a su esposa y regresará a su lado. Cuenta a su acompañante Suzuki cómo lo recibirá.
Lo tremendo de la situación, y Puccini nos lo hace saber, es que todos, Butterfly, su sirvienta, nosotros, sabemos que no hay esperanza, que está sola. Una pieza que no se puede oír sin dejarnos un nudo en la garganta.





Tras esta versión interpretada por Florencia Fabris en Buenos Aires en 2010, una recreación del aria y el personaje extraída de la película de animación L'Opera Imaginaire.

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

Para terminar, una versión de audio con interpretación de la soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa, una de las voces más limpias y con mejor dicción de las últimas décadas.

No se trata de Japón sólo lo que une las obras de esta entrada


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#ViajedeOtoño. Viena, la ciudades dentro de la ciudad

¿Qué vemos cuando visitamos una ciudad?
Vida y dolor, equilibrio y sufrimiento, desgarro y felicidad. La esencia de la vida está presente allí donde aparecemos los seres humanos.
Hay lugares que no sólo muestran lo que son. En ellos podemos vislumbrar lo que fueron en distintos momentos, qué personajes transitaron por ellos, qué papel jugaron en la historia los acontecimientos que transcurrieron por sus calles, sus edificios o sus habitantes.
Visitar una ciudad y quedarnos con sus centros comerciales, sus restaurantes de multinacional presentes con la misma imagen en todas las ciudades y no aprehender su cultura, su historia, lo que nos cuentan sus edificios, sus rasgos característicos, es desaprovechar una visita perdiendo la oportunidad de apreciar decenas de miradas distintas.
Seguimos nuestro Viaje de otoño después de Aún hoy, cada madrugada, Praga y En busca de América, nos acercamos a Viena.


Dos miradas nos acercan a esta ciudad centroeuropea. Por un lado nos acompaña el escritor Stefan Zweig, uno de los más prolíficos ensayistas, biógrafos y novelistas de la primera mitad del siglo XX. La música viene de la mano de Richard Strauss y pertenece a uno de los momentos claves de su ópera El Caballero de la Rosa.
La vida de Zweig vida está marcada, como tantos, por la sucesión de conflictos bélicos, el exilio y la certeza de la pérdida de su identidad entre la que contaba con el europeísmo que siempre mantuvo. Su habilidad para comprender el sufrimiento de las personas era formidable y supo transmitirlo en su obra. 






 En esta ocasión el texto pertenece a su libro El mundo del ayer, una obra en la recuerda el sueño compartido por su generación de una Europa en paz unidad por el arte y la cultura. Zweig se erige en la voz de toda una generación de pensadores y artistas que fue derrotada por la barbarie y la inhumanidad que asoló a todo el continente.


Tras esta dura mirada, la música nos acerca a Viena de una forma más amable de la mano del muniqués Richard Strauss, sin ningún lazo familiar con la conocida familia de músicos austriacos. Strauss, que había revolucionado el mundo operístico de comienzos de siglo con Salomé y Electra, decidió realizar una obra al estilo de Mozart. Los personajes y las situaciones están en la línea de las obras del autor de Salzburgo. El personaje de Octavian está interpretado por una mezzo igual que el Cherubino de Las bodas de Fígaro, mientras que La Mariscala recuerda a La Condesa. Hay entradas, salidas, parientes que aparecen, confusión de papeles y griterío. Incluso algunas notas homenajean temas de otras obras suyas.






 El libreto, como el de otras óperas es obra de Hugo von Hofmannsthal y se estrenó en Dresde en 1911. Uno de los momentos culminantes de la obra es el momento en que, siguiendo una costumbre de la época, un joven aristocrático, Octavian, lleva una rosa de plata a Sophie en nombre del barón Ochs, su novio, un arrogante aristócrata arruinado que desea con ella un matrimonio de conveniencia. Cuando Octavian y Sophie se encuentran el uno frente a la otra, los dos muchachos sienten algo extraño, una indescifrable turbación. Él queda encantado por la gracia de ella y se refrena con esfuerzo para no reaccionar encantado por su gracia y se refrena con esfuerzo para no reaccionar cuando el tosco barón intenta besarla ante todos.








Strauss consiguió lo que llamó el tono de la plata, una delicada mezcla de tonos agudos a cargo de tres flautas, tres violines, un arpa y una celesta, con el que quiso traducir al lenguaje musical el brillo de la plata y el motivo decorativo de la rosa, típicos del estilo Jugensdstil, del que Gustav Klimt es el más conocido representante en pintura.




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#ViajedeOtoño: En busca de América

Los auténticos viajeros se sumergen en el paisaje, se mimetizan, toman el color del lugar en el que están.
Siguiendo Un viaje de otoño que comenzó la semana pasada en un intento de acercarnos a Praga con Aún hoy, cada madrugada, esta semana cambiamos de continente. 


Buscando la esencia del país, los periodistas y escritores rusos Ilyá Ilf y Evgeni Petrov viajaron a Estados Unidos en 1935 en plena gran depresión. Llegaron a New York en los primeros días del mes de octubre y sus experiencias de varios meses las publicaron en el ensayo fotográfico American road trip, que se convirtió en libro con diversos títulos: Fotografías americanas, América de oro o América de una planta.


Después de recorrer el país de costa a costa, de New York a California regresando al punto de origen a bordo de un Ford, y acompañados de una cámara Leica, mostraron sus puntos de vista sobre la sociedad americana del momento para su público soviético, siendo críticos con las desigualdades sociales que encontraron y llegando a alabar determinados aspectos de la cultura y la forma de vida americanas.



Pienso que el texto es lo suficientemente explícito, por lo que no he querido colocar la imagen que lo acompaña, pero si la deseas contemplar, es fácil encontrar en la red.




En 1935, dos años antes de su prematuro fallecimiento, George Gershwin estrenó su ópera Porgy and Bess. Con ella relegó a los compositores europeos como Richard Strauss o Puccini que ocupaban el espacio escénico estadounidense, acompañados por héroes de otras épocas: reyes, guerreros, sacerdotisas galas o barberos andaluces. Los protagonistas eran afroamericanos descendientes de esclavos en los suburbios de Charlestone y compartían los mismos rasgos, acentos, voces y melodías que se oían en las calles. Surgió así, tras unos años de pausa, la gran ópera nacional americana, que causó una sensación sin precedentes tras una gira por todo el país y, después, por toda Europa en la década de los años 50.



Tras un viaje para enriquecer su experiencia personal, en el verano de 1935 finalizó la obra. Llegó a escribir: "Tengo a la música por algo tan maravilloso, que ni puedo llegar a creer que sea yo quien haya escrito alguna melodía". Nos acompaña una de las piezas más conocidas de la obra, el aria nana Summertime.





Summertime es de estas piezas que ha seguido una vida independiente de la obra en la que surge. Ha sido versionada en multitud de ocasiones, acariciando las voces negras sus notas y presentándola por todo el mundo. Las sonidos y las voces de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong la recrean de forma excepcional en esta versión sólo audio.




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